thumb|Rapado de cabezas a una mujer en Montélimar durante la épuration légale en 1944. El rapado de cabezas es una forma de represalia y humillación destinada a aquellas mujeres acusadas de colaboracionismo con el enemigo. Esta práctica se remonta a la Antigüedad y fue uno de los principales castigos aplicados a las mujeres colaboracionistas con la Alemania nazi, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial.

Antecedentes El castigo de afeitar el cabello a la mujer es antiguo y está presente en varias culturas: encontramos ejemplos en la Biblia, en una capitular del Imperio carolingio datada del 805 donde se cita esta práctica entre los visigodos y en la Edad Media, como degradación para las mujeres que habían cometido adulterio. El escándalo de la torre de Nesle, en el que tres nueras del rey Felipe IV de Francia fueron acusadas de adulterio, conllevó a que fuesen afeitadas a modo de punición.

Por la ordenanza contra los gitanos del 11 de julio de 1682 («Declaración contra los vagabundos y los llamados bohemios y bohemios y los que les dan jubilación»), el ministro francés Colbert condenaba a los varones a trabajos forzados en las galeras de por vida y a las mujeres a ser rapadas. El motivo de aplicación de dichas sanciones eran por haber servido como unidades militares a sueldo para los nobles que se rebelaban contra la autoridad real. Las mujeres que retomaban su vida bohemia eran azotadas y desterradas.

Primera Guerra Mundial Al final de la Primera Guerra Mundial, un soldado francés, Ephraim Grenadou, dio testimonio en sus memorias de las mujeres rapadas en los departamentos del norte de Francia recientemente liberados. «Cuando llegamos a esos territorios, arreglaron cuentas, viejas disputas de la época de los alemanes. A las mujeres buenas les cortan el pelo», afirmó. Este testimonio único aún está sujeto a confirmación por parte de los historiadores, pero el afeitado de cabezas está atestiguado en Bélgica.

Los primeros casos de afeitados de cabello en público se registraron en la República de Weimar a principios de la década de 1920. Una parte del territorio alemán quedó ocupado por los ejércitos francés y belga, surgiendo relaciones entre estos soldados y las ciudadanas alemanas. A modo de represalia, varias de ellas fueron rapadas, un castigo que perduró hasta la década de 1930. Es posible que también estuvieran obligadas a visualizar carteles ofensivos donde se atacaban a las mujeres que mantenían relaciones con el enemigo.

Guerra civil española

Esta práctica fue retomada (o reinventada) por los falangistas españoles desde el comienzo de la Guerra civil española (1936-1939). En España existía en el siglo una práctica similar, consistente en afeitar el cabello a las mujeres que entraban en prisión (consideradas, fuese cual fuese el motivo de su condena, niñas perdidas), suponiendo de esta forma para ellas una ruptura con su pasado y el comienzo de una nueva vida.

Desde el inicio del levantamiento, en el Marruecos español, las mujeres republicanas o cercanas a los republicanos (esposas, madres, hermanas, hijas) fueron rapadas. Este acto de humillación se perpetró más adelante en toda la España conquistada, con el fin de mantener la retaguardia en calma. Se trató de una acción cometida exclusivamente por el autodenominado bando nacional, de forma regular durante todo el conflicto bélico, a modo de purificación.

El rapado de cabezas afectaba a todas aquellas mujeres que pertenecían al bando republicano; la mayoría de las veces se trataban de solteras. El ritual llevado a cabo por los falangistas era similar en todos los casos: las mujeres eran recogidas en sus casas, afeitadas en la plaza mayor y en público, dejándolas a veces con algunos mechones trasquilados que servían para colgar cintas. Posteriormente, se les colgaba un cartel al cuello con la inscripción Rojo y se les hacía desfilar por las calles, más o menos desnudas. Otros castigos adicionales incluían beber aceite de ricino, un potente purgante con el objetivo de «purificar sus entrañas», o el corte del vello púbico. El rapado de cabeza, como tortura moral, a veces iba precedida o acompañada de tortura física.

Segunda Guerra Mundial thumb|right|250px|Varias Moffenmeiden neerlandesas, una de ellas con el cabello rapado, obligadas a desfilar en 1945. Los casos más conocidos de mujeres rapadas tuvieron lugar en los países de Europa Occidental en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial, desde el desembarco de los aliados en Normandía hasta el final de la guerra y años posteriores.

El rapado de cabezas pasó a ser la sanción más común contra las mujeres que habían confraternizado con el enemigo, al haber mantenido relaciones sexuales, amistosas o profesionales con el ocupante, pero no la única. Además de ser arrastradas a veces desnudas por las calles, muchas de ellas, afeitadas o no, fueron ejecutadas. Solo en el departamento francés de Morbihan, 76 mujeres fueron ejecutadas extrajudicialmente, incluidas 27 por haber tenido relaciones íntimas con alemanes. La estrella de cine del período de entreguerras Mireille Balin, mientras intentaba cruzar a Italia con su amante austriaco, fue arrestada por un grupo de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), quienes la violaron.

El modus operandi generalmente transcurría de la siguiente forma: la mujer era sacada de casa y llevada a un espacio público, donde se procedía a afeitarle la cabeza, ya sea sobre una plataforma, en el suelo, de pie o sentada. En ocasiones se elegía un lugar simbólico, como un monumento a los caídos. Después de haberles rapado la cabeza, eran obligadas a desfilar en procesión por la localidad, ya sea a pie o montadas en carretas o carros.Véase la foto de Robert Capa titulada "Femme tondue pour avoir eu un enfant d’un soldat allemand", tomada en la ciudad de Chartres el 18 de agosto de 1944. Durante el desfile, los habitantes se acercaban para insultar e injuriar a las mujeres, que a menudo eran despojadas de su ropa y obligadas a marchar semidesnudas o incluso completamente desnudas por la calle. Asimismo, en ocasiones se les pintaba esvásticas con pintura, alquitrán o lápiz labial. Excepcionalmente, el corte de pelo se realizaba en un espacio cerrado: diez mujeres fueron esquiladas en la prisión de Grenoble en Francia y un tribunal de Tulle condenó a una mujer a tres meses de prisión y a ser rapada dentro de la cárcel. Sin embargo, lo habitual era que se hiciera en la calle, a vista de todos.

Estas «purgas horizontales» se llevaron a cabo de forma idéntica en Francia, Bélgica, Italia, Noruega y, en menor medida, en Dinamarca y los Países Bajos.Monestier, Martin. Les Poils, histoires et bizarreries, p. 172. Aplicadas en público y al margen de toda legalidad, esta cuestión histórica, antropológica y ética transcurrida tras la Segunda Guerra Mundial ha llevado al debate sobre unos hechos descritos como «desproporcionados», «crueles» y «despiadados» por la prensa actual.

En Francia

Las relaciones sexuales entre mujeres francesas y soldados alemanes durante la ocupación de Francia estaban lejos de haber sido los únicos motivos de la purga acontecida después de la liberación de París, en el periodo denominado como la épuration légale. También se castigaron a aquellas que ejercieron como intérpretes y traductoras para los alemanes, así como las mecanógrafas, secretarias y funcionarias que trabajaron para el Tercer Reich. thumb|left|270px|Dos femmes tondues, obligadas a caminar descalzas y con una esvástica pintada en la frente, por las calles de París en 1944. Según algunas estimaciones, solo en Francia hubo unos 20000 casos de mujeres rapadas (en francés: femmes tondues) en los meses posteriores a la liberación, que fueron juzgadas de forma tanto judicial como extrajudicial (en este último caso, las ejecuciones podrían haberse cometido tras consejos de guerra improvisados o Tribunales Militares de Emergencia). Entre las personas condenadas en estos juicios estaban mujeres enamoradas que se negaban a abandonar a su pareja o a su marido alemán, prostitutas que habían mantenido relaciones con soldados del ejército enemigo o simplemente mujeres que tuvieron que ponerse al servicio de los alemanes, en la mayoría de los casos como costureras o trabajadoras domésticas, para poder subsistir en tiempos de guerra. Según Dominique François, la cifra de 20000 mujeres rapadas no es más que una estimación baja, especialmente teniendo en cuenta que en Francia nacieron 80000 niños fruto de relaciones entre ciudadanas francesas y soldados de la Wehrmacht. Otros autores ascienden el número a las 100000 y 200000 víctimas en Francia, como Fabrice Virgili,Fabrice Virgili, Chargé de recherche irice - Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne , en la página web irice.univ-paris1.fr. Jean-Paul Picaper o Ludwig Norz.

Por ejemplo, tan solo en el extinto departamento del Sena cerca de 900 mujeres fueron procesadas, de las cuales el 76% fueron denunciadas por vecinos; 502 fueron condenadas y 107 fueron absueltas. Entre las condenadas, 94 fueron por haber colaborado activamente con los servicios alemanes. En París, la Cámara Cívica procesó a 135 mujeres por relaciones sexuales con oficiales o soldados del ejército alemán, y absolvió a 95 de ellas.

Las primeras amenazas de rapado de cabezas a mujeres aparecieron en la prensa clandestina ya desde julio de 1941. Los primeros afeitados efectivos tuvieron lugar entre marzo y junio, en algunos departamentos como Loira Inferior, Isère e Ille y Vilaine. A partir de la liberación aumentó drásticamente el número de mujeres que fueron rapadas, en especial en los días inmediatamente posteriores a la llegada de los aliados a París. La búsqueda de mujeres para afeitar fue impulsada después de la creación de los Comités de Liberación locales (CLL), produciéndose la principal oleada a finales del verano de 1944. Estos hechos estuvieron cubiertos por la prensa y por Radio Londres, que emitió varias noticias referentes dedicadas a estos sucesos del 20 y 30 de agosto de 1944. En los meses siguientes continuó la práctica, aunque de forma más espontánea. No obstante, cabe señalar que el rapado de cabellera contaba con un mínimo de organización: generalmente estaba presente un funcionario (policía, gendarme) que confería un «carácter oficial» al castigo.

Una segunda gran oleada se produjo en mayo y junio del año 1945, con el regreso de los prisioneros de guerra, deportados y convocados por el Servicio del Trabajo Obligatorio (STO), a menudo acompañados de trabajadores voluntarios en Alemania y de aquellos que habían acompañado a los alemanes en su huida. Estas mujeres que regresaban de Alemania fueron afeitadas a menudo en el mismo andén de la estación de tren. Aquellas que habían escapado de la primera oleada o que fueron puestas en libertad tras una sentencia considerada demasiado leve, en la primavera de 1945 también fueron afeitadas. El castigo continuó hasta finales de 1945 y el último registrado tuvo lugar en Saboya en febrero de 1946. De acuerdo con Virgili, se constata que en 77 de los 90 departamentos franceses tuvo lugar al menos una humillación de este tipo.

En Países Bajos

No se sabe con exactitud cuántas mujeres tuvieron una relación con un soldado alemán durante la ocupación del país, aunque se estima que hubo alrededor de 140000 chicas alemanas (en neerlandés: moffenmeid) en los Países Bajos. De estas relaciones nacieron entre 13000 y 15000 niños. A partir del verano de 1942, las mujeres que esperaban un hijo de un soldado alemán podían acudir en busca de apoyo y asistencia al Partido Popular Nacionalsocialista (NSV), que contaba con hospitales de maternidad especializados en Ámsterdam y Róterdam.