miniatura|Anfiteatro Astley (c. 1808-1810), grabado de Thomas Rowlandson. Se suele considerar a Philip Astley el creador del circo moderno, tras fundar el Astley Riding House en 1768 miniatura|El circo (1891), de Georges Pierre Seurat, Museo de Orsay, París miniatura|Final de la función de la 38.ª edición del Festival Internacional de Circo de Montecarlo (2013) miniatura|Actuación del Circo Oz (2023) La historia del circo tiene su inicio en 1768, año en que Philip Astley fundó el Astley Riding House en Londres, considerado el primer circo moderno. Derivado de numerosos antecedentes históricos del ámbito del espectáculo, el entretenimiento, las variedades y las ferias ambulantes, el concepto actual de circo proviene, sin embargo, de las innovaciones que Astley introdujo en su espectáculo. Militar de carrera, Astley destacó por sus habilidades como jinete, motivo por el cual, tras licenciarse del ejército en 1768, inició un espectáculo ecuestre, al que añadió una banda de música y, con el tiempo, diversas figuras del mundo de la farándula y los espectáculos ambulantes, como acróbatas, saltimbanquis, mimos y payasos. Al juntar los diversos oficios circenses en un solo recinto —rescatando a muchos de estos artistas del ambiente callejero, casi marginal, en el que trabajaban hasta entonces—, Astley sentó las bases del espectáculo circense tal como se considera hoy día.

Se puede definir al circo (del latín circus, «círculo», y este del griego kírkos) como un espectáculo basado en diversas habilidades humanas por lo general fuera de lo común, encaminadas a divertir, entretener, asombrar, cautivar y hacer volar la imaginación. También se llama circo al recinto donde se realiza el espectáculo, por tradición una carpa itinerante con graderías para el público y una arena central para los espectáculos. El circo incluye diversos oficios, como acróbatas, jinetes, malabaristas, mimos, payasos, equilibristas, titiriteros, trapecistas, forzudos, gimnastas, contorsionistas, zancudos y figuras como el hombre bala o lanzadores de cuchillos; también, en ocasiones, solía incluir magos (o bien ilusionistas, adivinos y mentalistas), ventrílocuos, faquires o personajes como tragafuegos y tragasables; por último, antiguamente solía incluir diversos tipos de rarezas (o «fenómenos») como personas deformes, gigantes o enanos, siameses, albinos, mujeres barbudas u otro tipo de personajes con características poco habituales, generalmente englobados bajo la denominación de freak show, hoy día ya prácticamente inexistentes. En ocasiones, también incluye diversos tipos de actuaciones con animales amaestrados —los más habituales, caballos, osos, leones y elefantes—, aunque hoy día van desapareciendo por las leyes de protección de animales. También fueron populares durante un tiempo los circos de pulgas. La presentación suele correr a cargo de un maestro de ceremonias.

El circo —también considerado como «arte circense»— tiene numerosos antecedentes del mundo del espectáculo y la farándula, las artes escénicas y las ferias ambulantes, con unos orígenes que se remontan hasta la Prehistoria, ya que siempre ha sido inherente al ser humano la necesidad de comunicarse y expresarse, de tener ciertos momentos de ocio y diversión. Durante el y hasta principios del surgió un espectáculo híbrido entre el circo y el teatro, con espectáculos de pantomima u opereta que utilizaban grandes decorados y un gran número de figurantes. El circo tradicional sigue vivo en numerosas compañías vigentes hoy día. Sin embargo, en los años 1970 se forjó un nuevo concepto denominado «circo contemporáneo» (nouveau cirque en francés), de estructura más dramática y narrativa, sin la utilización de animales, con un nuevo concepto estético y una simbiosis con otras clases de artes escénicas, como el teatro, la música, el baile y el mundo de las performances.

El espectáculo circense tiene su razón de ser en los sentimientos que despiertan en el público, sobre todo en la mezcla de episodios cómicos —generalmente protagonizados por payasos— con la tensión que generan las acrobacias y otras actuaciones que pueden conllevar cierto riesgo para el artista, pese a que generalmente se realizan con una red protectora o algún otro tipo de dispositivo de seguridad. El contraste entre suspense y relajación, en un clima de hechizo y atracción potenciado por la música y las reacciones del público, comporta en el espectador diversos estados de ánimo que le hacen evadirse de la realidad y pasar un rato de placer y sosiego, todo ello favorecido por la actuación en directo y la proximidad entre público y artistas.

Antecedentes

miniatura|Bartholomew Fair (1808), grabado de Thomas Rowlandson. Ubicada en Londres, esta feria se celebró entre 1133 y 1855 y en ella se reunían diversos artistas ambulantes, como magos, acróbatas, payasos y adivinos Los antecedentes del circo, como los del mundo del espectáculo y las variedades, se hunden en las raíces de la cultura humana. Como animal social, el ser humano se ha reunido siempre en grupo para celebrar diversos aspectos de la vida, como los nacimientos, las bodas o las defunciones, reuniones en las que afloraban las diversas aptitudes que el ser humano es capaz de desarrollar, como el canto, la música, el baile, la declamación o todo tipo de proezas físicas y habilidades manuales. Otro tipo de capacidades fueron desarrolladas partiendo de actividades como la caza o la guerra, donde personas con habilidades especiales podían sobresalir. Igualmente, el surgimiento de la religión y los diversos ritos celebrados en torno a las múltiples creencias que ha ido forjando el ser humano favorecieron un clima de misterio y gestualidad que se trasladó a diversos tipos de actuaciones consideradas como magia o ilusionismo. Paralelamente a los rituales que desarrollaban los sacerdotes, otro tipo de personajes trasladaron estos recursos al ámbito laico.

Antigüedad

miniatura|izquierda|Malabaristas, fresco hallado en la tumba de Baqet III en Beni Hassan (Egipto) En el antiguo Egipto están documentadas las prácticas de la acrobacia, el malabarismo y el antipodismo, como se manifiesta en diversos frescos y bajorrelieves, como los hallados en Beni Hassan, de unos 4000 años de antigüedad. En Tebas existían diversas escuelas de este tipo de artes, algunas de las cuales llegaron a formar incluso a artistas griegos. Por lo general, este tipo de espectáculos se celebraba en fiestas religiosas o celebraciones agrícolas, o bien en rituales y pruebas de supervivencia, costumbres que pasaron igualmente a Grecia y Roma.

La antigua Grecia fue la cuna del teatro, del arte dramático tal como se concibe hoy día, aunque el teatro griego tenía cierto componente de lo que hoy consideramos circo. Según Jaime de Armiñán (Biografía del circo, 1958), «el teatro nació en Grecia, en las fiestas campestres y religiosas; pero, en realidad, lo que allí se representaba eran pantomimas circenses, más cerca de la pista que del escenario». En la antigua Grecia se dio una gran importancia a la cultura física, especialmente gimnasia y atletismo, lo que se plasmó en unas competiciones deportivas: los Juegos Olímpicos. Los juegos se celebraban cada cuatro años en honor a Zeus, en Olimpia, a partir del año (los últimos se celebraron el , fecha en que fueron suprimidos por el emperador Teodosio I). De carácter predominantemente religioso, su celebración suponía una tregua en los conflictos entre las distintas ciudades-estado griegas. Los juegos incluían pruebas atléticas, de lucha, carreras de carros y pentatlón, así como algunos concursos artísticos (de heraldos y trompetas, de música, canto y actuación).

miniatura|Carrera de carros en el circo de Cartago, Museo Nacional del Bardo, Túnez En Roma existía un espectáculo conocido en latín como ludi («juegos»), que se celebraban en un estadio llamado circo, pero más allá de la coincidencia del nombre no era el mismo tipo de espectáculo que tratamos, sino unos espectáculos de competición donde predominaba la violencia, donde más que la habilidad se valoraba la crueldad. Tenía su origen en antiguos ritos funerarios etruscos, en que se sacrificaba a un prisionero en la tumba de un guerrero caído. Empezaron a celebrarse en honor de Júpiter Óptimo Máximo, el El espectáculo más popular eran las carreras de carros —generalmente cuadrigas—, que arrastraban numerosos adeptos constituidos en facciones rivales y movían una gran cantidad de dinero en apuestas. Otros espectáculos consistían en luchas de gladiadores, los espectáculos con animales (venationes) —que podían incluir ajusticiamiento de prisioneros que eran expuestos en la arena para que fuesen comidos por fieras—, recreación de batallas —incluidas las naumaquias— y similares. También incluían competiciones atléticas y representaciones teatrales. Los juegos eran muy populares en Roma, de tal forma que para mantener contenta a la población los gobernantes los solían organizar asiduamente, hecho del que proviene la famosa locución panem et circenses («pan y espectáculos del circo»). Cabe señalar que el circo en sí era el estadio, generalmente de forma elíptica, compuesto por una arena rodeada de gradas para el público. El más célebre y que funcionó durante más tiempo —más de mil años— fue el Circo Máximo, con capacidad para 150 000 espectadores.

En Roma también había malabaristas y funámbulos, que a menudo actuaban en el circo, en los descansos de las carreras de carros. Los funámbulos eran muy admirados: en una ocasión, el emperador Marco Aurelio presenció el accidente de un funámbulo que murió de la caída, por lo que mandó colocar colchonetas debajo para prevenir este tipo de fallecimientos. Más tarde, con el emperador Diocleciano, se cambiaron las colchonetas por redes de seguridad.

miniatura|izquierda|Acróbatas chinos, grabado de Jacob van Meurs (1665) Otro referente fue la antigua China. Se puede considerar a China como la cuna del circo, ya que fue en esta región donde por primera vez una serie de personas con habilidades especiales pusieron sus conocimientos al servicio del espectáculo: los acróbatas. Las primeras menciones a este tipo de personajes se remontan a hace 5000 años, período en que algunos cazadores con una especial destreza empezaron a mostrar al público su pericia en diversos actos basados en la fuerza, la rapidez, el equilibrio, la agilidad o la doma de animales. El historiador chino Fu Quifeng, autor de Historia de la acrobacia y La acrobacia china a través de los tiempos, sitúa el surgimiento de la acrobacia en la zona noreste de China, al tiempo que afirma que la acrobacia fue la «primera expresión artística corporal del hombre, anterior a la danza y el teatro». Estos primeros acróbatas eran itinerantes, ofrecían su espectáculo en pueblos y aldeas que iban visitando, generalmente en la calle, sin un escenario específico donde actuar. Para sus actuaciones se servían de utensilios de la vida cotidiana, como sillas, platos y jarras, con los que hacían juegos malabares, o bien con armas, como arco, mazo y jabalina.