El vestido Fabergé de Marlene Dietrich (en inglés: Marlene Dietrich's Fabergé dress) es un traje que la actriz lució en la película Angel (1937).
Historia Contexto Travis Banton, autor del vestido, ya había trabajado con Dietrich en ocho películas: Marruecos (1930), Dishonored (1931), El expreso de Shanghai (1932), La Venus rubia (1932), The Song of Songs (1933), Capricho imperial (1934), El Diablo era mujer (1935) y Desire (1936). En Marruecos la actriz lució un frac el cual causó sensación entre los espectadores, mientras que en El expreso de Shanghai vistió un traje decorado con plumas de gallo que llevó a numerosas mujeres a querer replicar el atuendo, aunque sería el famoso vestido Letty Lynton (lucido por Joan Crawford en la película homónima de 1932) el que desataría una auténtica revolución en el sector mercantil con su manufactura a gran escala para su venta masiva. Angel era la última película que Dietrich estaba obligada a rodar en virtud de su contrato con Paramount Pictures; este filme sería, además, la última colaboración entre actriz y diseñador, de quien Dietrich llegaría a decir que fue el creador de su imagen cinematográfica junto con Josef von Sternberg.
Creación El vestido Fabergé, así llamado por estar supuestamente inspirado en los famosos huevos de Fabergé, es el atuendo más sofisticado que Banton creó para Dietrich; de acuerdo con el propio diseñador: «Una veintena de bordadoras trabajaron en él durante dos semanas y media. Lo cual fue muy afortunado, porque a veces tenemos que producir vestidos muy elaborados en poco tiempo, en un día o menos». De gran opulencia pese a aparecer poco más de cinco minutos en pantalla, según W. Robert LaVine y Allen Florio, el atuendo costó la exorbitante cifra de $8000 de la época de acuerdo con los registros contables del departamento de vestuario,Margaret J. Bailey reduce esta cifra a $3500. lo que en su momento debió de provocar cierto nivel de inquietud entre los directivos de Paramount ya que el Gobierno había solicitado a los estudios que redujesen la suntuosidad de su guardarropa, con el propio Banton, quien entonces cobraba un sueldo semanal de $1250, afirmando que este fue el traje más caro de toda su carrera, siendo a mayores el vestido más costoso de Paramount hasta el momento y, en general, una de las prendas cinematográficas más valiosas de la época. Pese a la ostentación de la que hacía gala, la hija de Dietrich, Maria Riva, recordaría el atuendo en términos muy poco halagadores:
Según una declaración de Adele Balkan, asistente de Banton, ante la pregunta de si alguna vez había visto trabajar juntos a la actriz y al diseñador:
Pese a ser la autora del patrón, Balkan no tuvo ningún reconocimiento por su labor, algo muy común en la industria, aunque admitió que «no tenía estilo propio. Cuando estaba en Paramount, adoraba los bocetos del señor Banton y aprendí a dibujar así». Tal y como declaró en su momento:
Controversia thumb|150px|El vestido Fabergé durante su elaboración en 1937. Dietrich se sintió tan fascinada por el vestido que llegó a solicitar a los directivos del estudio que le permitiesen quedárselo. Sin embargo, por razones desconocidas (tal vez por su elevado precio), Paramount se negó a desprenderse del atuendo, lo que desató el enfado de la actriz, quien se sintió insultada con este rechazo considerando que había salvado a la compañía gracias al éxito de sus películas, llegando esta violenta situación al extremo de provocar que Dietrich se marchase furiosa de los estudios, todo lo cual contribuiría a su polémica salida de la empresa, a la que no volvería hasta diez años después con Golden Earrings (1947).En palabras de Margaret J. Bailey, el vestido «causó un trauma considerable en el set cuando los productores se negaron a dárselo a Dietrich para su vestuario privado». La compra de vestidos y accesorios de sus películas por parte de la actriz era algo habitual; tras su muerte, el Stiftung Deutsche Kinemathek, en colaboración con el Filmmuseum Berlin, adquirió su patrimonio en 1993, el cual se hallaba integrado por un total de cinco almacenes ubicados en Estados Unidos y Europa. Esta vasta colección, mantenida en secreto por la propia Dietrich, contaba con miles de objetos utilizados por la actriz a lo largo de su carrera, incluyendo cincuenta de sus atuendos más icónicos; de acuerdo con declaraciones de Riva al curador del Frankfurt Film Museum, la obsesión de su madre por mantener ocultas estas piezas radicaba en el profundo temor que sentía a que algún día los estudios quisiesen recuperarlas.
Cabe destacar que en 1974 Diana Vreeland, entonces curadora del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, contactó a Dietrich con el fin de averiguar el paradero de algunas prendas de sus películas (entre ellas el vestido Fabergé) para incluirlas en la exposición Romantic and Glamorous Hollywood Design, celebrada en el museo del 21 de noviembre de 1974 al 9 de enero de 1975, obteniendo la siguiente respuesta por parte de la actriz:
Finalmente, el vestido Fabergé sería exhibido en la exposición junto con otros trajes icónicos de la industria del cine, entre ellos seis atuendos de Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó (1939), una reproducción del vestido negro de Rita Hayworth en Gilda (1946), y el vestido Ascot de Audrey Hepburn en My Fair Lady (1964).
Reciclaje thumb|150px|Laraine Day en una fotografía de estudio (c. 1944). Al igual que múltiples prendas cinematográficas, el vestido Fabergé, al quedar en poder de los estudios, fue reciclado numerosas veces para otras actrices; esta práctica era común entonces y aún en la actualidad, ya que de esta forma se puede engalanar a personajes secundarios o extras con ricas prendas que en su momento lucieron actrices o actores principales a la par que se reducen gastos. No se sabe con exactitud cuántas veces se recicló el atuendo, aunque sí se conoce que como mínimo fue lucido por siete mujeres después de Dietrich: Mary Astor en Medianoche (1939), quien lo llevó sin la estola que originalmente lo acompañaba; Rose Hobart en A Night at Earl Carroll's (1940), quien lo lució con la parte frontal del corpiño doblada hacia dentro; Laraine Day en varias fotografías de estudio tomadas hacia 1944; Felicia Atkins en The Errand Boy (1961), ocasión en la que se retiraron las mangas y se fijó en el escote, a modo de drapeado, la estola sin el borde de piel de marta cibelina que originalmente la adornaba; una actriz sin acreditar en A New Kind of Love (1963), para quien se cortó la estola por la mitad para ser llevada como turbante además de modificarse el corpiño, nuevamente sin mangas; una modelo para una fotografía promocional de la exposición Romantic and Glamorous Hollywood Design, ocasión para la que se reincorporaron las mangas; y Barbara Hershey en My Wicked, Wicked Ways: The Legend of Errol Flynn (1985), momento en que se reconstruyó la estola, siendo exhibido ese mismo año de nuevo en el Museo Metropolitano de Arte. El gran número de modificaciones a las que se vio sometida la prenda supuso un fuerte impacto; muchos de los arreglos se efectuaron con gran rapidez y escaso cuidado, mientras que algunos intentos de reparación implicaron la simple cobertura de las secciones dañadas con largas lentejuelas doradas (una de las reparaciones acometidas provocó daños en el tejido al aplicarse pegamento en determinadas zonas para fijar los abalorios). El soporte de gasa original quedó tan gravemente debilitado que el mismo empezó a agrietarse, lo que provocó que los patrones comenzasen a separarse, al punto de volverse el traje tan frágil que era imposible que pudiese volver a ser vestido, aunque el hecho de que sus componentes se conservasen casi en su totalidad permitió su restauración.
Restauración
El traje fue vendido por Paramount el 12 de diciembre de 1990 como el lote 134 en la subasta Entertainment Memorabilia Including Costumes from The Collection of Paramount Pictures, corriendo la venta por cuenta de la casa de subastas Christie's de Nueva York. Los socios y expertos en prendas cinematográficas Bill Thomas y Larry McQueen, dueños de numerosos atuendos de la industria del celuloide los cuales se custodiaban en un almacén en Irwindale (California), fueron requeridos para llevar a cabo las labores de inventariar, certificar la autenticidad de cada pieza y tasarla. Atraídos por el vestido Fabergé, ambos tomaron la decisión de pujar por la prenda en la subasta, siendo el atuendo vendido a ambos por un precio aproximado de $23 000, una de las cifras más altas alcanzadas. Sin embargo, una vez tuvieron el traje en su poder pudieron comprobar el deplorable estado en el que se encontraba, pues el paso del tiempo, las pésimas condiciones de almacenaje y las numerosas mutilaciones efectuadas habían causado importantes estragos en la tela, al punto de que su extrema fragilidad hacía imposible exhibir la prenda en un maniquí ya que el tejido no era capaz de soportar el peso de los abalorios.
A finales de la década de 1990, concretamente en 1999, cuatro años después del fallecimiento de Thomas, McQueen se dispuso a emprender un proceso de restauración con el fin no solo de preservar el vestido sino de devolverlo a su estado original, aunque ya en 1993 se habían efectuado algunos arreglos. Para llevar a cabo esta difícil tarea, McQueen se puso en contacto con numerosos curadores expertos tanto en restauración como en conservación, surgiendo un intenso debate en el que se discutió si el atuendo debía ser nuevamente modificado, por pequeña que fuese dicha alteración. Finalmente, McQueen decidió que la prenda sería sometida a un proceso de restauración puesto que la misma había quedado reducida prácticamente a un conjunto de abalorios, lo que hacía imposible su exhibición.McQueen describió el vestido como «una caja de abalorios que no se pueden mostrar». Con el fin de acometer la compleja tarea de recolocar estas diminutas piezas, McQueen contactó con la empresa de Los Ángeles Getson Eastern Embroidery, entonces propiedad de Annie Dernderian; se eligió esta compañía debido a que la misma había participado en la confección del atuendo original y se hallaba, además, en posesión de muchos de los abalorios, lentejuelas y joyas utilizadas en la elaboración del traje.Una de las implicadas en el proceso de restauración fue Mary, bordadora retirada que participó en la confección original del atuendo.