thumb|200px|Por liberal, de Francisco de Goya, uno de los dibujos del álbum D (1803-1824),Kalipedia. zeno.org finalmente no pasado a plancha como otros dibujos preparatorios de esta misma serie, que aparecieron en Los disparates (1815-1823). La interpretación de esta serie de grabados enigmáticos no es algo evidente, pero en general presentan distintos tipos de subversión contra la autoridad.Véase, por ejemplo Disparate del miedo, grabado nº 2, donde se representa en los personajes uniformados que caen y escapan ante una gigantesca figura fantasmal. Nigel Glendinning, Francisco de Goya, Madrid, Cuadernos de Historia 16 (col. «El arte y sus creadores», n.º 30), 1993. D.L. 34276-1993.
Las revoluciones de 1820 o ciclo revolucionario de 1820 son los nombres con los que la historiografía ha designado al conjunto de procesos revolucionarios que tuvieron lugar en Europa alrededor de 1820. Fue la primera de las llamadas oleadas o ciclos revolucionarios que sacudieron Europa con posterioridad a las guerras napoleónicas y que se repitieron sucesivamente en las revoluciones de 1830 y de 1848.
Sus ejes ideológicos fueron el liberalismo y el nacionalismo. Dado que los países más afectados fueron los del sur de Europa (los episodios de otras zonas, como Alemania o Francia, fueron de mucha menor importancia), con España como epicentro de un movimiento que se extendió a Italia, PortugalJosé María Jover Zamora Política, diplomacia y humanismo popular: estudios sobre la vida española en el s.XIX], Turner, 1976, ISBN 8485137299, pg. 212 y Grecia; se le ha llamado ciclo mediterráneo por contraposición al ciclo atlántico que la había precedido en la generación anterior (las primeras revoluciones liberales o revoluciones burguesas, producidas a ambos lados del océano: la Independencia de Estados Unidos -1776- y la Revolución francesa -1789-).Eric Hobsbawm Las revoluciones burguesas, Barcelona: Labor, ISBN 84-335-2978-1 (1987, edición original de 1964). Pg. 202.
Las revoluciones de 1820 surgieron como reacción a la Restauración, que se produjo como consecuencia de la derrota de la Francia revolucionaria, y que suponía el restablecimiento del Antiguo Régimen y la aplicación de los principios legitimistas del Congreso de Viena de 1815, confiados a la fuerza y determinación intervencionista de la Santa Alianza. Esta alianza de las monarquías absolutas finalmente consiguió evitar la posibilidad de una generalización del contagio revolucionario y sofocó los focos revolucionarios. Ante la desigualdad de fuerzas, como forma de organización de los revolucionarios de 1820 predominó la conspirativa, a través de sociedades secretas, como la masonería o los carbonarios.
Aunque pueden detectarse alteraciones anteriores, el movimiento revolucionario que suscitó el contagio y en varios casos la imitación explícita (incluso del texto constitucional), fue el pronunciamiento de los militares liberales españoles que inició el llamado Trienio Liberal. Las revoluciones de Portugal e Italia (especialmente en el Piamonte y en Nápoles) fueron las siguientes. Con mucha más lejanía en tiempo y espacio, también hubo movimientos de muy distinta naturaleza en el Imperio ruso (Revuelta Decembrista de 1825). El caso más peculiar fue Grecia, donde en 1821 se pueden datar los inicios del movimiento por la independencia griega, proclamada en 1822; y que fue la única de las revoluciones de este ciclo en tener éxito, gracias al apoyo de las potencias europeas contra el Imperio otomano.
El historiador español Juan Luis Simal ha destacado que «aparentemente de forma paradójica, la derrota del constitucionalismo meridional en 1821-1823 reforzó el liberalismo europeo en las décadas siguientes. El exilio facilitó el contacto entre liberales de varios países y la formación de redes internacionales que mantuvieron vivo el compromiso político con los represaliados». Nació así un «internacionalismo liberal» en el que los liberales españoles exiliados y su experiencia del Trienio Liberal desempeñaron un papel muy destacado, junto con el exilio napolitano, el piamontés y el portugués (aunque estos en menor medida).
Antecedentes
Las cuatro grandes potencias vencedoras de las guerras napoleónicas ―Imperio Austríaco, Reino de Prusia, Imperio ruso y Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda― se consideraron legitimadas para establecer el nuevo orden europeo basado en el equilibrio entre ellas. Ese objetivo es lo que determinó que decidieran no desmembrar a la gran derrotada, Francia, haciendo retroceder sus fronteras pero no hasta las que tenía en 1789, cuando estalló la revolución que iba a sacudir todo el escenario europeo. Este acuerdo se plasmó en el Primer Tratado de París de 30 de mayo de 1814 y, tras la derrota definitiva de Napoleón en la Batalla de Waterloo, en el Segundo Tratado de París, firmado el 20 de noviembre de 1815. thumbnail|300px|El Congreso de Viena, por Jean-Baptiste Isabey, 1819. De pie a la izquierda, el anfitrión, el canciller austríaco Metternich. Sentado cerca de él el secretario del Foreign Office Castlereagh. El nuevo equilibrio europeo (y la rectificación de fronteras que incluía) quedó establecido en el Congreso de Viena, celebrado bajo los auspicios del canciller austríaco Metternich, entre el 23 de septiembre de 1814 y el 9 de junio de 1815 (tras el paréntesis de la vuelta de Napoleón). Para asegurarlo se estableció un doble sistema de garantías. Por un lado la Santa Alianza, integrada por las tres monarquías absolutas vencedoras de Napoleón (Rusia, Prusia y Austria) ―la «monarquía limitada» de Gran Bretaña no se sumó, aunque el príncipe regente en una carta personal mostró su simpatía hacia sus objetivos―, y por otro la Cuádruple Alianza, cuyo Tratado fue firmado el 20 de noviembre de 1815 ―dos meses después de la firma del Tratado de la Santa Alianza― y que estaba formada por las tres monarquías absolutas y la monarquía británica. Mientras que la Santa Alianza había sido una iniciativa del zar de Rusia Alejandro I, la Cuádruple Alianza fue una propuesta del secretario del Foreign Office, el tory vizconde de Castlereagh. En el Tratado de la Cuádruple Alianza se estableció el compromiso de las cuatro monarquías firmantes de unirse de nuevo si Francia intentaba romper los acuerdos de paz y además se acordó «un sistema de congresos» para el mantenimiento del «Concierto Europeo».
Friedrich von Gentz, el más cercano colaborador de Metternich, describió en 1818 el sistema europeo establecido tras la derrota de Napoleón como «un fenómeno increíble en la historia del mundo» ya que se basaba en «un principio de unión general, reuniendo a la totalidad de los Estados con un lazo federativo, bajo la dirección de las principales potencias… Los Estados de segundo, tercero y cuarto orden se someten tácitamente, y sin que nada se haya estipulado nunca a este respecto, a las decisiones tomadas en común por las potencias preponderantes. […] Si se le pudiera hacer durable, sería después de todo la mejor de las combinaciones posibles para asegurar la prosperidad de los pueblos y el mantenimiento de la paz que es una de sus primeras condiciones».
El primer congreso de los previstos por el Tratado de la Cuádruple Alianza se celebró en Aquisgrán entre el 1 de octubre y el 15 de noviembre de 1818. Se convocó a petición del jefe del gobierno francés, el Duque de Richelieu, que reclamaba en nombre de su rey Luis XVIII la retirada de los ejércitos aliados de Francia porque ya se habían cumplido los tres años de ocupación previstos en el Segundo Tratado de París. La petición fue atendida y las cuatro potencias se comprometieron a retirar sus ejércitos respectivos antes del 30 de noviembre. Y además se acordó incluir al Reino de Francia en la Cuádruple Alianza que a partir de entonces se convirtió “de facto” en la Quíntuple Alianza. «A partir de ese momento, Francia quedaba asociada a todas las tomas de decisiones internacionales colectivas de las grandes potencias, los aliados estarían obligados a tener en cuenta los intereses franceses y Francia estará en posición de defender y promover sus intereses».
Incidentes previos en otras zonas de Europa Desde la derrota de Napoleón fueron frecuentes las revueltas o movimientos revolucionarios de carácter liberal en todos los países europeos, incluso en Gran Bretaña, que no puede calificarse de monarquía absoluta. thumb|Manifestación de estudiantes durante el Festival de Wartburg de 1817.
Alemania fue la primera zona en experimentar movimientos de protesta contra la nueva situación política europea, aunque no se desencadenasen entonces movimientos revolucionarios de envergadura. El nacionalismo cultural alemán, herencia del romanticismo, estaba en auge y se fue transformando en nacionalismo político. Los nacionalistas alemanes pretendían unificar todas las regiones de habla germana, superando el estatus de la Confederación Germánica creada en 1815 bajo la autoridad del Imperio Austríaco. En 1817, el Festival de Wartburg conmemoraba el tercer centenario de la publicación de Las 95 tesis por Lutero en la puerta de la catedral de Wittenberg; y durante las celebraciones hubo manifestaciones nacionalistas que presentaban a Lutero como un patriota alemán. A partir de 1818 hubo agitaciones estudiantiles de carácter liberal y nacionalista protagonizadas por corporaciones de estudiantes llamadas Burschenschaften. En 1819, en Mannheim, Karl Ludwig Sand, un estudiante perteneciente a una de dichas corporaciones, asesinó «por traidor a la patria alemana» al dramaturgo August von Kotzebue. El estudiante fue detenido y ejecutado. Mediante los Decretos de Karlsbad del 20 de septiembre de 1819 el canciller austriaco Metternich prohibió estas corporaciones estudiantiles en los territorios de la Confederación Germánica e impuso vigilantes en las universidades y una férrea censura de prensa. Se desencadenó una fuerte represión de los elementos nacionalistas y liberales alemanes, lo que impidió que la agitación se transformara en una insurrección revolucionaria. La situación se controló hasta 1830.
En el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, el movimiento radical que pretendía la transformación democrática de la «monarquía limitada» británica tuvo su episodio más violento en la Masacre de Peterloo del 16 de agosto de 1819.La Europa de los Congresos en Artehistoria.
El epicentro: España
El 1 de enero de 1820 se produce la sublevación o pronunciamientoEl término "pronunciamiento" es original de la lengua española, que como otros del léxico político de la época, "guerrilla" y "liberal", se extendieron a otros idiomas. Para el caso de la de Cabezas de San Juan o de Riego se aplica más frecuentemente que "sublevación" e incluso que "revolución" (excepto para el proceso general, denominado habitualmente "revolución de 1820", "Trienio Liberal" o "El Trienio" por antonomasia). Véanse ejemplos de uso bibliográfico de "revolución de Cabezas de San Juan", "sublevación de Cabezas de San Juan", "pronunciamiento de Cabezas de San Juan", "revolución de Riego", "sublevación de Riego", "pronunciamiento de Riego", "revolución de 1820", y "El Trienio". del teniente coronel Rafael del Riego, puesto al frente de las tropas acantonadas en Las Cabezas de San Juan (localidad de la provincia de Sevilla que dio nombre a la revolución) y apoyado por otros oficiales (Antonio Quiroga),A menudo se usa la expresión "pronunciamiento de Riego y Quiroga". proclamó la Constitución de 1812 y detuvo al general en jefe del cuerpo expedicionario (Conde de la Bisbal) que pretendía embarcarse a América para sofocar los movimientos independentistas.Vicente Mira Gutiérrez, 1820, la conquista de la libertad A la espera de recibir apoyos del resto del ejército y de las ciudades más importantes, las tropas de Riego fueron avanzando por Andalucía sin decidirse a emprender una marcha clara en dirección a Madrid, pues encontraron poco apoyo y la intentona parecía que iba a terminar con el mismo fracaso que sus predecesoras.