El Santuario de Nuestra Señora de la Altagracia, oficialmente denominado Parroquia y Santuario Arquidiocesano de Nuestra Señora de la Altagracia, o simplemente Santuario de La Altagracia, antiguamente Capilla de Nuestra Señora de la Altagracia, es un templo católico de estilo bizantino, gótico isabelino y renacentista, ubicado en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, República Dominicana, y forma parte de la arquidiócesis de Santo Domingo.
El templo tiene su origen en unas de las capillas del Hospital San Nicolás de Bari, el primer hospital de América, fundado en 1503 por Nicolás de Ovando, gobernador general de las Indias. Esta iniciativa fue impulsada por una Real orden de los Reyes Católicos para establecer hospitales en lugares necesitadas en la isla Española, con el objetivo de atender a colonos, soldados, indígenas y a los pobres, en un complejo que incluía una capilla donde se instaló la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia, una advocación mariana con raíces en Extremadura.
Con el paso del , el hospital decayó y fue finalmente demolido en 1911. En 1912, el arzobispo Adolfo Alejandro Nouel comenzó a construir un nuevo templo sobre los restos de la antigua capilla, culminando la obra en 1922. Ese mismo año se llevó a cabo la primera coronación canónica de la imagen sagrada, realizada en la Puerta del Conde, luego de ser trasladada desde el Santuario de San Dionisio (Higüey), con el visto bueno del papa Benedicto XV y su sucesor Pío XI. Es importante destacar que la capilla original se conserva en el interior del nuevo edificio, donde también descansa en sepultura el arzobispo Nouel.
En 1991, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo, elevó la iglesia a la categoría de santuario arquidiocesano. Hoy en día, en el templo se congregan el Camino Neocatecumenal y la tradicionalista Una Voce.
Historia izquierda|miniaturadeimagen|355x355px|Ilustración de la revista española El Museo Universal (1861) que muestra las ruinas de la Iglesia y del Hospital San Nicolás. El origen del Santuario de Nuestra Señora de la Altagracia en Santo Domingo está vinculado al primer hospital del Nuevo Mundo, el Hospital San Nicolás de Bari, establecido para atender las necesidades sanitarias de cristianos e indígenas en los años posteriores al descubrimiento de América, reflejando la preocupación de Isabel la Católica por el trato digno hacia los naturales de las Indias.
La tradición dice que, incluso antes de la existencia del hospital, en el pueblo vivía una mujer negra piadosa que, a pesar de ser pobre, se dedicaba a cuidar de los enfermos en un sencillo bohío. Los frailes dominicos relataron que esta mujer repartía casabe y pescado a quienes lo necesitaban, anticipándose así al hospital que más tarde fundaría fray Nicolás de Ovando y Cáceres, gobernador general de las Indias.
En marzo de 1503, la Corona española ordenó a fray Nicolás de Ovando la construcción de hospitales en los lugares que lo requirieran. Así, el 29 de noviembre de ese año, durante una reunión del cabildo de Santo Domingo, se decidió organizar el pueblo y edificar un hospital destinado a colonos, soldados, indios y pobres. Para llevar a cabo el proyecto se creó una cofradía en honor a la Inmaculada Concepción, encargada de supervisar tanto la construcción como el mantenimiento del centro. El hospital fue conocido primero como «Hospital de la Concepción» o «Hospital de San Nicolás de Bari», siendo en tiempos de Nicolás de Ovando una estructura modesta construida con madera y paja, con capacidad para atender a alrededor de seis pacientes.
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El desarrollo del complejo hospitalario se dividió en tres etapas: 1503–1519, 1519–1533 y 1533–1552. En la primera fase se edificó una capilla, que más tarde se integró como parte lateral del templo actual, y en ella se instaló, en una fecha indeterminada, una pintura de Nuestra Señora de la Altagracia, advocación mariana de origen extremeño, región de la cual provenía Ovando y desde donde partió la expedición hacia la isla.
En 1519 se construyó el segundo edificio del conjunto, del cual hoy solo quedan restos de la antigua Capilla de la Concepción. El Hospital San Nicolás también contaba con una iglesia, que fue la primera edificación eclesiástica en la villa de Santo Domingo antes de 1520. Este hecho subraya la importancia que el cuidado de la salud tenía en Hispanoamérica desde los primeros años del descubrimiento. En 1521 fue remozado el hospital.
El hospital fue inaugurado oficialmente en 1522. Cronistas de la época, como Gonzalo Fernández de Oviedo, Bartolomé de las Casas y Juan de Echagoyan, relatan que la institución fue ampliándose progresivamente con el paso del tiempo. En 1532 y 1542 fue sujeto a otras modificaciones físicas.
Durante el , el hospital se especializó en la atención de soldados y reclusos, con un equipo formado por capellanes, un sacristán y un cirujano. Según los registros históricos, el edificio fue restaurado en 1757 y nuevamente en 1762. En 1774, el papa Clemente XIV, a través de la bula Officit nostri ratio, declaró su iglesia como refugio para malhechores. Dos años después, en 1776, el hospital pasó a llamarse «Hospital Real Militar», y en 1777 se reafirmó el estatus de asilo de su iglesia. En 1789, el edificio fue restaurado otra vez. A pesar de los cambios políticos que sacudieron la parte española de la isla entre 1795 y 1865, el hospital logró seguir funcionando, aunque en condiciones precarias.
Por su parte, el escritor costumbrista César Nicolás Penson sitúa en 1840 la fundación de la Hermandad de las Ánimas, ligada al templo del hospital. Según su relato, cada lunes por la noche, un grupo de fieles se reunía en el templo y, al dar las nueve, salía en procesión por las calles vacías. Llevaban un Cristo y faroles, mientras uno de ellos hacía sonar una esquila. Durante el recorrido, rezaban el Padre Nuestro, el Avemaría y una oración por las benditas ánimas del purgatorio, y los demás respondían en voz baja.
Con el transcurso del tiempo, la capilla dedicada a la Virgen María de la Altagracia fue perdiendo su importancia. A partir de 1868, cuando se desató la devastadora epidemia de cólera, dejó de celebrarse la tradicional procesión con la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. Durante la década de 1870, los constantes terremotos provocaron que la capilla quedara en un estado de abandono. Sin embargo, hacia finales del y comienzos del , se produjo un resurgimiento de la devoción hacia la Virgen. En aquel tiempo, el Estado transfirió la administración del antiguo hospital de San Nicolás y de la Capilla de Nuestra Señora de la Altagracia al presidente Ulises Heureaux.
miniaturadeimagen|Fachada principal de la Iglesia.
El 26 de julio de 1898 se desató una polémica al trasladar la imagen de la Virgen de la Altagracia a la Iglesia de Las Mercedes, lo que generó la protesta de los fieles, quienes demandaban que regresara a su ubicación original. Para cubrir una deuda, Heureaux vendió el exhospital y la capilla a la compañía alemana Holht & Co. Poco tiempo después, en 1899, el presidente Juan Isidro Jiménes reintegró estos bienes al patrimonio estatal.
En 1901, Lea de Castro de Henríquez adquirió la antigua capilla con la intención de devolver la imagen a su sitio de origen y de dársela a la Iglesia católica. La ceremonia de reinstalación se llevó a cabo el 26 de julio de 1903, congregando a 4 000 devotos y contando con la presencia de reconocidas autoridades eclesiásticas, además de música sacra. No obstante, en 1905, 402 años después de su fundación se demolió la fachada principal para reutilizar sus materiales en otra construcción, y con el paso de los años, el conjunto arquitectónico se fue deteriorando; tras el paso de un huracán en 1911, se decidió demoler el Hospital San Nicolás por razones de seguridad.
En las primeras décadas del , surgió un renovado fervor hacia la Altagracia, impulsado por el reverendo arzobispo Adolfo Alejandro Nouel, quien incluyó la imagen de la Virgen en su escudo episcopal. El 7 de febrero de 1910, en Santo Domingo, Armando Rojas fundó la sociedad laica denominada Sociedad Fervorosos de Nuestra Señora de la Altagracia con el propósito de difundir la devoción hacia la Virgen, iniciativa que fue posteriormente reconocida de manera canónica en 1919. Poco después, el 7 de abril de 1910, Altagracia Santiago, junto a otras devotas, fundó la Congregación Hijas de la Altagracia, inspirada por el fervor promovido por el arzobispo Adolfo Alejandro Nouel y bajo la dirección del padre Jacinto Ravelo. En 1911, los Fervorosos de la Altagracia solicitaron al Congreso de la República Dominicana la asignación de un terreno para construir un nuevo templo en honor a la Virgen, y en 1916 se reactivó la Hermandad de Toros de la Virgen, la cual había permanecido inactiva desde 1822 debido a la ocupación haitiana de Santo Domingo.
miniaturadeimagen|Escudo episcopal del arzobispo-primado Adolfo Alejandro Nouel. Benedicto XV le otorgó el título de conde (por eso la corona sobre el blasón) y Asistente al Solio Pontificio. También fue Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén (reflejado en la cruz pendiente del palio).
El 14 de julio de 1920, Benedicto XV aprobó el breve apostólico Vti, ad Nos attulisti in civitae Sancti Dionysii de Salvaleon de Higüey, destinado a la coronación canónica de la imagen de la Virgen de la Altagracia, acto que se celebraría dos años después. Desde 1912, Adolfo Alejandro Nouel impulsó la construcción de un nuevo templo en honor a la Virgen, erigido sobre los cimientos de la antigua capilla del hospital. La obra, iniciada bajo la dirección del ingeniero Teodoro Osvaldo Báez Machado —hijo del expresidente Buenaventura Báez— , fue completada exitosamente y fue bendecida el 17 de agosto de 1922, apenas dos días después de la coronación canónica de la imagen, la cual, por entonces, se veneraba en el Santuario de San Dionisio (Higüey).
miniaturadeimagen|320x320px|Misa solemne Vetus Ordo, celebrada el 20 de agosto de 2023 con motivo de la solemnidad externa de la Asunción de la Santísima Virgen María.|izquierda
A petición de Adolfo Nouel en 1924, el Congreso Nacional, en el mandato de Horacio Vásquez, proclamó el 21 de enero como día de festividad. Tres años más tarde, Pío XI estableció esta fecha como festividad de precepto para el país.
El 15 de agosto de 1936, en el templo de la Altagracia de la capital, se bendijo un púlpito de mármol, donado por los Fervorosos de la Altagracia. El 26 de junio de 1937, monseñor Nouel murió y su cuerpo fue sepultado en el templo. Más tarde, en junio de 1947, una ley congresual estableció el 15 de agosto como día festivo en honor al aniversario de la coronación de la Virgen, designándolo oficialmente como el «Día de la Virgen de la Altagracia».
En 1967, bajo el administrador apostólico de Santo Domingo, Hugo Eduardo Polanco Brito, el Santuario fue elevado a parroquia. Luego, en 1991, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, entonces arzobispo de Santo Domingo, lo promovió a santuario arquidiocesano. Desde 1922 hasta mayo de 1997, la administración del Santuario estuvo a cargo de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, mejor conocidos como los claretianos.