Fernando Estévez de Salas (Villa de La Orotava, 3 de marzo de 1788 - San Cristóbal de La Laguna, 14 de agosto de 1854) fue un escultor, pintor, urbanista y catedrático de dibujo, máximo representante del Arte Neoclásico en Canarias. Está considerado junto a José Luján Pérez, su maestro, los escultores más importantes del Archipiélago canario.RODRÍGUEZ-DÍAZ DE QUINTANA, Miguel: La devoción privada. Pequeñas obras y microimaginería para oratorios particulares, en Luján Pérez y su tiempo, Las Palmas de Gran Canaria, 2007, pp. 449.CALERO RUIZ, Clementina y QUESADA ACOSTA, Ana Mª: La Escultura en Canarias hasta 1900, Santa Cruz de Tenerife, 1990HERNÁNDEZ SOCORRO, Mª de los Reyes, FUENTES PÉREZ, Gerardo, GAVIÑO DE FRANCHI, Carlos: El despertar de la Cultura en la Época Contemporánea. Artistas y manifestaciones culturales del siglo XIX en Canarias, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, 2009, pp. 203,210-211. Es conocido por haber realizado la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, Patrona de Canarias.
Biografía Orígenes miniatura|La actual imagen de la Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias, obra de Fernando Estévez miniatura|Dolorosa (1816) Fernando Estévez nació en 1788 en la Villa de La Orotava,Fue bautizado el 4 de marzo de 1788 en el convento de monjas dominicas de San Nicolás, por entonces sede provisional de la parroquia matriz, bajo el nombre de Fernando José Francisco Pedro de la Santísima Trinidad, como recoge la Catedrática en Historia del Arte Carmen Fraga González en su "Semana Santa en La Orotava y Santa Cruz de La Palma: vinculación artística" en el Programa de cultos de la Semana Santa de La Orotava 2003 localidad norteña de la isla de Tenerife, donde su padre, don Juan Antonio Estévez, contaba con un taller propio de platería en su domicilio particular, situado en la vía principal de la localidad, la conocida popularmente como Calle de la Carrera, hoy dedicada a Fernando Estévez, considerado Hijo Ilustre de la citada población. Desde sus primeros años, Fernando demostró dotes innatas para la plástica artística, empleándose en el conocimiento de la platería pero, sobre todo, en el diseño.
Aparte del ambiente artístico del hogar, Fernando contó con un escenario urbano ideal para suscitar en él vocación de artista. La Orotava era una especie de museo en el que podía descubrir el arte, conocerlo y estudiarlo. Desde el y , La Orotava acaparó buena parte de la clientela, llegando a convertirse en centro imaginero, sobre todo tras la erupción del volcán de Garachico, en 1706.
Formación La Orotava Actualmente se desconoce el desarrollo de la formación en la Villa. Padrón Acosta y Tarquis Rodríguez anotaron su vinculación con el convento franciscano de la localidad, donde recibiría la enseñanda primaria. Sin embargo, no se ha aprobado esta posible formación en el cenobio.Juan Alejandro LORENZO LIMA: "Comentarios en torno a un retablo. Noticias de Fernando Estévez y la actividad de su taller en La Orotava (1809-1821)" en Revista de Historia Canaria, núm. 191 (2009), pp. 105-106 Santiago Tejera citó en 1914, a la hora de biografiar a Luján Pérez, una vinculación de la familia Estévez con el cenobio franciscano y, en especial, con fray Antonio López, quién pondría en contacto a Estévez con el maestro grancanario en su segundo viaje a Tenerife, datado en 1805.Íbid Nuevas aportaciones prueban la imposibilidad de la realización de ese supuesto viajeLORENZO LIMA, Juan Alejandro: "José Luján Pérez y su obra escultórica. Nuevos puntos de vista", conferencia. Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, Puerto de la Cruz, 5 de octubre de 2011. y la errónea atribución de Fray Antonio López como docente de Bellas Artes.Esta interpretación viene dada por ser el fraile lector en Artes, que no implica nociones de Bellar Artes, sino hace referencia a las Artes Liberales (Retórica, Gramática, Geometría...). Un estudio más profundo al respecto en Juan Alejandro LORENZO LIMA: "Comentarios en torno a un retablo. Noticias de Fernando Estévez y la actividad de su taller en La Orotava (1809-1821)" en Revista de Historia Canaria, núm. 191 (2009), p. 106 En cambio si se plantea una hipotética relación con el oficio de orfebre y joyero, gracias al modesto taller que su padre mantenía abierto en el domicilio familiar.Juan Alejandro LORENZO LIMA: "Comentarios...", p. 106
Esta relación paterna con la platería y joyería pudo haber sido el motivo de la estancia de Estévez en Las Palmas. Algunos familiares del imaginero tinerfeño residieron en esta ciudad a principios de , y existe documentada una estancia de su padre en Las Palmas en 1801, atendiendo un problema relacionado con un encargo de orfebrería,Información al respecto en Juan Alejandro LORENZO LIMA: "Comentarios...", p. 107 que prueba el reconocimiento dispensado al taller familiar o la cotinianeidad con que se abordaría el traslado de Fernando a Gran Canaria en los primeros años del OchocientosÍbid. Lo que sí queda claro es que Estévez desarrolla su formación artística en Las Palmas bajo la tutela de Luján Pérez, en su obrador situado en la calle Santa Bárbara.
Las Palmas de Gran Canaria Las enseñanzas de Luján no fueron exclusivamente las que contribuirían a su formación. Estévez asistió también a las clases que se impartían en la Academia de Arquitectura, fundada años antes por el tinerfeño Fernando de Roo, donde se adiestró en dibujo figurativo. Se cree que Luján, como buen maestro y tutor, tuvo que haberlo introducido en los círculos intelectuales de Vegueta. Rápidamente Estévez adquiere el privilegio de "aventajado". Condición que debe ajustarse a su capacidad manifiesta en la escultura, pues nadie como él sedujo a su maestro Luján en el manejo de las gubias, en el conocimiento de materiales y, sobre todo, en su aplicación al estudio del arte.FUENTES PÉREZ, Gerardo: La estela de Luján. La importancia de Fernando Estévez, en Luján Pérez y su tiempo, Las Palmas de Gran Canaria, 2007, pp. 337. En este aspecto se puede afirmar que Estévez es deudor de su maestro, pero mientras el resto de discípulos y seguidores no aportaron ninguna novedad, Fernando Estévez supo alejarse de Luján, creando su propio estilo.Ibíd.
El taller de La Orotava (1808-1845) Estévez regresa a la Villa en 1806,Juan Alejandro LORENZO LIMA: "Evocaciones. La Villa y su Semana Santa en torno a 1812" en Pregón de la Semana Santa 2012. La Orotava, 17 de marzo de 2012 cuando contaba con 18 años de edad, y donde abrirá su taller en el domicilio familiar. En la Villa de La Orotava transcurrieron los mejores años de su vida artística. En esta etapa, Estévez desplegó una labor artística bastante notoria, convirtiéndose en el escultor más importante y de mayor fama del archipiélago. La vida social y cultural de La Orotava permitieron a Estévez desarrollar su capacidad humana, intelectual y creativa. Una etapa florida que dedicó incansablemente, como nos recuerda Padrón Acosta y recogido por Fuentes, "a su labor escultórica, lleno de ilusiones y de esperanzas en el triunfo de su arte".
Sus primeras obras (1808-1821) miniatura|izquierda|Santísimo Cristo del Calvario, de la Villa de La Orotava miniatura|Santísimo Cristo del Perdón (1821), de Santa Cruz de La Palma miniatura|izquierda|San Juan Bautista (1819), de Telde Sus comienzos como escultor coincidieron con una época de renovación artística que vivía La Orotava. La nueva fábrica de la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, bendecida en 1788, renovaba su patrimonio artístico. Además, La llegada de piezas genovesas, como el Tabernáculo y el Púlpito de Giuseppe Gaggini, la Inmaculada Concepción (1824) de Angelo Olivari o el sepulcro de los Marqueses del Sauzal, permitieron a Estévez conocer el mejor arte genovés del momento. Para dicho templo realizó tallas como Santa Lucía, Santo Tomás de Villanueva, San Blas o la Virgen de Candelaria. Estévez también participó en la renovación de la ermita situada en el Calvario de La Orotava, para la que realizó las imágenes de La Piedad (1814 ca.), conocida como el "Santísimo Cristo del Calvario", San Isidro y Santa María de la Cabeza.
También contribuyó a la recuperación del convento de San Lorenzo, destruido en 1801 por un pavoroso incendio, realizando las imágenes de La Dolorosa (1816) y San Juan Evangelista y la Virgen del Carmen (Hoy, en la Parroquia de San Juan, de La Orotava), y la imagen de San Francisco de Asís. En la citada Dolorosa, Estévez se muestra original y creativo, consiguiendo un tipo de belleza femenina que se caracteriza por la dulzura, la melancolía y la distancia, que en cierta medida recuerda a la escultura genovesa que se encuentra en los templos canarios.
Asimismo, comenzó a tallar diversas imágenes para otros lugares de la geografía isleña, como una Santa María Magdalena para la Parroquia de los Remedios de La Laguna (Convertida posteriormente en Catedral), un San Juan Bautista (1819) para la parroquial de Telde, en Gran Canaria; una Dolorosa (1817 ca.) para la Iglesia de la Concepción del Realejo Bajo (tristemente desaparecida en el incendio de 1978) o la bella imagen de Nuestra Señora de los Remedios.
San Cristóbal de La Laguna también cuenta con el extraordinario trabajo de San Plácido Mártir, que se encuentra en la Parroquia de San Juan de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife). Considerada por la crítica como una de sus más destacadas obras, la soltura y la expontaneidad que ofrece la talla y la forma en que ha logrado captar la expresiva y penetrante mirada del santo revelan a un Estévez próximo a los conceptos decimonónicos europeos.CALERO RUIZ, Clementina y QUESADA ACOSTA, Ana Mª: La Escultura en Canarias hasta 1900, Santa Cruz de Tenerife, 1990, pp. 96
Consagración del artista (1821-1845) miniatura|Cristo de la Sala Capitular En la década de 1820, Estévez ya gozaba de un asentado prestigio, además de conocido en Tenerife por la responsabilidad que adquirió como regidor de La Orotava o por las esculturas que había realizado.LORENZO LIMA, Juan Alejandro. Una escultura para los nuevos tiempos. Fernando Estévez y la Virgen de Candelaria en Vestida de Sol. Iconografía y memoria de Nuestra Señora de Candelaria. San Cristóbal de La Laguna, 2009, pp. 125-135 Durante este periodo, sus esfigies comenzaron a tener repercusión el resto de las islas y muchas de ellas obtuvieron un mejor acabado. Fue un momento complicado, pues tuvo lugar la primera Desamortización eclesiástica.
De esta etapa destacan las imágenes realizadas para la capital palmera, las representaciones de San José y la Candelaria para la parroquial de Tinajo, la destacada talla del San Pedro Apóstol de la Concepción de La Orotava, el Santo Domingo que presidió un tiempo el Convento de San Pedro Mártir en Las Palmas o la talla más sobresaliente de ese tiempo: El Crucificado de las Salas Capitulares de la Catedral de los Remedios, una talla que ofrece un perfecto estudio de la musculatura, en la que hace gala de su buen quehacer como tallista.CALERO RUIZ, Clementina y QUESADA ACOSTA, Ana Mª: op. cit., pp. 94 Sin embargo, la talla más destacada de esta etapa fue la realización de la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, pues el antiguo icono del había desaparecido en el temporal que sufrió Tenerife en 1826.
Estévez y su legado artístico en Santa Cruz de La Palma miniatura|izquierda|San Plácido, de Fernando Estévez