En psicología popular, una crisis del cuarto de vida es una crisis existencial que implica ansiedad y tristeza por la dirección y la calidad de la propia vida y que se experimenta más comúnmente en un período que va desde los veinte años hasta los treinta y cinco años, aunque puede comenzar a los dieciocho años."The age you're most likely to have a quarter-life crisis". The Independent. Rachel Hosie. 15 November 2017. Retrieved 3 September 2018. El psicólogo clínico Alex Fowke lo define como "un período de inseguridad, dudas y decepción en torno a su carrera, sus relaciones y su situación financiera".

Si bien la crisis de los veinticinco años no es un diagnóstico clínico oficial y no aparece en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR), los profesionales de la salud mental y los investigadores la reconocen cada vez más como un auténtico desafío del desarrollo que enfrentan los adultos jóvenes en la sociedad contemporánea. El fenómeno se ha convertido en un tema de investigación académica, con estudios que examinan su prevalencia a través del análisis de las redes sociales y su relación con factores modernos como la deuda estudiantil, los mercados laborales competitivos, la comparación social a través de las redes sociales y el aplazamiento de hitos tradicionales de la edad adulta, como el matrimonio y la propiedad de una vivienda.

Historia Si bien el concepto de crisis de la adultez joven se ha atribuido al psicólogo Erik Erikson en su obra de 1968 Identidad, juventud y crisis, donde describió los desafíos de identidad que enfrentan las personas de entre veinte y treinta años como parte de su etapa de "Intimidad versus aislamiento", no utilizó la frase específica "crisis de los veintitantos" en sus escritos.

El término "crisis de los veintitantos" se popularizó en 2001 con el libro Quarterlife Crisis: The Unique Challenges of Life in Your Twenties, de Alexandra Robbins y Abby Wilner. El libro atrajo la atención generalizada sobre el fenómeno y sirvió de guía para jóvenes adultos con dificultades en la transición a la edad adulta. Tras su publicación, el concepto cobró mayor relevancia gracias a la cobertura mediática y se ha asociado especialmente con las experiencias de los millennials, con publicaciones como Psychology Today y Forbes sobre el tema.

El término se inspiró en el término "crisis de la mediana edad", acuñado por el psicoanalista Elliott Jaques en 1965.

Características Las principales áreas afectadas durante la crisis de los veinticinco años incluyen la carrera profesional, las relaciones y el sentido de identidad. Las personas suelen cuestionar si su trayectoria profesional o sus relaciones actuales son adecuadas para ellas y les cuesta hacer cambios significativos en su vida. Estas decisiones importantes, en última instancia, afectan el sentido de identidad, lo que lleva a preguntas fundamentales como "¿quién soy?".

Durante este período de cuestionamiento, los individuos generalmente experimentan uno de dos tipos de crisis: "bloqueo" o "enclaustramiento". La experiencia de bloqueo implica la incapacidad de acceder a compromisos vitales deseados, como encontrar un empleo significativo, establecer relaciones románticas o realizar otras transiciones importantes en la vida. En esencia, las oportunidades externas se sienten cerradas. Por el contrario, la experiencia de enclaustramiento implica sentirse atrapado en circunstancias insatisfactorias, como permanecer en un trabajo o una relación insatisfactoria a pesar de una profunda insatisfacción.

Estas experiencias generan emociones negativas y oportunidades de crecimiento. Los síntomas negativos comunes incluyen ansiedad, disminución de la autoestima (sobre todo al enfrentarse a rechazos repetidos) y un intenso cuestionamiento de la identidad. Sin embargo, quienes superan estos desafíos con éxito pueden experimentar un crecimiento posterior a la crisis y una mayor satisfacción vital a largo plazo.

Las crisis de los veinticinco años suelen durar aproximadamente un año y ocurren durante períodos de transición de inestabilidad, a menudo hacia el final de la adultez emergente. El fenómeno es notablemente común, y las investigaciones indican que hasta el 70 % de las personas de treinta y tantos años reportan haber experimentado una crisis de los veinticinco años durante la veintena.

Posibles soluciones

Expertos como David Blanchflower, profesor de Economía en el Dartmouth College, sugieren la necesidad de desarrollar programas piloto para mitigar este fenómeno y brindar apoyo a las nuevas generaciones, dada la gravedad y el alcance global del problema.

Estos programas podrían incluir el fomento de redes de apoyo social, el acceso a servicios de orientación vocacional y el desarrollo de espacios que promuevan el equilibrio entre la vida personal y profesional. La implementación de estas medidas sería clave para abordar la crisis y mejorar el bienestar de los jóvenes en un contexto global cada vez más complejo.

Referencias

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