miniaturadeimagen| Grabado original del itzcuintepotzohtli de la obra Rerum medicarum Novae Hispaniae.|214x214px El itzcuintepotzohtli (, plural: itskwintepotsohmeh) es una criatura mítica misteriosa, objeto de interés entre criptozoólogos, naturalistas —por ejemplo, Alexander von Humboldt o Georges-Louis Leclerc de Buffon—, cinólogos, antropólogos e investigadores de mitología. A principios del comenzó a adquirir nuevamente un significado simbólico nacional en México debido a la difusión de relatos sobre su posible existencia.
Origen del nombre La palabra itzcuintepotzohtli proviene del náhuatl, pero los eruditos anteriores al que no conocían el idioma a menudo lo escribían erróneamente (ver la sección Distorsiones del nombre). Este término consta de los siguientes morfemas:
itzcuintli, significa «perro». Este morfema se suele utilizar en los nombres de diversas razas de perros presentes en las culturas precolombinas como, por ejemplo, xoloitzcuintli. tepotzoh, significa «joroba». -tli, es un sufijo absolutivo que en náhuatl indica una afiliación o característica, y cuando se combina con los morfemas anteriores crea un término que se traduce libremente como «perro jorobado».
Descripción de la criatura miniaturadeimagen| Glifo de perro (itzcuintli) del Códice Laud del siglo XVI.|123x123pxFue mencionada por primera vez en 1651 por Francisco Hernández de Toledo en su Rerum medicarum Novae Hispaniae, Fue recordada nuevamente en 1780 gracias al libro Historia Antigua de México del jesuita Francisco Javier Clavijero. El animal habría vivido en una zona habitada por los purépechas en el estado de Michoacán, en el poniente mexicano. Descartado como caricatura en la década de 1960, en realidad podría ilustrar un fenotipo asociado con mutaciones en el gen que codifica la miostatina. Como describieron más tarde este animal los cinólogos alemanes:
miniaturadeimagen| Perro de culto del séquito del dios de la muerte Mictlanteuctli, patrón del décimo día del mes: el perro (itzcuintli), del Códice Fejérváry-Mayer. Una mención posterior de itzcuintepotzohtli proviene de un libro publicado en 1843, Vida en México, de la escocesa Madame Calderón de la Barca, que describe un animal muerto colgado de un gancho en la puerta de una posada en el Valle de Guajimalco:
Distorsiones del nombre Debido al desconocimiento del náhuatl, en la literatura alemana, española o inglesa el nombre itzcuintepotzohtli a menudo se deformaba como ytzcuinteporzotli, yzi-cuinte potzotli, itzcuintlipotzotli, ytzeuinte porzotli, itzeuinte potzotli, itzcuinte-potzoli, o el conocido como perro mechoacanense (de Michoacán), etc.
Papel en las culturas mexicanas De 1980 a 1982 se realizaron excavaciones en la antigua ciudad de Tula, en el estado mexicano de Hidalgo, concentradas en la parte norte de la Plaza Charnay, también llamada Área del Museo. Las excavaciones en Tula no arrojaron pruebas definitivas de la existencia del itzcuintepotzohtli, pero sí el descubrimiento de una raza única conocida como , caracterizado por extremidades significativamente más cortas (30 % más cortas que el típico perro centroamericano), con una cabeza y un cuerpo ligeramente más pequeños que los del tipo I, fomentando una mayor investigación sobre esta intrigante posibilidad.
El hallazgo más importante de las excavaciones de Tula fue el descubrimiento del papel de los perros en las prácticas funerarias: se encontraron perros de diversas edades, sexos y razas sepultos con personas, lo que sugiere su importancia en los rituales relacionados con la muerte y el más allá. Curiosamente, tales prácticas sólo se observaron en la historia temprana de Tula, entre 650 y 750 d. C., lo que puede reflejar la herencia cultural de las personas que emigraron desde la costa occidental o noroeste de Mesoamérica en ése momento.
El nombre de la raza canina xoloitzcuintli, donde la raíz xolotl denota deformidad, habla de su falta de pelo y la aparición de cachorros con y sin pelo en una misma camada. Este énfasis en la irregularidad del xoloitzcuintli resuena con la joroba que define al itzcuintepotzohtli; ambos perros fueron considerados atípicos, creando así un significado simbólico en las culturas de antes del descubrimiento.
A principios del , hubo un resurgimiento del interés en el itzcuintepotzohtli, ya que a menudo se lo asociaba con el xoloitzcuintli, dicha raza de perro sin pelo que se convirtió en un símbolo de la identidad nacional mexicana durante este período. Aunque la existencia del itzcuintepotzohtli no estaba demostrada, su descripción en fuentes históricas contribuyó al redescubrimiento y promoción de los "perros de pura raza mexicana" (itzcuintli) sin pelo, como símbolo de la herencia indígena.
Referencias
Categoría:Críptidos Categoría:Folclore de México