Los encierros de Pamplona son una celebración taurina, quizá la más popular y conocida a nivel mundial, de las Fiestas de San Fermín de Pamplona (Navarra, España). En rigor, es un desencajonamiento taurino, es decir, la acción de desembarcar toros de lidia en la plaza de toros, que en el caso de la capital navarra se celebra en dos tiempos (la víspera, llamado «encierrillo», y la madrugada del día de feria, el encierro propiamente). Dicho de otra manera, es «la perpetuación como espectáculo de una actividad cotidiana, el traslado a pie de las reses desde ganaderías a corrales de los extrarradios y, desde allí, al interior de las ciudades.»

La celebración de este acto nuclear de las fiestas está regulada por una ordenanza municipal del Ayuntamiento de Pamplona que todo vecino y visitante está obligado a conocer y respetar y a la cual acompaña «un régimen jurídico de infracciones y sanciones derivadas del incumplimiento de esas disposiciones». miniaturadeimagen|El encierro por la Calle Estafeta (Pamplona). Típica estampa con la manada taurina (toros y cabestros) rodeada de participantes (llamados popularmente mozos o mozas): «Por la Estafeta corre el encierro, enfilando el callejón, mira que el toro viene ligero y te engancha el pantalón. ¡Mozo corre más que te va a coger el toro! ¡Mozo corre más que si no, te pillará!» (una actualización generalista del himno de la Peña Los de Bronce, que sustituye "mozo" por "Bronce").|400x400px

Evolución del concepto de encierro Es importante dejar claro qué se entiende por esta acción taurina: «Un encierro es la conducción de reses bravas a una plaza de toros, donde serán lidiadas y estoqueadas». En tauromaquia, el hecho de encerrar a los toros de lidia en los corrales de una plaza es una maniobra de desencajonamiento de los astados para colocarlos en el corral apropiado previo a la celebración de una corrida constituyendo la última etapa del traslado de las reses desde su punto de procedencia.

Inicialmente, durante este último traslado hasta el coso taurino, el mayoral responsable, a caballo, abría la marcha acompañado de un cabestro en cabeza seguido de la manada de toros arropados por otros cabestros en los laterales junto a pastores y vaqueros, a pie o a caballo, que portaban varas y hondas. La población, en algún momento indeterminado, se unía a modo de acompañamiento, e incluso caballeros con garrochas de derribo de forma voluntaria. El hecho de que en algunas localidades se pregonara con las fiestas «mesura por parte de los habitantes en evitación de desgracias, muertes y "aporreamientos"» lleva a considerar que esta costumbre se hiciera tradicional y al atravesar las puertas de la ciudad, «se forzaba entonces la carrera al máximo». En aras a evitar la dispersión de la manada, se cerraban bocacalles y se vallaban espacios amplios desde los cuales los vecinos «hostigaban a la reses gritando», pinchándoles, etc. Con el tiempo esta agresividad se fue mesurando para evitar que llegara «el ganado estropeado a consecuencia del encierro.» miniaturadeimagen|340x340px|Detalle del Plano de Pamplona de 1882, elaborado por Dionisio Casañal y Zapatero donde se muestra la ubicación de la plaza de toros vieja (abajo, a la derecha), y el Portal de San Nicolás (más abajo y más a la izquierda de la plaza).

Historia del encierro miniaturadeimagen|Corrida en la antigua plaza de toros. Foto de Julio Altadill.|250x250px El traslado de toros desde las dehesas de crianzas ha sido históricamente una cuestión bastante documentada. Igualmente en Pamplona, y Navarra, gracias a la documentación conservada en sus archivos (en especial el Archivo Real y General de Navarra y el Archivo Municipal de Pamplona), se tienen noticias desde el de celebraciones taurinas donde «sus ediles no se doblegaban ante circunstancias prohibitivas, e, impávidos, arrostraban embargos y sanciones por oponerse a lo ordenado por las autoridades estatales.»

En el ya se registran celebraciones taurinas en Pamplona en «tierra de nadie», en espacios situados entre los tres núcleos de población (la Ciudad de la Navarrería, el Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás) que, a partir del se definirán como Plaza Consistorial, Plaza del Castillo y arranque de la Avenida Carlos III, que conoció previamente un coso taurino permanente.

Aunque pudiera ser anterior, las primeras referencias fiables de la celebración de encierros se sitúan a principios del cuando «la manada entraba al galope arropada por los cabestros» acompañados por caballistas con garrochas y varas hasta que en 1738 se prohibió el uso de estas herramientas «y los casos de colaboraciones "espotáneas" pasarían a ser sólo a cuerpo gentil.»

Plazas de toros en Pamplona Es importante conocer el dato de las distintas plazas de toros habidas en Pamplona que han condicionado el trazado seguido, en esencia, en este traslado de ganado bovino desde las afueras de la ciudad hacia el interior de la misma, más cuando ha sido, hasta finales del , una plaza fuerte cuyos puntos de acceso eran reducidos.

Siendo la plaza del Castillo también el primer coso taurino conocido, lo más lógico es que el acceso a la antigua ciudad hubiera sido por el portal de San Nicolás, situado en la actual avenida de San Ignacio, muy cerca de la basílica homónima. Sin embargo, «la disposición arquitectónica de las calles adyacentes y la necesidad periódica de cierre de la Plaza del Castillo, con la construcción de estrados para la asistencia de los tres estados del Reino, condicionó el empleo del portal de Rochapea.» Por el uso y la costumbre esta «tradición había convertido en ley aquel portal y se consagró como recorrido: Portal de Rochapea, Calle de Santo Domingo, Plaza de la Fruta,Plaza de la Fruta es la antigua denominación de la actual Plaza Consistorial. Véase en Calle del Chapitel y Plaza del Castillo.» Por entonces los corrales se localizaban en el actual portal nº 37, en la aún conocida como la Casa de los Toriles (1616-1844).

Antes del era habitual que las diferentes manadas que habrían de participar en las ferias sanfermineras se apacentarán en sotos cercanos a la capital navarra como el Soto del Sario, Soto de Esquíroz o el Soto de Salinas, situados al sur de Pamplona, a orillas del río Sadar. En la época, «pastores, astados, hierbas y aguas, costaban abundantes ducados al ayuntamiento pamplonés, quien sin escatimar estipendios disponía las cosas para no malgastar tiempo y dinero» haciendo que este proceso durara escasos días.

Con la llegada del siglo decimonónico, la plaza del Castillo muestra dificultades para su uso taurino ya que, durante dos meses, quedaba cerrada al uso de los vecinos de una ciudad encerrada tras un recinto amurallado sin apenas espacios públicos. A partir de 1803, tras reiteradas solicitudes al monarca pidiendo «autorización para construir coso taurino fijo», el entonces virrey de Navarra, Pedro Agustín Girón, marqués de las Amarillas, «comunica la concesión del Real permiso en terrenos de la Taconera» pero, siendo terreno bajo jurisdicción militar, se hace inviable su construcción. Desde 1830 será habitual primero la construcción de plazas estables de madera «sobre el espacio actualmente entre la calle Estella, Sancho el Mayor y la avenida de San Ignacio» durante cuyo período, los encierros entraban por el Portal de San Nicolás y giraban a la derecha para acceder al ruedo. Esta situación duró hasta 1851. Esta primera plaza fija ocupaba cuatro robadas. El proyecto de construcción lo firmó José de Nagusía. En 1849 conoció la quinta y última feria taurina. En 1850 se instaló una plaza de toros portátil sobre el espacio actualmente ocupado por la plaza del Vínculo. Ese año los toros, tras cruzar el portal, giraban a la izquierda.

Entre mayo y julio de 1851 se demolió la plaza y para agosto de 1852 se había levantado la segunda plaza de toros fija de Pamplona sobre la base de un plano de Mariano José de Lascuráin, arquitecto de la Diputación Foral de Guipúzcoa. Se ubicaba en el mismo solar que la anterior. Posteriormente se la llamó a esta como la plaza vieja de Pamplona cuando en 1922 se levante la actual llamada la plaza nueva. Estaba ubicada al principio de la avenida Carlos III, detrás de la plaza del Castillo, entonces aún cerrada por su costado meridional. Aún, hasta 1855, se continuó entrando por el Portal de San Nicolás. Cuando se decidió cambiar el recorrido al Portal de la Rochapea se generó en la ciudad una viva polémica por el nuevo trazado del encierro entre partidarios de seguir haciéndolo desde el Portal de San Nicolás (lo cual sería unos pocos metros) o volver a hacerlo desde el Portal de la Rochapea, que finalmente prevaleció aun a costa de una oleada de protestas de vecinos afectados que solicitaban su anulación.

Sería en 1856 cuando se atravesó, por primera vez, la calle Estafeta. Así sería hasta 1860. Como la polémica del trazado seguía viva, se volvió en 1861 a usar la entrada de San Nicolás hasta que en 1867 se fijó definitivamente la entrada por la Rochapea, se abandona la calle Chapitela y se da paso a la calle Estafeta como la última recorrida por el encierro antes de llegar a la plaza de toros. miniaturadeimagen|Las ferias y el recorrido del encierro hasta la entrada de la nueva plaza de toros. Foto de José Belzunce González. Al fondo se observa el Palacio de Navarra (se observa la secuoya a la izquierda y el edificio antiguo del Archivo de Navarra) y el antiguo Teatro Gayarre antes del cambio de su ubicación, cerrando aún la cara sur de la Plaza del Castillo.|250x250pxminiaturadeimagen|373x373px|La Cuesta de Santo Domingo es uno de los tramos de la carrera, muy conocido por los cánticos al santo antes de los encierros.

Descripción del encierro En esencia, y en general, al igual que los encierros celebrados en otros lugares, consiste en la introducción de los toros procedentes de un lugar retirado (dehesas, corrales, etc.) y distante en los corrales de la plaza de toros. En el caso específico de Pamplona, desde hace décadas, se refiere al recorrido realizado en este traslado (entre 846,60 y 876,60 m)No debe resultar extraña la variabilidad del dato según las fuente ya que muchos incluyen la distancia hasta los corrales del coso taurino y otros se quedan al principio de la plaza por lo que hay una diferencia de pocos metros. Incluso la llamada Carrera del Encierro, que se celebra desde hace casi 40 años y está organizada por la Peña La Jarana, marca la distancia en 799 m. para su competición. (Véase en También en ) desde los corrales situados al inicio de la Cuesta de Santo Domingo, donde confluye con la calle Bajada del Portal Nuevo, hasta la plaza taurina, situada al inicio del Segundo Ensanche de Pamplona, tras recorrer un trazado fijado, y tradicional desde la construcción de la actual plaza (1922). Antes, en la parte final, cambiaba ligeramente su trazado ya que la anterior plaza de toros se localizaba al principio de la actual avenida Carlos III.miniaturadeimagen|Pintura al óleo de Claude Buckle que muestra los encierros de Pamplona. La instantánea muestra el momento de la entrada de la plaza de toros, al final del encierro, con toros y gente mezclada.|250x250px Trazado del encierro

Históricamente el trazado del encierro ha variado por varias razones como han sido, fundamentalmente, el lugar de origen (corrales y dehesas en los alrededores de la ciudad) y el lugar de destino (las diferentes plazas de toros con que ha contado Pamplona).