La inmigración árabe a la República Dominicana comenzó a finales del , principalmente desde el Líbano, Siria, Palestina y en menor medida, Egipto. Los inmigrantes árabes, anteriormente conocidos como "Los turquitos" por la mayoría de la población dominicana, llegaron al país huyendo de las precarias condiciones económicas, la represión política y la persecución religiosa en sus países de origen.

A pesar de que se tiene registros de personas de tales etnias en suelo dominicano previo a las distintas oleadas de inmigración árabe que hubo, se sabe que la primera se produjo entre los 1880 y 1900, concretándose principalmente en las provincias fronterizas con Haití. Los inmigrantes se dedicaron a la agricultura, el comercio y la ganadería. La segunda oleada, entre los 1900 y 1930, fue mucho más numerosa y se dispersó por todo el territorio nacional. Los árabes se establecieron en ciudades como Santo Domingo, Santiago, La Romana y Barahona, donde se destacaron en el comercio, la industria y las profesiones liberales.

La comunidad árabe ha tenido un impacto significativo en la sociedad dominicana. Sus aportes abarcan la economía, la cultura, la política, la ganadería y el entretenimiento. Los árabes han contribuido al desarrollo del comercio, la industria y la agricultura dominicana. También han enriquecido su cultura a través de la gastronomía, música, bailes y tradiciones. Durante inicios del , se estimo que había más de 500,000 personas de ascendencia árabe en la República Dominicana, lo que la convierte en una de las comunidades árabes más grandes de América Latina.

Origen

Crisis en el medio oriente

miniaturadeimagen|287x287px|Imperio otomano en su máxima extensión El marcó un período de declive para el "todo poderoso Imperio Otomano". Diversos factores, tanto internos como externos, convergieron para debilitarlo. En el ámbito interno, la mala gestión, la corrupción y la competencia con las potencias europeas provocaron una crisis económica la cual representaría una terrible imagen internacional hacia la visualización de lo que antes sería considerado como uno de los organismos políticos más poderosos de su época. La inestabilidad política, con un sultán débil y constantes revueltas y guerras, agravó aun más la situación. La discriminación religiosa tampoco paso por el olvido, puesto que existía una fuerte represión social y maltrato hacia las minorías cristianas y judías, en manos de los musulmanes, quienes eran los que poseían mayor poder e influencia. El surgimiento de movimientos nacionalistas en las diferentes regiones del imperio también ayudó a desestabilizar el control central. En el ámbito externo, las potencias europeas, como el Reino Unido, Francia y Rusia, expandieron sus territorios a expensas del Imperio Otomano. Las guerras contra las potencias le significaron grandes pérdidas territoriales y económicas. La constante intervención extranjera en sus asuntos internos debilitó aún más su soberanía. Las consecuencias del declive fueron devastadoras, y gracias a esto perdieron gran parte de sus territorios en Europa y África. Su ejército se volvió cada vez más débil comparado con los ejércitos europeos, convirtiéndose así en dependientes de estos en factores económicos y financieros. Finalmente, término desintegrándose en 1922, tras la Primera Guerra Mundial.

Durante ese lapsus de tiempo, y debido a todos los efectos de su declive anteriormente descritos, ocurre el gran movimiento migratorio hacia otras naciones del globo. Por causas evidentes relacionadas con los contratiempos de no poder encontrar lugares cercanos con las calidades de vida apropiadas, optaron por moverse hacia otros continentes. Uno de los más beneficiados con respecto a su llegada, siendo las Américas. De los territorios enumerados como los más influenciados por tal acontecimiento, la inmensa mayoría estarían ubicados en Latinoamérica y varias partes del Caribe. A su vez esto provocó que se forjaran nuevas generaciones de americanos identificados primordialmente con la tierra donde nacieron, más allá de su ascendencia bastante marcada del medio oriente. Entre los países con más número de habitantes de origen árabe, figuran México, Argentina, Ecuador, Brasil, entre muchos otros, conformando así una gran familia extendida por toda América.

Primera oleada izquierda|miniaturadeimagen|257x257px|Muelle de Puerto Plata, 1910 Durante la segunda mitad del , una primera oleada comenzó arribar a las costas de Puerto Plata, lugar de partida donde posteriormente se irían desplazando hacia otras partes del país. Aprovechando la gran cantidad de botes que partían desde muchos puertos del mediterráneo oriental, principalmente de los puertos de Beirut y Tiro más los sobornos hacia las autoridades turcas, fueron capases de embarcar hacia nuevos destinos por una vida mejor. Sin embargo, su llegada hacia diversas zonas de las Antillas no se desembocó precisamente por su conocimiento o interés de esa región en particular, si no más bien por el traslado forzoso en el que inicialmente se vieron envueltos tras los contratiempos presentados al pisar pie en lo que creían que sería su destino definitivo. Para la época, los Estados Unidos eran conocidos informalmente por muchas personas originarias del Viejo Mundo como "América", por lo que la única referencia que tenían aquellos de Asia al decirles ese nombre no estaba relacionado con todo el continente si no a un solo país. Al muchos no cumplir los requerimientos estrictos implantados por las políticas estadounidenses con respecto a la inmigración, sobre todo en contra de la población no-blanca, más las exigencias de sanidad, marcaron varios destinos tanto cercanos como lejanos los cuales elegir como segunda opción. A pesar de que la mayor parte de árabes se quedaron, muchos otros optaron por abandonar lo más rápido posible debido a no visualizar lo que estaban esperando exactamente. En cuanto a los que optaron por permanecer, enfrentaron las precarias situaciones en las que veían relacionados debido a su pobre extracto social. La mayor parte de los árabes que llegaban suelo dominicano, provenían de poblaciones rurales, tratándose de campesinos sin ningún tipo de capital cultural para destacarse en actividades profesionales algunas. Sin embargo, inicialmente se dedicaron a actividades comerciales y no a la agricultura, conocían de la dureza del trabajo del campo, de la mala remuneración y de la poca expectativa de ascenso social que proyectaba. En el , aún hay una cantidad considerablemente grande de habitantes que se les refiere como "turcos" o "turquitos" debido a que los pasaportes o salvoconductos que utilizaban para viajar eran de Turquía, consecuencia a su vez de que el Imperio Otomano (turcos) ocupaba todas esas zonas.Esta migración estuvo marcada por jóvenes hijos de agricultores pobres, la gran mayoría, haciendo el viaje apoyándose en pequeños ahorros y con base en préstamos que apenas cubrían los gastos del largo viaje. Según el escritor Orlando Inoa, autor del libro "Azúcar: árabes, cocolos y haitianos":"El nivel de pobreza que exhibían estos inmigrantes era tal, que fueron desalojados por inspectores de sanidad, debido al hacinamiento en que vivían en San Pedro de Macorís" miniaturadeimagen|185x185px|Ulises Heureaux Además del comercio ambulante, se movilizaban por las zonas donde operaban los ingenios azucareros y por zonas rurales. Su llegada también coincidió con el proceso de desarrollo y modernización que vivía la república. Para entonces el presidente a cargo, Ulises Heureaux(Lilís), comenzaba la construcción del primer ferrocarril en suelo dominicano, el alumbrado eléctrico y el cable submarino. En adición, seguía en apogeo la industria azucarera, la cual había iniciado previo al ascenso de Lilís. Los libaneses, Sirios y Palestinos que se asentaban en territorio dominicano, arrastraban contratiempos con el comercio local. El sistema de comercio de buhoneros, promovido en su mayoría por extranjeros, generaba muchas diferencias con los comerciantes locales.Además de la innovadora manera de comercializar sus mercancías puerta a puerta, también fueron los responsables en introducir el concepto "fiao" o "fiado" en dominicana. Su presencia iría creciendo con el tiempo, sobre todo teniendo la mayor relevancia en la provincia de Santiago.

Segunda oleada Otro grupo de árabes llegó a dominicana en 1911, procedentes de Haití.  Entre este grupo se encontraban los Dumit (Badui Dumit) y los Fadul y los Ramia, todos originarios de Mezziara en el Líbano. También vinieron entonces los Antonio, los Howley, los Jaar y tal vez los Hasbún, entre muchos otros. Tal migración tuvo su origen debido a las enérgicas peticiones de los gobernantes haitianos al igual que comerciantes tanto locales como de otros grupos extranjeros, para que se expulsara a todos los árabes del país de inmediato.

Ya para estas fechas, muchos habrían dejado el comercio ambulante a un lado, abriendo pequeños negocios como tiendas de comestibles, bazares y almacenes. Con el tiempo, algunos expandieron sus negocios a nivel nacional e internacional. Muchos árabes se dedicaron posteriormente a la agricultura, cultivando productos como tabaco, café, caña de azúcar y frutos tropicales. Algunos incluso llegaron a ser propietarios de grandes fincas y ser ricos terratenientes. Además, mostraron una gran capacidad emprendedora, creando nuevas empresas en diversos sectores como la industria, la construcción y la banca.

Para 1920, en el país, ya se habían asentado más de 1300 árabes, distribuidos por casi todo el territorio dominicano. Para esa fecha, se habían nacionalizado 162. Una representación visual más detallada hace notar su fuerte presencia durante los inicios de tal siglo: +Ubicación Número de árabesSanto Domingo250San Pedro de Macorís204Santiago196Duarte155Espaillat125El Seibo80La Vega61Azua58Puerto Plata55Barahona54Samaná47Monte Cristi31 La educación fue vista como una herramienta fundamental para la movilidad social. Los árabes invirtieron en la educación de sus hijos, quienes luego llegaron a ocupar posiciones profesionales importantes en el país. Su ética de trabajo, operando durante largas horas y con gran dedicación, junto con la cultura árabe del ahorro, les permitió acumular el capital suficiente para invertir en sus futuros proyectos, negocios y propiedades. Las fuertes redes de apoyo entre ellos les facilitaron el acceso a oportunidades de trabajo. A pesar de mantener algunas tradiciones de su cultura de origen, se integraron a la sociedad dominicana de manera absoluta, adoptando el idioma y las costumbres locales. En la mayor parte de los casos, colocándoles nombres completamente hispanos a sus hijos, manteniendo solo el apellido como única vía de recordatorio de su origen étnico.

Establecimiento comercial y consecuencias Lo más común era que tanto en la primera como la segunda oleada estuviesen dominadas por jóvenes. Muchos de estos, que a su vez componían esta inmigración, carecían de dinero. Por ello, como estrategia promocional para incrementar las ventas de productos y lograr el ansiado éxito económico, los árabes atrajeron clientes urbanos utilizando un nuevo sistema de venta puerta a puerta y pago parcial que beneficiaba al pueblo bajando los precios. El escritor Pedro Batista dio un ejemplo de este enfoque que utilizaron, precisamente en la ciudad de Santiago:

“Vestidos con la ropa típica de su país, con bata talar y turbante; espesa barba y largos bigotes; y las mujeres con sus faldas pesadas, visitaban a las amas de casa de la ciudad. Le acreditaban telas y mercancías al detalle, mediante ínfimas cuotas semanales, con las que remediaban muchas gentes en adquirir más fácilmente, sustraídas a los emolumentos del diario de la casa, algunas prendas de vestir y efectos domésticos”