Las identidades trans en Ecuador, que abarcan a personas trans, transexuales, transgénero, travestis y no binarias, han experimentado una notable evolución en términos de visibilidad, reconocimiento y derechos a lo largo de los últimos siglos. Este proceso ha estado definido tanto por desafíos sociales, culturales y legales como por los avances alcanzados gracias al trabajo de activistas y organizaciones comprometidas con la defensa de sus derechos. Estos esfuerzos han resultado en significativas conquistas legales y sociales, fortaleciendo la visibilidad y la protección de esta población en el país.
Historia La historia de las personas trans en Ecuador abarca desde el periodo precolombino hasta la actualidad, mediante un proceso de transformación social, cultural y política en torno a las identidades de género. Esta historia está marcada por la resistencia, la adaptación y el reconocimiento progresivo de los derechos de las personas trans.
Periodo precolombino miniaturadeimagen|Cieza de León describió a los enchaquirados en su Crónica del Perú El período precolombino en Ecuador es una época con una caracterización esotérica en la historia de las identidades trans en el país, especialmente en la región costera. En la era antes de la llegada de los colonizadores, existían figuras como los enchaquirados, personas que, como los actuales colectivos de mujeres trans, no encajaban en las normas de género tradicionales de la sociedad indígena. Los enchaquirados eran sirvientes transexuales del cacique Tumbalá, y desempeñaban roles tanto sexuales como religiosos, a menudo adornándose con joyas, lo que les otorgaba una identidad destacada dentro de su comunidad.
Época colonial Durante la época colonial en Ecuador, las expresiones de género y sexualidad fueron profundamente transformadas y reprimidas por la imposición de normas europeas, las cuales despojaron a las comunidades indígenas de sus prácticas ancestrales. Antes de la llegada de los colonizadores, existían diversas formas de identidad de género y sexualidad que no se ajustaban a las categorías binarias impuestas por el colonialismo. Esta violencia colonial no solo borró estas manifestaciones, sino que también instauró una visión rígida de género que perdura hasta la actualidad, constituyendo una de las bases de la transfobia que enfrentan las personas trans en el Ecuador contemporáneo.
Décadas 1960-1970 En los años 1960 y 1970, la población trans, al igual que otros grupos LGBTQ+, enfrentó una sociedad profundamente machista y conservadora. La visibilidad de las personas trans era limitada y, en los pocos casos en que aparecían en la prensa, solían ser retratadas en secciones de prensa roja, que reforzaban estigmas y prejuicios. La falta de visibilidad de las personas LGBT en Ecuador estuvo marcada por la penalización de la homosexualidad, el machismo predominante y el rechazo hacia cualquier expresión considerada femenina en los hombres. Un ejemplo significativo fue el decreto del general Guillermo Rodríguez Lara durante su dictadura (1972-1976), que prohibió la tradición de las viudas de año viejo, hombres que se disfrazaban con vestidos negros, velos y pelucas para pedir caridad para los monigotes de años viejos. Este acto, considerado como una ofensa a la moral pública, llevó incluso a la detención de participantes.
El 26 de noviembre de 1976 se realizó la primera cirugía de reasignación de sexo en la historia de Ecuador, aunque el hecho no se hizo público. La misma fue realizada en una clínica de Guayaquil a una mujer transgénero de nombre Sandra Inés Ortiz, por los doctores Difilo Vargas Pazzos y Wilson Cueva Román. La operación se dio luego de que Sandra iniciara un tratamiento hormonal, pero al no ver los resultados que esperaba decidió en un acto de desesperación mutilar sus genitales. Al llegar al hospital, los doctores aceptaron realizar la cirugía de reasignación.
Durante la segunda mitad de los años 1970, la visibilidad de las personas LGBT en Ecuador aumentó y varias de ellas empezaron a organizar reuniones informales. En Quito, lugares como el Parque El Ejido y la Plaza Foch fueron puntos de encuentro para personas trans y otras identidades LGBTQ+, aunque estos espacios también se convirtieron en focos de acoso policial. En Guayaquil, zonas como la Calle Primero de Mayo eran frecuentadas por mujeres trans dedicadas al trabajo sexual, pero también eran escenario de violencia y redadas policiales.
Década de 1980 Durante las décadas de 1980 y 1990, las personas trans en Ecuador sufrieron persecución extrema y violenta represión policial, que incluyó extorsión, detenciones arbitrarias e indefinidas, tortura y ejecuciones extrajudiciales. Las detenciones se ensañaban especialmente con personas trans que ejercían el trabajo sexual callejero. En el contexto histórico de estas décadas, no se hacía una distinción clara entre homosexualidad, transexualidad y travestismo, y la transexualidad y el travestismo eran vistas socialmente como manifestaciones extremas de homosexuales afeminados, quienes, según esta percepción, elegían "vestirse de mujer" para saciar sus "perversiones fetichistas". miniaturadeimagen|León Febres, creador de los Escuadrones volantes en 1986 Bajo el gobierno de León Febres Cordero (1984–1988) y el ministro Luis Robles Plaza, se implementó una política estatal para perseguir a la comunidad GLTBI en ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca, justificando estas acciones como medidas para proteger la "moralidad" y la "decencia pública". La homosexualidad estaba criminalizada, lo que facilitaba abusos sistemáticos como torturas y violencia sexual por parte de la policía, quienes también extorsionaban y humillaban a las víctimas.
La represión se intensificó con la creación de los Escuadrones volantes, grupos policiales encargados de reprimir a trabajadoras sexuales, personas LGBTQ+ y hombres con características consideradas "afeminadas". Las mujeres trans fueron particularmente vulnerables, enfrentando arrestos, torturas y abusos sexuales. Activistas y sobrevivientes relataron cómo eran forzadas a actos degradantes y sometidas a violaciones sistemáticas en centros de detención:
Los escuadrones volantes fueron desmantelados en 1988 por el presidente Rodrigo Borja, aunque la violencia y discriminación policial continuaron.
Identidad travesti En las décadas de 1980 y 1990, los cuerpos travestis visibles en ciudades como Quito y Guayaquil desafiaban las normas morales dominantes y provocaban el rechazo de la burguesía. En estas décadas, el travestismo en Ecuador fue estigmatizado como una perversión fetichista, mientras la prensa sensacionalista difundía imágenes de las travestis como desviadas sexuales y enfermas. Sin embargo, en América Latina, lo travesti se convirtió en una forma de resistencia frente a estos discursos discriminatorios, apropiándose de la categoría y reinterpretándola desde las dinámicas sociales y culturales locales. Según Lohana Berkins, lo travesti en la región es un fenómeno complejo que refleja relaciones de privilegio y opresión específicas de cada contexto histórico, marcando una identidad que desafía normas de género y visibiliza diversas formas de subjetividad y política.
Según Purita Pelayo, líder travesti de la organización Coccinelle, estas personas enfrentaban una dura represión policial, siendo detenidas arbitrariamente sin motivo legal, simplemente por su identidad de género. Pelayo compara esta persecución con las redadas de la Gestapo en la Alemania nazi, generando un clima de constante miedo y zozobra. Sin embargo, en medio de este contexto opresivo, comenzaron a surgir redes de solidaridad entre las travestis, quienes se apoyaban mutuamente para liberar a sus compañeras detenidas, marcando el inicio de una acción colectiva basada en la indignación y el impulso de "hacer algo".
En Ecuador, las primeras movilizaciones travestis surgieron en Quito y Guayaquil, protagonizadas principalmente por trabajadoras sexuales.
Este ambiente represivo impulsó la creación de organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos y la salud sexual, como la Sociedad Gay (SOGA) en Quito y Guayaquil, y la Fundación Ecuatoriana de Ayuda, Educación y Prevención del Sida. Sin embargo, las travestis sentían que el enfoque de estas agrupaciones no representaba plenamente sus necesidades y experiencias.
La resistencia travesti también encontró expresiones lúdicas y subversivas, como los reinados de belleza clandestinos en varias ciudades del país como Guayaquil, Quito y Cuenca. En uno de estos reinados surgió una revuelta que marcó un hito en la lucha travesti, impulsó una articulación más organizada de sus demandas y destacó su papel en la construcción de un movimiento trans en Ecuador.
Década de 1990 La violencia contra las personas trans continuó en la década de 1990. A finales de 1989, ourrió en Guayaquil el asesinato de Wendy Calle, una mujer transgénero cuya muerte despertó interés en el país al revelarse que había tenido una cirugía de reasignación de género. Además de ello, su asesinato marcó el inicio de una serie de ataques transfóbicos en los años siguientes que tuvieron como epicentro la Calle Primero de Mayo y que quedaron en la impunidad. Durante los ataques, mujeres trans eran secuestradas, golpeadas y, en algunos casos, asesinadas. Debido a que la homosexualidad continuaba siendo un delito en el país, las sobrevivientes no denunciaban los hechos ante el temor de ser arrestadas. Con el pasar de los años, la figura de Wendy Calle se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de las personas transgénero ecuatorianas.
A pesar de estos brotes de violencia, esta época también trajo consigo los primeros esfuerzos por organizarse de las identidades trans en Ecuador en torno a la visibilización y la lucha por sus derechos. La creación de Coccinelle en 1997 marcó el inicio de una nueva etapa en el activismo, con un enfoque en la despenalización de la homosexualidad y la denuncia de abusos policiales, como el violento operativo en un reinado travesti en Bar Abanicos en Cuenca, donde la policía irrumpió en el lugar deteniendo cerca de cien personas.
La ganadora del evento relata lo vivido:
Este hecho impulsó movilizaciones que culminaron con la despenalización de la homosexualidad mediante la declaración de inconstitucionalidad del artículo 516 del Código Penal. El Tribunal Constitucional exigió recolectar mil firmas con número de cédula, un reto para los colectivos homosexuales por la exposición pública que implicaba. La participación de las travestis, especialmente integrantes de Coccinelle, fue clave al movilizar a la ciudadanía para respaldar la causa. El 27 de noviembre de 1997, el Tribunal declaró inconstitucional el artículo, basándose en el controvertido argumento de que la homosexualidad era una enfermedad y no un delito. Aunque reforzó la idea de anormalidad, esta decisión marcó un hito al liberar a la comunidad de la persecución penal.
Con la despenalización, surgió un cambio en la narrativa colectiva: las personas trans pasaron de ser vistas como delincuentes a considerarse ciudadanas con derechos. Este logro sentó las bases para avances legales como la inclusión de la no discriminación por orientación sexual en la Constitución de 1998 y la creación del Plan Nacional de Derechos Humanos en 1999, que incorporó un Plan Operativo de Diversidad Sexual.
Década de 2000