The Confessions Tour es el segundo álbum en vivo de la cantante estadounidense Madonna. Contiene el registro de un concierto grabado los días 15 y 16 de agosto de 2006 en el Wembley Arena de Londres, en el marco de su séptima gira, Confessions Tour, con la que promocionó su décimo álbum de estudio, Confessions on a Dance Floor (2005). Antes de su lanzamiento comercial, el espectáculo fue transmitido por la cadena NBC en noviembre de 2006; sin embargo, la presentación de «Live to Tell» (1986), en la que la artista aparece sobre una cruz gigante con una corona de espinas simulando una crucifixión —escena que fue ampliamente criticada por instituciones eclesiásticas en distintos países—, fue eliminada de la emisión tras generar críticas y quejas de grupos religiosos y familiares.

El material se editó en dos versiones: un paquete combinado de CD+DVD y una edición individual en DVD. Esta última incluye el concierto completo dirigido por Jonas Åkerlund, con una duración aproximada de dos horas y un repertorio de veintiuna canciones, entre ellas cuatro que no formaron parte de la transmisión televisiva por motivos de edición. También incorpora quince minutos de material entre bastidores y una galería de quince fotografías inéditas. La edición en CD, compuesta por trece canciones, se centró principalmente en temas de Confessions on a Dance Floor, aunque también se añadieron éxitos anteriores de la cantante adaptados a un sonido orientado a la música disco.

Anunciado en noviembre de 2006 a través del sitio web oficial de Madonna, el álbum se publicó entre el 24 y el 30 de enero de 2007 por Warner Bros. Records en formatos CD+DVD y DVD; en otros países como Australia y Japón, salió al mercado el 3 de febrero y el 7 de marzo de ese año, respectivamente. Asimismo, estuvo disponible de manera digital en la tienda iTunes. Como parte de la promoción, Warner Bros. subió en su sitio web y en su canal de YouTube las interpretaciones en vivo de «Ray of Light» y «Jump» como adelantos y envió a emisoras radiales las versiones de «Future Lovers/I Feel Love» y «Music Inferno» como sencillos promocionales. Asimismo, se organizaron fiestas de lanzamiento en distintos países y proyecciones del concierto en cines de Canadá. Debido a la controversia por la escena de «Live to Tell», el DVD fue prohibido en Singapur y Malasia.

El álbum alcanzó la primera posición en Bélgica, España, Grecia, Hungría, Italia, México, Portugal y República Checa, y se ubicó entre los diez primeros puestos en numerosos otros territorios; la edición en DVD, que también obtuvo resultados comerciales favorables, superó el millón de copias vendidas a nivel mundial. En términos generales, recibió reseñas favorables y variadas: el DVD fue elogiado por su dirección, producción, coreografía y despliegue escénico, aunque la edición, el apartado visual y el material adicional suscitaron críticas. La edición en CD obtuvo mayoritariamente opiniones desfavorables, centradas en el repertorio, la producción y la voz de Madonna. Entre sus reconocimientos, ganó a mejor vídeo musical de formato largo en la 50.ª edición de los Premios Grammy, lo que representó la segunda victoria de la artista en esta categoría y el séptimo premio Grammy de su carrera.

Antecedentes

Álbum Confessions on a Dance Floor, el décimo álbum de estudio de la cantante estadounidense Madonna, marcó un cambio de dirección respecto al estilo experimental de American Life (2003), su trabajo anterior, que había tenido una mayor carga política y recibió críticas variadas. En contraste, retomó la estética orientada a las pistas de baile que definió sus inicios artísticos. El objetivo de la artista era transmitir una sensación de diversión, baile y optimismo. Para ello, colaboró con el productor y DJ Stuart Price, quien se había desempeñado como director musical de sus anteriores giras, Drowned World (2001) y Re-Invention World Tour (2004). El álbum fue un homenaje a la música disco y dance de los años 1970 y 1980, con samples e influencias de la obra de ABBA, Donna Summer, Pet Shop Boys, Bee Gees y Depeche Mode. Las canciones contenían ritmos «contundentes» y letras «audaces» con una tecnología de remezcla a cargo de Price.

El álbum obtuvo el reconocimiento de la prensa especializada y ganó en los premios Grammy y Brit. Según el biógrafo Marc Andrews, el disco «complació tanto a fanáticos como a detractores». Considerado uno de los trabajos más destacados de su carrera, la crítica subrayó su retorno a la música club que la «convirtió en estrella» y reafirmó su estatus como la «indiscutible Reina del Pop». Comercialmente, encabezó las listas musicales en cuarenta países —incluyendo Estados Unidos y el Reino Unido— y superó los diez millones de copias vendidas a nivel mundial. El sencillo principal, «Hung Up», se convirtió en el mayor éxito internacional de su carrera al alcanzar el primer lugar en un récord de 41 países. En la lista Billboard Hot 100 de Estados Unidos, marcó su 36.º top diez, con lo que empató a Elvis Presley como el artista con la mayor cantidad de entradas entre los diez primeros puestos. Otros sencillos destacados fueron «Sorry», «Get Together» y «Jump», descritos como los éxitos de club «más contagiosos de los 25 años de carrera de Madonna». Retrospectivamente, muchos fanáticos lo consideran uno de los mayores logros de su trayectoria.

Gira

Como parte de la promoción, Madonna emprendió la gira Confessions Tour, anunciada oficialmente el 2 de abril de 2006. Stuart Price asumió nuevamente el papel de director musical y la coreografía y puesta en escena estuvieron a cargo de Jamie King. Inspirada por el éxito del álbum, Madonna explicó poco antes de iniciar la gira que sería su mayor espectáculo hasta la fecha y que su intención era «convertir el mundo entero en una gran pista de baile». Según la biógrafa Lucy O'Brien, el espectáculo se centró en lo visual, en «emociones y sentimientos expresados a gran escala, así como en declaraciones inclusivas y poderosas». La artista buscó transmitir un mensaje antibélico y a la vez ilustrar algunos de los aspectos más confesionales del álbum. En algunas partes del concierto, condenó la guerra de Irak y criticó a diversas figuras políticas y religiosas, en particular al entonces presidente George W. Bush. La gira inició el 21 de mayo de 2006 en Los Ángeles y finalizó el 21 de septiembre en Tokio, con un total de 60 espectáculos —34 en América del Norte, 22 en Europa y cuatro en Asia—. Visitó Estados Unidos, Canadá, Gales, Inglaterra, Italia, Alemania, Dinamarca, Francia, Países Bajos, República Checa, Rusia y Japón.

En comparación con el Re-Invention World Tour, fue una producción más extravagante y compleja, con veintidós bailarines y tres coristas, así como una plataforma de que giraba a en el centro del escenario. Además, se utilizaron cuatro pantallas grandes con imágenes en constante movimiento, una bola de espejos gigante con diamantes e incrustaciones de Swarovski que descendía del techo, una jaula tomada del videoclip de «Sorry» y un escenario que se extendía a ambos lados del recinto gracias a una pasarela central larga y dos plataformas. El vestuario fue confeccionado por el diseñador francés Jean-Paul Gaultier, colaborador habitual de Madonna, quien creó treinta trajes para la cantante y sus bailarines, con un total de 600 para todo el espectáculo. Se necesitó un equipo de 106 personas y veinticuatro camiones para transportar todo el material. Como en sus giras anteriores, el concierto se dividió en cuatro actos o secciones: ecuestre, beduino, glam/punk —también titulado Never Mind the Bollocks—, en el que Madonna tocaba la guitarra eléctrica, y disco. Madonna rindió homenaje a ABBA, Donna Summer y John Travolta, así como a su propia identidad como artista.

La gira causó gran revuelo y acaparó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. El momento más controversial sucedió durante la interpretación de «Live to Tell» (1986), cuando la cantante apareció con una corona de espinas falsa sobre una cruz gigante reluciente hecha de espejos, como los de una bola de discoteca, en una pose similar a la de Cristo. Las pantallas mostraban imágenes de niños junto a un contador que aumentaba gradualmente hasta los 12 millones, cifra que representaba una estimación del número de niños huérfanos a causa de la pandemia del sida en África. La presentación finalizaba con una cita del Evangelio de Mateo para reforzar esa súplica. El número fue ampliamente criticado por instituciones eclesiásticas en distintos países. Líderes anglicanos, católicos y ortodoxos rusos y griegos lo calificaron de «blasfemo» y una «maniobra publicitaria de mal gusto». En Rusia y Países Bajos se registraron protestas, intentos de boicot, amenazas de muerte y rumores de cargos criminales, mientras que en Italia —donde actuó en el Estadio Olímpico de Roma, cercano al Vaticano— dirigentes religiosos lo consideraron irrespetuoso y provocador, y el papa Benedicto XVI lo describió como «blasfemo». En Alemania, la fiscalía evaluó una posible investigación por ofensa a las creencias religiosas, aunque finalmente no la abrió porque la escena estaba amparada por leyes de protección de libertad artística. A pesar de las protestas y amenazas, Madonna no modificó su espectáculo. En una declaración a la prensa afirmó que «a Jesús le habría encantado» e invitó al papa a su concierto en Roma. Algunos fanáticos también cuestionaron su inclusión y señalaron que parecía un «intento torpe de volver a generar controversia». La polémica convirtió a la gira en uno de los eventos en vivo más comentados del año en todo el mundo.

Más allá de la controversia, la respuesta crítica fue en general muy favorable, con elogios tanto para el «deslumbrante espectáculo» de la producción como para la actuación y la figura tonificada de Madonna. Fue considerada una de las giras más fructíferas y multitudinarias del año, y se le reconoció por trascender el concepto de un simple concierto de pop. Algunos comentaristas ofrecieron opiniones edadistas y criticaron el cuerpo de Madonna y su desempeño en el escenario. Comercialmente, la gira supuso un «éxito colosal». A pesar de una disputa por los precios de las entradas —entre los más caros registrados para un concierto de pop—, los boletos se agotaron rápidamente, incluyendo ocho fechas agotadas en el Wembley Arena de Londres, por lo que se añadieron más conciertos. Una vez concluida, se convirtió en la gira de una artista femenina más taquillera de la historia, con más de 1,2 millones de asistentes y 193,7 millones USD recaudados en 60 conciertos. Con ello, superó el récord anterior establecido por Cher con Living Proof: The Farewell Tour (192,5 millones USD). La revista Forbes la nombró la cantante más rica del mundo, con una fortuna estimada en más de 325 millones USD, gracias a las ganancias derivadas del álbum y la gira. Según Tiago Faria, de Correio Braziliense, la artista apostó por una jugada «sobria y calculada que dio resultados extraordinarios para consolidarse como la mujer más poderosa del mundo del espectáculo».

Especial televisivo

Anuncio y polémica thumb|upright|izquierda|Previo al lanzamiento del álbum en vivo, la cadena NBC transmitió uno de los conciertos de la gira realizados en el Wembley Arena de Londres como un especial televisivo en noviembre de 2006.