El apagón en la península ibérica del 28 de abril de 2025 fue una interrupción generalizada del suministro eléctrico que afectó principalmente a España peninsular, Portugal continental y Andorra, y dejó sin electricidad a más de 50 millones de personas. La recuperación del suministro comenzó durante la tarde del mismo día y, en la madrugada del 29 de abril, el sistema eléctrico ya había sido restablecido.

Según el informe final de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad, el apagón se produjo por un aumento rápido e incontrolado de la tensión del sistema eléctrico, que provocó la pérdida de control del sistema y la posterior desconexión en cascada de la generación, conduciendo a una situación de inestabilidad generalizada.

Supuso el incidente más grave y sin precedentes en el sistema eléctrico europeo en más de 20 años.

Antecedentes En diciembre de 2024, el operador del sistema activó en dos ocasiones el servicio de respuesta activa de la demanda (SRAD), un mecanismo que permite reducir el consumo de grandes consumidores industriales para garantizar el equilibrio entre oferta y demanda. Estas activaciones se produjeron en un contexto de elevada demanda eléctrica, bajas temperaturas y reducida producción eólica.

En enero de 2025, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) advirtió sobre dificultades en el control de tensión de la red eléctrica, señalando la existencia de oscilaciones que podrían afectar a la estabilidad del sistema.

Durante la Semana Santa de 2025, los precios de la electricidad descendieron notablemente debido a una combinación de elevada producción de energías renovables en España y una menor demanda, lo que llevó a la parada o reducción de la actividad de varias centrales nucleares por falta de rentabilidad económica. En ese periodo, España llegó a operar con un número reducido de reactores nucleares activos, en algunos momentos, dos o tres de los siete existentes, mientras el excedente de producción renovable fue exportado a países vecinos.

El 22 de abril de 2025 se registraron incidencias en la red eléctrica que afectaron a infraestructuras industriales y de transporte, como la refinería de Cartagena y la red ferroviaria de alta velocidad. Según Red Eléctrica de España, estos episodios respondieron a una combinación simultánea de incidencias técnicas habituales que generaron una situación de inestabilidad poco frecuente.

Día del apagón Según diversos medios, que citan fuentes del sector, la red eléctrica española habría registrado problemas de estabilidad en las horas previas al apagón, con fluctuaciones en la frecuencia del sistema. Estas informaciones no fueron confirmadas oficialmente por Red Eléctrica de España.

En la media hora previa al apagón se registraron dos periodos de oscilaciones de tensión y frecuencia en el sistema eléctrico europeo continental, según datos del gestor europeo de redes.

miniatura|Descenso de la frecuencia de la red en la península ibérica, en naranja, poco antes del apagón, incluido el ROCOF, en azul (media de ~100 ms). Las líneas verdes discontinuas indican los umbrales de activación del deslastre de carga

Hechos El lunes 28 de abril de 2025 a las 12:33 h (CEST) en el sistema eléctrico español se desconectaron en cinco segundos 15 000 megavatios de energía eléctrica, el 60 % de la producción eléctrica del país. Las fuentes disponibles en el momento no pudieron hacer frente a la demanda y se interrumpió todo el flujo eléctrico en España y por extensión en Portugal, Andorra y el sur de Francia. Únicamente afectó a la península, puesto que los archipiélagos de ambos países cuentan con su propia red.

El 30 de abril de 2025, Red Eléctrica de España (REE) indicó que a esa hora sus sistemas detectaron «un elemento compatible con una pérdida de generación» en la región suroeste peninsular, «que fue superado satisfactoriamente». Un segundo y medio después ocurrió «otro elemento compatible con pérdida de generación de las condiciones del sistema eléctrico», lo que desembocó otros 3,5 segundos después en «unas condiciones compatibles con las oscilaciones detectadas» en el momento del apagón. Indicó que «es muy posible que la generación afectada pueda ser solar», aunque reiteró que las conclusiones son preliminares.

Francia detectó anomalías en la frecuencia de la red eléctrica española y se desconectó automáticamente para proteger su propio sistema y el del resto de Europa. Esta desconexión dejó a España y Portugal sin apoyo externo, lo que contribuyó al fallo completo del sistema eléctrico.

Tras el apagón, las centrales nucleares españolas se desconectaron automáticamente de la red eléctrica por seguridad y dejaron de producir energía. Este procedimiento es estándar en situaciones de pérdida total de suministro para proteger los reactores y garantizar su estabilidad. Para evitar el sobrecalentamiento del reactor, se activa el protocolo SCRAM para parar la reacción nuclear. Tras esto, las centrales necesitan unos días para volver a funcionar con normalidad.

Aproximadamente a las 16:00 (CEST), el operador eléctrico español Red Eléctrica estimó que el restablecimiento del servicio tardaría entre seis y diez horas, aunque aproximadamente a la misma hora el operador de red portugués indicó que la normalización podría tardar hasta una semana.

miniatura|600px|centro|Curvas de demanda, real, programada y prevista, de energía eléctrica el día 28 en España, en MW, donde se puede ver que a partir de las 12:33 la demanda real cae en picado

A las 12:33 horas (CEST) toda la península se quedó sin electricidad a la vez y con la misma intensidad: cero absoluto. En las poblaciones portuguesas, españolas y fronterizas dejaron de funcionar los semáforos, todos los ferrocarriles (incluidos las redes de metro), los ascensores de todos los edificios y las telecomunicaciones. Estas últimas presentaron fallos o directamente desaparecieron, según las antenas se quedaban sin baterías de respaldo. Sólo tenían suministro aquellos edificios que tuvieran generadores propios de electricidad, como todos los hospitales nacionales, y los edificios críticos, como los estudios de la radio y televisión. Precisamente la radio, ya sea la de los vehículos o con baterías (transistores), se convirtió en el único medio de comunicación al que pudo acceder la población, ante la suspensión de internet y la televisión.

miniaturadeimagen|alt=A-6 en Madrid colapsada a excepción de carril Carril bus|A-6 en Madrid colapsada a excepción del carril bus A pesar de la situación, no se desató el caos generalizado, más allá del ferrocarril y el tráfico en lugares concretos, como en la red de autovías de la Comunidad de Madrid, que colapsó. Respecto al tráfico, las autoridades pidieron no hacer desplazamientos innecesarios.

Si bien la población se dirigió a los supermercados y tiendas con la intención de abastecerse mediante compras de pánico, los países no estuvieron cerca del desabastecimiento, aunque se dieron situaciones de colas y escasez en varias superficies. Algo más compleja fue la situación en las gasolineras, que no funcionaron al fallar sus bombas. Asimismo, los datáfonos dejaron de funcionar, lo que obligó a consumir únicamente con dinero en efectivo. Adicionalmente, los cajeros automáticos se apagaron según se quedaron sin batería, si bien la banca electrónica funcionó correctamente.

miniatura|Larga cola de espera para coger un autobús junto al palacio de Cibeles, Madrid

Ante la interrupción de la jornada laboral y gracias a las buenas temperaturas que había en la península, quedaron llamativas estampas de la población en la calle, terrazas y parques. En España no tuvo consecuencias a nivel laboral, a pesar de que en muchos casos las personas no pudieron realizar su trabajo, gracias a los permisos introducidos en el Estatuto de los Trabajadores tras las inundaciones de la DANA de 2024.

Restablecimiento del sistema La recuperación fue gradual, pues en algunas zonas la luz llegó antes que en otras. A partir de las 17:00 comenzó la recuperación eléctrica y continuó hasta la madrugada del martes 29 de abril. Para las 19:00 del 28 de abril el 35 % de la demanda contaba con electricidad. A la llegada de la noche, sobre las 22:00, el 43 % de la demanda española contaba con tensión. A las 6 de la mañana Red Eléctrica comunicó que el 99 % de la demanda estaba abastecida.

Cuando se produce un apagón general en toda España, Red Eléctrica de España (REE), que es la empresa responsable de gestionar el sistema eléctrico, tiene un plan especial para recuperar el suministro. Este produce el reinicio completo del sistema mediante arranque en negro y está pensado para restablecer toda la red eléctrica desde cero, sin necesidad de depender de otras redes o países.

miniatura|Vista del puerto de Vigo durante la noche del 28 de abril de 2025, operando con normalidad gracias a los planes de autoprotección y al uso de generadores

El proceso comienza identificando las centrales eléctricas que pueden arrancar sin ayuda externa. Son, sobre todo, centrales hidroeléctricas, porque necesitan muy poca energía para empezar a funcionar. Usan el agua almacenada en embalses para generar electricidad, lo que las hace especialmente útiles en estos casos. Si los embalses están llenos, como ocurrió en la primavera de 2025 en España tras las intensas lluvias de marzo, estas centrales pueden ponerse en marcha rápidamente y ayudar a recuperar el sistema con mayor agilidad.

En este caso, las central hidroeléctrica de Aldeadávila II, la de Riba-Roja d'Ebre, que actúa como una isla energética apoyando a las centrales de Vandellós y Ascó, y las de Sau, Saltos de Mequinenza, Pont del Rei y Caldas fueron clave para iniciar la recuperación del sistema. Gracias a su capacidad de arranque en negro, estas instalaciones generaron electricidad sin necesidad de suministro externo, utilizando baterías, generadores autónomos y el impulso del agua embalsada. Mientras la mayoría de las centrales eléctricas del país dependían de energía externa para reactivarse, estas pusieron en marcha sus turbinas y comenzaron a inyectar tensión en la red, lo que permitió a Red Eléctrica de España (REE) conectar progresivamente la demanda y restablecer el servicio.

Una vez que se logra que estas primeras centrales funcionen, REE no intenta restablecer toda la red eléctrica de golpe. En lugar de eso, enciende pequeñas «islas» independientes, que funcionan por separado, con una central abasteciendo la zona colindante. Ejemplos de estas islas son Galicia-León, Aragón-Cataluña o Duero-Francia. Cada una debe estabilizar su frecuencia y tensión antes de conectarse al resto del sistema.

Cuando las islas ya están estables, se procede a sincronizarlas, es decir, a interconectarlas. Esto se hace con mucho cuidado, pues cualquier desequilibrio al unirlas podría causar nuevos fallos. Se trata de construir poco a poco un sistema eléctrico unificado, asegurándose de que todo está en orden antes de seguir avanzando.

Además, REE colabora con las empresas eléctricas, con la Unidad Militar de Emergencias (UME) y con las fuerzas y cuerpos de seguridad. Esta cooperación permite tener acceso rápido a infraestructuras clave y actuar de forma coordinada en una situación crítica.

miniatura|izquierda|Imagen de satélite en la que se observan zonas apagadas en el noroeste, centro y sureste de España en la madrugada del día 29

Todo este protocolo sigue una normativa europea, el Reglamento UE 2017/2196, que establece cómo deben actuar los países ante apagones grandes. De hecho, REE ya probó este sistema en un simulacro en 2016 junto a Francia y Portugal.