La expulsión de los mozárabes de Al-Ándalus de 1126 fue un hecho de la Edad Media en España que consistió en una deportación masiva al norte de África de la población cristiana autóctona de al-Ándalus. Fue ordenada por el emir Alí ibn Yúsuf, quien gobernaba el Imperio Almorávide.
Además de ser expulsados de sus hogares, se les impidió emigrar a los reinos cristianos del norte, como venían haciendo a lo largo de casi tres siglos muchas familias mozárabes, que repoblaron la mayor parte del norte peninsular durante la Reconquista.
Antecedentes Contexto social thumb|Representación de un emir almorávide en una pintura del . Tras la Conquista omeya de Hispania, los ocupantes musulmanes eran una élite árabe-bereber minoritaria frente a una mayoría de población cristiana sometida, en un territorio muy alejado de la capital del califato omeya, lo que dificultaba conseguir refuerzos para imponer su religión. Así, los gobernantes musulmanes establecieron pactos con la población cristiana nativa para evitar grandes enfrentamientos militares. Los cristianos de la península ibérica, para evitar la conversión al islam, tenían que adaptarse a las condiciones impuestas por los moros ocupantes, que consistían en otorgar cierta permisividad a los católicos a cambio de que estos pagasen impuestos muy altos (yizia) y reconocieran la autoridad del monarca islámico (éste daría protección a sus vasallos cristianos, de modo análogo a la relación de vasallaje que imperaba en todas las monarquías medievales). En la práctica, ser un cristiano de Al-Ándalus suponía vivir en una condición de ciudadano de segunda (lo cual motivaría la Reconquista), pero existía un statu quo en el que los musulmanes se encargaban de su defensa militar y representación exterior y se reconocían los derechos de la población cristiana (tenían un estamento propio y diferenciado como mozárabes). No obstante, aquel derecho podía suprimirse en cualquier momento por los gobernantes musulmanes, pues los emires tenían potestad de anular el Fuero de los cristianos si consideraban que había motivos para que tales concesiones legales fueran nulas, cuando entendían que una de las partes no cumplía con el pacto de vasallaje.
thumb|Pintura mozárabe en un manuscrito del siglo . Pese a estas condiciones de convivencia, hubo periodos de persecución contra los cristianos casi desde el principio, como se constata en los mártires de Córdoba del o la persecución de 1099 en la Granada musulmana, cuando los emires destruyeron un templo de la Iglesia católica y hubo medidas represivas hacia la comunidad cristiana mozárabe.
Contexto político-militar
thumb|170px|Estatua de Alfonso el Batallador. Por otro lado, en el año 1124, Alfonso el Batallador (rey de Aragón) recibió mensajes de parte de algunas comunidades mozárabes de la Granada musulmana (encabezados por Ibn al-Qalas), solicitando su intervención debido al caos interno que se vivía entre las taifas, y convenciéndole al monarca de que la fragilidad del reino andalusí (pues planeaban rebelarse contra su gobernador, Abu Tahir Tamim ibn Yusuf) haría fácil su conquista de la plaza junto a la obtención de sus riquezas. Esto se debió a la fama que generaban a los mozárabes los éxitos militares previos de Alfonso, quien además de defender su territorio de incursiones moras, había logrado conquistar Zaragoza (1118), Tudela (1119), Calatayud (1120), etc., lo que le permitió expandirse por todo el Valle del Ebro. Alfonso, confiado en sus propias fuerzas y imbuido de un espíritu guerrero, anhelaba dar fin a la Reconquista y convertirse en el emperador de toda España, en toda la tierra de cristianos y sarracenos. Así pues, en septiembre de 1125, partió con 4000 caballeros de Aragón y Cataluña y, a medida que penetraba en territorio musulmán, se le sumaban cristianos mozárabes a sus filas. Para enero de 1126 había empezado a cercar Granada, donde las tropas mozárabes locales confesaban haberlo apostado todo al éxito de su campaña, y eran conscientes de que no recibirían ningún perdón por parte de las autoridades musulmanas en caso de fracasar la campaña, como terminó sucediendo con la retirada en junio de 1126 (no sin antes salvar a unos 10000 mozárabes, que se retiraron con él y contribuyeron a la repoblación cristiana del Valle del Ebro).
Hechos thumb|Ruinas de una iglesia rupestre mozárabe en Jimena de la Frontera (Cádiz).
Tras la expedición militar de Alfonso el Batallador en 1125, los moros de Al-Ándalus quedaron muy irritados con los cristianos y las autoridades islámicas consideraron que los mozárabes (muchos de los cuales habían apoyado la invasión del rey de Aragón) habían violado el pacto de vasallaje con los monarcas musulmanes que les garantizaba protección, por lo que habían perdido sus derechos ante el Estado. El Cadí (gobernante y jurista) de Córdoba, Abū l-Walīd Muḥammad Ibn Rušd, se trasladó a Marrakech (al-Ándalus estaba sujeto a Marruecos por esas fechas) para informar al emir Almorávide de lo acontecido y sugiriendo reaccionar drásticamente. Entonces, Alí ibn Yúsuf (quien ya había considerado la yihad contra los cristianos en la Península ibérica como una prioridad), ordenaría la expulsión de los cristianos mozárabes de sus dominios durante el Ramadán de 1126.
Dicha orden de expulsión fue cumplida por Ibn Rušd (abuelo del famoso filósofo musulmán Averroes) a través de un dictamen jurídico (fetua) que emitió, en el que se exigía que se deportara a los cristianos al Norte de África, fundamentándose en la premisa de que toda la comunidad había suscitado y apoyado la expedición aragonesa. Estos mozárabes (mayormente de Granada, Córdoba y Sevilla), que partieron junto con sus autoridades políticas y religiosas, terminarían asentándose en la zona de Mequinez y Salé, perdiendo parte de los derechos que tenían y sufriendo malos tratos durante el recorrido, siendo forzados a trabajos pesados.
thumb|Ruinas en Tremecén (Argelia). En esta ciudad tuvo lugar una batalla en 1143 entre almorávides y almohades, en la que participó en favor de los primeros una milicia cristiana compuesta por 4000 caballeros. La formaban mozárabes expulsados, además de aventureros voluntarios y esclavos procedentes del norte cristiano. No obstante, Alí ibn Yúsuf, deseoso de que la expulsión permitiera una transferencia de tropas mozárabes andalusíes que pudieran servirle en la defensa de Marruecos, mantuvo los mismos privilegios a los cristianos y les dio la misma protección (Dimma) que habían perdido en España, pero aplicada únicamente en África. Incluso les autorizó la construcción de una iglesia en Marrakech y los clérigos pudieron seguir atendiendo espiritualmente a los cristianos. Sin embargo, a cambio, obligó a toda la comunidad a inscribirse en el diwan del servicio militar, teniendo que servir como Guardia personal y defender a los almorávides contra los almohades.
Consecuencias Aunque se hicieron nuevas deportaciones en 1138 y 1170, la expulsión de los cristianos de 1126 prácticamente eliminó las comunidades mozárabes de Granada, Córdoba y Sevilla para el resto del siglo, y cesó el culto público de la fe cristiana entre los mozárabes que quedaron en Al-Ándalus. Entre quienes quisieron evitar la deportación al Magreb, hubo muchos casos de conversión forzosa al islam, o de huidas hacia los reinos cristianos españoles (aunque los ejércitos musulmanes trataban de capturar a los fugitivos). Los que quedaron sufrieron abusos al ser despojados de sus bienes y azotados con cadenas por parte de los musulmanes (a través de un decreto general), o fueron incluso martirizados por su fe. Aun así, en 1138 sobrevivían todavía comunidades importantes de mozárabes fuera de aquellas urbes, tanto en el campo como en algunas ciudades del sur peninsular.
Con la llegada de los almohades y la expulsión de los judíos de al-Ándalus en 1146, se produjeron asimismo matanzas y esclavización de los mozárabes que quedaban. Un cronista de la época escribió:
Hacia 1162 estaban al borde de la extinción, al tiempo que tenía lugar una ola de mayor represión debido a conflictos dinásticos entre los musulmanes, durante la cual los antiguos mozárabes (ahora criptocristianos) se ganaban enemigos en las autoridades.
Por otra parte, las propiedades que dejaron los cristianos fue confiscada por los musulmanes (a menos que algún mozárabe desde África demostrara sus títulos de propiedad, teniendo la opción de venderlas) y sus iglesias se transformaron en mezquitas.
Entre la comunidad cristiana que permaneció en el norte de África, destacaron labores culturales, como el desarrollo de copias al árabe de los Evangelios. También se desarrolló con mayor intensidad una comunidad de soldados cristianos al servicio de los musulmanes de Marruecos, que seguirían en servicio en las próximas décadas, algunos de los cuales, tras la caída de los almorávides, seguirían ofreciendo sus servicios a los califas almohades y más tarde a los sultanes benimerines.
170px|thumb|Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y León. Miles de los mozárabes desterrados lograrían regresar a España dos décadas después, estableciéndose en el Toledo cristiano. Según refiere Francisco Javier Simonet:
Permanecerían milicias mozárabes en la zona hasta el año 1380, cuando Juan I de Castilla fue a buscarlos y les ofreció propiedades en el Reino de Castilla, haciéndoles regresar a Sevilla, previa autorización del emir de Marruecos de aquel entonces.
Véase también Expulsión de los judíos de al-Ándalus Debate sobre la tolerancia en al-Ándalus
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos
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