alt=Aquelarre|miniaturadeimagen|Aquelarre, pintura de Francisco de Goya La brujería en Guipúzcoa hace referencia a las prácticas de hechicería y magia que fueron perseguidas y castigadas en la provincia de Guipúzcoa (País Vasco, España) durante la Edad Moderna, particularmente entre los siglos XV y XVIII.

Al igual que en muchas otras regiones de Europa, las acusaciones de brujería fueron una parte importante de los procesos judiciales impulsados por la Inquisición, la Iglesia católica y las autoridades civiles.

Estos procesos se basaban en la creencia de que algunas personas, principalmente mujeres, mantenían pactos con el diablo y cometían actos maléficos, tales como hechizos, y aquelarres.

En Guipúzcoa se documentaron diversos procesos durante los siglos XVI y XVII. Las denuncias surgían con frecuencia dentro de las propias comunidades y podían estar relacionadas con conflictos vecinales, temores religiosos, enfermedades, malas cosechas y otras desgracias cuya causa se atribuía a prácticas sobrenaturales.

Contexto histórico

La creencia en la brujería y la persecución de las brujas (sorginak en euskera) fueron fenómenos comunes en Europa durante la Edad Moderna.

En el caso del País Vasco, y especialmente en Guipúzcoa, las acusaciones de brujería se entrelazaron con la cultura local, las tensiones sociales y las prácticas religiosas.

La Inquisición española intervino en algunos de estos procesos, aunque su actuación frente a la brujería evolucionó con el tiempo. Frente a las grandes cazas de brujas desarrolladas en determinadas regiones de Europa, los tribunales inquisitoriales españoles fueron adoptando progresivamente una posición más cautelosa respecto a este tipo de acusaciones.

Un momento importante en este cambio fue la actuación del inquisidor Alonso de Salazar y Frías, que investigó numerosas denuncias después de los procesos de brujería de 1610. Tras revisar testimonios y acusaciones, Salazar puso en duda muchas de las confesiones y defendió la necesidad de exigir pruebas más sólidas. Sus informes influyeron en la política posterior de la Inquisición respecto a los delitos de brujería.

Personas acusadas Las acusaciones por brujería afectaron tanto a hombres como a mujeres, aunque diversos estudios sobre la brujería europea y española señalan una presencia especialmente elevada de mujeres entre las personas procesadas.

Entre las ocupaciones que aparecen asociadas a algunas acusadas se encontraban actividades como la curandería o la asistencia a partos, además de tareas domésticas relacionadas con la preparación de alimentos y el cuidado de otras personas.

Las denuncias podían surgir después de enfermedades, muertes, pérdidas de ganado, malas cosechas u otros acontecimientos negativos ocurridos dentro de una comunidad. En ocasiones, las sospechas se desarrollaban en contextos de rivalidades familiares o vecinales.

Casos documentados Aunque el caso más famoso de persecución de brujas en el ámbito vasco tuvo lugar en Zugarramurdi (Navarra), sus efectos trascendieron a Guipúzcoa. En 1610, varias mujeres fueron acusadas de brujería en Zugarramurdi y otras localidades cercanas, lo que desató una brujomanía en la región. La acusación principal era que las mujeres habían realizado un pacto con el diablo y se reunían en aquelarres en los bosques cercanos, un fenómeno que alimentaba el miedo a las brujas en toda la región.

Este caso tuvo un impacto significativo en Guipúzcoa, ya que las denuncias de brujería se extendieron a otras localidades cercanas. La Inquisición investigó a numerosas personas, muchas de ellas de comunidades guipuzcoanas, que fueron sometidas a torturas y condenadas a duras penas. Sin embargo, la represión de la brujería en la región no se limitó a este caso aislado.

Elgóibar En Elgóibar se documentaron en 1635 acusaciones relacionadas con supuestos maleficios. Varias personas fueron investigadas tras ser responsabilizadas de enfermedades y otros perjuicios atribuidos a prácticas de brujería.

Los procesos muestran la importancia que podían adquirir los rumores y las acusaciones personales dentro de las comunidades locales.

Azpeitia En Azpeitia se registraron igualmente denuncias por supuestas prácticas de brujería durante el siglo XVII.

Entre las personas citadas en la documentación figura María de Arizcun, acusada en 1626 de provocar daños mediante prácticas consideradas sobrenaturales.

Azcoitia En Azcoitia se produjeron diversas acusaciones entre 1619 y 1620 que afectaron tanto a hombres como a mujeres.

Los testimonios recogidos durante estos procesos hacían referencia a supuestas reuniones nocturnas y ceremonias relacionadas con el diablo, elementos habituales en el imaginario europeo sobre la brujería de la época.

Bidegoyan En Bidegoyan se desarrolló entre 1634 y 1635 otro proceso relacionado con acusaciones de maleficios.

Entre las personas mencionadas se encontraba Catalina de Iruretagoyena, señalada en las declaraciones como participante destacada en supuestas reuniones de brujas.

Fuenterrabía y Jaizquíbel En 1611 se investigaron también supuestos aquelarres en Fuenterrabía y en diversos lugares próximos al monte Jaizquíbel.

Las declaraciones recogidas mencionaban, entre otros lugares, la ermita de Santa Bárbara, los arenales de la villa, las proximidades de Nuestra Señora de Guadalupe y zonas cercanas a la ermita de San Telmo.

San Sebastián y otras localidades También existen referencias a acusaciones y supuestos aquelarres en San Sebastián, aunque algunos de ellos parecen haber tenido una participación reducida.

Las investigaciones inquisitoriales recogieron igualmente denuncias procedentes de localidades como Rentería, Oyarzun, Andoáin, Urnieta, Gaztelu y Asteasu.

La zona comprendida entre San Sebastián y Fuenterrabía aparece de forma destacada en algunas de las investigaciones sobre la brujería guipuzcoana.

Características de los procesos judiciales Las acusaciones surgían principalmente de las comunidades locales, donde las rivalidades y los conflictos sociales contribuían a la propagación de rumores. En algunos procesos se obtuvieron confesiones mediante tortura o coacción, en los cuales las personas acusadas de brujería confesaban actos que, en muchos casos, no habían cometido.

Entre las pruebas más comunes utilizadas en los juicios figuran los testimonios de testigos, que a menudo no eran más que rumores, y las pruebas físicas como la búsqueda de la marca del diablo que en el País Vasco era una marca que el diablo les hacía en el iris del ojo izquierdo.

Las penas impuestas variaron según el momento, la jurisdicción y las circunstancias de cada proceso. Podían incluir penitencias religiosas, destierro y otras sanciones, además de penas más graves en determinados casos.

Historiografía La brujería en Guipúzcoa fue un fenómeno multifacético que integró factores religiosos, sociales y políticos marcados por el temor al diablo y lo sobrenatural.

Los casos documentados evidencian cómo las creencias populares, las tensiones locales y la influencia de la Inquisición contribuyeron a la creación de un clima de terror que llevó a la persecución y castigo de muchas personas inocentes, especialmente mujeres, acusadas de practicar la brujería.

La brujería vasca ha sido objeto de numerosos estudios históricos, antropológicos y culturales. Entre los autores más influyentes se encuentra el antropólogo e historiador Julio Caro Baroja, cuya obra Las brujas y su mundo se convirtió en una referencia para el estudio histórico y antropológico de la brujería en España.

Referencias

Categoría:Brujería en España Categoría:Historia de Guipúzcoa