thumb|240px|Vladímir Putin pronunciando un discurso en el congreso de 2011 del partido Rusia Unida. Dictadura de la manipulación (traducción al español del término inglés spin dictatorship) o también conocido como imagocracia, es un concepto acuñado por Serguéi Guríev y Daniel Treisman para definir a las «nuevas dictaduras» surgidas a finales del y que en lo que va de se han convertido en el tipo dominante frente a las «dictaduras del miedo» (fear dictatorship), el modelo «clásico» del siglo pasado. Lo que las distingue de estas últimas es que los dictadores no recurren (con preferencia) a la coerción para mantenerse en el poder, sino que «distorsionan la información para aumentar su popularidad entre el público general y utilizan esa popularidad para consolidar el control político, a la vez que fingen ser democráticos, evitan o al menos camuflan la represión violenta e incorporan a sus países al mundo exterior». Anteriormente Guríev y Treisman habían utilizado el término autocracia de la información (informational autocracy) para referirse a este tipo de dictaduras.

El político peruano Manuel Dammert acuñó en 2001 el término «imagocracia» para referirse al estilo de gobierno de Alberto Fujimori en Perú. Según Olivier Dabène, «Fujimori es un maestro en el arte de la puesta en escena de la acción política. Durante diez años, no pasa una semana sin que inaugure una escuela o un ambulatorio en una zona montañosa alejada, vestido con el poncho tradicional de la región. Las cámaras de televisión son fieles a la cita para retransmitir esta teatralización del presidente en acción».

Aunque se puede encontrar algún antecedente en el pasado como el tirano ateniense Pisístrato o el emperador francés Napoleón III, Guríev y Treisman señalan entre los «dictadores de la manipulación» a los siguientes gobernantes: Lee Kuan Yew, que gobernó Singapur entre 1959 y 1990, al que consideran el «pionero» de estas «nuevas dictaduras» y cuyo modelo fue continuado por sus sucesores Goh Chok Tong (1990-2004), Lee Hsien Loong (2004-2024) y Lawrence Wong (desde 2024); Mahathir Mohamad (1981-2003) en Malasia y sus sucesores, Abdullah Ahmad Badawi (2003-2009) y Najib Razak (2009-2018); Nursultán Nazarbáyev (1992-2019) en Kazajistán; Hugo Chávez (1999-2013) y su sucesor Nicolás Maduro (desde 2013) en Venezuela; Recep Tayyip Erdogan (desde 2003) en Turquía; Viktor Orbán (desde 2010) en Hungría; Vladímir Putin (desde 2000) en Rusia; Rafael Correa (2007-2017) en Ecuador y Alberto Fujimori (1992-2000), otro de los pioneros junto con Lee Kuan Yew, en Perú. «Algunos de estos líderes heredaron sistemas más o menos democráticos y los convirtieron en dictaduras de la manipulación. Otros no necesitaron hacerlo», advierten Guríev y Treisman.

Más recientemente (2024) el historiador Steven Forti ha propuesto el término autocracia electoral para referirse a este tipo de dictaduras que mantienen la apariencia democrática y cuyo modelo principal sería, según Forti, la de Viktor Orbán. En su listado de gobernantes que responderían a esta definición incluye también a Nayib Bukele, presidente de El Salvador desde 2019, y a Jarosław Kaczyński, líder del PiS, partido que ha gobernado Polonia entre 2015 y 2023, aunque Kaczyński nunca ha ocupado ni el cargo de primer ministro ni el de presidente de la República. Forti también ha señalado a otros gobernantes que estarían en proceso de construir una «autocracia electoral», como Benjamín Netanyahu, especialmente a partir de sus últimos años de gobierno en Israel (está en el cargo desde 2009, excepto un breve periodo entre 2021 y 2022); Narendra Modi, primer ministro de India desde 2014; Giorgia Meloni, presidenta del consejo de ministros de Italia desde octubre de 2022; y Javier Milei, presidente de Argentina desde diciembre de 2023.

Definición thumb|Lee Kuan Yew (izquierda), spin dictator de Singapur, junto a Nursultán Nazarbáyev, spin dictator de Kazajistán, durante un encuentro oficial (fotografía tomada posiblemente en la década de 1990). Si en las «dictaduras del miedo» (fear dictatorship) los dictadores imponen su poder sobre la población mediante la represión violenta, la intimidación, la coerción e, incluso, mediante el terror, en las «dictaduras de la manipulación» (spin dictatorship) los dictadores se sostienen conformando la opinión pública para conseguir que la población los apruebe e incluso los apoye con entusiasmo. En lugar de denigrar la democracia o de subvertir su significado, como hacían los «dictadores del miedo», se presentan como demócratas: celebran elecciones, permiten ciertos niveles de crítica, dejan algún margen a los grupos de oposición, etc. «Los dictadores de la manipulación no son tiranos violentos de la vieja escuela que han aprendido trucos nuevos. Lo que han creado es una estrategia distinta e internamente coherente. Los elementos clave —la manipulación de los medios de comunicación, la gestión de la popularidad, la simulación de la democracia, la limitación de la violencia pública y la apertura al mundo— se complementan para producir un modelo de gobernanza no libre que se está propagando», aseguran Guríev y Treisman.

En el cuadro siguiente se exponen las diferencias entre los dos tipos de dictaduras, según Guríev y Treisman: Dictaduras del miedo (fear dictatorship) Dictaduras de la manipulación (spin dictatorship)Gobierno a través del miedo Gobierno a través de la manipulaciónMucha represión violenta; muchos asesinatos y presos políticosPoca represión violenta; pocos asesinatos y presos políticosViolencia publicitada para disuadir a los demásViolencia ocultada para mantener la imagen de liderazgos ilustrado Censura generalizadaSe permiten algunos medios de comunicación opositoresCensura pública; quema de libros; prohibiciones oficiales Censura encubierta; captación de medios de comunicación privados cuando es posible. La ideología oficial a veces se imponeNo hay ideología oficialPropaganda agresiva combinada con rituales de lealtadPropaganda más sutil para fomentar la imagen de líder competenteRidiculización de la democracia liberalSimulacro de democraciaLos flujos internacionales de personas e información se suelen restringirNormalmente abiertas a los flujos internacionales de personas e información thumb|El presidente de Venezuela Hugo Chávez (izquierda) junto a Rafael Correa (derecha), presidente de Ecuador, en un encuentro oficial de 2011. En segundo plano Nicolás Maduro, sucesor de Chávez. Para mantenerse en el poder los «dictadores de la manipulación» siguen cinco reglas fundamentales, según Guríev y Treisman: ser popular (controlando, con discreción, los medios de comunicación y recurriendo a métodos sutiles de propaganda, cercanos a las técnicas publicitarias), utilizar su popularidad para consolidar el poder (promoviendo cambios constitucionales, nombrando personas leales en los tribunales y organismos reguladores, recurriendo al gerrymandering, etc.), fingir ser democrático (celebrando elecciones periódicamente, que siempre ganan), abrirse al mundo (encontrando la manera de beneficiarse de los flujos de personas, capital y datos procedentes del exterior y buscando el apoyo de grupos políticos y financieros extranjeros potencialmente favorables a ellos) y evitar la represión violenta, o al menos ocultarla o camuflarla cuando se recurre a ella (por ejemplo, aportando pruebas falsas que lleven a la condena y encarcelamiento de sus opositores por delitos comunes, como fraude o evasión fiscal).

«La esencia de la dictadura de la manipulación es ocultar la autocracia dentro de instituciones formalmente democráticas. Los autoritarios modernos manipulan las elecciones, desactivan los controles y equilibrios, reescriben las constituciones y llenan los tribunales de personas leales. [...] Evitan la democracia fingiéndola», concluyen Guríev y Treisman.

Elementos de las dictaduras de las manipulación

Represión thumb|El líder opositor ruso Alekséi Navalni en un mitin en las elecciones a la alcaldía de Moscú de 2013. Nada más volver a Rusia en enero de 2021, tras recuperarse en Alemania de un envenenamiento, fue detenido, juzgado y condenado a 19 años de prisión por diversos delitos no políticos. Murió en la cárcel el 16 de febrero de 2024, en circunstancias no aclaradas. Mientras que las «dictaduras del miedo» en su mayoría recurren a la represión violenta para acabar con la oposición, alcanzando en ocasiones unos niveles brutales —a Stalin y Mao Zedong se les atribuyen millones de muertos—, las «dictaduras de la manipulación» disfrazan la represión: arrestan a los disidentes por delitos no políticos —fraude, malversación, negligencia profesional, blanqueo de dinero, delitos sexuales, etc.—; los detienen repetidas veces durante poco tiempo para intimidarlos; los arruinan con pleitos por difamación o mediante multas por incumplir determinadas normativas; los someten a investigaciones que conllevan el bloqueo de sus cuentas bancarias; les dificultan o les cortan las fuentes de financiación de sus organizaciones y restringen sus actividades públicas; los acusan de ser «agentes extranjeros», y los encarcelan por traición, o de cometer «violencia contra los agentes del Estado» durante las concentraciones o manifestaciones que convocan, o directamente de ser «terroristas»; los calumnian, los amenazan y los insultan en las redes sociales —incorporando las viejas técnicas intimidatorias que ya utilizaban el KGB o la Stasi— o hackean sus ordenadores; etc. Y cuando tienen que recurrir a la represión violenta ocultan los vínculos con el Estado subcontratando a agentes o a organizaciones —como los titushki en Ucrania— con los que no se les pueda relacionar (una estrategia ya utilizada por algunos dictadores latinoamericanos que recurrían a paramilitares y escuadrones de la muerte para que se deshicieran de los opositores).

Propaganda

Mientras que los «dictadores del miedo» recurren a la propaganda con un estilo sencillo y directo para disciplinar y adoctrinar a sus poblaciones en las creencias y valores sociales de la ideología oficial —como el marxismo-leninismo en las dictaduras comunistas—, y que frecuentemente deriva en el culto a la personalidad del dictador —por ejemplo, Ceausescu era «el Gigante de los Cárpatos»—, los «dictadores de la manipulación» utilizan la propaganda de forma mucho más elaborada y sofisticada, recurriendo a las técnicas de la publicidad —«venden» su régimen y su gestión como lo haría cualquier empresa o marca comercial—. thumb|left||Retratos de Hugo Chávez, Simón Bolívar y Nicolás Maduro.