Los Árboles singulares del País Vasco, situados en distintas localidades de los tres territorios históricos que forman la comunidad autónoma vasca, son árboles que destacan entre los demás por su belleza, tamaño, forma, edad, ubicación o por haber sido testigos de tradiciones o hechos históricos relevantes. Por una o varias de estas razones se encuentran protegidos por la ley.

Antroponimia y toponimia Los nombres relacionados con lo vegetal y en concreto con los árboles, tienen gran importancia en la toponimia y en la antroponimia vasca. Íñigo Íñiguez Arista, considerado el fundador del Reino de Pamplona (que incluía el actual territorio del País Vasco), llevaba este nombre por alusión al roble (haritz o aritz en euskera).Encontramos los nombres en euskera de los árboles en muchos apellidos vascos: Arteaga (encinal), Arizaga (robledal), Gorostiza (acebal), Madariaga (peral), Zumarraga (olmeda), etc.

También aparecen numerosos topónimos relacionados con el nombre de los árboles. Por ejemplo, con el del haya (pago en euskera): Faguaga, Paguaga, Fagodi, Pagogaña, Pagadi, Pagoeta, Pagamendi. También con el del roble (aritz en euskera): Aritzelatz, Aritzmendi, Arizbakotx, Arizdigorri, Arizgain, Ariztia, etc.

Dice José Miguel de Barandiarán que en el monte Pagolamendi (monte del haya) de Vergara había, a principios del , un árbol llamado Pagobedeinkatu (haya bendita). En Placencia existía un término llamado Pagobedeinkatu en el que se localiza un túmulo funerario prehistórico.La coincidencia de un dolmen y un topónimo compuesto de pago (haya), se repite asimismo en Pagobakoitza (haya solitaria) en Urbía, Aizcorri) y en Bagazabalaga (lugar de haya frondosa) en Larrain. También en Larrain, en el término llamado Bagargi (haya luminosa), existe otro dolmen.

Los árboles en la cultura vasca En el País Vasco, como en otras zonas boscosas de Europa, el culto y veneración a los árboles ha sido muy habitual a lo largo de los siglos y persisten todavía prácticas rituales relacionadas con su existencia. Hay una extensa mitología tradicional sobre árboles y bosques, y sobre los espíritus y divinidades relacionados con ellos, recogida por quienes han estudiado la etnografía vasca como José Miguel de Barandiarán, Resurrección María de Azcue y Julio Caro Baroja.

A los bosques y árboles se les atribuía pensamiento racional e incluso capacidad para caminar.Según Caro Baroja, en algunas zonas de Vizcaya se creía que los árboles iban a los caseríos por su propia voluntad para que los quemaran. Según la tradición, aquello se acabó el día en que una mujer se enredó con las ramas de uno de ellos en el portal de su casa y dijo en euskera: Etorriko ez bali obea leiko (sería mejor que no viniesen). Desde entonces hay que ir al monte a por leña.

También Caro Baroja señaló la posible relación que, en época romana, pudo existir entre el dios Marte (Marti Arixoni) o el dios Arixo (deus Arixon) y el roble (aritza). Son relevantes asimismo las huellas de otros cultos relacionados con divinidades arbóreas como es el caso del árbol esquemático pintado en rojo en el interior de la iglesia rupestre de Nuestra Señora de la Peña en la localidad alavesa de Faido.izquierda|miniaturadeimagen|Cavidad con árbol pintado en la ermita de la Peña en Faido (Álava) |300x300pxEncontramos trazas de antiguas creencias en otras acciones que perviven en el presente, como la rama del árbol que aún se coloca en muchos sitios del País Vasco en el gallur (cima del tejado) de una casa recién terminada para celebrar la culminación de la obra y desear su protección.

Existen otras creencias muy arraigadas hasta tiempos muy cercanos que hablan de las propiedades de los árboles para curar males físicos y mentales.

Es también muy relevante el caso del Árbol de Guernica, considerado como un símbolo casi sagrado con connotaciones jurídicas, políticas y religiosas.Además del de Guernica, existen en el País Vasco gran número de árboles que han sido tradicionales lugares de encuentro de las vecindades y el sitio en el que se discutían las leyes.

miniaturadeimagen|300x300px|Zinta-dantza en Legazpia Como en tantas otras mitologías, en la vasca el cielo es considerado mágico y todo lo que se acerca a él, como las montañas, los árboles y otros elementos de la naturaleza, es sagrado. Los Mayos es una fiesta popular primaveral de orígenes ancestrales que se celebra con variantes en toda Europa y que está muy relacionada con los árboles y como se alzan al cielo. En la cultura vasca existe una danza conocida como zinta-dantza con diferentes modalidades y coreografías dependiendo del área geográfica. En el pueblo alavés de Elciego, el sentido arbóreo del Mayo está implícito en el nombre del baile conocido como Danza del árbol: a medida que las cintas se entrelazan y enroscan a un tronco de árbol talado e hincado en el terreno, quienes bailan se arrodillan y abrazan al árbol para honrarlo.

También era frecuente antaño la utilización del árbol como hito o límite. Es el caso de los llamados árboles terminales que, a falta de cruceros u otro tipo de señalización, marcaban tradicionalmente el fin o el comienzo de un territorio o de un casco urbano.

Protección legal La primera idea de crear una protección específica para los árboles singulares de la Comunidad autónoma del País Vasco surgió en 1987, en el Año Europeo del Medio Ambiente, cuando el Gobierno Vasco convocó el Primer Concurso de Árboles Singulares del País Vasco. Este concurso se centró en la participación de los centros escolares, las asociaciones ecologistas y culturales, e incluso organismos ofíciales como las diputaciones vascas y las entidades locales (municipios, concejos, etc.). Se buscaba fomentar la colaboración de la ciudadanía en la protección del medio ambiente y la realización de un catálogo encaminado a facilitar la futura salvaguarda legal de los ejemplares arbóreos que destacaran por una u otra razón.miniaturadeimagen|Roble en el escudo del municipio de Urcabustaiz (Álava)

La Ley 16/1994 de 30 de junio de Conservación de la Naturaleza del País Vasco,establece la figura del árbol singular para proteger a aquellos ejemplares de características extraordinarias. Posteriormente, con el Decreto 265/1995 de 16 de mayo, determinados árboles de los tres territorios vascos fueron objeto de su declaración como singulares. El Gobierno Vasco estableció además su estricto régimen de protección.Dos años después, se publicó una ampliación del listado de árboles protegidos, a través del Decreto 23/1997, de 11 de febrero.En sucesivas variaciones de la Ley de Conservación de la Naturaleza del País Vasco, en concreto en la Ley 2/2013 de 10 de octubre, no se modifica la protección a estos árboles singulares ni se añaden nuevos ejemplares.

El régimen de protección de estos árboles singulares incluye:

Prohibición del aprovechamiento de sus productos o de sus partes, salvo en el caso de colecta con fines científicos de semillas o propágulos, siempre con la debida autorización. Prohibición de dañarlos, marcarlos o utilizarlos de apoyo o soporte físico de objetos de cualquier naturaleza. Los tratamientos necesarios para su mantenimiento deben ser realizados por la Diputación Foral correspondiente.

Especies Aunque gran parte de las especies de árboles singulares protegidos en el País Vasco son autóctonas, indicadoras de la vegetación potencial de las distintas comarcas y representativas de la cultura y tradición vasca, también se encuentra alguna introducida en el territorio pero asentada, en algunos casos desde hace siglos.

La vegetación potencial de la comunidad autónoma del País Vasco está dividida fundamentalmente en tres franjas geográficas:

Zona Cantábrica (entre el litoral y la divisoria de aguas): bosque mixto de robledal-fresneda, encinar cantábrico, robledal acidófilo de roble pedunculado en zonas más bajas y hayedo en las altas. Zona subcantábrica (entre la divisoria de aguas al norte y la Sierra de Cantabria al sur): árboles de hoja marcescente (como los marojos y quejigos) y carrascales. Zona mediterránea (al sur de la sierra de Cantabria, en las zonas más meridionales de Álava): encina carrasca, quejigo y olmedas junto a los ríos. Las especies representadas en el inventario de los veinticinco árboles considerados singulares por el Gobierno Vasco son: Encina, roble, tejo, tilo, abeto de Douglas, sequoia, ginkgo, fresno, alcornoque y pino piñonero.

Listado Los árboles declarados singulares en el inventario del Gobierno Vasco son los siguientes: Álava Encina de Arceniega Especie: Quercus ilex. Edad: 500 años. Altura: 25 m. Situación: Jardines del Santuario de Nuestra Señora de la Encina. Arceniega. Singularidad: Tamaño e historia. En su entorno, se reunía la Junta de Ordunte, compuesta por los pueblos de Sojoguti, Retes de Tudela, Mendieta y Santa Coloma, para tratar asuntos comunales. Tradicionalmente se ha dicho que en ella fue encontrada la imagen que da nombre al Santuario junto al que se encuentra. Fue nominada como candidata al concurso Árbol del Año 2025, cuyo ganador competiría en el certamen de Árbol del Año europeo, quedando en segundo lugar. miniaturadeimagen|Santuario de Angosto.

Encina juradera de Angosto Especie: Quercus ilex. Edad: centenaria Altura: 11 m. Situación: Muy cerca del Monasterio de Nuestra Señora de Angosto. Villanañe. Singularidad: Bajo el árbol se celebraban antiguamente las juntas de los Caballeros Hijosdalgo del Valle de Valdegovía.

Roble de Altube Especie: Quercus robur. Altura: 34 m. Edad: Desconocida. Ubicación: Cerca del Puerto de Altube, Zuya. En el monte de utilidad pública n.º 734, en el término conocido como El Fresnal. miniaturadeimagen|Fresno de Santa Teodosia Singularidad: Tamaño y belleza. Fresno de Santa Teodosia Especie: Fraxinus excelsior. Altura: 23 m. Edad: Desconocida Ubicación: Junto a la ermita de Santa Teodosia, en San Vicente de Arana, el mayor de un bosquecillo de trece árboles de distintas edades y tamaños, en el extremo noroeste de la ermita. Singularidad: Sus dimensiones. La de Santa Teodosia es una las pocas fresnedas que quedan en el País Vasco, sucumbidas ante la presión de los asentamientos humanos y de la actividad agrícola y ganadera.

Pino piñonero de Lantarón miniaturadeimagen|Pino piñonero de Lantarón.|300x300px Especie: Pinus pinea. Altura: 14,25 m. Edad: Desconocida. Ubicación: En la ribera izquierda del río Ebro, a la altura del km. 38 de la carretera 122 entre Fontecha y Lantarón, en un entorno caracterizado por pabellones industriales y cultivos en un lado y soto fluvial en el otro. Singularidad: Forma parte de una hilera que es la única población natural (no plantada) de esta especie en el País Vasco. El protegido es el de mayor tamaño del conjunto y está señalizado. Bella corteza de teselas rojizas.

Secuoya de Vitoria miniaturadeimagen|Secuoya de Vitoria ya seca, en 2025.|300x300px Especie: Sequoiadendrom giganteum. Altura: 40 m. Edad: Más de 150 años. El plantón original fue comprado en Bruselas en 1858 y trasplantado a su actual ubicación en 1860. Ubicación: En entorno urbano, en el jardín particular de la casa n.º 12 de la calle Magdalena, junto al colegio de las Ursulinas en Vitoria. Singularidad: Sus dimensiones, especialmente el perímetro de su tronco (8,05 m) y, cuando fue declarado árbol singular, su belleza. El árbol murió en 2014 a consecuencia del ataque de un hongo (Armillaria mellea) a sus raíces. En 2025, aunque ya seco, se conserva en pie en el lugar.

Tejo de Izarra o Tejo de Doña Lola Especie: Taxus baccata. Altura: 12 m. Edad: Desconocida. Ubicación: En la zona de recreo conocida como Parque de Ostuño, en el núcleo urbano de Izarra, Urcabustaiz. Singularidad: Dimensiones y belleza. miniaturadeimagen|Tejo de Izarra|250x250px

Tejo de Antoñana Especie: Taxus baccata. Altura: 13,5 m. Edad: podría superar los 500 años.