Las Líneas de Torres Vedras fueron una serie de fortificaciones construidas en secreto para la defensa de Lisboa durante la guerra Peninsular —así llamada por británicos y portugueses— o guerra de la Independencia —así llamada por los españoles—, a principios del .

Su construcción fue ordenada por el general inglés Arthur Wellesley, primer Duque de Wellington, que mandaba la fuerza expedicionaria británica en Portugal. El diseño y la construcción fue encargada al teniente coronel Richard Fletcher, quien fue ayudado por oficiales ingleses y portugueses del cuerpo de ingenieros. Las líneas fueron construidas por trabajadores portugueses entre noviembre de 1809 y septiembre de 1810, fecha en que la ofensiva del mariscal André Masséna paralizó su construcción.

La oportunidad y eficacia de su construcción fue total, pues el ejército francés no intentó asaltarlas. Su retirada final de Portugal comenzó cuando vio imposible penetrar en una línea defensiva tan bien concebida, lo que equivalió a una victoria militar decisiva conseguida sin batalla y con pocos disparos y bajas.

Breve descripción

miniatura|der|300px|Líneas de Torres Vedras en el mapa incluido como frontispicio de la obra de John T. Jones. Hay cuatro líneas, señaladas por trazos continuos negros. El norte está a la izquierda, y la península del fuerte San Julián está muy exagerada.

Aunque en un principio se trató de construir una sola línea de defensas desde el Tajo, al este, hasta el océano Atlántico, al oeste, al final se construyeron cuatro líneas, dos mayores y dos menores: Una primera más al norte, a la altura de Torres Vedras, de donde toman las líneas su nombre, y que fue la única que tuvo enfrente a los invasores franceses. Una segunda más al sur, a la altura de Mafra. En un principio era la única que iba a construirse, pero el retraso de la invasión francesa y la abundancia de mano de obra portuguesa permitió que fuera reforzada por la primera. Una tercera en Oeiras, a la afueras de Lisboa, en torno al fuerte de san Julián, exclusivamente dedicada a proteger el reembarque de las fuerzas inglesas, si llegara a ser necesario. Una cuarta, al otro lado del río, justo enfrente de Lisboa, entre Almada al este y Trafaria al oeste, destinada a proteger la retaguardia de las otras líneas y la navegación por el Tajo en caso de que fuerzas francesas provenientes de Andalucía aparecieran y trataran de cortar o cruzar el río, o bombardear Lisboa. Como dichas fuerzas nunca aparecieron, las tropas y la artillería asignadas a esta cuarta línea terminaron siendo distribuidas entre las dos primeras.

Antecedentes

Hubo dos invasiones previas de Portugal por parte de las tropas napoleónicas. La primera, por el general Junot desde Extremadura (noviembre 1807-agosto 1808). La segunda, por el mariscal Soult desde Galicia (febrero 1809-mayo 1809). Entremedias, la primera fuerza expedicionaria inglesa, al mando del general Moore, tuvo que hacer una larga retirada desde Sahagún,Esta retirada es conocida como la carrera de Benavente. hostigada por el ejército francés, y logró embarcarse en La Coruña en enero de 1809, tras librar en sus proximidades la batalla de Elviña, donde murió Moore.

Vuelto Wellington a la península como jefe de una nueva fuerza expedicionaria inglesa, declara que la defensa de Portugal es posible (contra la previa opinión de Moore) y que esa defensa descansa en asegurarse el control de Lisboa y del estuario del Tajo, núcleo de la resistencia portuguesa y punto principal de aprovisionamiento y eventual reembarque de la fuerza inglesa.

Tras la poco decisiva batalla de Talavera (28 de junio de 1809), Wellington, falto de suficiente apoyo logístico por parte de España y consciente de su inferioridad numérica frente a los franceses, se retira a Portugal, donde se prepara a oponerse a una nueva y más numerosa invasión francesa, bajo el mariscal Masséna. Los preparativos de Wellington ante esta nueva invasión consistieron fundamentalmente en:

Reorganización completa de las fuerzas militares portuguesas, no solo las regulares sino también la milicia, y movilización general de las Ordenanças (toda la población en armas, institución de origen medieval que funcionaba como una guerrilla generalizada). Estrategia de tierra quemada en el territorio que debía atravesar el ejército francés, para dificultar su abastecimiento sobre el terreno, con abandono de la población residente y destrucción de víveres y viviendas. Esta dolorosa medida, pese a las críticas que suscitó, fue seguida con bastante obediencia por la población civil. Construcción de un sistema de fortificaciones para proteger el acceso a Lisboa, conocidas posteriormente como líneas de Torres Vedras. Estas fortificaciones deberían impedir el acceso al gran Lisboa, fortificando todas las vías de acceso, asegurando la protección de todo el ejército, inglés y portugués, y de la población civil, especialmente de los paisanos refugiados por la estrategia de tierra quemada.

Diseño y construcción

Entorno geográfico miniatura|La península de Lisboa, y su forma de bolsa, con indicación de las tres primeras «líneas de Torres Vedras».

La península al norte de Lisboa forma una especie de bolsa, rodeada de agua por tres de sus costados (estuario del Tajo, al este y al sur, y océano Atlántico al oeste). Por el costado norte la tierra firme es quebrada y de difícil acceso, ocupada por varias cadenas de colinas que obstaculizan el paso y facilitan la defensa. A través de esa abrupta península cuatro calzadas pavimentadas conducían a Lisboa: desde Torres Vedras por Mafra, desde Torres Vedras por Montachique, desde Sobral por Bucelas y una última a lo largo de la orilla del Tajo, desde Vila Franca por Alhandra y Alverca.

La tarea que se proponía Wellington era reforzar y fortificar, con rapidez y secreto, este costado norte o terrestre de la península de Lisboa de modo que se pudieran bloquear a voluntad las rutas de acceso a Lisboa, inutilizar cualquier vía secundaria o camino de herradura y evitar que cualquier agrupamiento militar pudiera encontrar cobijo en el arbolado o en las irregularidades del terreno. En una palabra, convertirlo en una fortaleza capaz de sostener un asedio prolongado.

Tras un reconocimiento personal del terreno y un estudio de la cartografía topográfica elaborada tras la primera invasión por el ingeniero portugués José Maria das Neves Costa, las ideas definitivas de Wellington se plasman en un memorándum dirigido, el 20 de octubre de 1809, al Coronel Richard Fletcher, jefe de ingenieros militares en Lisboa. En él le pide que construya una línea de fortificaciones que cerrara la península de Lisboa, desde el Atlántico al río Tajo, a la altura de Mafra, que Fletcher inmediatamente concretó en un proyecto de reductos enlazados.

Diseño miniatura|izda|Richard Fletcher, coronel de ingenieros, diseñador y constructor de las líneas de Torres Vedras.

El proyecto de Fletcher no trataba de construir una fortificación continua, al estilo de la muralla china, sino aprovechar los escasos fuertes o reductos preexistentes y completarlos con muchos otros que se dieran apoyo mutuo. Se trataría de fortificaciones temporales, y por ello se pensó hacerlas de tierra, no de muros de mampostería. El conjunto constaría sobre todo de espesos parapetos con banquetas, rodeados de terraplenes y fosos, y precedidos de un glacis que evitara las aproximaciones encubiertas del enemigo. Se abandonó la idea de construir fuertes estrellados al estilo del , y se prefirieron la formas redondeadas, más sencillas. Los fuegos defensivos cruzados provendrían de otros fuertes cercanos y de trincheras excavadas en ángulo originadas en el propio fuerte. Los fuertes se dimensionaban, en función del terreno disponible, para alojar de dos a seis piezas de artillería, y con guarnición de cincuenta a quinientos hombres.

También se contemplaban escarpes y desmontes para acentuar los desniveles del terreno y hacerlos inaccesibles, así como barricadas para bloquear barrancos y estrechuras, y otros obstáculos adicionales (diques para inundar el terreno, empalizadas, caballos de frisia, trampas, abrojos, abatís, polvorazos). El ejército regular, refugiado dentro de las líneas, no estaría acantonado dentro de los fuertes y reductos, que ya tenían su propia guarnición, sino a campo abierto entre ellas, dispuesto a dirigirse a los puntos sometidos al ataque enemigo. Para ello se construyeron caminos ocultos que favorecieran el tránsito a lo largo de las líneas. Por último, se estableció un sistema de semáforos ópticos, operados por marineros de la armada británica, para comunicar con rapidez avisos y órdenes.

El retraso en el avance del ejército francés, que tuvo antes que tomar las plazas fuertes de Ciudad Rodrigo y Almeida, a uno y otro lado de la frontera hispano-portuguesa, dio un plazo suplementario de cinco o seis meses que se utilizaron en reforzar la línea de fortificaciones inicialmente planeada (la de Mafra) con una nueva línea por delante (la de Torres Vedras), además de dos líneas menores, la de la fortaleza de San Julián de la Barra, lugar previsto para el reembarque y evacuación de las tropas inglesas, que no llegó a utilizarse, y otra, que tampoco se utilizó, enfrente de Lisboa pero en la orilla opuesta del estuario del Tajo.

Construcción miniatura|Mapa de las fortificaciones de las dos primeras líneas, según Oman. La construcción de las líneas se extiende durante cerca de un año. Comienzan en noviembre de 1809, y se interrumpen en octubre de 1810, cuando se presentan delante las fuerzas francesas. Tras su marcha, aún seguirían los trabajos por si fueran nuevamente necesarias, dándose por terminadas en 1812. El número de posiciones finalmente construidas fue de 152, artilladas con 534 piezas y guarnecidas con 34.125 hombres, en su mayoría tropas no regulares.

La construcción estuvo rodeada del máximo secreto y fueron muy pocas las inevitables filtraciones. De hecho, fue una total sorpresa para la los franceses cuando llegaron frente a ellas, no habiendo sabido detectarlas su inteligencia militar.

El conjunto de las líneas se dividió en sectores o distritos, de los que hubo cinco en la primera línea y cuatro en la segunda. Cada sector estaba encargado a un ingeniero militar con muy pocos ayudantes. La dirección de las obras nunca superó a diecisiete personas, once británicos, dos hannoverianos y cuatro portugueses, auxiliados por no más de dieciocho soldados. Contaron con la ayuda de ciento cincuenta soldados artificieros, extraídos de los regimientos acantonados en Lisboa.

Coste Los trabajos fueron hechos por un ejército de campesinos portugueses, al que se añadieron dos regimientos de milicias. A los milicianos se les pagaba un suplemento de dos vintéms diarios.La palabra «vintém» en portugués quiere decir veinteavo. El vintém era una moneda de cobre acuñada en Brasil que valía veinte reales, y era la veinteava parte del cruzado, moneda de oro cuyo valor facial era 400 reales. Del vintém luso-brasileño deriva el vintén uruguayo. Luego fueron reforzados por campesinos del entorno contratados a seis vintéms al día, que luego subieron a diez. Cuando los franceses tomaron Almeida, la invasión francesa se aceleró y hubo una mayor presión por terminar a tiempo las líneas. Entonces se reclutó de manera forzosa a mayor número de campesinos, a los que se les pagó lo mismo que a los que trabajaban voluntariamente. El número de trabajadores simutáneos en un día cualquiera podía ser entre 5000 a 7000, divididos en equipos de 1000 a 1500 hombres, dirigidos por un ingeniero militar y unos pocos asistentes.

miniatura|Un ejemplo de los trabajos de fortificación: foso y escarpa del Fuerte Zambujal, en Mafra.