Las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía fueron una intendencia española creada en 1784, durante el reinado de Carlos III, al amparo de un fuero propio de 1767. Posteriormente, este fuero fue derogado en tres ocasiones: entre 1810 y 1811 bajo el reinado de José I Bonaparte, por las Cortes de Cádiz (entre 1813Decreto CCXLIII, de 24 de marzo de 1813. Se suprime la intendencia; medidas para la formación de sus ayuntamientos y designación de su territorio, dehesas, etc. y 1814) y durante el Trienio Liberal (1820-1823). La supresión definitiva se realizó el 5 de marzo de 1835, por Real Decreto. Esta intendencia fue la «quinta provincia andaluza», con el mismo nivel político y administrativo que los cuatro reinos de Andalucía: Córdoba, Jaén, Sevilla y Granada.

Carlos III le encargó la creación y gestión de las Nuevas Poblaciones a Pablo de Olavide, en calidad de superintendente, en 1767. Este creó pueblos en Sierra Morena, entre Córdoba y Écija y entre Écija y Carmona. El objetivo era favorecer la seguridad del tráfico de personas y mercancías que circulaban por esa parte del camino que iba de Madrid a Andalucía, que era un terreno silvestre en el que se refugiaban los bandoleros. Para ello se fomentó en esos lugares la agricultura y la ganadería con colonos centroeuropeos católicos, principalmente alemanes, flamencos y suizos. Los primeros colonos fueron traídos por el aventurero bávaro Gaspar de Thürriegel.

Se intentó crear una nueva organización social desembarazada de las taras heredadas del pasado que, según los reformadores ilustrados, entorpecían la vida de los campos. Para ello, Olavide y Campomanes redactaron el Fuero de las Nuevas Poblaciones, que regulaba los aspectos de la vida económica y social de los colonos.

Los nuevos asentamientos humanos no recibieron el nombre de ciudad, villa o lugar, sino que se conocían como feligresías y aldeas y todas en conjunto como «Nuevas Poblaciones». La sede del superintendente se estableció en La Carolina en 1767, quedando a partir de 1784 como sede de la intendencia, y se estableció una subdelegación en La Carlota en 1768.

Poblaciones miniatura|derecha|Sello con el escudo de la intendencia de Nuevas Poblaciones En Sierra Morena se crearon las nuevas poblaciones de: Aldeaquemada, Arquillos, Carboneros, La Carolina —sede del superintendente y de la intendencia después—, Guarromán, Miranda del Rey, Magaña, Montizón, Navas de Tolosa, El Rumblar y Santa Elena.

La feligresía de La Carolina contaba con tres aldeas: Camino de Granada (Isabela), Venta del Catalán (Fernandina) y Vista Alegre. La de Carboneros con cuatro: El Acebuchar, Los Cuellos, La Mesa de Carboneros y Escolástica. Guarromán con cuatro: Arellano, Martín Malo, Los Ríos y El Altico. Arquillos con una: El Porrosillo. Montizón con dos: Aldeahermosa y Venta de los Santos. Aldeaquemada con tres: Buenos Aires, Santa Cruz y Tamujosa. Santa Elena con: El Portazgo, Venta Nueva y Las Correderas (las casas de Las Correderas, El Collado de los Jardines y Mojón Blanco). Miranda, con una: Magaña. Navas de Tolosa con: Fuente del Rey o del Rey (Ocho Casas) y Camino de Vilches (Seis Casas).

En la Baja Andalucía se crearon las nuevas poblaciones de: La Carlota —sede de una subdelegación—, La Luisiana, Fuente Palmera y San Sebastián de los Ballesteros.

La feligresía de La Carlota contaba con cinco aldeas: La Fuencubierta, Garabato, Pinedas, Pequeña Carlota y Vaneguillas. Fuente Palmera albergaba las aldeas de Cañada, Villar, Ventilla, Peñalosa, Herrería, Villalón, Aldea del Río (actual pedanía Ochavillo del Río), Silillos y Fuente Carreteros (municipio independiente desde 2018). La Luisiana, por su parte, contaba con tres aldeas: Cañada Rosal (municipio independiente desde 1986), El Campillo y Motillos.

En 1781 se fundó la población de Concepción de Almuradiel, en La Mancha, con habitantes de las vecinas localidades del Viso del Marqués y Santa Cruz de Mudela. En 1793 el pueblo fue incorporado administrativamente a las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, que en aquel momento dirigía como intendente Miguel de Ondeano. Desde entonces, estuvo sujeta al Fuero de Nuevas Poblaciones de 1767.

Además, siguiendo el mismo patrón fundacional, en 1768 se crean las poblaciones de Armajal y Prado del Rey, con habitantes de la sierra de Grazalema y de la serranía de Ronda, lo cual daría origen al municipio gaditano de Prado del Rey. Esta nueva población nunca se rigió por el fuero de las Nuevas Poblaciones.

Antecedentes miniatura|derecha|«Carlos III entregando las tierras a los colonos de Sierra Morena», por José Alonso del Rivero. 1805. Óleo sobre lienzo. 168 x 126 cm. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.José Alonso del Rivero, Carlos III entregando las tierras a los colonos de Sierra Morena (1805). Los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico se encontraban en una situación difícil tras las dos últimas guerras. Las colonizaciones llevadas a cabo por Federico II en las landas prusianas habían alcanzado una gran resonancia. De la misma forma, Catalina II de Rusia, entre 1764 y 1765, había invitado a los alemanes a poblar las grandes tierras vacías de Rusia.

En mayo de 1766 Gaspar de Thürriegel, aventurero bávaro, propuso al rey Carlos III la recluta en Alemania y Flandes de unos 6 000 colonos que podrían ser utilizados en poner en valor las tierras de Puerto Rico y Sudamérica. Antes de responder, el gobierno quiso consultar la medida con Pablo de Olavide, considerado alguien competente y buen conocedor de la América española.

Olavide respondió que la prosperidad de América dependía de la población, pero que el aumento de la misma debía de tratarse de forma diferente dependiendo de si se trataba de regiones ya explotadas donde existía una sociedad organizada o de regiones completamente vacías. En las zonas ya pobladas existía una sociedad conformada por blancos de origen español, indios y esclavos negros. Los indios eran empleados en las minas y los negros en el campo. Para Olavide, si se enviasen alemanes a estos países, se "contaminarían" de los prejuicios raciales y se apartarían pronto de trabajar la tierra, por lo que no se crearía una colonia de trabajadores. Por otro lado, era urgente poblar las vastas comarcas vacías de la Sudamérica meridional, tanto para asegurar las escalas de los barcos que doblaban el Cabo de Hornos como para impedir a los ingleses instalarse allí. Sin embargo, para Olavide, poblarlas exclusivamente de extranjeros presentaba inconvenientes. Para él, sería mejor colonizar esos territorios con una parte de extranjeros y otra mayor de españoles, para que prevaleciese el idioma español, para que el ministerio religioso lo llevasen a cabo sacerdotes españoles y, finalmente, para crear leyes y reglamentos con el propósito de españolizar a los extranjeros. Olavide propuso que los españoles encargados de poblar las zonas vacías de Sudamérica saliesen de los hospicios de Madrid y San Fernando de Henares.

La opinión desfavorable de Olavide y de una comisión creada al efecto fueron transmitidas al Consejo de Castilla, que propuso como mejor solución emplear esos seis mil colonos en poblar "Sierra Morena u otros despoblados".

Se trataría de poblar la región desierta entre Valdepeñas, al sur de La Mancha, y Bailén, en la parte septentrional de Andalucía. De ese modo, se recuperaría para la agricultura esa enorme extensión de montes, anteriormente explotados y abandonados a partir del , y se aseguraría la nueva carretera general planeada en 1761 que comunicaría Madrid con Andalucía. En aquel entonces, solo existía un camino, apenas transitable para carros, con algunas ventas que eran cómplices y encubridores de bandoleros, que se encontraban por aquellos parajes y que atracaban y a veces mataban a los viajeros. La Santa Hermandad no era suficiente para perseguir a estos delincuentes. La idea, de los tiempos de Fernando VI, era reemplazar el bosque y el matorral por cultivos y establecer en el terreno una población sedentaria con interés en la seguridad pública, para lo cual era útil la población ofrecida por el aventurero bávaro.

Era preciso, pues, un nuevo convenio con Thürriegel. El 26 de febrero de 1767, el Consejo de Castilla propuso al soberano un nuevo proyecto de convenio. Este fue ratificado el 3 de marzo ante el escribano principal del Consejo. Thürriegel se comprometía a reclutar en Alemania y Flandes seis mil colonos, todos católicos, y asegurar su transporte hasta puertos españoles. Vivirían según las leyes españolas pero se les proporcionarían clérigos que hablasen su lengua. Thürriegel recibiría 326 reales por cada persona que desembarcase en España y sería investido del título de coronel. Además, al bávaro se le permitiría entregar a voluntad ocho títulos de capitán o de teniente. Estas condiciones fueron publicadas en una real cédula del 2 de abril de 1767.

El Consejo de Castilla, presidido por el conde de Aranda, encargó a Pablo de Olavide la labor de dirigir la colonización. Para Pedro Rodríguez de Campomanes, fiscal del Consejo, para dirigir las colonias "es necesario quien sepa conocer y tratar a los hombres y hacerse amar y respetar de la multitud, de lo que tiene dadas pruebas don Pablo de Olavide, en el rápido establecimiento del Real Hospicio de San Fernando".

El 22 de junio de 1767 la Gaceta de Madrid anunció el nombramiento de Pablo de Olavide de superintendente de Nuevas Poblaciones, asistente de Sevilla e intendente del Ejército en Andalucía.

Fuero de las Nuevas Poblaciones de 1767 Olavide y Campomanes elaboraron el Fuero de las Nuevas Poblaciones. Esto fue una experiencia sociológica ilustrada. Se trató de crear, con elementos enteramente nuevos, una sociedad ideal desembarazada de las taras heredadas del pasado que, según los reformadores, entorpecían la vida de los campos.

El 5 de julio de 1767 se promulgó una Real Cédula para las Nuevas Poblaciones, que incorporaba una instrucción dada el 25 de junio de 1767. La instrucción tiene 79 preceptos.

El superintendente era el encargado de escoger el lugar de las nuevas fundaciones:

Cada familia tendría derecho a una casa, un lote de tierra laborable de 50 fanegas, unas 33 hectáreas. Recibirían a su llegada los instrumentos necesarios para labrar, un arado y un pico, y ganado con dos vacas, un burro, cinco ovejas, otras tantas cabras, cinco gallinas, un gallo y una cerda preñada. También se les proporcionarían los medios de subsistencia necesarios hasta las primeras recolecciones. Cuando ya hubieran cultivado las cincuenta fanegas, recibirían todavía cincuenta más, libres de todo impuesto y censos para los diez primeros años

Cada poseedor debía de cerrar sus tierras con una cerca con árboles frutales. Los ganados de la mesta no tendrían acceso al territorio colonizado y sus privilegios no tendrían fuerza allí. Tendría lugar una asociación estrecha entre crianza y labranza, ya que cada labrador sería también ganadero. La casa se establecería el lote de tierra cedido, quedando diseminadas por el campo. Se preveía, además, el establecimiento de núcleos de población que distasen el uno del otro alrededor de un cuarto de legua, así como que los principales núcleos se situasen a lo largo del camino real de Andalucía.

La unidad administrativa sería la feligresía, cuya jurisdicción se extendería a cuatro o cinco poblaciones y a las granjas dispersas situadas en su perímetro. Contarían con un diputado del común en cada pueblo. Cada feligresía contaría con un alcalde y un síndico personero. Todos estos cargos debían de ser electos y jamás podrían ser perpetuos.

Para escoger a sus representantes locales, las Nuevas Poblaciones se guiaban por el Auto Acordado dictado por el Consejo Real el 5 de mayo de 1766.