Se conoce como Tercera República el periodo de la historia de Portugal que se abrió tras la Revolución de los Claveles de 1974 y que dura hasta la actualidad. La Primera República se declararía en 1910, cuando la monarquía quedó abolida, y la Segunda se abrió tras el golpe de Estado del general Gomes da Costa en 1926, que estableció una dictadura militar, luego la Dictadura Nacional (1928) y el Estado Novo (1933).
Antecedentes thumb|El clavel, símbolo de la Revolución por la cual comenzó la Tercera República portuguesa El final de la Primera República portuguesa tuvo lugar en mayo de 1926, tras un golpe de Estado que instauró una dictadura militar. Esta devendría en el régimen de corte fascista denominado Estado Novo, fue fundado por su principal dirigente: António de Oliveira Salazar. Salazar gobernó hasta 1968, cuando se tuvo que retirar de la política por motivos de salud, y fue sucedido por Marcelo Caetano. El Estado se enfrentó a muchos problemas internos así como externos, entre los que destacaba la guerra colonial portuguesa. El 25 de abril de 1974 un golpe de Estado pacífico de jóvenes militares derrocó a Marcelo Caetano. A este levantamiento se unió gran parte de la población del país. Se denominó Revolución de los Claveles debido a que los militares llevaban claveles en las puntas de sus armas como símbolo de paz. Con esta revolución dio comienzo la Tercera República.
Los días inmediatos a la Revolución fueron especialmente festivos. Se celebraba que la dictadura que había gobernado el país durante 48 años había llegado a su fin. Comenzó a su vez la llegada de políticos exiliados como Álvaro Cunhal y Mário Soares, que llegaron para celebrar el 1 de mayo como símbolo de la libertad recobrada.
Tras la Revolución: Socialismo o pluripartidismo
Desde un primer momento se sabía que los militares alzados estaban en contra del régimen dictatorial. Una vez derrocado se planteó la cuestión de qué sistema político seguir, habiendo discrepancias entre los propios militares. La Revolución fue producida especialmente por un grupo de oficiales jóvenes unidos en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA). Dentro de ese grupo había diferentes corrientes políticas, pues mientras que la rama radical, representada por Otelo Saraiva de Carvalho, apostaba por el socialismo radical, se creó otra rama bajo la dirección de Ernesto Melo Antunes. Para lograr el éxito del alzamiento, el MFA buscó apoyo en los sectores conservadores del Ejército que estuvieran desafectos con el régimen, siendo el jefe del Estado Mayor el general Francisco da Costa Gomes y su seguidor el general António de Spínola. Ambos habían sido expulsados del cuerpo de Estado Mayor por críticas a la política de gobierno de Caetano.
De esta forma se crearon tres grandes grupos, en los cuales se mezclaban militares y civiles:
Los conservadores: dentro del Ejército este grupo estaba representado por Costa Gomes y Spínola, y dentro del MFA, por Melo Antunes. António de Spínola, conocido por llevar un monóculo y de linaje aristocrático, era la personificación de las ideas conservativas (en 1941 había participado como observador de la Wehrmacht durante el sitio de Leningrado). Dentro de la sociedad civil se unieron a este grupo políticos que habían pertenecido al partido único existente en la Segunda República y que ya en esa época se habían mostrado favorables a las reformas; no obstante, debido a que se apreciaba como imposible un cambio profundo en el régimen, se unieron a las fuerzas revolucionarias. Los representantes de este grupo eran Francisco de Sá Carneiro (primer ministro en 1980) y Francisco Pinto Balsemão, fundadores y líderes del conservador Partido Popular Democrático (PPD) en mayo de 1974.
Los socialistas: que estaban a favor de crear una socialdemocracia según esquemas de Europa Occidental. Estaban representados por el Partido Socialista (PS), creado en abril de 1973, y su dirigente era Mário Soares.
La izquierda revolucionaria: que quería convertir a Portugal en un país socialista con un sistema económico similar al de los países del Pacto de Varsovia. Dentro del Ejército y del MFA se encontraba Otelo Saraiva de Carvalho como líder y en la sociedad civil, el Partido Comunista Portugués (PCP), bajo el liderazgo de Álvaro Cunhal.
Gobierno de Da Palma Carlos Justo tras la revolución se creó un Gobierno provisional, denominado Junta de Salvación Nacional. El presidente de la Junta, António de Spínola, fue nombrado presidente de la República. El 15 de mayo de 1974 nombró a Adelino da Palma Carlos como primer ministro. Da Palma Carlos era un abogado de corte conservador, cuyas políticas chocaron con la opinión del presidente Spínola. Tuvo que unir todas las corrientes en su Gobierno, teniendo como ministros a Sá Carneiro (sin cartera), a Mário Soares (Asuntos Exteriores), y a Álvaro Cunhal (también sin cartera). Además, Da Palma Carlos no poseía el poder sobre el país en solitario, pues los órganos informales que se habían creado tras la revolución, especialmente la Junta de Salvación Nacional y el MFA, controlaban al Gobierno.
En las semanas posteriores al nombramiento de Da Palma Carlos, fueron aumentando las diferencias ideológicas entre el primer ministro y el presidente de la República, así como con elementos radicales del MFA. Tuvo especial importancia la cuestión sobre las colonias portuguesas. Los líderes del régimen no estaban unidos en la cuestión de la política colonial, que antes de la revolución se había basado en la imposición militar de la fuerza. Antes del golpe, Spínola había establecido en su libro Portugal e o futuro (1974) que Portugal no podía ganar la guerra de forma militar, debido a la escasez de recursos materiales, pero Caetano seguía imponiendo la fuerza militar como única respuesta. Spínola estaba a favor de mantener las colonias; sin embargo, consideraba necesario dotarlas de cierta autonomía, con una relación especial con el Estado portugués, al estilo de la Commonwealth.
António de Spínola también tenía presente la posibilidad que varios miles de portugueses residentes en las colonias regresaran al país de forma masiva tras la independencia de estas y las dificultades que ello podría generar para la frágil economía portuguesa. Empero, los sectores radicales dentro del MFA estaban en contra de las posiciones de Spínola, rechazaban proseguir la guerra y su principal objetivo era terminarla como fuera y haciendo regresar a las tropas a la metrópoli en el menor tiempo posible. Este objetivo era común con los de los grupos de liberación africanos de corte comunista, como el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) o el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO). Por otro lado, el MFA tenía interés en terminar con los riesgos que corrían los soldados portugueses en la guerra africana. Spínola estaba dispuesto a dar la independencia a Guinea-Bisáu así como a Mozambique, mientras que dudaba con entregar Angola al movimiento de liberación comunista.
Estos conflictos debilitaron no solo al presidente Spínola, sino también al primer ministro Da Palma Carlos, para quien el presidente era el único soporte. Cuando Da Palma Carlos perdió el referéndum nacional que confería más poder al Gobierno y menos al presidente, en julio de 1974, tuvo que dimitir y retirarse del Ejecutivo.
Radicalización: Gobierno de Vasco Gonçalves Spínola no tenía otra elección que nombrar al militar radical Vasco Gonçalves como primer ministro, quien asumió el cargo el 18 de julio. Gonçalves era muy cercano al Partido Comunista, aunque veía al secretario general Álvaro Cunhal como un adversario. El nuevo primer ministro intentó crear un Estado siguiendo el modelo económico soviético, y por ello bajo su gobierno se radicalizó la política interna y especialmente la económica. Los ministros conservadores que estaban en el Gobierno anterior, como Sá Carneiro, perdieron sus puestos. El nuevo régimen llevó a cabo una reforma agraria a través de la nacionalización de las grandes fincas y de los bancos. Como los bancos habían sido nacionalizados y controlaban gran parte de la economía interna, el Estado pasó a controlar de modo directo casi el 70 % del PIB. Spínola intentó oponerse a esas reformas. El primer ministro Gonçalves y Otelo de Saraiva, un militar radical del MFA, se pusieron en su contra y Spínola tuvo que dimitir el 30 de septiembre de ese mismo año.
El sucesor de Spínola fue el general Francisco da Costa Gomes. Como Spínola, pertenecía al ala conservadora del MFA y era jefe de su Estado Mayor, pero Da Costa Gomes intentó hacer reformas silenciosas. Spínola había sido políticamente eliminado debido a su conservadurismo, por lo que el nuevo presidente intentó que sus ideales conservadores no vieran la luz. Por otro lado, en los países de la Europa Occidental y especialmente en los Estados Unidos se fueron acrecentando los temores de que Portugal se convirtiera en el primer país de la OTAN con un Gobierno comunista. Da Costa Gomes sabía que un régimen tal en Portugal no sería apoyado por los países occidentales y utilizó esta arma para oponerse a Gonçalves y al MFA.
Las tensiones terminaron el 11 de marzo de 1975, cuando las fuerzas conservadoras dentro de los militares dieron un golpe contra el Gobierno de izquierdas. El golpe no resultó ser efectivo y Spínola, al que se consideraba inductor, tuvo que marchar al exilio en España y luego en Brasil.
Presidencia de Da Costa Gomes: Problema colonial y reforma constitucional Como Da Costa Gomes estaba a favor de dar la independencia a las colonias —al contrario de Spínola—, comenzaron las negociaciones con los movimientos de liberación para llegar a una solución rápida al problema. En septiembre de 1974 se reconoció la independencia a Guinea-Bisáu (10 de septiembre); luego el verano de 1975 a Mozambique (25 de junio), Cabo Verde (5 de julio) y Santo Tomé y Príncipe (12 de julio); y finalmente, en noviembre, a Angola. Con todo, Macao permaneció como parte de Portugal, aunque se consideró un territorio chino bajo administración portuguesa. La República Popular China no quiso negociar sobre la devolución de Macao hasta que no se solucionara la de Hong Kong. La última colonia portuguesa en recibir la independencia fue Timor Oriental, el 28 de noviembre de 1975, que enseguida fue invadida y anexionada por Indonesia al mes siguiente.
Dentro de la política interna hubo muchas modificaciones institucionales. De esta forma, se eliminó el Consejo de Defensa Nacional y se fundó en marzo de 1975 el Consejo de la Revolución. Este tenía tres presidentes, entre los que se encontraban, al lado del propio presidente Da Costa Gomes, el primer ministro Vasco Gonçalves y el coronel Otelo Saraiva. Con esto la izquierda seguía teniendo mayoría de dos tercios. El Consejo tenía como finalidad controlar la actuación del presidente y poner veto a las decisiones que este tomara.
Para llevar al país al modelo constitucional y democrático era necesario crear una nueva Constitución, ya que aún estaba vigente la del Estado Novo (1933) y sus fundamentos eran incompatibles. Los partidos radicales, conscientes de que no iban a lograr una mayoría parlamentaria, condicionaron la celebración de elecciones a Cortes Constituyentes a la celebración previa de un pacto político. Cuando los partidos se unieron tras este pacto, se convocaron elecciones y el 25 de abril de 1975, primer aniversario de la Revolución, se eligió la nueva Asamblea Constituyente. Los vencedores fueron los socialistas (40,69 % de los votos válidos), seguidos por los conservadores del PPD (28,36 %), con una mayoría de votos. El primer ministro Vasco Gonçalves, a pesar del resultado, siguió con su política favorable a los comunistas (tercer partido con el 13,39 %) y los ministros socialistas, entre ellos Mário Soares, fueron expulsados del Gobierno.
El verano caliente de 1975