La obediencia ciega (en latín: perinde ac cadaver) es un comportamiento en el que una persona se somete completamente a la voluntad de otro, como un cadáver sin voluntad.

La palabra se remonta a los estatutos de la orden jesuita, cuyo fundador, Ignacio de Loyola, preparó el texto en español y lo hizo traducir al latín por su secretario, Juan Alfonso de Polanco. La versión publicada en 1558 por la Compañía de Jesús dice:Const. pars 6, cap. 1 § 1; citado según las Constitutiones Societatis Iesu. Anno 1558. Romae, in aedibus Societatis Iesu. 1558. Reimpreso de la edición original, Londres 1838, p. 71; La edición autorizada actual, idéntica en la forma del texto pero modificada en la ortografía y la puntuación, se encuentra en Monumenta Historica Societatis Iesu (MHSI), vol. 65, 1938, p. 176.

La comparación de la obediencia incondicional con la falta de voluntad de un cadáver se basa en una tradición pictórica medieval influenciada por Francisco de Asís, a la que Roberto Bellarmino se refirió en 1588 para justificar esta concepción de la obediencia durante las disputas en el seno de la orden jesuita.Silvia Mostaccio: Codificare l’obbedienza. Le fonti normative di gesuiti, oratoriani e cappuccini a fine Cinquecento, en: Dimensioni e problemi della ricerca storica 1 (2005), pp. 49–60, aquí p. 52 y sig. Francisco de Asís había comparado la forma perfecta y suprema de obediencia (perfecta et summa obedientia) al superior con un cuerpo muerto, sin vida (corpus mortuum, corpus exanime) que se deja llevar a donde se quiera sin resistencia ni quejas, e incluso cuando se le coloca en un atril no mira hacia arriba sino hacia abajo (es decir, es decir, no se vuelve arrogante sino que permanece humilde) e incluso vestido de púrpura sólo parece más pálido que antes, es decir, no se olvida, sino que se hace más presente la predisposición del hombre a la muerte).

Esta comparación, que a su vez está vinculada a la imaginería bíblica del corpus mortuum como el cuerpo mortificado por amor a Cristo, fue ampliamente utilizada en el mundo monástico y espiritual de finales de la Edad Media y también fue retomada por las comunidades religiosas femeninas, como en el caso de Catalina de Siena en una carta a las hermanas de Perugia:Niccolo Tommaseo (ed.): Le Lettere di S. Caterina da Siena, tomo III, Barbèra, Florencia 1860, Epist. CCXVII, pp. 219–225.

Ignacio de Loyola también continuó esta tradición monástica. En la versión española de su texto utilizó la frase cuerpo muerto y no el término cadáver,Así también según carta de Polanco fechada el 1 de junio de 1555: “Desea en los de la Compañía vna resignatión de sus proprios voluntades, y vna indiferentia para todo lo que les fuere ordenado, lo qual suele significar por vn bastón de viejo, que se dexa mouer á toda la voluntad dél, o como de vn cuerpo muerto, que donde le lleuan va sin repugnatia ninguna”. Epista. 1884, § 7, en: Monumenta Ignatiana ex autographis vel ex antiquioribus exemplis Collecta, Serie I, Tomo III, Madrid 1905, pp. 499–503, aquí p. 502. que sólo se había difundido a través de la traducción latina. Más recientemente, se ha argumentado que la frase en español no se refiere necesariamente a un cadáver. A diferencia del corpus mortuum o corpus exanime en la tradición franciscana, Loyola puede haber querido decir un "objeto inanimado" más general, como también lo concreta en su segunda comparación, el bastón en la mano del anciano.Peter Knauer (ed.), Ignatius von Loyola: Satzungen der Gesellschaft Jesu, tercera edición. Fráncfort del Meno 1980, p. 547; cf. Ignatius von Loyola: Gründungstexte der Gesellschaft Jesu, Wurzburgo 1998, p. 740.

Si bien el concepto de obediencia se desarrolla en las Constituciones y otros documentos oficiales fundacionales, los textos más conocidos, sin embargo, son las cartas que escribió Ignacio de Loyola al respecto y especialmente la del 26 de marzo de 1553. En ella resalta la importancia crucial de la obediencia para los jesuitas, centra la obediencia en la persona de Cristo, insiste en que debe extenderse más allá de la mera ejecución a la conformidad de la voluntad y el entendimiento con los del superior, sugiere maneras de adquirir y practicar la virtud (una siendo la “obediencia ciega”), aprueba el presentar a un superior las dificultades contra una orden, y muestra cómo el bienestar de la Compañía depende de que se observe la obediencia en todos los niveles.

Empleo del término El término, descrito en el contexto jesuita como "fabuloso e incomprendido", ha sido criticado por los detractores de la orden jesuita como obediencia cadavérica. Los partidarios de los jesuitas, a su vez, se refieren a él como la "obediencia perfecta".

En el curso de los conflictos entre la Reforma y la Contrarreforma, y más aún en la crítica a la orden jesuita, que estaba moldeada por el concepto de libertad y el anticlericalismo de la Ilustración, su concepto de obediencia también se convirtió en objeto de interpretaciones críticas. En sus traducciones alemanas y paráfrasis de los estatutos de la Orden, los críticos alemanes, después de la reautorización de la Orden en 1814, enfatizaron repetidamente la fórmula comparativa “como si fueran un cadáver”Jesuiten-Erziehungskunst zum unbedingten Gehorsam, en: Heinrich Eberhard Gottlob Paulus (ed.): Sophronizon, año VII, folleto 3, 1825, pp. 99–112, en estrecha conexión con la traducción latina de Polanco y caricaturizaron al jesuita en su obligación de comportarse “como un cadáver que puede ser retorcido y girado a voluntad”Charakterisierung des Jesuiter-Ordens aus dem welthistorischen Gesichtspunkt, en: H. E. G. Paulus, Sophronizon, año X, folleto 5, 1828, pp. 75–108, aquí p. 84. como una contraimagen a sus propias ideas de libertad de voluntad y subordinación razonable. En Francia, fue en particular Eugène Sue quien, a través de su exitosa novela de 1845 Le juif errant (El judío errante), llevó la propaganda antijesuita a un amplio número de lectores en ese momento, y al hacerlo también popularizó los términos obéissance de cadavre y obéissance cadavérique.

El teólogo e historiador Helmut Feld opina que para preservar y restablecer el impacto de la teología y la cosmovisión ignacianas, sería necesario eliminar algunos de sus elementos patológicos. EL primero y más importante de ellos es la ideología de la obediencia ciega, que no tiene fundamento teológico ni humano.Helmut Feld: Ignatius von Loyola: Gründer des Jesuitenordens. Böhlau, Colonia 2006, ISBN 978-3-412-33005-7, p. 342. Citado según Jörg Nies: Gehorsam in der Gesellschaft Jesu. Theologie, Verständnis und Kritik eines beunruhigenden Gelübdes. Echter, Wurzburgo 2024, ISBN 978-3-429-06752-6. p. 394 FN 83

Kadavergehorsam El término compuesto alemán Kadavergehorsam (obediencia de cadáver) surgió por primera vez en los debates del "Kulturkampf" (lucha cultural)En el llamado "Kulturkampf", el papa Pío IX intentó reafirmar la posición de la Iglesia católica mediante directivas eclesiásticas. El canciller alemán Otto von Bismarck lo consideró una provocación y una intervención negativa en el emergente Estado alemán. de la década de 1870El primer diccionario que en el que apareció el vocablo fue el Sprichwörter-Lexikon de Karl Friedrich Wilhelm Wander († 1879), publicado desde 1869, en las adiciones al quinto y último volumen de “Cadavergehorsam”, publicado por Joseph Bergmann en 1880, con evidencia de un discurso del 8 de mayo de 1875: „Was den uns vorgehaltenen Cadavergehorsam betrifft, so beruht dieser Ausdruck auf einer Vorschrift des heiligen Franziskus, der das Gleichnis brauchte: «Nehmt einen Leichnam, legt ihn, wohin ihr wollt, er wird niemals murren, widerstreben und den Gehorsam verweigern; das ist der wahre christliche Gehorsam.»“ (En cuanto a la obediencia cadavérica que se nos opone, esta expresión se basa en un precepto de San Francisco, quien usó la parábola: “Toma un cadáver, colócalo donde quieras, nunca se quejará, resistirá ni se negará a obedecer; esa es la verdadera obediencia cristiana”). (Sp. 1094) sobre la prohibición de la orden de los jesuitas en el Reich alemán en 1872, como un eslogan antijesuita que rápidamente se generalizó.

Como germanismo, la palabra también entró en otras lenguas europeas. Desde entonces, se ha utilizado a menudo en sentido figurado para caracterizar la supuesta mentalidad de los militares prusianos y alemanes y la sociedad moldeada por ellos.James Hawes identifica las "características" de Prusia: "una sociedad militarizada, piedad estatal, admiración por los líderes; obediencia ciega y junkers orgullosos de sus uniformes y propensos a los disturbios, aparentemente por encima de la ley". James Hawes: Die kürzeste Geschichte Deutschlands. Ullstein, Berlin 2019, ISBN 978-3-548-06043-9, p. 250. En realidad, las tácticas de misión que implementaron con mucho éxito los militares prusianos y alemanes (incluso en ambas guerras mundiales) requieren lo opuesto a la obediencia ciega. Hoy en día se acepta que el estereotipo de la obediencia ciega prusiano-alemana, que se cultiva en numerosas películas de guerra, es una distorsión de la situación real; esto también se aplica –con ciertas reservas– a la Wehrmacht durante la era nazi.Jaap Jan Brouwer: The German Way of War. A lesson in tactical management. Pen & Sword Military, Yorkshire - Filadelfia 2021, ISBN 978-1-5267-9037-8, p. 7.

Más allá de la táctica del ejército alemán en las guerras mundiales, el término se ha asociado a la aceptación pasiva del cumplimiento de órdenes que llevaron a acciones que luego fueron consideradas como crímenes de guerra. También se aplica a los aspectos administrativos del Holocausto.

Hannah Arendt relata que Adolf Eichmann utilizó esta expresión durante su juicio: «En esta sala, Eichmann, con sus modestas dotes intelectuales, era sin duda la última persona de la que se podría esperar que dudara de la pertinencia de estos conceptos e intentara pensar por sí mismo. Dado que no solo había cumplido con lo que consideraba los deberes de un ciudadano respetuoso de la ley, sino que, sobre todo, había actuado según órdenes, asegurándose siempre de contar con suficiente 'cobertura', perdió la compostura por completo, hasta que finalmente enfatizó alternativamente las virtudes y los vicios de la obediencia ciega, de la 'Kadavergehorsam', como él mismo la llamaba».Hannah Arendt: Eichmann in Jerusalem. Ein Bericht von der Banalität des Bösen. edición 18. Piper, Múnich 2021, ISBN 978-3-492-26478-5, p. 999.

Véase también Lealtad

Notas

Referencias

Bibliografía Jost Eickmeyer: Kadavergehorsam? Zur „Totalität“ jesuitischer Pädagogik in der Frühen Neuzeit. Ein institutions- und literaturgeschichtlicher Durchgang. En: Richard Faber (ed.): Totale Erziehung in europäischer und amerikanischer Literatur (= Zivilisationen & Geschichte. Tomo 25). Peter Lang, Viena, Fráncfort del Meno, Berna 2013, . Jörg Nies: Gehorsam in der Gesellschaft Jesu. Theologie, Verständnis und Kritik eines beunruhigenden Gelübdes. versión ligeramente reelaborada de la disertación, Roma (= Ursula Schumacher, Jan-Heiner Tück, Klaus Vechtel [ed.]: Studien zur systematischen und spirituellen Theologie. N.° 60). Echter, Wurzburgo 2024,

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