miniaturadeimagen|300x300px|Prostitución en Europa. En naranja, el modelo neoabolicionista de la prostitución, en el que la venta de servicios es legal pero su compra ilegal, al que pertenece, entre otros países, Francia. thumb|right|250px|El barrio de Pigalle fue a finales del s. XIX uno de los barrios rojos más destacados de París. La prostitución en Francia era legal hasta abril de 2016, pero varias de las actividades que la rodeaban eran ilegales, como regentar un burdel, el proxenetismo y pagar por mantener relaciones sexuales con menores de 18 años (aunque la edad de consentimiento para relaciones sexuales en el país son los 15 años).
El 6 de abril de 2016, la Asamblea Nacional francesa votó castigar a los clientes de prostitutas con una multa de 1 500 euros.
En la época napoleónica, Francia se convirtió en el modelo de regulación de la prostitución. En el , sin embargo, se hizo patente un cambio de política. Los burdeles pasaron a ser ilegales en 1946, y Francia firmó el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena en 1960, convirtiéndose así en uno de los principales defensores del movimiento abolicionista internacional para la erradicación de la prostitución.
Historia thumb|right|250px|Prostitutas en París durante el período revolucionario, c. 1793–95. Grabado de Jacques-Louis Copia, según Jean-Baptiste Mallet (1759–1835). Biblioteca Nacional de Francia. La historia de la prostitución en Francia es similar a la de otros países europeos, con alternancia de periodos de tolerancia y represión, pero está marcada por la duración de la tolerancia de las maisons (burdeles). Las prostitutas no eran marginadas, sino que estaban integradas en la sociedad, donde tenían un papel que desempeñar. En los relatos conservados, a veces las prostitutas eran cómplices de otras mujeres en la venganza de los hombres. La catedral de Chartres tenía un ventanal donado por un grupo de prostitutas, al igual que otras ventanas y ventanales donados por otros gremios.Kemp, Wolfgang (1990). "Sermo Corporeus: Die Erzählung der Mittelalterlichen Glasfenster", en Speculum, Vol. 65, 4, pp. 972–975.
Edad Antigua thumb|right|250px|Mapa de Francia del origen de las prostitutas en París, publicado por Alexandre Parent du Châtelet en De la Prostitution dans la ville de Paris, considérée sous le rapport de l’hygiène publique, de la morale et de l’administration (1836). Tras el periodo de dominación romana, el monarca visigodo Alarico II (485-507) fue el primer gobernante francés en perseguir la prostitución.Effinger, John R. (1908). Women of the Romance Countries. Library of Alexandria.
Edad Media Durante la Edad Media, las distintas autoridades, civiles o nobiliarias, supervisaban la prostitución como institución. La regulación se hacía en gran medida a nivel municipal, restringiendo la actividad en determinadas calles, los desplazamientos, las relaciones, la vestimenta distintiva exigida (cinturones de oro) y los horarios de apertura de las maisons.
Carlomagno fue uno de los gobernantes que intentó suprimir la prostitución, decretando la flagelación (300 latigazos) como castigo en sus capitularios. Esta medida iba dirigida principalmente al hombre común, ya que los harenes y las concubinas eran habituales entre las clases dirigentes. El hecho de que los latigazos fueran la pena más severa prescrita por el Breviario de Alarico da una idea de la gravedad con la que el Estado consideraba el delito. A los infractores también se les cortaba el pelo y, en caso de reincidencia, podían ser vendidos como esclavos. No hay pruebas de que esas sentencias hicieran disminuir la prostitución.
Período de Luis IX (1226-1270) Mientras tanto, Luis IX intentó prohibir la prostitución en diciembre de 1254, con desastrosas consecuencias sociales y protestas generalizadas. El decreto ordenaba la expulsión del reino de todas las "mujeres de mala vida" y la confiscación de sus pertenencias, pero se limitó a llevar el comercio a la clandestinidad. Finalmente, se vio obligado a revocarlo en 1256. Aunque seguía despotricando contra las mujeres que eran "libres con sus cuerpos y otras rameras comunes", reconoció la conveniencia pragmática de alojarlas lejos de las calles respetables y los establecimientos religiosos, por lo que las obligó a residir fuera de los límites de las murallas de la ciudad. Su voluntad de acabar con la prostitución se reafirmó en una carta de 1269 a los regentes, al emprender la Octava Cruzada, en la que alude a la necesidad de extirpar el mal de raíz. El castigo por infracción era una multa de ocho sueldos y el riesgo de encarcelamiento en el Grand Châtelet. Designó nueve calles en las que se permitiría la prostitución en París: quartier Beaubourg, rue de la Huchette, rue Froimon, rue du Renard-Saint-Merri, rue Taille pain, rue Brisemiches, rue Champ-Fleury, rue Trace-putain, rue Gratte-cul y la rue Tire-Putain.Rossiaud, Jacques (1988). Medieval Prostitution. Nueva York.
En la actualidad, esta zona corresponde a los distritos I a IV, agrupados en la orilla derecha del río Sena. Estas calles, asociadas a la prostitución, tenían nombres muy evocadores, aunque poco delicados, como la rue du Poil-au-con (calle del vello púbico, del latín cunnus), más tarde transformada en rue du Pélican, en el distrito I, cerca de la primera Porte Saint-Honoré, y la rue Tire-Vit (calle del pene), actualmente rue Marie-Stuart, en el distrito II.Nora, Pierre (1997). Realms of Memory: The construction of the French past. Traditions, p. 363. La rue Baille-Hoë (calle que da alegría) es ahora la rue Taillepain, en el IV Distrito, cerca de la Porte Saint-MerriRobb, Graham (2010). Parisians: an adventure history of Paris. Norton.
En 1358, el Gran Consejo de Juan II de Francia, haciéndose eco de la doctrina del "mal necesario" de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino (1225-1274), declaró que "los pecadores son una necesidad absoluta para el país". La prostitución permaneció confinada a zonas designadas, como se indica en este decreto del reinado de Carlos V (1364-1380), de Hugues Aubriot, preboste de París en 1367, en el que se esbozan las zonas fuera de las cuales las prostitutas serían castigadas "según la ordenanza de San Luis".
La aparición de la sífilis a finales del había estigmatizado estas casas con el paso del tiempo, pero fueron refrendadas durante el reinado de Enrique IV de Francia.Die Schliessung der "Maisons closes" lag im Zug der Zeit, [Frankfurter Allgemeine Zeitung, 15 de octubre de 1996.
Reglamentación thumb|200px|Prostitutas y clientes conversando en el Palais-Royal, en París (1800). Pintura conservada en la Biblioteca Nacional de Francia. En 1804, Napoleón Bonaparte ordenó el registro y la inspección sanitaria quincenal de todas las prostitutas. Los burdeles legales controlados por el Estado (entonces conocidos como maisons de tolérance o maisons closes) empezaron a aparecer en París y en otras ciudades y se hicieron muy populares a lo largo del siglo. En 1810, sólo en París había 180 burdeles oficialmente autorizados.
Por ley, tenían que estar regentados por una mujer (normalmente una antigua prostituta) y su aspecto externo debía ser discreto. Las prostitutas que trabajaban en las maisons, o cualquier mujer detenida dos veces por prostitución, tenían que estar registradas como tales.Kiedrowski, J.S., & Van Dijk, J.M. (1984). "Working papers on Pornography and Prostitution", en Pornography and prostitution in Denmark, France, West Germany, The Netherlands and Sweden. Ottawa. Department of Justice Canada, pp. 14-15. El registro implicaba inscribir su nombre en un registro nacional y aceptar cumplir las normas y someterse a exámenes médicos dos veces por semana.Scibelli, Pasqua (1987). "Empowering prostitutes: A proposal for international legal reform", en Harvard Women's Law Journal, 10, pp. 117–157. Este modelo de regulación se extendió rápidamente por toda Europa, en parte ayudado por las ocupaciones napoleónicas.
Primera Guerra Mundial thumb|right|250px|Le Sphinx era un burdel de lujo de París, abierto en 1931 y cerrado en 1946. Se ubicaba en el n.º 31 del bulevar Edgar-Quinet, en el XIV distrito. Durante la Primera Guerra Mundial, sólo en París, los oficiales del ejército estadounidense estimaron que había 40 burdeles importantes, 5 000 prostitutas callejeras con licencia profesional y otras 70 000 prostitutas sin licencia.Baldwin, Fred (1989). "No Sex, Please, We're American", en Nature. History Channel. 340 (6232): p. 331.
El ejército británico adoptó los códigos éticos locales cuando combatía en otro país, y permitió que las tropas visitaran las llamadas maisons tolérées durante los periodos de descanso y los días libres. Esta actividad no sólo se toleraba, sino que se fomentaba tanto para los jóvenes como para los hombres casados que echaban de menos a sus esposas. A medida que avanzaba la guerra, también lo hacían la necesidad y el rango de las prostitutas agasajadas. Mientras que las tropas británicas, a las que se pagaba sólo seis peniques al día, se encontraban a menudo en los institutos de precio más bajo, los soldados de los dominios de Australia, Nueva Zelanda y Canadá recibían seis chelines y podían permitirse "servicios" de mayor categoría.
Se desconoce cuántos o qué porcentaje de hombres visitaron las instituciones, pero el ejército francés registró más de un millón de casos de gonorrea y sífilis durante la guerra. En 1915, en Le Havre, una encuesta realizada por el Royal Army Medical Corps contabilizó 171 000 visitantes uniformados del ejército británico a los burdeles de una sola calle.
Como resultado, los índices de enfermedades venéreas empezaron a aumentar, con una media de 23 000 hombres del ejército británico hospitalizados en cualquier momento durante la segunda mitad de la campaña para recibir tratamiento, y más de 150 000 soldados británicos infectados al final de la guerra[cita requerida]. En aquella época, la enfermedad estaba muy estigmatizada socialmente, pero una infección especialmente grave podía hacer que un soldado fuera dado de baja médica del frente de batalla, incluso de forma temporal. La sífilis se trataba con inyecciones de mercurio, administradas en un hospital durante un periodo de 30 días, lo que garantizaba la salida del frente.
El Ejército de los Estados Unidos tenía instrucciones claras sobre los que no seguían la regla de no indulgencia. Las normas del ejército estadounidense exigían que los soldados que admitieran haber mantenido relaciones sexuales durante un permiso se sometieran a profilaxis química, que incluía la irrigación del pene. Los soldados que no se presentaban a la profilaxis y posteriormente contraían la enfermedad venérea eran sometidos a un consejo de guerra y posiblemente a una pena de trabajos forzados, mientras que los que contraían la enfermedad después del tratamiento sólo perdían la paga durante el mismo. Aplicada desde el primer día de entrenamiento, la iniciativa tuvo tanto éxito que los médicos del ejército estadounidense informaron de que el 96 % de los casos que trataban habían sido contraídos cuando el soldado aún era civil.
Ante la escalada de la disputa, el primer ministro Georges Clemenceau envió un memorándum al general Pershing ofreciéndole un compromiso: las autoridades médicas estadounidenses controlarían los burdeles designados que funcionaban únicamente para soldados estadounidenses. Pershing transmitió la propuesta a Raymond Fosdick, quien la entregó al secretario Baker. La política adoptada por el ejército estadounidense funcionó, con tasas mucho más bajas de enfermedades venéreas entre sus tropas en comparación con los combatientes franceses o británicos y del Dominio. Sin embargo, tras la firma del armisticio, cuando el ejército estadounidense ya no pudo alegar la necesidad militar como motivo para restringir los permisos, las tasas volvieron a dispararse.
Segunda Guerra Mundial