La primera guerra del Opio o la primera guerra anglo-china fue un conflicto bélico que enfrentó al Reino Unido y el Imperio chino entre 1839 y 1842. El conflicto estalló ante la decisión del gobierno imperial de China de endurecer las medidas contra el tráfico ilegal de opio que narcotraficantes británicos liderados por William Jardine practicaban con relativa impunidad en China.
Las raíces del conflicto se encuentran en los desequilibrios en la balanza de pagos entre el Imperio chino y el Reino Unido. Para poder preservar las reservas de plata del país (que formaban la base monetaria del mismo), desde mediados del China practicaba una política comercial proteccionista, restringiendo el comercio con Europa al puerto de Cantón, y primaba las exportaciones de sus propios productos (té, seda, porcelana, tejidos) frente a la importación de productos europeos. Los productos chinos solo podían ser adquiridos con plata que los británicos importaban de América y Europa. A fin de corregir el déficit comercial que ello causaba, los británicos comenzaron a exportar opio producido en sus posesiones de la India a China. El tráfico de opio era ilegal tanto en China como en el propio Reino Unido, pero se desarrolló con el consentimiento tácito de las autoridades británicas, deseosas de limitar la pérdida de reservas de plata en Europa.
Para la década de 1830, los narcotraficantes británicos exportaban unas 1400 toneladas de opio al año a China. Esto había producido un vuelco de la balanza de pagos a favor del Reino Unido, y amenazaba con causar una grave crisis monetaria en China. Al mismo tiempo, la epidemia de adicción al opio amenazaba la cohesión social china. Deseoso de acabar con el narcotráfico, en 1839 el emperador Daoguang decretó la incautación de todo el opio en manos extranjeras en Cantón. Esto causó una escalada del conflicto comercial entre China y el Reino Unido a lo largo de 1839, que devino en una declaración de guerra formal en el verano de 1840. Los británicos aprovecharon su superioridad naval para forzar la rendición de China, que cedió Hong Kong a los británicos y accedió a abrir al comercio con Occidente varios puertos de China.
La primera guerra del Opio marcó el comienzo del declive definitivo de la dinastía Qing, que fue incapaz de resistir la superioridad militar de Occidente. China quedó cautiva del imperialismo occidental y japonés.
Antecedentes La primera guerra del Opio estalló en el contexto de la expansión comercial europea en China. La presencia activa de comerciantes europeos en China comenzó sobre todo con el establecimiento de la colonia portuguesa de Macao en la desembocadura del río de las Perlas en 1557, durante la segunda fase de la dinastía Ming. Su presencia en las costas de China garantizaba a los portugueses un contacto directo con el mercado chino, y pronto se convirtieron en los grandes intermediarios entre China y el resto de comerciantes europeos.
Posteriormente, otras potencias europeas comenzarían a conquistar posesiones territoriales en el extremo oriente. El Imperio español tomó las Islas Filipinas en 1566 y fundó el puerto de Manila en 1571, desde donde se gestionaba una ruta comercial entre China y el Virreinato de Nueva España: seda, especias y porcelanas chinas eran intercambiadas por la plata que España extraía de sus posesiones americanas.
Las Provincias Unidas establecieron en 1619 una importante colonia en Batavia (actual Yakarta, en Indonesia), en Penghu (1603) y finalmente en la isla de Formosa (1624), actual Taiwán. Desde estas posesiones los comerciantes neerlandeses comenzaron la exportación de bienes chinos como el té, la porcelana o los productos lacados.
Hasta mediados del , el comercio con China fue relativamente modesto, y era llevado a cabo sobre todo por medio de intermediarios, bien comerciantes chinos o portugueses. Estos intermediarios exportaban productos chinos a las posesiones europeas en el extremo oriente, donde se intercambiaban sobre todo por plata.
El intercambio de plata con Occidente se convertiría en crucial para el Imperio chino. La base monetaria china era la plata, partiendo de la cual se calculaban los impuestos y se realizaban las grandes transacciones comerciales. La principal fuente de plata en el extremo oriente era Japón. Cuando en 1639 el shogunato Tokugawa cerró Japón al comercio con occidente, el comercio entre China y Japón se resintió, y occidente pasó a convertirse en la principal fuente de reservas de plata del Imperio Chino.
A fin de garantizar un continuo influjo de plata, en 1685 el emperador Kangxi (1662-1723) emitió un edicto imperial autorizando la apertura de todos los puertos chinos a los barcos extranjeros. El edicto de Kangxi también regulaba las condiciones de dicho comercio, que había de desarrollarse sobre la base de varias restricciones. Principalmente, el comercio sólo podía tener lugar por medio de un intermediario comercial que recaudaba todos los impuestos aduaneros en nombre del emperador. Por razones de índole geográfica, el comercio europeo se desarrolló sobre todo en los puertos de Cantón, Zhoushan y Amoy, en la costa sureste de China.
Relaciones comerciales entre China y el Imperio británico
Los comerciantes británicos empezaron a llegar a China en 1635, aunque su presencia en China fue esporádica hasta que en 1683 la dinastía Qing conquistó Taiwán, por entonces en posesión de los Países Bajos. La expulsión de los neerlandeses de Taiwán supuso su repliegue a sus bases de Batavia, y los forzó a centrarse en defender su monopolio comercial con Japón. Esto facilitó la entrada del opio en China en el momento preciso en que daba comienzo la laxa política comercial del emperador Kangxi. En pocos años la Compañía Británica de las Indias Orientales pasó a dominar el comercio europeo con China. Esto también estuvo facilitado por el monopolio legal que ostentaban en el comercio entre el Reino Unido y la India, y entre el Reino Unido y China.
Los británicos se asentaron sobre todo en Cantón, el puerto comercial más cercano a la India. A partir de 1700, Cantón pasaría a ser el principal centro del comercio con China. Los británicos desarrollaron un comercio triangular, basado en adquirir seda, té y porcelana chinas a cambio de plata que los británicos obtenían de los españoles en Manila, donde obtenían la plata por medio de la venta de parte de la seda y la porcelana. miniaturadeimagen|439x439px|Vista del distrito de las factorías de Cantón a principios del . El distrito estaba situado fuera del recinto amurallado de Cantón, al suroeste de la ciudad, y frente al río de las Perlas. Los occidentales tenían prohibido abandonarlo, salvo para dirigirse a Macao. A fin de regular de forma más eficaz el comercio, en 1720 Kangxi remplazó a los intermediarios comerciales por un organismo colegial llamado Co-hong, formado por una serie de gremios o clanes comerciales llamados hong, que concentraban todo el comercio entre China y Europa. El número de hong varió entre 10 y 30 clanes, y pasaron a dominar todo el comercio entre China y Europa.
La relativa facilidad para el comercio entre Europa y China fue revertida en 1757, con el establecimiento del llamado Sistema de Cantón. Ese año, el emperador Qianlong (1736-1796) decidió cerrar al comercio occidental todos los puertos de China a excepción del puerto de Cantón. Obligó a los comerciantes extranjeros a establecerse a las afueras de Cantón junto al río, en el llamado distrito de las factorías de Cantón. Los europeos tenían prohibido abandonarlo salvo en la época de lluvias, cuando abandonaban Cantón para residir en Macao, bajo control portugués. Qianlong también introdujo importantes restricciones relativas al intercambio de bienes comerciales, permitiendo solo el intercambio de productos chinos por plata, y reguló más si cabe la actividad de los comerciantes hong, que eran ahora responsables del buen comportamiento de los europeos en China.
Las razones de Qianlong para ello eran de índole mercantilista y geopolítica. Con su política comercial restrictiva, pretendía evitar la fuga de reservas de plata y posicionar la balanza de pagos a favor de China, por cuanto la demanda europea de té y sedas chinas no dejaba de crecer. La necesidad de un continuo influjo de plata era fundamental para garantizar el crecimiento económico y la estabilidad interna de China. Esto se había convertido en un objetivo de envergadura, debido sobre todo a dos circunstancias que habían restringido los influjos de plata en la década anterior a 1757. Primero, la guerra del Asiento (1739-1740) entre España y el Reino Unido había congelado las exportaciones de plata de América a China. Segundo, desde la década de 1720 el antaño lucrativo comercio de porcelana y de productos lacados chinos había entrado en claro declive. Esto fue debido sobre todo a que hasta 1708 la única fuente de porcelana del mundo era China, que guardaba celosamente el secreto de su fabricación. Sin embargo, en 1708 el desarrollo de la porcelana de Meissen en Sajonia puso fin al monopolio chino: al tiempo que las manufacturas de porcelana se generalizaban en Europa, el comercio de la porcelana china, uno de los más lucrativos, declinó rápidamente. Aunque el comercio de seda y té se mantuvieron, Qianlong temía que el rápido declive en la exportación de bienes lucrativos llevara a desequilibrios comerciales. Finalmente, Qianlong también pretendía evitar que la presencia extranjera condujera a disturbios o rebeliones como las que habían recientemente llevado al Imperio Mogol de la India a convertirse en vasallo de la Compañía Británica de las Indias Orientales.
En un principio, las restricciones comerciales de Qianlong tuvieron éxito. Los comerciantes occidentales, con la Compañía Británica de las Indias Orientales a la cabeza, aceptaron estas restricciones por lo lucrativo del comercio con China, y porque facilitaba la protección de su propio monopolio comercial entre China y el Reino Unido si solo había un puerto donde comerciar. Sostenido sobre todo por la insaciable demanda británica de té, para la década de 1790 el comercio entre China y el Reino Unido suponía el 10 % del PIB de Gran Bretaña. Entre 1650 y 1790, China había recibido 28 millones de kilogramos de plata importada por comerciantes europeos a cambio de productos chinos.
Déficit comercial entre China y Europa El proteccionismo comercial chino pronto desembocó en un gran desequilibrio de la balanza de pagos comercial a favor de China. Pese a ello, a lo largo del el comercio entre China y Europa se mantuvo relativamente estable. Esto se debía a la creciente demanda de productos chinos en los mercados europeos, y al fácil acceso que los comerciantes europeos tenían a fuentes baratas de plata, fundamentalmente las minas españolas en América.
Las consecuencias del desequilibrio comercial en China fueron considerables. Por un lado, China se volvió completamente dependiente de las importaciones de plata extranjera. Por otro, se generó una gran inflación interna, y una devaluación considerable del valor de la plata. Esto facilitó la explosión demográfica vivida por China durante el reinado de Qianlong, pues el colapso del tipo de cambio entre el cobre, usado por las clases populares chinas como moneda corriente, y la plata que servía de base sobre la que se fijaban impuestos, supuso de facto un gran rebaja fiscal al campesinado chino.
Las consecuencias del desequilibrio comercial en Europa empezaron a dejarse ver de forma gradual hacia finales del , cuando la expansión económica de Europa empezó a acrecentar la necesidad de incrementar la circulación de metales preciosos en Europa. A fin de mantener el comercio con China, los países europeos, con el Reino Unido a la cabeza, empezaron a arriesgar la escasez de plata en Europa para poder satisfacer la demanda de la misma que sus comerciantes tenían en Asia.