El vestido blanco de Scarlett O'Hara (en inglés: Scarlett O'Hara's white dress), también conocido como «vestido de oración» («prayer dress»), es un traje que la actriz Vivien Leigh lució en la película Lo que el viento se llevó (1939).
Historia Contexto David O. Selznick, productor del filme junto con la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), pagó $50 000 por los derechos de la novela en la que se basa la película y, con el fin de generar una gran publicidad inmediata en torno a ella, comenzó una búsqueda a nivel nacional de la actriz que interpretaría el papel de Scarlett O'Hara, siendo este el primer casting masivo de la historia del cine. Este proceso, con una duración total de dos años y un coste superior a $100 000, llevó a la realización de una gira por todo Estados Unidos para entrevistar a más de 1400 mujeres anónimas y a alrededor de cien actrices consagradas, llegando 400 de ellas a realizar pruebas y siendo las favoritas, entre otras: Jean Arthur, Lucille Ball, Miriam Hopkins, Tallulah Bankhead, Bette Davis, Claudette Colbert, Joan Crawford, Loretta Young, Paulette Goddard, Joan Fontaine, Katharine Hepburn, Olivia de Havilland, Carole Lombard, Norma Shearer, Barbara Stanwyck y Margaret Sullavan. Finalmente, un total de diecinueve fueron seleccionadas para realizar pruebas de cámara: Louise Platt, Tallulah Bankhead, Linda Watkins, Adele Longmire, Haila Stoddard, Susan Hayward, Dorothy Mathews, Brenda Marshall, Anita Louise, Margaret Tallichet, Frances Dee, Nancy Coleman, Marcella Martin, Lana Turner, Diana Barrymore, Jean Arthur, Joan Bennett, Paulette Goddard y Vivien Leigh, siendo estas dos últimas las únicas que realizaron pruebas de cámara en color. La búsqueda de la actriz que interpretaría el papel de Scarlett recibió una cobertura mediática sin precedentes; algunas fuentes sin confirmar afirman que Leigh ya había sido contratada en febrero de 1938, hecho que se habría guardado en el más absoluto secreto con el fin de mantener el nivel de expectación, aunque de lo que sí hay constancia es de que se llevó a cabo una encuesta a 100 personas a las que se cuestionó sobre quién consideraban que debía interpretar a Scarlett, obteniendo Leigh tan solo un voto. Pese a no ser favorita, la actriz británica se alzaría con el triunfo en medio de una gran sorpresa tanto de crítica como de público, aunque diversas fuentes han constatado que Myron Selznick, hermano del productor y representante de Leigh, promovió a la actriz para que consiguiese el papel.
Creación thumb|Mozelle Miller y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó (1939). El vestuario de la película corrió a cargo de Walter Plunkett; incorporado al proyecto en 1936, el diseñador se embarcó a modo de preparación durante cuatro meses en un viaje de investigación no remunerado por el sur de Estados Unidos (Atlanta, Savannah y Charleston), contando únicamente con un contrato sin exclusividad por el que se le pagarían $600 a la semana en los dos meses de preproducción y $750 por cada siete días de rodaje, además de una carta de presentación dirigida a Margaret Mitchell, autora del libro en el que se basa el filme, a quien visitó en su casa de Georgia. Gracias a Mitchell, Plunkett conoció el ingenio de las mujeres de aquella época, las cuales usaban piedras y cáscaras de nueces como botones y ramas de espino como broches para poder confeccionar la ropa durante el bloqueo al que la Unión sometió a los estados sureños durante la guerra de Secesión. En los museos de las Hijas de la Confederación de Savannah y Charleston, Plunkett obtuvo trozos de telas cortadas de los dobladillos de trajes auténticos, los cuales solían estar decorados con diminutos estampados, creando más de 5000 prendas para cincuenta personajes y un centenar de extras. En lo que respecta al vestuario del personaje de Scarlett, para quien elaboró treinta y cinco conjuntos, Plunkett empleó los tejidos y los colores con el fin de enfatizar y subrayar los acontecimientos más destacados de la vida de la protagonista, empleando organdí, tul, algodón y tonalidades luminosas para vestirla en sus años de juventud, y tejidos como seda y terciopelo oscuro a medida que madura y se enfrenta a situaciones dramáticas.
A su vez, Plunkett tomó la decisión de incluir varios códigos de color para el personaje de Scarlett en función de las situaciones plasmadas. De esta forma, para las escenas de seducción el diseñador optó por el color verde, siendo ejemplo de ello el vestido escotado que Scarlett lleva a la barbacoa en Twelve Oaks, así como el traje elaborado con cortinas de terciopelo que la protagonista luce cuando acude a la cárcel a visitar a Rhett Butler. Para las escenas pasionales, violentas y de tensión, Plunkett escogió el rojo, siendo este el color del llamativo vestido que Rhett obliga a Scarlett a llevar a la fiesta de cumpleaños de Ashley Wilkes, el color de la bata de terciopelo que luce en la posterior discusión con su marido, y también el tono del traje que lleva puesto cuando su hermana Suellen descubre que Scarlett se ha casado con su prometido Frank Kennedy. Por último, para las escenas de peligro se decantó por el color azul, destacando el vestido que Scarlett lleva puesto cuando es asaltada en un puente camino del aserradero así como los trajes que lucen ella y su hija Bonnie cuando esta última cae del caballo. Los únicos vestidos que constituyen excepciones a estos códigos son el traje de novia, los atuendos de luto, el vestido rosa de la huida de Atlanta, el vestido blanco y rojo que lleva puesto cuando se despide de Ashley antes de que este regrese al frente, la bata verde que viste durante una discusión con Rhett, la bata marrón que luce cuando cae por las escaleras, y el traje blanco con volantes mostrado al inicio de la película.
El excesivo volumen de trabajo hizo imposible que Plunkett se ocupase por sí solo del guardarropa, contando por ende con la asistencia de varias ayudantes: «Tenía dos mujeres que me ayudaban, cortadoras y ajustadoras, cada una con su propio equipo de costureras, además de un equipo de modistas. Casi todo se hacía desde cero». Del mismo modo, el diseñador pintó más de 375 bocetos de vestuario con la ayuda de varios artistas:
Inicialmente, antes de la introducción de los códigos de color, tanto Plunkett como Selznick consideraron que lo mejor era mostrar los trajes tal y como Mitchell los describía en su libro puesto que creían que ese detalle sería del agrado del público, aunque el diseñador se inclinaba más por dotar a las prendas del rigor histórico del cual carecían en la novela. De acuerdo con Plunkett: «A Selznick no le interesaba la precisión. Investigué en el sur porque pensé que era necesario. Selznick estaba mucho más preocupado por ser fiel a Margaret Mitchell. Si él se oponía a un diseño, solo tenía que señalarle una de sus descripciones en la novela y quedaba satisfecho. La película no tuvo nada que ver con la historia. Mira la apertura, con Scarlett haciendo girar un narciso de plástico y luciendo lo que estaba a punto de convertirse en el peinado de los años cuarenta». El vestido que Scarlett luce al inicio del libro figura descrito de la siguiente forma:
Plunkett, considerando que la protagonista lucía demasiadas prendas de color verde, decidió cambiar el color del traje que Scarlett luce en la fiesta de cumpleaños de Ashley, lo que llevaría a un conflicto entre diseñador y productor, pues este último se mostró reacio a variar el guardarropa de la protagonista a menos que Mitchell diese su aprobación; una vez la escritora dio su beneplácito, Selznick se mostraría a favor de variar el vestuario de Scarlett tal y como consta en un memorando enviado el 13 de marzo de 1939 a Raymond Klune, director de producción:
thumb|George Reeves, Vivien Leigh y Fred Crane en Lo que el viento se llevó (1939). El atuendo de la imagen, mostrado en la secuencia de la barbacoa en Twelve Oaks, fue descartado para la escena inicial en favor del vestido blanco. Este cambio de parecer por parte de Selznick contribuiría a que el vestido blanco fuese el primer traje del guardarropa de Scarlett en ser mostrado en la película, pues en un principio se eligió para la escena inicial (la charla con los gemelos Tarleton y el paseo con Gerald por la plantación) el atuendo que el personaje lleva a la barbacoa en Twelve Oaks puesto que en el libro la protagonista luce dicha prenda en ambas secuencias, si bien el productor tomaría la decisión de descartarla debido a su deseo de mostrar al personaje en un vestido blanco con el fin de remarcar su inocencia y virginidad, aunque, irónicamente, el traje desechado se ajustaba a los códigos de color impuestos por Plunkett ya que en su primera escena Scarlett se dedica a coquetear con los Tarleton en un ingenuo juego de seducción en el que ambos suplican a la joven que baile con ellos en la fiesta que tendrá lugar después de la barbacoa, a lo que Scarlett reacciona haciendo alarde de su frivolidad. Por otro lado, el vestido blanco, también llamado «vestido de oración» por figurar en una secuencia en la que la protagonista aparece rezando junto a su familia, se vio fuertemente influenciado no solo por la moda imperante en la década de 1860, sino también por el vestido Letty Lynton, prenda lucida por Joan Crawford en la película homónima de 1932 que desató una revolución en el sector mercantil al ser masivamente manufacturada para su venta al público, prendado del atuendo por lo innovador que en su momento supuso para la industria textil; la fama de este traje radica, sobre todo, en las mangas abullonadas que en su tiempo causaron furor entre las mujeres de la era de la Gran Depresión, siendo las mismas copiadas, con ciertas variantes, en el vestido blanco de Leigh, del que se confeccionó una réplica menos elaborada para su doble de luces Mozelle Miller.
Plunkett se vio limitado sin embargo por el Technicolor tal y como declaró Selznick: «Sé por hablar con Walter Plunkett que nadie se siente tan mal como él por las limitaciones que le han impuesto. Pero si vamos a escuchar completamente a los expertos en Technicolor, también podríamos eliminar por completo a los artistas que están en nuestros propios departamentos de decorado y vestuario y dejar que la compañía Technicolor diseñe la película para nosotros». A esto se sumó la problemática del coste, pues el presupuesto original del guardarropa era de $80 000, cifra que terminaría aumentando a $157 000 para el final del rodaje, costando las labores de lavandería más de $10 000 debido a que las prendas necesitaban ser limpiadas a diario; Selznick se encargó de dar gran publicidad al vestuario del filme asegurando que era el más caro jamás creado para una película, lo que perjudicaría seriamente a Plunkett:
Rodaje thumb|Fred Williams y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó (1939). En la imagen, Williams, tramoyista jefe, habla con Leigh durante la cuarta grabación de la secuencia inicial, la primera en la que la actriz apareció con el vestido blanco.