thumb|Retrato de la reina Ana de Inglaterra, grabado coloreado de un atlas encargado por Augusto el Fuerte, Duque de Sajonia, 1706-1710. thumb|Jorge I de Gran Bretaña. La Literatura augusta (en inglés: Augustan Literature)No existe un término fijo en español para traducir esta expresión. P. Tejada, en su traducción de la obra de R. Barnard Breve historia de la literatura inglesa, ed. Alianza, usa "época augusta" (pág. 105) y "período augústeo" (pág.144); F. Galván y M. Pérez Gil, en su introducción a Pamela, o la virtud recompensada, ed. Cátedra, "época augustana"; diccionarios de uso corriente como el Collin's optan por traducir "la época neoclásica"; he recurrido al único adjetivo incluido en el DRAE, si bien con otras acepciones. es un estilo de literatura inglesa que se corresponde aproximadamente con los reinados de la reina Ana, el rey Jorge I, y Jorge II. Los críticos se refieren con este nombre a la literatura desarrollada entre 1700 y 1760 (o, para algunos, hasta 1789). Es una época que vio el rápido desarrollo de la novela, una explosión de la sátira, la evolución del teatro desde la sátira política hacia el melodrama, y una evolución hacia la poesía de exploración personal. En filosofía, era una época dominada por el empirismo, mientras que los escritos de Economía política marcaron la evolución del mercantilismo en un sentido científico, el desarrollo del capitalismo, y el triunfo del comercio.

Los límites cronológicos de la época son imprecisos, principalmente porque el origen del término en la crítica del hizo de él una etiqueta para designar vagamente a toda una época de sátira. Este nuevo período augusto vio nacer escritos políticos excepcionalmente audaces en todos los géneros, con las sátiras de la época marcadas por una pose irónica, llena de matices, y un aire superficial de digna calma que escondía por debajo agudas críticas.

Crecieron la alfabetización y la población, en particular la de Londres, por lo que la literatura se difundió por todo el reino. Los autores gradualmente crearon una literatura que iba en direcciones propias, más que seguir las convenciones monolíticas previas y, a través de esto, lentamente comenzaron a respetar y recrear varias composiciones folclóricas. Bajo la apariencia de una serie de estilos de escritura plácidos y altamente regulados, se iniciaron en esta época tendencias desarrolladas ampliamente en la posterior época romántica — mientras política, filosófica y literariamente, la conciencia moderna comenzaba a nacer de entre las nociones feudales y cortesanas de épocas pasadas.

¿Ilustración? El contexto histórico thumb|Jorge II de Gran Bretaña. El término "augusto" o "augustano" proviene de Jorge I y su deseo de verse como un nuevo César Augusto, pues su nombre era Jorge Augusto. Alexander Pope, imitando a Horacio, escribió una Epistle to Augustus (Epístola a Augusto) dirigida a Jorge II y aparentemente reforzaba la idea de esta época como semejante a la de Augusto, cuando la poesía se hizo más amanerada, política y satírica que en la época de Julio César. Más adelante, Voltaire y Oliver Goldsmith (en su Historia de la literatura (History of Literature) de 1764) usó el término "Augusto (Augustan)" para referirse a la literatura de los años 1720 y 1730. Fuera de la poesía, sin embargo, la época augusta es conocida generalmente con otros nombres. Dos etiquetas imprecisas han sido aplicadas a esta época: la era del Neoclasicismo y la Edad de la Razón. Ambos términos tienen cierta utilidad, pero ambos también oscurecen la cuestión. Aunque la crítica neoclásica en Francia fue importada a las letras inglesas, para la década de 1720, el inglés había abandonado sus restricciones en todo salvo el nombre. Y en cuanto a si se trataba o no de una época de "Ilustración", el crítico Donald Greene escribió vigorosamente en contra, argumentando persuasivo que debería llamarse "La época de la exuberancia," mientras que T. H. White defendió "La época del escándalo." Más recientemente, Roy Porter argumentó de nuevo que el desarrollo de la ciencia dominó todo el resto de las áreas del conocimiento, lo que hizo de estos tiempos una época inconfundiblemente de Ilustración (Porter 2000).

Uno de los hechos más trascendentales del fue la creciente disponibilidad de material impreso, tanto para los lectores como para los autores. Los libros bajaron de precio radicalmente, y se vendían libros usados en la Feria de San Bartolomé y otras ferias. Además, un enérgico comercio de "chapbooks" (pequeños libros que contenían baladas, poemas, cuentos o tratados) y periódicos de gran formato llevaron la información y las tendencias londinenses hasta los rincones más alejados del reino. Por lo tanto, no solo la gente de York conocía los eventos del Parlamento y la corte, sino que la gente de Londres era más consciente de lo que ocurría en York. Más aún, en esta época anterior a los derechos de copyright, eran frecuentes las ediciones piratas, especialmente en las áreas sin contacto frecuente con Londres; estas ediciones piratas animaron a los libreros a aumentar sus envíos a centros periféricos como Dublín, lo que incrementó, de nuevo, el conocimiento a través del reino entero.

Todos los tipos de literatura se esparcieron rápidamente por todas partes. No solo comenzó a haber periódicos, sino que se multiplicaron y se hicieron extremadamente populares. Más aún, los periódicos se comprometieron inmediatamente, pues las facciones políticas crearon sus propios periódicos, filtraban historias y sobornaron a los periodistas. Los clérigos más destacados hacían imprimir sus sermones, y eran libros superventas. Puesto que las obras religiosas de los disidentes, de los establecidos y de los independientes estaban impresas, el movimiento constante de estas obras ayudó a disminuir la homogeneidad religiosa y alimentó la creciente tolerancia religiosa. El arte de escribir ensayos estaba casi en su punto culminante. Las reuniones de la Royal Society se publicaban con regularidad, y estos eventos se trataban y explicaban o aplaudían en la prensa más popular. Los últimos libros de los estudiosos tenían "claves", "índices" y "resúmenes" hechos a partir de ellos que pudieran popularizar, resumir y explicarlos a un público amplio. Los índices de referencias cruzadas, hoy en día habituales, eran una novedad en el , y varias personas crearon índices para libros antiguos de aprendizaje, de manera que cualquiera podía encontrar rápidamente lo que un autor había dicho sobre un tema determinado. Se multiplicaron los libros de etiqueta, de correspondencia, y de instrucción moral e higiene. La economía comenzó como una disciplina seria, pero lo hizo en forma de numerosos "proyectos" para resolver los males de Inglaterra (y de Irlanda, y de Escocia). Las colecciones de sermones, disertaciones sobre controversias religiosas, y profecías, tanto nuevas como viejas y explicadas, crecieron en su infinita variedad. Para resumir, los lectores del estaban abrumados por las voces que competían entre sí. Lo verdadero y lo falso estaban juntos en las estanterías, y cualquiera podía ser un autor publicado, lo mismo que cualquiera podía pretender pasar por erudito usando índices y resúmenes.

El lado positivo de la explosión de información fue que el resultó marcadamente más educado que los siglos precedentes. La educación quedó menos reservada para las clases superiores que en siglos anteriores, y en consecuencia las contribuciones a la ciencia, la filosofía, la economía y la literatura llegaron desde todas las partes del nuevo Reino Unido. Por primera vez, todo lo que una persona necesitaba para estar educada era la alfabetización y una biblioteca. Era una época de "ilustración" en el sentido de que la insistencia y el impulso por encontrar explicaciones razonables de la naturaleza y la humanidad se convirtió en una obsesión; y una "edad de la razón" en el sentido de que era una época que consideraba los métodos claros y racionales superiores a la tradición. Sin embargo, esta instrucción tenía también un lado oscuro, que los autores dieciochescos sintieron constantemente, y es que el absurdo y la locura lograban más adeptos que nunca. Los charlatanes y timadores engañaban más, lo mismo que los sabios educaban más, y los Apocalipsis fascinantes y espeluznantes compitieron en las estanterías con la sobria filosofía. Lo mismo que ocurre con Internet en el , la democratización de la publicación significó que los viejos sistemas para determinar el valor y uniformidad del punto de vista estaban confusos. Así, era cada vez más difícil confiar en los libros en el , pues estos eran cada vez más fáciles de hacer y comprar.

Contexto histórico, político y religioso thumb|Una reina Ana «malhumoradamente estúpida». El período de la Restauración finalizó con la crisis de la exclusión y la Revolución Gloriosa, en la que el Parlamento creó una nueva regla para la sucesión al trono británico que siempre favorecería al Protestantismo por encima de la proximidad familiar. Esto llevó al trono a Guillermo y María como sucesores de Jacobo II, y se codificó en el Acta de Establecimiento (1701). Jacobo marchó a Francia desde donde su hijo Jacobo Francisco Estuardo lanzó un intento de recuperar el trono en 1715. Otro intento fue llevado a cabo por el hijo de este último, Carlos Eduardo Estuardo en 1745. Estos intentos de invasión se solían denominar abreviadamente como "el 15" y "el 45". Cuando Guillermo murió, Ana Estuardo lo sucedió en el trono. La estupidez de la reina Ana era proverbial: Thomas Babbington Macaulay diría de ella que "cuando estaba de buen humor, [ella] era mansamente estúpida y, cuando estaba de mal humor, malhumoradamente estúpida." El reinado de Ana vio librarse dos guerras, con grandes triunfos por parte de John Churchill, el Duque de Marlborough. La esposa de Marlborough, Sarah Churchill, era la mejor amiga de Ana, y muchos suponían que controlaba secretamente a la reina en todos los aspectos. Con un gobernante débil y la creencia de que el verdadero poder estaba en manos de los ministros destacados, las dos facciones políticas intensificaron su oposición mutua: los whigs y los tories se lanzaron los unos directamente a por los otros. Esta debilidad del trono hizo que se incrementaran rápidamente los poderes del partido que mandara en el Parlamento y llevó al establecimiento, de facto, de un primer ministro (aunque aún no se usara ese término) en la persona de Robert Walpole. Cuando Ana murió sin descendencia, la sucedió en el trono Jorge I, Elector de Hanóver. Jorge I nunca se preocupó por aprender inglés, y su aislamiento respecto al pueblo inglés fue decisivo para mantener el carácter irrelevante de su poder. Su hijo, Jorge II, por su parte, hablaba algo de inglés y aún mejor francés, y el suyo fue el primer reinado plenamente hanoveriano en Inglaterra. Para entonces, los poderes del Parlamento se habían ampliado silenciosamente, con lo que el poder de Jorge II quizás solo pudo igualar al del Parlamento.