El vestido Cheek to Cheek (en inglés: Cheek to Cheek dress) es un traje que la actriz Ginger Rogers lució en la película Sombrero de copa (1935).
Historia Contexto Ginger Rogers y el diseñador Bernard Newman llevaban varios años trabajando juntos en el diseño de los atuendos de la actriz; Newman, quien ya había vestido a Rogers en las películas Rafter Romance (1933), Roberta (1935) y Star of Midnight (1935), solía pedir a la actriz que aportase ideas para la confección del vestuario de sus personajes, detalle muy inusual en aquel entonces puesto que por lo general los diseñadores querían tener total control sobre sus creaciones. Esta colaboración entre Rogers y Newman llevaría a la actriz a declarar lo siguiente: «A diferencia de otros diseñadores, Bernie estaba abierto a sugerencias. Él decía “dime qué clase de vestido quieres y qué color te gustaría”. Entonces me enseñaba muestras de todo tipo de preciosos materiales: lamé, chifón, seda y brocado. Yo estaba particularmente interesada en el número “Cheek to Cheek” y le hice saber mis preferencias».
Creación Con el fin de adaptarse a la coreografía de «Cheek to Cheek», canción obra de Irving Berlin que la actriz bailó con Fred Astaire, Rogers pidió a Newman que diseñase un vestido en color azul pálido, «un azul puro sin nada de verde, como el azul que encuentras en los cuadros de Monet» según palabras de la actriz. Además del tono, Rogers solicitó a Newman que el traje tuviese la espalda baja y que estuviese confeccionado en satén y cubierto de plumas de avestruz en la zona superior del corpiño y en la falda, tal vez en un intento de emular un atuendo diseñado por Travis Banton para Adrienne Ames en Disgraced! (1933). El diseñador se mostró conforme con la petición de Rogers y procedió a crear un boceto en color del vestido; según la actriz: «Es divertido discutir el color cuando estás haciendo una película en blanco y negro, pero el tono tenía que ser harmonioso». En lo relativo a las plumas, Newman se puso en contacto con un artista plumario para la labor de alineamiento de las mismas, informando posteriormente a Rogers de que solo el plumaje costaría la exorbitante cifra de $1500. Cabe destacar que el boceto, como era costumbre en ese entonces, fue mostrado para su aprobación al productor del filme, Pandro Samuel Berman, quien ya produjera otras tres películas protagonizadas por Rogers: La alegre divorciada (1934) y las ya mencionadas Roberta y Star of Midnight.
Controversia thumb|Adrienne Ames en Disgraced! (1933). Ginger Rogers pudo haberse inspirado en el atuendo de la imagen para el vestido Cheek to Cheek. El traje generó controversia incluso antes de la filmación. El mismo día en que estaba previsto el rodaje de la escena de la canción «Cheek to Cheek», la cual se grabó en una pista de grandes dimensiones para la que se necesitaron dos escenarios sonoros contiguos de la RKO Pictures con el objetivo de recrear un elegante salón de baile a lo largo de un canal veneciano,Este escenario, de 100 metros de largo y diseñado por Van Nest Polglase y Carroll Clark, fue en su momento el plató más grande jamás construido. Rogers bromearía en su autobiografía al declarar que «por hermoso que fuera, era tan italiano como Pat O'Brien». Astaire y la actriz ensayaron en la pista de baile con ropa de calle como era costumbre, solicitando Mark Sandrich, director del filme, el inicio de la filmación tan pronto ambos actores y él quedaron satisfechos. En consecuencia, Argyle Nelson, asistente de dirección, ordenó al departamento de vestuario de la RKO que sacase el traje de Rogers del guardarropa de los estudios (donde se le estaban efectuando los últimos retoques) y lo llevase al plató; Rogers recuerda en su autobiografía el disgusto de los allí presentes cuando la prenda fue introducida en el set por su asistente de vestuario, Clarkie, quien sostenía el vestido por encima de la cabeza rumbo al camerino portátil de la actriz para depositarlo en el perchero.Supuestamente, el equipo comentó en tono jocoso: «¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es el vestido de Ginger!». Poco después de que Rogers entrase al mismo para cambiarse, Sandrich llamó a la puerta y le sugirió usar otro atuendo, concretamente un vestido blanco diseñado por Walter Plunkett que la actriz ya había lucido en La alegre divorciada, declarando que le parecía mucho más bonito que el de Newman: «Bueno, a decir verdad, a medida que veíamos cómo traían el vestido, todos nosotros alrededor de la cámara lo rechazamos de inmediato. Realmente me gustaría ir arriba al guardarropa y conseguir tu vestido de La alegre divorciada». Rogers expuso sin embargo que el público reconocería al instante el atuendo, argumento que no sirvió para que Sandrich cambiase de parecer;Sandrich afirmó que «el público no lo recordaría», a lo que Rogers protestó alegando que «acusar a la audiencia de ser estúpida es arriesgado. Los críticos se echarán a tu cuello y al mío por ser tan corto de vista». la insistencia del director llegó a tal punto que la actriz empezó a sospechar que la idea de cambiar de traje provenía de Astaire, quien por regla general controlaba cada mínimo detalle de sus números musicales, habiendo llegado incluso a escribir una carta de tres páginas a Berman antes del inicio de la producción de la película en la cual mostraba abiertamente su desagrado hacia el guion: «Como se supone que este libro fue escrito para mí con la intención de darme la oportunidad de hacer cosas que son más adecuadas para mí, no puedo ver que mi papel incorpore alguno de los elementos necesarios, excepto bailar, bailar, bailar».
Decidido a cambiar un vestido por otro, Sandrich informó a Rogers de que iba a solicitar el envío al plató del traje de La alegre divorciada, tras lo cual abandonó el camerino. Rogers, quien se sintió «aturdida, desconsolada, decepcionada y enfadada», tomó la decisión de llamar por teléfono a su madre, la guionista Lela Owens Rogers. Una vez Owens se presentó en el estudio, Sandrich trató de convencerla de usar el traje de Plunkett, el cual ya había sido conducido al camerino de Rogers, quien pudo comprobar que la prenda se hallaba sucia y deformada como consecuencia de haber permanecido largo tiempo colgada en una percha:Rogers mencionó en su autobiografía que el atuendo estaba «deshilachado» y que era «un desastre». «Me alegro de que esté usted aquí. Puede ayudarme a convencer a Ginger de ponerse este elegante vestido blanco que llevó en La alegre divorciada en vez de esta, esta, esta… cosa emplumada». Sin embargo, Owens se puso del lado de su hija, lo que aunado a la insistencia del director de no dar su brazo a torcer llevó al extremo de que los ejecutivos de la RKO tuviesen que personarse en el set. Rogers recuerda que cuando abrió la puerta del camerino había un total de diez hombres (cinco de ellos de la oficina principal del estudio),Entre estos hombres se encontraban Joseph Raymond McDonough y Joe Nolan. quienes acudieron para tratar de convencerla de escoger el otro vestido. Sandrich, quien ya había descartado el traje de Plunkett ante el firme rechazo de Rogers y Owens, preguntó a esta última: «¿Por qué no llamamos arriba y les pedimos que busquen otro vestido con el que ella haya bailado?». Owens respondió, según Rogers, con unas palabras que sonaron como «siete bumeranes»: «¡¿Por qué no consigues a otra chica?!». Tras decir esto madre e hija abandonaron el plató; de inmediato Nelson fue en su busca para informarles de que Sandrich había accedido a realizar un ensayo con el vestido de Newman, a lo que ambas reaccionaron con cierta desconfianza; Owens le dijo a su hija que no volviese a menos que quisiese hacerlo, a lo que Rogers contestó: «Te voy a decir esto madre. O es ese vestido o me voy a casa. Así que espera. Puede que aún tengas que llevarme a casa». thumb|Ginger Rogers en La alegre divorciada (1934). Sandrich quería que el atuendo de la imagen, obra de Walter Plunkett, fuese utilizado en lugar del vestido de Bernard Newman para la canción «Cheek to Cheek». La actriz se puso el traje de Newman en diez minutos y comenzó el ensayo, el cual se llevó a cabo en un ambiente de gran tensión. Rogers recuerda que «nuestras emociones estaban a flor de piel. A él [Astaire] no le gustaba mi vestido, y a mí no me agradaba que me pusieran a prueba. En nuestra prueba, es cierto, algunas de las plumas revolotearon y molestaron a Fred. Él murmuró para sí mismo a medida que se arrancaba las plumas del frac. En vez de “Cheek to Cheek”, la canción debería haberse llamado “Horns to Horns”».De acuerdo con Jay Jorgensen y Donald L. Scoggins, Astaire habría murmurado «ese maldito vestido». Sin embargo, en 1987 Rogers declaró en una entrevista que «lo que puedes ver son las plumas desprendiéndose mientras bailo, las ves flotar. Pero no las ves en su ropa. Pero él las veía en su ropa. Estaba furioso y supongo que no podía culparle. Pero yo había diseñado el vestido y lo iba a llevar, y lo hice». Pese al inconveniente del traje de Newman, Rogers seguía decidida a utilizarlo ya que el mismo no solo se adaptaba a la coreografía sino que se movía con gran elegancia; algunas fuentes señalan que Astaire, harto de ver plumas volando por el set, le alzó la voz a Rogers, quien habría acabado llorando, un hecho que la actriz no menciona en su autobiografía, aunque Hermes Pan, coreógrafo del número, sí hizo mención a este momento, recordando la violenta situación que se produjo entre Astaire y Owens. De acuerdo con Pan: «Era la última hora de la tarde, e íbamos a grabar el número temprano a la mañana siguiente. Empezaron a ensayar, y las plumas cayeron por todas partes. Cegaron a Fred y se metieron por su nariz y le hicieron estornudar. Después de aproximadamente una hora, se rindió. Tuvimos una reunión a la mañana siguiente, y el diseñador aseguró que estaría bien. Pero las plumas seguían volando, y a última hora de la tarde, Fred alzó los brazos. Estaba blanco de ira. Le gritó algo a Ginger. Ella rompió a llorar, y Lela se abalanzó sobre él como una madre rinoceronte protegiendo a sus crías. Tras muchos gritos, Fred se retiró a un extremo del escenario de sonido, y Ginger y Lela se instalaron en el otro. Durante un día entero, hubo un silencio sepulcral». Rogers recordó aquella incómoda situación con estas palabras: «Obviamente, nadie del reparto o del equipo estaba dispuesto a escoger bando, particularmente no el mío. A mí me parecía bien. Ya había tenido que estar sola antes. Al menos mi madre estaba allí para apoyarme en mi enfrentamiento con toda la gerencia, además de Fred Astaire y Mark Sandrich. Mis 105 libras no me habrían permitido superar el primer round sin ella».