La política lingüística del Imperio Español se refiere a la serie de medidas realizadas por la administración pública de España con respecto a los lenguajes presentes en los distintos dominios del Imperio español.
Política lingüística con los Habsburgos españoles Pese a creencias erróneas de la Leyenda negra española denunciando que la política de estado buscó un genocidio cultural contra las lenguas indígenas, de hecho el imperio español habría buscado su preservación y promoción.
Durante la era de la Casa de Austria, la Monarquía Española había promovido que se editen los primeros libros en lenguas indígenas de América y Filipinas, en base a reales edictos que buscaban la preservación de las costumbres regionales de los dominios de ultramar, por lo que se trajeron a dichas regiones sus primeras imprentas. Así, se realizaron manuales de gramática, siendo los primeros referidos al quechua (1560) y al náhuatl (1571), aunque también hubo de aimara (1612), guaraní (1640), mojeño (1699 y 1702), etc. Ello contrastaba con otros imperios coloniales del momento. Como dato curioso, los manuales de gramática de quechua y de náhuatl serían previos a la aparición de los primeros manuales de gramática alemana de 1573 (Teutsch Grammatick oder Sprachkunst de Laurentius Albertus) o de gramática inglesa de 1586 (Pamphlet for Grammar de William Bullokar). También se debe anotar que en esta época los estudios de gramática recién estaban formalizándose con las lenguas vernáculas durante el Renacimiento, dado que el primer libro de gramática de lengua española se había editado en 1492 con Antonio de Nebrija, unos 60 años antes con respecto al quechua.
Esta política indigenista de la Monarquía Hispánica tuvo sus raíces en la tradición de fueros, practicado en la propia España peninsular con las distintas costumbres locales que debían respetarse, provocando que los distintos reinos en la Corona de Castilla, la Corona de Aragón, el Reino de Navarra, etc., mantuvieran practicando sus leyes regionales, y con ello también vivos sus idiomas (como el castellano, aragonés, euskera, catalán, gallego, etc.). Dicho pluralismo jurídico de la metrópoli sería importado por el derecho indiano de los Reinos de Indias, exigiéndose en el Consejo de Indias que se mantuviera la vigencia de las lenguas de los indios como parte de mantener en vigencia el derecho consuetudinario de los indios (siendo además el camino más práctico para consolidar la autoridad española). https://core.ac.uk/download/pdf/15771482.pdf
Anterior a una intervención más activa del rey, ya se había estado practicando esta política indigenista entre los conquistadores españoles en los virreinatos, como en la fundación del Colegio de Santa Cruz en 1533 (donde se usaban 3 lenguas de enseñanza: español, náhuatl y latín),o que los documentos de nobles incas en Perú mencionaran que los misioneros españoles ya desde 1536 habían iniciado una labor educativa multilingüe.https://books.scielo.org/id/fr23p/pdf/montaluisa-9789978104965-11.pdf Todo con consentimiento de la Corona, incrementándose con el desarrollo de Concilios provinciales desarrollando pastorales en lenguas indígenas.
La política indigenista se consolidaría cuando las lenguas nativas se volvieran lenguas oficiales de administraciones españolas en América, puesto que previamente, los Reyes Católicos en una ordenanza de 1516, como Carlos I de España en una real cédula de 1550, favorecían la solución de enseñanza de castellano a los indios (aunque nunca prohibiendo la lengua indígena). Por ejemplo, el Real Decreto de 1570 volvería al náhuatl como el idioma oficial de la Nueva España,https://cvc.cervantes.es/lengua/hieronymus/pdf/03/03_061.pdf siguiéndole otros donde el quechua lo era del Virreinato del Perú en un decreto del 23 de septiembre de 1580, el idioma guaraní en la Gobernación del Paraguay, etc. También cuando el Rey Felipe II ordenase en 1580 la construcción de cátedras en lenguas indígenas en las universidades de Lima y México, así como en las ciudades con Real Audiencia. Un precedente de estas se había dado la inauguración de la cátedra en quechua en la Universidad Mayor de San Marcos el 7 de junio de 1579 por el Virrey Francisco Álvarez de Toledo. A su vez, también coexistía con una política hispanista en la corona que buscaba la aculturación de los indios a las costumbres cristianas e hispanas, en base al deseo de asimilación cultural de la Monarquía para brindar progreso a los indios y que logren ponerse al día con los avances filosóficos de la escolástica.
También sería importante la poderosa influencia de la Iglesia católica, que tanto por razones prácticas y morales consideraba injusto privar a los indígenas de sus idiomas, así como el argumento ante la Monarquía que sería adecuado mantener las lenguas nativas para hacer más fácil la evangelización en América y en Filipinas entre los indios, oponiéndose a quienes argumentaban que dichas lenguas eran inútiles por sus características primitivas (o indeseables por ser de una sociedad pagana, pues eso iba contra el universalismo de la iglesia), mientras ordenaba que las oraciones en latín y el catecismo en español fueran traducidas a la lengua indígena.https://digital.csic.es/bitstream/10261/242138/1/Ahumada-2021-Iglesia_y_monarqu%C3%ADa_ante-las_lenguas_ind%C3%ADgenas_hispanoamericanas_%281503-1803%29.pdf Entre las órdenes religiosas católicas, la más comprometida en la promoción de las lenguas indígenas fueron, primero la Orden Franciscana (que había llevado a los primeros misioneros españoles a América) que se había puesto del lado de los indígenas frente a intentos de castellanización forzada que iba contra el espíritu evangélico que exigía el contacto y entendimiento del indio,https://buleria.unileon.es/bitstream/handle/10612/3765/Ana.pdf?sequence=1&isAllowed=y y posteriormente la Orden jesuita (fundada por el vasco San Ignacio de Loyola), donde muchos de sus misioneros provenían del País Vasco, un lugar que era muy sensible por los idiomas locales al ser una minoría étnica en la Península, y que exigían el cumplimiento dogmático del Concilio de Trento que era favorable a las lenguas vernáculas gracias a la Contrarreforma. Algunos de los misioneros destacados por aprender las lenguas nativas fueron el padre Andrés de Olmos, Domingo de Santo Tomás, Domingo Báñez, Fray Bernardino de Sahagún, Jodoco Rique, Alonso de Aragona, entre otros.
Durante esta época también se produjeron las primeras obras de estudio sobre las lenguas indígenas gracias a la imprenta. Algunas de las primeras obras tendrían la mala suerte de ser material perdido (como los primeros libros impresos en zapoteco, mixteco, tarasco y huasteco anteriores a 1555).Algunos ejemplos fueron:
Doctrina christiana breue traduzida en lengua mexicana de Alonso de Molina en 1546 en náhuatl. Arte de la lengua mexicana de Alonso de Molina en 1567 en náhuatl. Aqui comiença vn vocabulario en la lengua Castellana y Mexicana de Alonso de Molina en 1555 en náhuatl. Grammatica o arte de la lengua general de los indios de los reynos del Perú de Domingo de Santo Tomás en 1560 en quechua. Doctrina Christiana de Antonio Ricardo en 1585 en quechua y aimara. Breve introducción para aprender la lengua guaraní de Alonso de Aragona en 1643 en guaraní.
De entre todas las lenguas indígenas, las más favorecidas habrían sido el quechua y el náhuatl, las cuáles alcanzarían su máxima extensión en tiempos virreinales, superando su expansión geográfica que tuvieron en el Imperio incaico o el Imperio azteca. Incluso su uso llegaría a ser tan grande que llegó a discriminarse a otras lenguas nativas para favorecerlas como lengua franca en sus respectivos virreinatos. Por ejemplo, el virrey Luis de Velasco en Nueva España le propondría en 1558 a Felipe II el desarrollo de un centro de enseñanza del idioma náhuatl en Guadalajara, con el fin de instruir a los hablantes de otros idiomas indígenas (buscando que se convirtiera en una lengua unificadora que necesitaba expandirse). Mientras que el virrey Francisco de Toledo en Perú consideraba que “el verdadero latín para enseñar doctrina a estos indios es saberlo hacer en la lengua de ellos [quechua]” y un informe al rey de 1568 en la Real Audiencia de Quito sugería desarrollar un plan por el que se debía instruir la lengua española y la “lengua del inga” a los hablantes de otras lenguas prequechuas. Todo ello generó que el náhuatl tuviera presencia por toda Centroamérica, y el quechua por Sudamérica.
Aun así, está política indigenista no hizo que se abandonase la política hispanista, pues se continuó con políticas de educar indígenas en español (teniendo éxito relativo entre los nobles indios) y siguieron mandándose ordenanzas, como la de Carlos II de España del 16 de febrero de 1688, en el que se exigía la enseñanza a los indios jóvenes en la lengua castellana, bajo el argumento que eso facilitaba la inteligencia de la fe católica junto a la comunicación con los peninsulares.
Ambas estrategias hispanista e indigenista convivirían, y con el tiempo se desarrolló un bilingüismo o hasta multilingüismo social en la sociedad colonial, en gran medida por las escuelas construidas por el imperio español en América, más que por motivos de presión económica o coacción social.https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/285730/KRISTINA_SKROBOT_TESIS.pdf
Política lingüística con los Borbones españoles Durante la era de la Casa de Borbón, la política se mantuvo con una tendencia a la inestabilidad. Puesto que por un lado la devoción católica de la Monarquía hacía que mantuvieran el compromiso de respetar las lenguas indígenas por su dignidad humana, mismo respeto a las costumbres regionales que ya estaba dentro del Pacto entre súbdito y rey en las Leyes de Indias. Pero por otro lado, surgieron algunas tentaciones modernistas durante las reformas borbónicas que anhelaban lograr la uniformidad cultural para así establecer la uniformidad jurídica, debido a la defensa borbónica del centralismo en nombre de la eficiencia y la racionalidad que propagaba la Ilustración (de hecho ya se había intentado atacar la soberanía lingüística en la propia España con los Decretos de Nueva Planta, que negaban el reconocimiento de otras lenguas oficiales ajenas al castellano en la administración de un estado unitario). En esto no ayudó que las políticas regalistas de los Borbones los hiciera tener conflictos en los que se confrontaban la soberanía de la Monarquía Española y la Iglesia Católica (defensora de las lenguas indígenas) a la hora de aumentar el poder civil del Rey, puesto que el absolutismo español anhelaba que el clero fuese reducido a funcionarios públicos del Reino e interpretar al patronato regio como algo inherente al derecho del rey con sus súbditos en el clero, mientras que la iglesia defendía la autonomía del fuero eclesiástico y la doctrina de las dos espadas que ponía al poder espiritual de la iglesia por encima del poder temporal de los gobiernos civiles (y que por tanto el patronato fue una concesión del Papa al Rey de España, mientras el clero español obedecía primero al gobierno supranacional del Vaticano y no al gobierno nacional de España), habiendo amenazas de declarar a los reyes españoles de herejes galicanos (o de fundar la monarquía una iglesia nacional española en cisma).