thumb|Patio de los Naranjos del Palacio de la Generalidad de Cataluña thumb|Palacio Real Mayor de Barcelona thumb|El Museo Marítimo de Barcelona, en las antiguas Atarazanas Reales La arquitectura gótica catalana se incluye dentro del movimiento cultural conocido como arte gótico que, a su vez, surge en un contexto más amplio, llamado Renacimiento del siglo XII.Charles Homer Haskins. The Renaissance of the Twelfth Century. Cambridge: Harvard University Press, 1927. (p. viii, Introduction). Este estilo arquitectónico se extiende por un largo período de la Edad Media y varía de un lugar a otro, se desarrolla entre mitad del e inicios del , marcando el fin del período medieval dando testimonio del enriquecimiento del territorio.
El primer ejemplo impulsor de esta nueva filosofía constructiva fue la reforma de la Basílica de Saint-Denis en la Isla de Francia, desde donde se extendió primero a todo el reino de Francia y luego (ya a mediados del ), sobre todo por la difusión del arte cisterciense y el Camino de Santiago, por toda Europa, en un período conocido como el de las grandes catedrales. Cataluña vivió momentos de prosperidad y de importantes conquistas entre los siglos y . Las ciudades crecieron y, con su plenitud, llegó la fiebre constructiva.
La arquitectura sufre una profunda transformación, con formas más ligeras, más dinámicas, con un mejor análisis estructural que permite hacer edificios más estilizados, con más aberturas y, por tanto, mejor iluminación. Aparecen nuevas técnicas como el arco apuntado y la bóveda de crucería, y la utilización de contrafuertes y arbotantes para sostener la estructura, permitiendo interiores más amplios y decorados con vitrales y rosetones. La pintura deja de ser mural para pasar a retablos situados en los altares de las iglesias.José Mª de Azcárate Ristori: El Gótico, en Historia del arte, p. 244.
Fueron muchas las iglesias que se reconstruyeron o ampliaron. Se levantaron grandes catedrales —como las de Barcelona, Tarragona, Gerona, Manresa, Solsona, Ciudadela y Tortosa— y grandes iglesias —como Santa María del Mar y Santa María del Pino, en Barcelona; Santa María de Villafranca del Panadés, Santa María de la Aurora, en Manresa, la del monasterio de Santa Maria de Pedralbes, etc.— Los templos tendieron a la unificación espacial, lo que se consiguió disponiendo una sola nave de mucha luz o bien con pilares esbeltos y delgados lo bastante separados como para no interrumpir la visión desde las naves laterales. No hay transeptos como tales, salvo en las iglesias de base templaria, que eligieron plantas en cruz griega. Las torres, normalmente una o dos, destacaban por ser prismas lisos de sección poligonal (6 u 8 lados). Los contrafuertes, además de arriostrar los muros, permitieron insertar las capillas, de manera que los alzados del edificio fueron continuos y visualmente lisos por fuera; además, cuando aparecen en la fachada principal, crean un rectángulo que enmarca la portada y a veces, un rosetón.
Durante la época gótica, no todo fueron edificios religiosos y también se desarrolló notablemente la arquitectura civil, sobre todo en palacios —Palacio Real Mayor, Palacio de la Generalidad— y equipamientos cívicos —Hospital de la Santa Cruz, Atarazanas Reales, Lonja y Casa de la Ciudad en Barcelona.—, fábricas, puentes y equipamientos militares. Los palacios, de mayor superficie en fachada el resto de viviendas, son característicos de los nuevos espacios burgueses del como la calle Montcada en Barcelona. Se organizan en torno a un patio al que se accede a través de una portalada y contiene la escalera principal, a cielo abierto o semicerrada. En planta baja se encuentran las dependencias propias del negocio de los dueños, con el despacho en semiplanta, si lo hubiera. La planta primera o noble se reserva a la vivienda, cuyo salón principal, ricamente decorado, se adosa a la fachada, a veces ocupándola enteramente. Los siguientes pisos contienen los cuartos del servicio y dependencias secundarias. Algunos palacios tienen pequeñas torres desde las que observaban por encima de los tejados de la ciudad.
La conquista del territorio
thumb|Campanario de Santa María del Mar
Entre los siglos y , los siglos del gótico, las ciudades catalanas registraron una extraordinaria expansión, reflejo de los momentos de prosperidad del país. Recuperada Tarragona en 1091, entre los años 1147 y 1154 se conquistaron las taifas de Tortosa, Lérida y Ciurana, restableciéndose las diócesis.
Tras el fracaso de la Orden del Císter para eliminar el catarismo, Domingo de Guzmán fundó la Orden de los Predicadores, que dirigió una dura persecución contra los cátaros llevada a cabo por la entonces fundada Inquisición (1184) y dirigida por los dominicos. Jaime el Conquistador, por el tratado de Corbeil puso fin definitivamente a la política de penetración y dominio de Occitania de los reyes de Aragón renunciando a los derechos sobre los territorios occitanos sobre los que su padre Pedro el Católico había perdido el dominio efectivo después de la cruzada albigense y la batalla de Muret. En el se conquistaron Mallorca (1229-1231), Valencia (1233-1245), Sicilia (1282-1294) y en el Cerdeña; los mercaderes catalanes llegaron a todos los rincones del Mediterráneo; la política del país se articuló en torno a la Corona de Aragón, y patriciado y burguesía urbana se consolidaron. La lengua catalana también alcanzó el máximo esplendor. En esa época, la arquitectura gótica catalana desarrolló un lenguaje original, perfectamente adaptado al medio natural y a las tradiciones culturales del país.
La conquista de nuevos territorios a los árabes, hacia mediados del , donde inicialmente se reutilizaron edificios románicos, en el caso de Tarragona o mezquitas en Lérida y Tortosa para el culto, dio pie a diversas edificaciones en la llamada Cataluña Nueva, donde las órdenes mendicantes aplicaban planteamientos técnicos y conceptuales nuevos y más evolucionados respecto a los que habían arraigado en las comarcas del norte del país, la Cataluña Vieja, donde el arte románico todavía se encontraba en plenitud.
En estas edificaciones se hizo uso de la bóveda de crucería y se adoptó una estética donde es patente la influencia de la arquitectura cisterciense. De hecho, los grandes monasterios cistercienses de Poblet, Santes Creus y Vallbona de las Monjas son exponentes destacados de la superación del estilo románico. Sin embargo, todavía no se puede considerar plenamente gótica.
Arquitectura religiosa
thumb|Catedral de Gerona thumb|Nave de Santa María del Mar Entre finales del y principios del , Tarragona y Lérida emprendieron la construcción de las respectivas catedrales —Catedral de Tarragona y La Seo Vieja de Lérida —, unos edificios de grandes dimensiones que simbolizan la reconstrucción y pujanza de estas ciudades.
Las plantas son de tradición románica aunque se cubren con bóveda de crucería y arcos apuntados, que permiten ajustar la altura a diferencia del arco de medio punto, en la que la altura quedaba limitada por la luz del arco. En fases avanzadas de la construcción, a partir del fin del , las catedrales de Tarragona y Lérida ya incorporaron elementos representativos del estilo gótico de plenitud, patente, por ejemplo, en la fachada de la catedral de Tarragona o en el airoso campanario de la Seo Vieja de Lérida.
Durante el empezaron a llegar a las ciudades catalanas las llamadas órdenes mendicantes, principalmente franciscanos y dominicanos. Pero también otros, como los carmelitas o los mercedarios, o sea, la orden de la Merced, fundada en Barcelona en 1218 por san Pedro Nolasco. La arquitectura de las órdenes mendicantes, de la que se han perdido los edificios más importantes debido a las reformas urbanas del y otras afectaciones, responde al carisma específico de estas órdenes, que aspiraban a vivir un ideal de pobreza. La mayoría de iglesias de los mendicantes se cubrieron inicialmente con techos de madera soportados por arcos diafragma, que luego fueron sustituidos por bóvedas de piedra. Igualmente, en los claustros se tendía a utilizar material prefabricado. Por otra parte, las iglesias de los conventos mendicantes se caracterizaban por la amplitud de las naves, aptas para la predicación y acoger multitudes, así como por la presencia de numerosas capillas laterales, patrocinadas por particulares, familias, gremios o corporaciones.
Desaparecidos los grandes conventos barceloneses de San Francisco (franciscanos) y Santa Catalina (dominicos), así como los de los carmelitas y mercedarios, quedan como principales testimonios de la arquitectura de las órdenes mendicantes en tierras catalanas los conventos de Santo Domingo de Gerona, Santo Domingo de Balaguer y San Francisco de Montblanc. Mención especial merece el monasterio de Santa Maria de Pedralbes, en Barcelona, de monjas clarisas (franciscanas). Se trata de una fundación real y constituye un precioso conjunto monástico que ha preservado a través de los tiempos, hasta la actualidad, la integridad original. thumb|Catedral de Barcelona thumb|Campanario de la iglesia del monasterio de Santa Maria de Pedralbes thumb|Santa María del Pino Durante las primeras décadas el , el país vivió una impresionante fiebre constructiva. Fueron muchas las iglesias que se renovaron o construyeron de nueva planta. En muchos casos, las obras iniciadas en ese momento tuvieron continuidad hasta el y todavía posteriormente. En el año 1298 se iniciaba la construcción de la Catedral de Barcelona, que sustituía a un edificio anterior románico. Catorce años después, en 1312, se iniciaba la construcción de la Catedral de Gerona. Ambas se plantearon teniendo como modelo la Catedral de Narbona, la mayor de las catedrales góticas del Mediodía de Francia. Lo explica, entre otras cosas, el hecho de que hasta el las diócesis catalanas estuvieron vinculadas a la narbonesa. Está formada por tres naves de la misma altura, la central el doble de ancho que las laterales; y carece de nave transversal o transepto. Desde el falso crucero las circulares se unen en girola, pasando por detrás del presbiterio y formando un arco semicircular, donde se alojan una corona de galerías, cubiertas por arcos ojivales y por encima de estas capillas se encuentran las vidrieras que iluminan el ábside. La catedral de Gerona se comenzó a construir en 1317, su construcción fue de un extraordinario atrevimiento en la época. En principio su diseño era similar a la de Barcelona, pero durante su construcción, el arquitecto Guillermo Bofill, decidió unificar las tres naves de la cabecera en una única con capillas laterales, lo que dio a la catedral una fisonomía bien diferente al resto de iglesias góticas. Se convirtió en uno de los edificios más representativos y más importantes de toda la arquitectura gótica catalana porque en vez de hacerse con tres naves, siguiendo el planteamiento inicial de la cabecera influida por la de Narbona, se realizó con una sola nave, de una magnitud considerable: 22 metros de ancho. La nave más ancha de toda la Europa medieval. La decisión de terminar la Catedral de Gerona con una sola nave era una decisión arriesgada y atrevida, que se tomó después de dos consultas a los principales arquitectos de las tierras catalanas, los años 1386 y 1416. La capilla de Santa Ágata, en el Palacio Real Mayor de Barcelona construida entre 1303 y 1310, muestra ventanas dobles, contornos pulidos y proporciones refinadas. Al igual que otras catedrales góticas, la capilla muestra vitrales e iconografía religiosa.
El influjo de la estética cisterciense y de las tipologías arquitectónicas introducidas por las órdenes mendicantes, así como la asimilación parcial del modelo catedralicio francés, unido, todo ello, a una acusada voluntad de originalidad, determinaron estilísticamente la arquitectura gótica catalana de plenitud, que se logró durante la primera mitad del .