El primer gobierno constitucional de Ramón Castilla en el Perú empezó el 20 de abril de 1845 y terminó el 20 de abril de 1851. Con este gobierno se inició la etapa de historia republicana peruana que el historiador Jorge Basadre ha denominado como «el apogeo republicano», que se extendería hasta mediados de los años 1860. Fue también el primer gobierno republicano del Perú que culminó su periodo constitucional establecido.
Durante los seis años que duró lo que sería su primer gobierno, Castilla organizó al país y realizó muchas obras en todos los campos, con el respaldo de las rentas producidas por la riqueza guanera, cuyas entradas a partir de 1849 representó un rubro preponderante en las arcas fiscales.
En el plano económico inició el ordenamiento financiero con la puesta en práctica del régimen presupuestal, así como el pago de las deudas interna y externa. El pago de la deuda interna, conocida con el nombre de Consolidación, acarrería en el gobierno siguiente el primer caso de mega corrupción de la historia peruana. El pago de la deuda externa, contraída desde el inicio de la República principalmente con Inglaterra, la antigua Gran Colombia y Chile, se concluyó en el gobierno siguiente y ayudó a cimentar la confianza internacional en el país.
En el plano político interno, Castilla promovió la reconciliación nacional después de un largo periodo de guerras y revoluciones, y se esforzó en realizar un gobierno de unidad, convocando a sus rivales políticos para que colaboraran con su gobierno. Entre ellos figuraban el escritor Felipe Pardo y Aliaga y el general José Rufino Echenique. No hubo rebeliones ni intentonas golpistas de importancia, a excepción de la protagonizada por el general José Félix Iguaín. Al finalizar su gobierno, no intentó prorrogarse en el poder y convocó las elecciones de 1850, que fue el primer proceso electoral verdadero de la República, tras casi 30 años de iniciada esta.
En el plano internacional, organizó el cuerpo diplomático y consular de la República; condenó todo intervencionismo de las potencias europeas en América; y reunió en Lima el primer Congreso Americano de representantes diplomáticos del continente, retomando así el ideal americanista propugnado por Bolívar. Denunció la Expedición Floreana organizada desde Europa por Juan José Flores para establecer una monarquía en Sudamérica encabezada por un príncipe borbón, denuncia que contribuyó a su desmantelamiento. Con Bolivia, gobernada entonces por José Ballivián, enemigo personal de Castilla, hubo disputas de tipo económico y una amenaza de guerra en 1847, pero finalmente se firmó un tratado comercial que calmó momentáneamente los ánimos.
En defensa, se modernizó al Ejército: se adquirieron fusiles de percusión (en reemplazo de los viejos fusiles de chispa), cañones de mayor calibre y nuevas unidades navales, y se fundó la Factoría Naval de Bellavista. Como muestra del poderío naval alcanzado, el gobierno envió en 1848 al bergantín Gamarra, hacia las costas de San Francisco en California, para que protegiera a los inmigrantes peruanos atraídos por la fiebre del oro. También se inició el desarrollo de la Amazonía, territorio muy descuidado desde la época colonial.
En el plano educativo se dio el primer Reglamento de Instrucción Pública de la historia republicana del Perú, se fundaron colegios y se mejoraron los ya existentes, y empezó un auge de la enseñanza superior, representado por el Convictorio de San Carlos, el Colegio Guadalupe, el Colegio de la Independencia (antiguo Colegio de Medicina de San Fernando y luego Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos) y el Seminario de Santo Toribio.
El Perú entró entonces en una etapa de paz y progreso interno, así como de poderío y prestigio internacional, lo que se reflejó en su desarrollo material e intelectual. Fue en este periodo en que se construyó el ferrocarril de Lima al Callao, que fue el primer ferrocarril del Perú y de Sudamérica; se adoptó el primer telar mecánico y la primera fábrica de papel; se implantó el alumbrado a gas; se empezó la construcción del Mercado Central de Lima, en reemplazo de los anticuados e insalubres mercadillos de la época colonial; y por iniciativa privada, se fundaron fábricas para abastecer al mercado nacional de tejidos y de otras industrias menores, como velas, cristales y fósforos. Numerosas obras públicas se realizaron también en el interior del país y en los principales puertos.
En el plano intelectual, destacaron los debates ideológicos entre el liberal Colegio Guadalupe y el conservador Convictorio de San Carlos, que se trasladaron al Congreso, destacando muchos oradores que enriquecieron así el debate político. Destacaron los debates sobre el voto de los indígenas y la elección de los obispos.
Antecedentes
La revolución constitucionalista de 1843-1844
Antes de la llegada de Ramón Castilla al poder, el Perú se debatía en una anarquía militar, desatada luego de la muerte del presidente Agustín Gamarra en la batalla de Ingavi, el 18 de noviembre de 1841, en plena guerra contra Bolivia. El sucesor de Gamarra fue Manuel Menéndez, por ser el presidente del Consejo de Estado (cargo equivalente a vicepresidente), pero fue derrocado en 1842, sucediéndose entonces una serie de gobiernos militares efímeros. izquierda|miniaturadeimagen|283x283px|El objetivo de la revolución constitucional de 1843 fue la restitución en el poder de Manuel Menéndez, por ser el sucesor legítimo del presidente Agustín Gamarra muerto en la batalla de Ingavi en 1841. En 1843 se impuso el general Manuel Ignacio de Vivanco, que estableció el gobierno de facto del Directorio, de corte conservador. Pero ello no puso fin a las guerras de facciones. El denominado «bando constitucional» se propuso restablecer el imperio de la Constitución de 1839, y reponer a la autoridad legítima, es decir, a Manuel Menéndez. Este bando constitucional lo encabezaban los generales Domingo Nieto y Manuel de Mendiburu, a los que se sumó después el general Ramón Castilla.
La «revolución constitucionalista» empezó en Tacna el 17 de mayo de 1843. Las primeras victorias de los constitucionales se obtuvieron en Pachía, cerca de Tacna, el 29 de agosto de 1843 y en San Antonio, cerca de Moquegua, el 28 de octubre. Se constituyó el 3 de septiembre de ese año una Suprema Junta de Gobierno Provisorio la República en el Cuzco, presidida por Domingo Nieto e integrada por el general Ramón Castilla, el coronel Pedro Cisneros, el doctor José M. Coronel Zegarra y el coronel de la guardia nacional Nicolás Jacinto Chocano. Tras el fallecimiento repentino de Nieto el 17 de febrero de 1844, pasó a presidir la Junta el general Castilla, y se sumó como nuevo miembro el general José Félix Iguaín. Posteriormente, la Junta quedaría reducida a Castilla, Iguaín y el general Miguel de San Román.
Vivanco marchó personalmente contra los revolucionarios, dejando en Lima al prefecto Domingo Elías. Avanzando desde Ica, se dirigió al frente de sus fuerzas sobre Ayacucho. Castilla, desde el Cuzco, le salió al encuentro pero Vivanco hizo una serie de movimientos esquivando a su rival, hasta llegar a Arequipa donde decidió defenderse, alentado por el apoyo del pueblo arequipeño. Castilla lo persiguió hasta allí y la batalla final se hizo inminente.
Mientras tanto, en Lima, el prefecto Elías se alzaba contra el gobierno de Vivanco y se arrogaba el mando supremo, al considerar que los pueblos se habían hastiado de las guerras civiles y que ansiaban la paz. Elías anunció que se mantendría en el poder hasta la instalación de un Congreso que restituyese la legalidad, y envió comisionados ante Castilla y Vivanco para invitarles a deponer las armas. Pero no recibió respuesta, y más bien, desde Huancayo, avanzaron sobre Lima las fuerzas vivanquistas comandadas por José Rufino Echenique. Elías organizó entonces la defensa de la capital. Pero el esperado ataque de Echenique no se produjo porque Felipe Pardo y Aliaga le avisó que Vivanco y Castilla se preparaban para un encuentro definitivo cerca de Arequipa, por lo que Echenique, entendiendo que era inútil continuar la lucha cuando la guerra se iba a definir en otro campo, suspendió su avance. A todo ese lapso en que la capital vivió alarmada por un inminente ataque se conoce como la Semana Magna.
En efecto, tal como lo advirtió Pardo y Aliaga, la batalla final se dio cerca de Arequipa. Los constitucionalistas de Castilla se enfrentaron a las fuerzas directoriales de Vivanco en la batalla de Carmen Alto, el 22 de julio de 1844. Vivanco fue completamente derrotado.
Gobierno de Manuel Menéndez Tras un corto interinato de Justo Figuerola, el 7 de octubre de 1844 fue restablecido en el mando Manuel Menéndez. Por su parte, Castilla declaró en receso a la Suprema Junta que había presidido durante la revolución, entregó sus tropas y se alejó del mando. A decir del historiador Jorge Basadre, Menéndez realizó una administración ejemplar. Se esforzó en lograr la reconciliación entre los partidos y en recuperar el calamitoso estado de la hacienda nacional. Pero su principal misión fue hacer el traspaso constitucional del poder a través de elecciones generales.
Elecciones de 1845
En esos años, las elecciones eran indirectas, por medio de colegios electorales. Figuerola ya había dado un decreto para que los colegios electorales hicieran nuevas elecciones para presidente de la República, senadores, diputados y otras autoridades. El Congreso debía instalarse el 9 de diciembre de 1844, pero cómo no llegaron a reunirse todos los colegios electorales, Menéndez dio el 14 de diciembre un decreto a fin de que las autoridades agilizaran la reunión de esos colegios para hacer la elección de los representantes ante el Congreso; éste, que tendría el carácter de Extraordinario, se reuniría para hacer el escrutinio de la elección presidencial y proclamar al nuevo presidente de la república.
Indiscutiblemente, el candidato a la presidencia que contaba con el favor popular era el general Ramón Castilla, veterano de la guerra de la independencia y triunfador en Pachía, San Antonio y Carmen Alto de la reciente guerra civil. Domingo Elías presentó también su candidatura, en representación de los civiles, esperando contar con el apoyo del norte. Pero los militares tenían entonces mucho más poder y carisma en la población, mientras que los políticos civiles, los "hombres de levita y frac", todavía eran una minoría. De modo que el triunfo de Castilla fue categórico.
El Congreso se instaló el 16 de abril de 1845, bajo la presidencia de Manuel Cuadros Loayza. El presidente Menéndez dio ante la representación nacional un largo discurso donde expuso la situación del país y sintetizó la anarquía que recientemente había vivido el país, señalando los defectos del Estado y proponiendo los remedios adecuados. El Congreso, luego de revisar las actas de los colegios electorales, el día 19 proclamó como vencedor a Castilla.
Toma de mando 200px|miniaturadeimagen|Retrato del mariscal Ramón Castilla. Castilla juramentó el cargo de presidente constitucional el 20 de abril de 1845, ante el Congreso de la República, para un mandato de seis años, de acuerdo con la Constitución de 1839.