La nueva narrativa ecuatoriana, surgida tras importantes precursores como Pablo Palacio y José de la Cuadra, experimentó un florecimiento significativo con autores como Dávila Andrade, Alejandro Carrión, Donoso Pareja, Alfonso Cuesta, Arturo Montesinos Malo, Enrique Adoum, Lupe Rumazo y Yánez Cossío, quienes renovaron el cuento y la novela a través de la experimentación formal, la profundidad psicológica, la literatura fantástica y una aguda crítica social. Este movimiento, que también integró a figuras establecidas en sus últimas etapas y dio paso a nuevas voces, alcanzó su punto álgido entre la década de1960 y 1970 con obras clave que consolidaron una identidad narrativa diversa y de perdurable influencia en la literatura del país.
Precursores Respecto al cuento, Pablo Palacio, con su colección de cuentos de 1927 "Un hombre muerto a puntapiés" se inscribe tempranamente en el vanguardismo latinoamericano, anticipándose en décadas a las innovaciones de la novelística continental del Boom, según Hernán Lavín Cerda. Benjamín Carrión describe "Un hombre muerto a puntapiés" como una obra esencialmente antirromántica, desprovista de dramatismo y sensiblería, diferenciándose de la literatura sentimental e indigenista. José Miguel Oviedo subraya la singularidad discordante de la obra de Palacio dentro del canon social-realista ecuatoriano de la "generación del 30", lo que inicialmente llevó a malentendidos y al oscurecimiento de su aporte, que posteriormente ha comenzado a ser revaluado, mientras que muchos de sus contemporáneos que formaron parte del realismo social caen en el olvido. De igual manera, José de la Cuadra es considerado un precursor por integrar elementos propios del realismo mágico en sus cuentos, como lo señaló Jacques Gilard al encontrar similitudes entre "Los Sangurimas" y "Cien años de soledad", resaltando la mezcla de lo real e irreal en obras que combinan descripciones realistas del entorno rural montuvio con elementos mágicos, deformaciones temporales y espaciales, y la incorporación de supersticiones y creencias populares. No obstante, también existen lecturas que enfatizan el "verismo" de su obra, relacionándolo con el tremendismo español.
Por otro lado en la novela, además de la novela corta "Débora" de Pablo Palacio, un importante precedente es "Andariegos" de José Rumazo González que se caracteriza por una trama que gira en torno a un crimen, pero se centra en la psicología de los personajes y sus pasiones, utilizando monólogos interiores y una narrativa no cronológica. Rumazo González quién en su primera etapa literaria formó parte de la vanguardia, no dejó de lado la experimentación, lo que expresó en esta, su única novela, que se distingue además por su estilo introspectivo que va a ser importante en la narrativa de Donoso Pareja y Lupe Rumazo. Por otro lado, y en el otro extremo del espectro se encuentra la novela "Don Goyo" de Aguilera Malta, publicada en 1933.El Universo. Homenaje en isla por 80 años de obra ‘Don Goyo’ de Demetrio Aguilera Malta. Consultado el 18 de noviembre de 2013. Este libro un ejemplo de realismo mágico en el que narra la lucha del montubio Don Goyo por preservar sus tradiciones y su entorno en el golfo de Guayaquil a principios del , mostrando la vida comunitaria en los manglares. Está inspirada en las vivencias de infancia del autor, fue elogiada por su calidad literariaEl Telégrafo. ‘Don Goyo’ o la esencia del hombre del trópico. Consultado el 20 de noviembre de 2013. y su temática de conservación, siendo considerada por algunos como la primera novela ecologista de América Latina.El Telégrafo. Ecologismo y la iniciativa Yasuní-ITT. Consultado el 18 de noviembre de 2013.
Historia y principales representantes
El cuento miniaturadeimagen|César Dávila AndradeLos autores César Dávila Andrade, Alejandro Carrión, Miguel Donoso Pareja y Lupe Rumazo, marcaron una nueva época en la narrativa corta ecuatoriana. El periodo iniciaría con César Dávila Andrade, cuando publicaría su primer cuento titulado “El niño que está en el purgatorio” en 1945. De manera similar, tres años más tarde Alejandro Carrión publicaría La manzana dañada (1948) y que sería calificado por Isaac J. Barrera como un libro que iniciaba una "nueva línea de creación del genero" en Ecuador. En la siguiente década Dávila Andrade continuaría con la cuentística publicando dos volúmenes: – "Abandonados en la tierra" (1952) y "13 relatos" (1955). Cuatro años más tarde, Arturo Montesinos Malo publicaría su libro de cuentos "Arcilla indócil" en 1959, pero que ya había sido galardonada con el Premio José de la Cuadra en 1951 y se caracteriza por las "aportaciones técnicas que hace respecto al realismo social de los años treinta", así como por la agilidad y brillantez del autor al narrar. En esta obra, el lector debe armar la historia a partir de los distintos puntos de vista de los personajes, lo que aleja la trama de la linealidad y simplicidad de la narrativa anterior.
Otro hito importante sería la publicación de manera separada del cuento “El viento” en 1960, donde Dávila Andrade personifica al viento como un ser celoso que interfiere en la intimidad de una pareja campesina hasta suicidarse por su incapacidad de amar. A la obra daviliana seguiría el autor Miguel Donoso Pareja como un exponente importante de la nueva narrativa, particularmente a través de su volumen de cuentos, "Krelko y otros cuentos" (1962). En particular el cuento que lleva el nombre del título del libro es un ejemplo de "narrativa intransigente" con rasgos como existencialismo, reflexión, memoria subjetiva y una realidad cubista y se caracteriza por tener múltiples perspectivas fragmentadas (cubismo narrativo), la representación existencial y dolorosa del ser humano, y la constante reelaboración de la trama que evoca la construcción de la realidad desde la memoria. Dos años más tarde seguiría la publicación en 1964 de la colección de cuentos "Sílabas de la Tierra" de Lupe Rumazo. Su obra se caracterizaría por el análisis psicológico de los personajes y el uso de técnicas narrativas modernas. Este libro fue elogiado por César Dávila Andrade quien lo consideró un gran aporte a la literatura.
Una obra de particular importancia es el cuento publicado de manera separada bajo el título "En la rotación viviente del dodecaedro", en 1965 por Dávila Andrade donde presenta la insólita descorporización de un monje tras su muerte, experimentando la vida de otros y fusionándose finalmente con un universo caótico, contrastando con la inquietante imagen de su cuerpo siendo reclamado por la naturaleza. Un año más tarde publicaría "Cabeza de gallo" donde presenta cuatro cuentos fantásticos. El relato homónimo sitúa un carnaval andino (originalmente dedicado al dios Catequil) donde un sacrificio de un gallo se vincula con la imagen de un Cristo sufriente tras un incendio, sugiriendo una pérdida de la verdadera "Luz" espiritual. "Pacto con el hombre" explora un demonio que busca un cuerpo humano, encontrando a alguien que anhela un vacío existencial, reflexionando sobre la angustia y el posible escape en la nada. "Caballo solo" describe una pareja aislada con el espectro de su hija muerta en una casa que se desintegra, culminando en una imagen de soledad y muerte. Finalmente, "La última cena de este mundo" presenta un apocalipsis donde sobrevivientes en una abadía, liderados por un ser llamado Christian Huck, realizan una cena ritual con sangre, resignificando la comunión cristiana en un pacto vampírico contra un mundo exterior de "zombis" contaminados. De la misma manera, dos años más tarde Alejandro Carrión publicaría Muerte en su Isla (1968), que ganaría con el premio Leopoldo Alas de cuentos literarios en Barcelona, España. izquierda|miniaturadeimagen|256x256px|Alejandro Carrión Un año más tarde Donoso Pareja escribiría su segunda colección de cuentos titulado "El hombre que mataba a sus hijos" en 1968, publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana en Quito, y que vería una segunda edición en 1981. Un año más tarde, en 1969 Lupe Rumazo publicaría el cuento "La marcha de los batracios", donde según testimonio de Lupe, a través de él busca explorar la angustia del escritor ante la mirada y el juicio de los demás, confrontando una alteridad percibida como violenta y condenatoria. Se centra en el problema del Otro en la literatura, una alteridad ineludible que valoramos, de la que nos distanciamos o a la que aceptamos o ignoramos en su identidad. Esta cuestión del Otro remite a los estudios de Todorov sobre la conquista de América, pero aplicada a la "cuestión del Otro" en general. En definitiva, el texto desentraña la compleja relación del escritor consigo mismo frente a esta alteridad. La obra de Lupe Rumazo no puede ser considerado de manera aislada, por lo que este cuento está a su vez estrechamente relacionado con sus ensayos "En el lagar", "Yunques y crisoles americanos" y "Rol beligerante", que sientan las bases de su pensamiento. "En el lagar" muestra una autora comprometida con su tiempo, un lenguaje formal y dialogando con autores canónicos como Camus, Faulkner y Beauvoir. "Yunques y crisoles americanos" revela un interés analítico latinoamericano, centrándose en la literatura regional y la escrita por mujeres. "Rol beligerante" despliega su ensayismo crítico, rechazando el estructuralismo y el neobarroco, y proponiendo nuevas lecturas sobre la literatura del mal y el sadismo. Un año más tarde de la publicación de Rumazo de "La marcha de los batracios", en 1970 Alejandro Carrión publicaría su libro de cuentos "La llave perdida", y que tendría éxito editorial y de crítica. Fue publicado en Caracas, Venezuela.
Cuentos posteriores Donoso Pareja continuaría publicando con importantes libros como "Lo mismo que el olvido", (1986) y "Todo lo que inventamos es cierto" (1990). Esta última ha sido descrito como un libro que cuestiona al lector sobre la ausencia y el extrañamiento. En esta obra el autor explora la frontera entre ficción y realidad, influenciado por la idea de que la invención puede ser tan verdadera como la experiencia vivida (frase tomada de Flaubert). A través de cuentos que reflexionan sobre la escritura, la literatura y otras formas de representación, el autor construye un "arte de la memoria" donde la palabra escrita adquiere un estatus de verdad, llegando incluso a crear mundos propios. Por ejemplo, el cuento "De mujeres, lo insólito y como puede morir una gaviota" ejemplifica la propuesta estética del libro al utilizar textos no literarios para revelar lo extraordinario en lo cotidiano y explorar la conflictiva relación hombre-mujer desde la perspectiva de un "yo-macho". De igual manera Alejandro Carrión publicaría tres libros de cuentos más, el primero titulado "Mala procesión de hormigas" en 1978, los dos últimos en 1983 bajo el título de "Divino tesoro", con una recopilación de cuentos de su juventud y "Una pequeña muerte", con cuentos posteriores.
La novela