miniaturadeimagen|Elgar hacia 1905. La Sinfonía n.º 1 en la bemol mayor, Op. 55 fue compuesta por Edward Elgar entre 1907 y 1908. La obra está dedicada a Hans Richter, que además fue el director de orquesta en el estreno. Se trata de la primera de las dos sinfonías completas del maestro inglés.

Historia

Contexto Unos diez años antes de crear su primera sinfonía, a Elgar le seducía la idea de escribir una sinfonía para homenajear al general Charles George Gordon, al igual que la Sinfonía Eroica de Beethoven estaba destinada a rendir tributo a Napoleón Bonaparte. En 1899 envió una carta a su amigo August Jaeger (el «Nimrod» de las Variaciones Enigma) en la que le decía: «Ahora en cuanto a Gordon: la cosa me posee, pero no puedo escribirla todavía». Tras completar su oratorio The Kingdom en 1906, Elgar tuvo un breve periodo de inactividad. Después de cumplir 50 años, retomó las composiciones de su infancia, a las que dio nueva forma en las suites The Wand of Youth (La varita de la juventud) en el verano de 1907.

Composición La composición de la obra se desarrolló entre 1907 y 1908. Comenzó a trabajar en una sinfonía y cuando se fue a pasar el invierno en Roma prosiguió con ella, hasta terminar el primer movimiento. A su regreso a Inglaterra, trabajó en el resto de la sinfonía durante el verano de 1908. El maestro había abandonado la idea de una sinfonía "Gordon", para decantarse por una obra no programática en absoluto. Había pasado a considerar la música abstracta como la cúspide de la composición orquestal. En 1905 dio una conferencia sobre la Sinfonía n.º 3 de Brahms, en la que afirmó que cuando la música era una mera descripción de otra cosa estaba conduciendo un gran arte algo más lejos de lo que a él le interesaba. Pensaba que la música, como arte sencillo, alcanzaba su máximo esplendor cuando era simple, sin descripciones, como en el caso de la sinfonía de Brahms."Brahms's Third Symphony – Sir E. Elgar's Analysis, The Manchester Guardian, 9 November 1905, p. 8 La primera página del manuscrito lleva el título: "Symphony for Full Orchestra, Op. 55" (Sinfonía para orquesta completa, Op. 55).

La dedicatoria que figura en la partitura es "To Hans Richter, Mus. Doc. true artist and true friend" (A Hans Richter, Mus. Doc. verdadero artista y verdadero amigo).

Estreno, primeras interpretaciones y publicación miniaturadeimagen|Hans Richter, dedicatario de la pieza y director del estreno. El estreno se celebró el 3 de diciembre de 1908 en el Free Trade Hall de Mánchester con la interpretación de la Orquesta Hallé bajo la batuta de Hans Richter.

La primera interpretación en Londres tuvo lugar cuatro días después, en el Queen's Hall, con la Orquesta Sinfónica de Londres también dirigida por Richter. En el primer ensayo para el concierto de Londres, Richter se dirigió a la orquesta: «Caballeros, ensayemos ahora la mayor sinfonía de los tiempos modernos, escrita por el mayor compositor moderno, y no sólo de este país». William Henry Reed, que tocaba en la LSO en aquel concierto, recordaba: «Al llegar al Adagio, [Richter] habló casi con el sonido de las lágrimas en su voz y dijo: “¡Ah! este es un Adagio de verdad - un Adagio como el que Beethoven habría escrito”».

En poco más de un año hubo un centenar de representaciones en todo el mundo. Pocas semanas después del estreno, la sinfonía se interpretó en Nueva York con Walter Damrosch, en Viena con Ferdinand Löwe, en San Petersburgo con Aleksandr Ziloti y en Leipzig con Arthur Nikisch. También se interpretó en Chicago, Boston, Toronto y 15 ciudades británicas. En febrero de 1909 la Orquesta Filarmónica de Nueva York había ofrecido otras dos representaciones en el Carnegie Hall y había llevado la obra a «algunas de las mayores ciudades del interior... Es dudoso que alguna obra sinfónica haya despertado tanto interés desde la Patética de Chaikovski»."Opera in New York – Our Own Correspondent", The Observer, 14 febrero 1909, p. 5. En el mismo periodo, la obra se presentó seis veces en Londres, bajo la batuta de Richter, de Henry Wood y del propio compositor.

La primera edición de la pieza fue llevada a cabo en 1908 por la editorial Novello en Londres.

Instrumentación miniaturadeimagen|Primera página de la partitura. La partitura está escrita para una orquesta formada por: Viento madera: 3 flautas (la tercera doblando al flautín), 2 oboes, 1 corno inglés, 2 clarinetes en la y si bemol, 1 clarinete bajo en la y si bemol, 2 fagotes, 1 contrafagot. Viento metal: 4 trompas en fa, 2 trompetas en si bemol, 3 trombones, 1 tuba. Percusión: timbales, bombo, caja, platillos. Cuerda: 2 arpas y una sección de cuerdas con violines I y II, violas, violonchelos y contrabajos.

Estructura y análisis La sinfonía consta de cuatro movimientos: I. Andante. Nobilmente e semplice – Allegro, en la bemol mayor II. Allegro molto, en la mayor III. Adagio, en si menor IV. Lento – Allegro, en fa mayor

La interpretación de esta obra dura aproximadamente entre 45 y 55 minutos. Es una obra profundamente personal y en cierto modo enigmática. Al compositor Walford Davies le escribió: «No hay ningún programa más allá de una amplia experiencia de la vida humana con una gran caridad (amor) y una enorme esperanza en el futuro» y que debía ser interpretada «elástica y místicamente». Al crítico musical Ernest Newman le escribió que la nueva sinfonía no tenía nada que ver con Gordon. Aunque no es una pieza programática, la música permite vislumbrar el mundo privado de recuerdos, sentimientos y lugares de Elgar, ya que cada nota es característica de su creador.

I. Andante. Nobilmente e semplice – Allegro El primer movimiento, Andante. Nobilmente e semplice – Allegro, está escrito en la tonalidad de la bemol mayor y en compás de 4/4. Estructuralmente sigue la forma sonata tradicional, con dos temas principales, un desarrollo y una recapitulación. Elgar emplea su indicación preferida de "nobilmente" (noblemente), esta vez acompañada por "e semplice" (y sencillo). Se abre con una solemne melodía de marcha con algo de la naturaleza ceremonial del estilo imperial del maestro inglés. La tonalidad elegida resulta insólita para una sinfonía. Esto conduce a una serie de motivos temáticos, entre los que se encuentra un breve tema recurrente que se retoma en varias ocasiones y de diversas maneras a lo largo de toda la sinfonía. Este tema recurrente hace que la sinfonía adopte una forma cíclica debido a que regresará en el Finale para una declaración grandiosa tras varias transformaciones a lo largo de la obra. Algunas de las ideas son poco más que fragmentos que, a medida que se desarrolla la obra, pasarán por una serie de transformaciones, variaciones y evocaciones pasajeras. Un episodio apacible presentado por los violines es repetido por las maderas, tras lo cual el movimiento adquiere un carácter cada vez más agitado. La melodía de marcha de la primera sección resurge en lo que parece una recapitulación convencional. Pero aquí se prolonga en una mágica meditación sobre temas precedentes con una brillante escritura para violines, violas y arpas que se extiende gradualmente por toda la orquesta hasta que el tema recurrente vuelve a sonar triunfante en las trompas y trompetas. Se cierra en calma, en "un efecto de mágica quietud".

Elgar en una carta a Ernest Newman fechada el 4 de noviembre de 1908 escribió: «el tema de apertura pretende ser sencillo y, en intención, noble y elevador... el tipo de llamada ideal -en el sentido de persuasión, no de coacción u orden- y algo por encima de las cosas cotidianas y sórdidas». El musicólogo Michael Kennedy escribe: «No se puede decir que sea un lema, pero es una idée fixe, y tras su primera declaración tranquila, la orquesta al completo la repite en fortissimo. Regresa con suavidad a las maderas y las violas y cambia bruscamente a re menor, una extraordinaria elección de tonalidad para el primer allegro de una sinfonía en la bemol mayor». Para el director de orquesta Adrian Boult, el choque de tonalidades se debió a que alguien apostó con el maestro inglés a que no podía componer una sinfonía en dos tonalidades a la vez. Reed especula que la elección de re menor por parte del compositor era un gesto que iba contra las normas académicas. También se ha especulado con que el contraste pretendía representar las dos caras de la personalidad de Elgar: por un lado, el exitoso y popular "bardo del imperio" se escucha en el noble motivo inicial, en contraposición a las preocupaciones internas que le atormentaban sin cesar.Johnson, Stephen (2002). Notas al CD LSO Live LSO0017.

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II. Allegro molto El segundo movimiento, Allegro molto, está en la mayor y en compás de 1/2. Es un movimiento enérgico, aunque Elgar no lo denominó Scherzo. Cuando el compositor dirigía esta obra, solicitaba a la orquesta que la tocara "como algo que se oye junto al río". Reed lo califica de "vivaz". Kennedy, entre otros, lo han encontrado inquieto e incluso siniestro en algunos pasajes. Arranca con la típica fanfarronería elgariana, seguida de una sección más sosegada orquestada con una maravillosa ligereza y soltura. Una sección central, en si bemol mayor, se encuentra en la estela de La varita de la juventud de Elgar. A medida que se acerca a la conclusión se ralentiza. Ráfagas de melodía crean una atmósfera encantadora, pero empiezan a producirse cambios misteriosos que anuncian el calmado movimiento siguiente.

A pesar de sus tempi contrastantes y tonalidades diferentes, el primer tema de este Allegro se transforma en el tema principal del Adagio siguiente, salvo el compás 7 del movimiento lento, en el que se omite la nota la superior y la forma se ve ligeramente modificada. Según Reed, «alguien tuvo una vez la temeridad de preguntar a Elgar qué versión, el allegro o el adagio, fue escrita primero; pero la pregunta no fue muy bien recibida y no se siguió con el tema.»

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III. Adagio El tercer movimiento, Adagio, está en si menor y en compás de 4/8. Marcado como Espressivo e dolce. El director del estreno y dedicatario de la pieza, Hans Richter, lo llamó «un Adagio como el que Beethoven podría haber escrito». Para Kennedy, el Adagio es «único entre los movimientos lentos de Elgar por la ausencia de ese anhelo angustioso que suele encontrarse en sus pasajes más apacibles. Aquí no hay angustia, sino una tranquilidad benefactora...». Según Roy Brewer, es quizá el más hermoso de todos los movimientos lentos de Elgar, un ensueño pastoral mantenido que evoca la campiña de Herefordshire que el compositor conocía y amaba. El segundo tema sigue en esa línea serena, y termina con lo que Reed llama «el asombroso efecto de los trombones con sordina en los últimos cinco compases... como una voz de otro mundo».

IV. Lento – Allegro