Garciaz es un municipio y villa española de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura. El término municipal, perteneciente al partido judicial de Trujillo, tiene una población de .

Toponimia El topónimo es de origen incierto. Podría ser una derivación del apellido García adoptada durante la Reconquista, aunque también se ha propuesto la hipótesis de que el río Garciaz recibió este nombre en época prerromana y su nombre está emparentado con otros hidrónimos como Garoña y Guareña.

Medio físico Garciaz se encuentra situada en el centro de la provincia, sobre el bloque desnivelado de Pedro Gómez en la divisoria de aguas Tajo-Guadiana de la Sierra de Guadalupe. Su término municipal está bañado por dos ríos que llevan sus aguas hasta el Tajo, el río Garciaz y el río Hornilla. El territorio ocupado por Garciaz es una ladera con lomas suaves de pizarras.

El entorno geográfico de Garciaz está caracterizado por su situación montañosa. Tiene acusadas pendientes de las cuales, más de la mitad se encuentran por encima de los 700 metros y superan el 20% de inclinación. Concretamente Garciaz está situado a 670 m sobre el nivel del mar aunque alcanza los 1124 m en el Venero de 1000 m en el Cerro de Pedro Gómez y los 920 m en la Sierra de la Buitrera.

Vegetación En cuanto a la flora, pueden encontrarse especies arbóreas de monte alto como nogales, pinos, alcornoques, robles, encinas, castaños, olivos, higueras y cerezos. El cultivo tradicional es el olivo que proporciona aceite de gran calidad. En las huertas próximas al pueblo se cultivan hortalizas de todo tipo y árboles frutales.miniatura|Dehesa boyal de robles de Garciaz|izquierdaLas dehesas constituyen un sistema de explotación en esta localidad con una enorme fuente de recursos; en ellas se desarrollan las encinas, alcornoques y robles. El arbolado se utiliza para la obtención de leña y frutos como la bellota y el suelo se utiliza para pastos que son de gran valor nutritivo para el ganado y para cultivos de secano (centeno, avena, etc.)

En cuanto a las especies arbóreas de monte bajo hay madroño, brezo, escaramujo, jara, retamas, tomillo, romero, escoba, almaraú y orégano.

Historia

Prehistoria y Protohistoria

Desde la Prehistoria estas tierras fueron ocupadas por comunidades humanas que se asentaron en zonas donde abundaba la caza y el agua. Los hombres del neolítico ya recorrieron estos parajes, donde tenemos testimonio del hallazgo de varias hachas pulimentadas. Al igual sucede con las comunidades Calcolíticas (3200 a. C.) y de la Edad del Bronce (2500-800 a. C.) de las cuales conocemos pequeñas herramientas talladas y pulimentadas de piedra, fragmentos de cerámica moldeada a mano y molinos de piedra, hallados en parajes como Los Castillejos o La Buitrera. Estas comunidades, las primeras en emplear el metal, fueron autoras de representaciones rupestres grabadas en algunos afloramientos de piedra, como es el caso del conjunto de cazoletas de Los Castillejos o los grabados del Venero.

Durante la Edad del Hierro (800-100 a. C.) la cultura de los vettones dominó estas tierras, fruto de su establecimiento es el asentamiento fortificado o castro de Valdeagudo, situado sobre un prominente cerro que domina el paisaje al norte del término municipal.

Mundo Antiguo

El territorio vettón en el que se enclava Garciaz estaría sometido a diferentes grados de romanización entre el y el . Sin embargo, el área rural circundante contaría con algunos complejos agropecuarios denominados villae o casas de campo de grandes propietarios, como la villa de La Gargantilla, que son un claro exponente de la vitalidad económica y la descentralización del poder patrimonial que tiene la sociedad romana en el ámbito local en un determinado momento.

Las villas representan un modelo muy extendido en Hispania, aprovechando terrenos de gran fertilidad agrícola y con numerosas posibilidades para la explotación ganadera. Simultáneamente, en el entorno se fueron generando otros enclaves rurales con funciones semejantes. La población hispanorromana se evidencia en otros lugares del término municipal a través del hallazgo de restos constructivos, monedas y otros enseres. Algunos de estos lugares serían grandes villas residenciales donde vivían grandes terratenientes, como el caso de Fuentefría, donde fue encontrado un tesorillo de monedas de los siglos -

Algunos asentamientos se mantuvieron en uso durante la Antigüedad Tardía y el periodo visigodo, como es el caso de La Portera, donde fue construida una basílica en torno al y que sería reutilizada en siglos posteriores. Además, se trata de uno de los pocos ejemplos de arquitectura religiosa de esta cronología conservado en Extremadura, destacando un nicho que se encuentra en los restos de la cabecera del templo y que originalmente estaba rematado por una venera.

El Medievo

Durante el periodo de dominio musulmán, el cual se extendió entre los siglos -, el territorio de Garciaz debió estar ocupado por alquerías dedicadas a la explotación de recursos agrícolas y ganaderos. Aunque ignoramos el alcance de las tierras dedicadas a estos menesteres en época musulmana, se puede esbozar una aproximación teniendo en cuenta diversos testimonios documentales de los siglos y de la antigua tierra de Trujillo. Junto con la tierra cultivada y la huerta existieron casas de campo o almunias, de las cuales algunas de ellas podían tener estructuras defensivas como torres. De hecho, algunos de estos enclaves han dado lugar en la toponimia a nombres como Castillejo, Torrecilla, La Mezquita, etc.

Pero no será hasta la toma de Trujillo en 1232 por parte de Fernando III, cuando las tierras de Garciaz fueron totalmente seguras y se procediera a su progresiva repoblación por gentes mozárabes del norte. Las tierras trujillanas experimentarán un proceso de apropiación por parte de los estamentos privilegiados y con un gran poder adquisitivo: la jerarquía eclesiástica, órdenes religiosas, órdenes militares, caballeros y nobles del entorno de la corte o con residencia en Trujillo. De forma paralela, se fueron generando pequeñas aldeas, algunas de ellas ubicadas en lugares habitados con antelación. Es presumible, que en esta coyuntura se comenzara a gestar el nacimiento del actual núcleo urbano de Garciaz.

Durante un breve lapso de tiempo Garciaz junto a otros lugares vecinos dejaron de formar parte del alfoz de Trujillo al ser entregados por Enrique IV a García Álvarez de Toledo. Sin embargo, pocos años después Isabel la Católica anuló citada cesión.

Tiempos Modernos

El aumento del volumen de población, la prosperidad económica reflejada en la enorme cantidad de licencias y repartimientos agrícolas, el fin de los enfrentamientos bélicos del y la instalación de algunos linajes nobles justificaron la construcción de un templo parroquial que fue elevado sobre uno primitivo del . Esta obra fue iniciada bajo el patrocinio del prelado placentino Gutierre de Vargas Carvajal, quien se encargó de contratar al maestro trujillano Sancho de Cabrera el 30 de enero de 1545, siendo finalizada bajo el pontificado de Pedro Ponce de León (1560-1573). De igual modo, en torno a esta época debieron ser construidas las diferentes ermitas garcieñas, las cuales se ubicaban en diferentes puntos cardinales junto a las principales vías de comunicación.

Al encontrarse Garciaz bajo la autoridad del Concejo Trujillano estaba sometida a numerosas restricciones civiles que llevaron a su concejo a valorar la posibilidad de comprar su jurisdicción aprovechando la necesidad de fondos por parte de la Corona para hacer frente a los conflictos bélicos en los que estaba inmersa. De este modo, en 1566 se hace efectiva la compra de Garciaz al monarca Felipe II y su proclamación como villa el 4 de abril de 1566.

Durante los siglos y , tal y como sucede en otros lugares de Extremadura, muchos vecinos probaron suerte en las Américas, entre los que se encontraban Diego y Juan Téllez, quienes participaron en la conquista de Nueva Galicia o Hernán Sol, quien acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Perú.

La segunda mitad del y comienzos del no estuvieron exentos de dificultades que llevaron a la localidad a la decadencia y estancamiento económico. La población estuvo envuelta en epidemias, hambrunas, el contexto bélico de la Guerra de Sucesión, etc.; lo que provocó una drástica reducción de su población.

Era Contemporánea

Garciaz no fue un lugar de interés estratégico durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), pero el miedo de algún vecino, que llegó a guardar un valioso conjunto de monedas hallado en las antiguas escuelas, demuestra la inestabilidad política y económica de ese periodo durante el cual sabemos que un soldado llegó a fallecer en el hospital de la Caridad víctima de las heridas contraídas.

Años más tarde, durante la primera guerra carlista, el 27 de agosto de 1837 el comandante de la columna de Castilla La Nueva, Carlos Buil, alcanzó a las facciones reunidas por los cabecillas Sánchez, Barbado, Valencia, Pulido, Arroyo y Patagorda, quienes fueron derrotados a la entrada de la Dehesa del Roble. Durante el proceso de desamortización, algunas posesiones que pertenecían a la iglesia fueron vendiéndose en subastas públicas, pasando a formar parte de nuevos propietarios ricos y terratenientes locales que aprovecharon la ocasión para agrandar su patrimonio. Entre ellas se pudo salvar la dehesa boyal. Hacia mediados del , la villa tenía contabilizada una población de 766 habitantes. Aparece descrita en el octavo volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de la siguiente manera:

La Restauración alfonsina supuso un periodo de cierto progreso. Las calles más importantes fueron enlosadas empedradas, se construyeron y arreglaron los puentes y se mejoraron las comunicaciones. De cara al primer tercio del Garciaz se fue incorporando lentamente al progreso nacional. En 1906 se le concede el escudo de armas y ya en 1927 se inauguran las escuelas unitarias y el teléfono municipal.

En 1931 se proclama la II República, la cual verá su fin con el levantamiento de militares y fascistas contra la legalidad republicana en julio de 1936, lo que dio lugar a uno de los episodios más desgraciados de la historia garcieña. Los sublevados y sus seguidores se habían hecho con el poder municipal y aplicaron la más dura represión contra quienes habían apoyado a algunos de los partidos u organizaciones de izquierdas o simplemente republicanas, con períodos de violencia y altas tasas mortuorias. Concretamente el 10 de agosto tuvo lugar el primer suceso donde varias personas fueron sacadas de los lugares en los que estaban detenidas o de sus propias casas y fueron pasadas por las armas en las proximidades de Garciaz en un lugar denominado "la alcantarilla de Lucas". Los sucesos continuaron en el mes de septiembre, 12 de septiembre donde fueron fusilados gran número de personas en las proximidades de Logrosán. En días posteriores (15 y 16 de septiembre) en Zorita, pueblo cercano a Garciaz, volvieron a ser pasadas por las armas otro número importante de garcieños y garcieñas. Los fusilamientos se sucedieron durante todo el mes de septiembre. A partir del mes de octubre descendieron considerablemente, aunque continuaron produciéndose fusilamientos aislados. Aproximadamente medio centenar de víctimas perdieron la vida como consecuencia de estos acontecimientos. Después vendrían los duros años de posguerra. No será a partir de mediados de la década de los 1950 cuando el pueblo vuelva a recuperarse económica y demográficamente hasta la década de los años 1960, momento en el que comenzará el éxodo rural.