El trastorno por estrés postraumático o TEPT es un trastorno mental clasificado dentro del grupo de los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés (DSM V). Se caracteriza por la aparición de síntomas específicos tras la exposición a un acontecimiento estresante, extremadamente traumático, que involucra un daño físico o es de naturaleza extraordinariamente amenazadora o catastrófica para el individuo.

El TEPT puede desarrollarse poco después en la persona que haya sido expuesta a uno o más sucesos traumáticos de índole diversa; tales como la exposición al dolor ocasionado por una guerra vivida por un soldado, abuso infantil, agresión sexual, amenazas de muerte inminentes o presenciar un asesinato. Los síntomas pueden incluir pensamientos, sentimientos o sueños perturbadores relacionados con los eventos traumáticos, angustia física o mental debido a señales relacionadas con el trauma, intentos de evitar señales relacionadas con el trauma, alteraciones en la forma de pensar y sentir de una persona, y un aumento en la respuesta de lucha o huida. Estos síntomas duran más de un mes después del evento.

Introducción

El TEPT (trastorno por estrés postraumático) se genera por una experiencia vivida durante la vida mucho tiempo atrás, un aumento tan grande de excitación que fracasa toda posibilidad de elaboración de rutas de escape. Entonces el psiquismo, al ser incapaz de descargar una excitación tan intensa, es incapaz de controlarla y ello origina efectos patógenos y trastornos duraderos. El TEPT es el conjunto de los síntomas que aparecen como consecuencia de este hecho traumático.

Es una severa reacción emocional a un trauma psicológico extremo. El término TEPT engloba dos aspectos bien definidos: por una parte, una respuesta de estrés que naturalmente es patológica, y por otra el trauma. Estrés es un concepto científico que alude a una respuesta inespecífica del organismo ante una demanda. Frente a un estresor el organismo responderá buscando la adaptación y el equilibrio (homeostasis). El factor estresante puede involucrar la muerte de alguien, alguna amenaza a la vida del paciente o de alguien más, un grave daño físico o algún otro tipo de amenaza a la integridad física o psicológica, a un grado tal que las defensas mentales de la persona no pueden asimilarlo.Coates, Susan; y Schechter, Daniel (2004): «Preschoolers’ traumatic stress post-9/11: relational and developmental perspectives». Disaster Psychiatry Issue. Psychiatric Clinics of North America, 27 (3): págs. 473-489. En algunos casos, puede darse también debido a un profundo trauma psicológico o emocional y no necesariamente algún daño físico, aunque generalmente involucra ambos factores combinados. Si una madre o un padre es afectado, el TEPT puede causar consecuencias negativas para la relación padres-hijo y el desarrollo del niño.Schechter, Daniel; y Willheim, Erica (2009): «Disturbances of attachment and parental psychopathology in early childhood. Infant and Early Childhood Mental Health Issue», artículo (en inglés) en la revista Child and Adolescent Psychiatry Clinics of North America, 18 (3): págs. 665-687.

Los grupos de personas con alto riesgo de sufrir trastorno de estrés postraumático son los veteranos de guerra y las personas que han sufrido abusos sexuales.

Historia La comprensión científica del trauma psicológico ha presenciado una evolución constante desde el hasta la actualidad, diversos términos han sido acuñados en el esfuerzo por categorizar este fenómeno, así como múltiples teorías explicativas a menudo contrapuestas entre sí. En 1889, Herman Oppenheim un neurólogo alemán produce el término «neurosis traumática», este padecimiento era explicado de manera organicista por cambios sutiles a nivel molecular en el sistema nervioso. A nivel sintomatológico se asociaban las alteraciones cardiovasculares con el trauma. Una explicación de causas biológicas funcionaba bien en los ambientes militares en los cuales tal concepción de la enfermedad facilitaba una explicación razonable a la otrora considerada mera cobardía.

Pierre Janet propuso en 1904 que la apropiada categorización e integración de las memorias de experiencias pasadas le permite a las personas desarrollar esquemas cognitivos que los preparan para afrontar los retos subsecuentes; es entonces que cuando una persona experimenta emociones violentas y se ve incapaz de acomodarlas con los esquemas existentes, que se puede dar una especie de ruptura de la consciencia al no poder integrar la memoria de la experiencia. Fue así que nació la primera explicación de lo que hoy conocemos como TEPT, como una falla en la integración de la memoria debido a una excitación emocional extrema. Janet también observó que las personas traumatizadas reaccionaban ante los estímulos relacionados al trauma de manera que podría haber sido relevante en el evento original, pero que en la actualidad no poseía un valor adaptativo. miniatura|Soldados canadienses en una trinchera durante la batalla de Flers–Courcelette en la Primera Guerra Mundial. Esta fotografía ha ganado reconocimiento por presuntamente mostrar a una persona sufriendo una crisis por estrés postraumático (hincado en la esquina inferior izquierda) Es precisamente en el contexto de la guerra donde surge el siguiente término destacable del Shell Shock descrito por Charles Samuel Myers en 1915 como una afección nerviosa derivada de la exposición constante al bombardeo de artillería por los soldados en el frente, este término perduraría hasta la Segunda Guerra Mundial, periodo en el cual fue cuestionado al resultar también evidente que la sintomatología de este fenómeno no se observaba solo en soldados o veteranos lo cual puso en entredicho su etiología. En 1941 Kardiner publicó Las Neurosis traumáticas de la guerra, donde habló del «síndrome traumático patológico» en el cual las personas expuestas al trauma tenían una percepción alterada de sí mismos en relación con el medio ambiente, teniendo una fijación en el evento traumático, hábitos de sueño atípicos, irritabilidad crónica y reacciones desadaptativas. Además, reconoció la diversidad en los orígenes del trauma y las dificultades para llevar a cabo una psicoterapia que pudiera hacer consciente la naturaleza del trauma al paciente en un intento de sanar este trauma.

El final de la Segunda Guerra Mundial trajo como consecuencia el reto de dar tratamiento a millones de personas expuestas a eventos traumáticos. Resulta destacable el estudio de los supervivientes de campos de concentración dio origen al «síndrome de campo de concentración» donde se observaron los efectos devastadores de estas experiencias traumáticas crónicas en la salud mental y física de las personas, así como la relación entre la falta de verbalización de los eventos traumáticos y la imposibilidad de procesarlos adecuadamente. Posteriormente tras algunas décadas de poco avance, es en el contexto del final de la guerra de Vietnam, además de diversos estudios científicos con personas traumatizadas en ambientes civiles, que finalmente en una serie de esfuerzos de la Sociedad Psiquiátrica Americana en 1980 se incluye el término Trastorno por estrés postraumático dentro del El Manual de diagnóstico y estadístico de trastornos mentales tercera edición (DSM-III), incluyendo como criterios diagnósticos 27 síntomas comunes de las «neurosis traumáticas». Este trabajo fue altamente influenciado por las investigaciones de Kardiner, civiles traumatizados y más de 700 casos clínicos de veteranos de Vietnam.

Para la clasificación dentro del DSM-IV en 1994 se incluyeron una mayor cantidad de estudios científicos sistematizados para filtrar y refinar los criterios diagnósticos.

Dentro del DSM-V publicado en 2013, se llevó a cabo una reconceptualización del trastorno, llevando de la categoría de trastornos de ansiedad a la nueva categoría de trastornos relacionados al trauma y estrés, además se agregaron, removieron y revisaron algunos de los criterios sintomatológicos, añadiendo además la detección de dos subtipos del TEPT: disociativo y preescolar. Este proceso constituyó un trabajo de 5 años por parte de 15 expertos en el tema cuyo objetivo fue refinar el diagnóstico del trastorno basándose en las evidencias científicas recopiladas desde la publicación del último manual.

Una revisión sistemática de 40 estudios, llevados a cabo entre 1993 y 2017 en Estados Unidos, Reino Unido y Australia, evaluó los efectos del despliegue militar sobre la salud mental. Los resultados indican que el despliegue de operaciones tiene un efecto negativo sobre la salud mental del personal militar movilizado. Específicamente, en las evaluaciones realizadas después de 24 meses de la exposición, los efectos adversos son consistentes en todos los aspectos de la salud mental, especialmente en el TEPT. Esto sugiere que se deben aumentar los esfuerzos para detectar y tratar los trastornos mentales, ya que sus efectos pueden ser duraderos.

El TEPT en la pandemia de COVID-19 La situación sanitaria vivida durante el año 2020 en la pandemia de COVID-19 a nivel mundial por el COVID-19 dio lugar a que un porcentaje del personal sanitario experimentara el síndrome de estrés postraumático debido a los escenarios a los que tuvieron que enfrentarse como los dilemas morales acerca de la elección de los pacientes que recibirán respiradores en las UCIs o el contagio de familiares y amigos, los cuales supusieron un fuerte impacto psicológico. Algunos de los síntomas que experimentaban eran pesadillas nocturnas, sensación de culpa y remordimiento, aislamiento del entorno familiar o miedo entre otros. A su vez, muchas de las personas que experimentaron este síndrome padecieron simultáneamente depresión y en menor porcentaje, trastornos de pánico.

Por otro lado, con relación al resto de la población, un estudio realizado en la Universidad de Málaga acerca del estrés postraumático durante el confinamiento, indica que las personas que habían sufrido COVID-19 y en especial de forma grave, padecen mayor prevalencia en síntomas de TEPT que aquellas que no lo sufrieron.

Durante el confinamiento y como medida de ayuda y apoyo a los profesionales y demás personas que sufrían estos trastornos, se puso a disposición de la población varias iniciativas como dispositivos de atención psicológica telefónica o guías de cuidado psicológico, además del apoyo psicológico mutuo.

Factores de riesgo

La exposición a desastres, abusos, accidentes, asaltos y violación.Kessler RC, Sonnega A, Bromet E, Hughes M, Nelson CB. Posttraumatic stress disorder in the National Comorbidity Survey. Arch Gen Psychiatry 1995;52:1048-60 La capacidad de control sobre la situación que posea el sujeto.Foa EB, Zinbarg R, Rothbaum BO. Uncontrollability and unpredictability in post-traumatic stress disorder: an animal model. Psychol Bull 1992; 112:218-38 La capacidad de predecir el suceso. La amenaza percibida durante el hecho. La dificultad de manejar el dolor en el aumento de la respuesta de cara a una situación traumática.Schreiber S, Galai-Gat T. Uncontrolled pain following physical injury as the core-trauma in post-traumatic stress disorder. Pain 1993;54:107-10 Cuando el hecho traumático va seguido de una pérdida (por el sentimiento de incapacidad de reducción del daño a otros o por la aparición de sentimientos de culpa) intensificará la respuesta emocional ante un trauma.Yehuda R. Post-traumatic stress disorder. N Engl J Med 2002;346: 108-14 El TEPT se constituye como factor de riesgo para otras patologías médicas.Carvajal, C. (2002). Trastorno por estrés postraumático: aspectos clínicos. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 40, 20-34.

Síntomas y diagnóstico Trastorno de estrés postraumático [309.81] (F43.10) según DSM-5

Nota: Los criterios siguientes se aplican a adultos, adolescentes y niños mayores de 6 años. Para niños menores de 6 años, véanse los criterios correspondientes más abajo.