thumb|right|Escudo de la nobleza inca del Cuzco dentro del Virreinato del Perú. El Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco fue una institución del Virreinato del Perú por el que miembros de la nobleza incaica estaban reunidos para elegir un cabildo de indios, el Alférez Real de los Incas, que pudiera representar el interés de las comunidades indígenas (pueblo llano y nobleza) en el Cuzco colonial, así como para apoyar la evangelización católica de América, sirviendo de nexo entre el Estado virreinal y los pueblos andinos. Además del Alférez Real, también elegían a un Alcalde Mayor de los Incas y a un Alguacil Mayor de los Incas.
La institución, a nivel religioso, tuvo una destacada presencia en la vida cívico-religiosa de la ciudad del Cusco, participando frecuentemente en las festividades como el Corpus Christi y las procesiones de la Virgen de Loreto, reminiscencia de antiguas celebraciones tradicionales como la Citua. A nivel cultural, fueron promotores del legado incaico que alcanzaría su cúspide durante el Renacimiento incaico del siglo XVIII.
A nivel político, tuvo una tensa convivencia con las autoridades virreinales, especialmente durante el siglo XVIII y muy particularmente tras la rebelión de Túpac Amaru II, en la cual a pesar de mayoritariamente permanecer leales a los realistas, aportando suministros económicos y contingentes humanos, se les confiscó bienes, quedaron bajo estricta vigilancia e incluso se llegó a proponer su abolición. A nivel social, eran percibidos como grupo aspiracional por miembros de la República de indios (indígenas), incluso por grupos no-incas como los ayarmacas. Se creó un importante problema de falsificación de documentos con la intención de ser admitidos, motivo por el cual se llegó a señalar:
Fue abolido formalmente con la Constitución de 1826, aunque en 2021 se restauró informalmente.
Miembros El Consejo estaba integrado por 24 nobles Incas católicos que pertenecían a la Casa Real Hurin Qosqo y Hanan Qosqo. Se admitía a 2 miembros de cada panaca y aillu real que estuviera relacionado con los 12 emperadores incas que precedieron a Atahualpa (cuya panaca fue excluida por presión de los huascaristas, así como la panaca de los Incas de Vilcabamba por presión del virrey Francisco de Toledo), en base al registro de Pedro Sarmiento de Gamboa sobre la genealogía incaica. Estos nobles lo eran por sangre y tradición, no eran titulados como los nobles de Castilla (aun así, ambas noblezas se consideraban hermanadas).
Cabe aclarar que, desde el , existía una rivalidad interna entre los Incas, más allá de la ya conocida fracción entre huascaristas y atahualpistas, había otra división entre los Incas del Cuzco y los Incas de Vilcabamba, cuyas diferencias no se acaban con la muerte de Tûpac Amaru I en 1572, sino que se mantuvieron durante los siglos siguientes. Mientras que para los herederos de Huáscar, Toparpa, Paullo Inca y otros Incas de la ciudad, su linaje era el que tenía el mayor estatus y rango dentro del sistema nobiliario indo-hispánico de la República de indios, no lo era así para los descendientes de Manco Inca, puesto que para ellos sus antepasados habían sido aquellos rebeldes con quienes la Corona había firmado tratados y capitulaciones, donde se les reconocía la "primogenitura imperial", y fueron estos mismos quienes en su momento desconocieron que Atahualpa, Huascar, Toparpa o Paullo tuvieran legitimidad como soberanos del "Imperio del Pirú" por haber usurpado el poder por la Guerra civil incaica, o haber sido puestos por los españoles.
Historia
Antecedentes
Hubo miembros de la Casa real incaica que apoyarían a los españoles en la Conquista del Imperio incaico, como Túpac Hualpa, Manco Inca o Paullu Inca. Esto se debió a que los Conquistadores españoles buscaban pactos de alianza con la Nobleza incaica en medio de la guerra entre Huáscar y Atahualpa, logrando que los capac inca acepten servir al rey Carlos I de España a cambio de salvación y protección frente a los terribles abusos que se cometieron por la Guerra civil incaica. A su vez, se deseaba convertir a los emperadores incas a la fe católica, para que a su vez el resto de sus súbditos le siguieran los pasos. Con Paullu Inca, bautizado por Juan Pérez Arriscado (de la orden de San Juan), se logró tal cometido y varios nobles prosiguieron en convertirse al catolicismo, como García Cayo Topa, Felipe Caro Topa, Juan Paccac o Pascac, Juan Sona, etc. Varios de estos incas católicos promoverían la construcción de ermitas y parroquias para ayudar al proceso de evangelización. Así, existió una nobleza indígena colaboracionista a la monarquía española y la iglesia católica, estos nobles indígenas que colaboraron con los españoles de un modo u otro (aceptando así todas las requerimientos exigidos) lo hicieron con la esperanza de que la Corona les otorgue la libertad y autonomía del que habían sido privados por los últimos Incas, en tanto que otros querían conservar su estatus y privilegios en el nuevo sistema virreinal. Así mismo hubo un grupo de caudillos indígenas que buscaron ascender socialmente o que se les reconozca un estatus del que no habían gozado en el pasado, pero que ellos se atribuían ante los conquistadores españoles. En cuanto a la nobleza incaica, se les reconoció privilegios a los descendientes de Huascar, Paullu Inca, Huayna Cápac, Túpac Yupanqui, entre otros, quienes contribuyeron con la conquista y pacificación de territorio en favor de la Corona.
Sin embargo, Manco Inca, debido a agravios recibidos por los españoles, terminó provocando una rebelión y forjó su propia línea de sucesión al trono inca, a través de los Incas de Vilcabamba, quienes, por medio del Estado neoincaico, le declararon la guerra a la Monarquía Hispánica. Pese a ello, virreyes del Perú como Pedro de la Gasca, Andrés Hurtado de Mendoza y otros buscaron integrar a esos reductos incas al área de colonización española con el fin de que pudieran controlarlos y terminar las revueltas, logrando una reconciliación. Siendo así que, el 5 de enero de 1558, el joven soberano, Sayri Túpac, recibió una majestuosa acogida por parte del virrey Hurtado de Mendoza en la ciudad de Lima, en el que acordaron que: A cambio de recibir y reconocérsele propiedades prometidas por los españoles (mayormente en el Cusco), renunció a sus derechos como soberano del Tahuantinsuyo, en favor de trasladar tales derechos (de ser sucesor de Atahualpa) al rey Felipe II de España y a sus sucesores de la Corona de Castilla, en una aplicación de Translatio imperii, donde los reyes de España, a partir de Carlos I de España, serían legítimos sucesores de los Sapa Inca como reyes del Perú.Incas, virreyes y presidentes del Perú, Gustavo Siles (1970).Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo. Nueva edición de la Suma y Narración de los Incas, Rodolfo Cerrón-Palomino (2016).https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/1680760/Boletin38.pdf.pdf?v=1613737045 Aunque se reanudaría la guerra hispano-inca con su sucesor Titu Cusi Yupanqui, se reafirmaron los términos con el Tratado de Acobamba, por el que aceptaba el Inca ser vasallo del rey Felipe II, solo en la medida de que este cumpliera con el trato, y este a su vez reconocía su título de Inca.
Con la llegada del virrey Álvarez de Toledo se daría un proceso de reorganización que afectará también a la nobleza indígena cristiana en general, dándose la caída de los "cacicazgos ilegítimos" instaurados por los llamados "conquistadores y encomenderos". Esta elite indígena había alcanzado el poder en ciertas regiones por haber ayudado como jefes militares y colaboradores políticos a los primeros españoles en sus empresas de conquista, y habían logrado prolongar su mandato hasta la década de 1560, siendo “los mandoncillos caciques” denunciados muchas veces por los mismos indios ordinarios a causa de sus malos tratos. También se quiso verificar la procedencia de algunos "incas de privilegio" y abolir los títulos de quienes se presentaban con engaños que eran nobles indígenas. Álvarez de Toledo se encargó durante su gobierno de neutralizar a toda la elite indígena que supusiesen un peligro ya sea presente o futuro para el gobierno español y para la Corona, por lo que muchas veces tuvo que recurrir a métodos arbitrarios que le hicieron ganarse la enemistad o antipatía de este sector de poder. El objetivo del virrey era tener a autoridades indígenas fieles a las disposiciones del gobierno, y así lo consiguió. Los nobles Incas del Cuzco fueron reducidos en parroquias y fueron obligados por el virrey Álvarez de Toledo a pagar tributo juntamente con los yanaconas o hatunrunas, aunque lograron ser eximidos de tributar luego de protestar. Por otro lado, se ejecutó a Túpac Amaru I tras una última declaración de guerra, sin embargo su panaca de Sayri Túpac negocio su rendición con la Corona a cambio de privilegios, logrando ponerse en práctica de una vez la capitulación de 1558. El virrey Álvarez de Toledo llegó a solicitar que la descendencia principal de los Incas de Vilcabamba, Ana María de Loyola Coya Inca, debía de ser enviada a España, impidiéndosele retornar al Perú. Con ello, la Orden jesuita se volvió un fuerte defensor de la legitimidad incaica dentro del Imperio español, partidarios de una política indigenista en el que se relataba a los Incas como los "señores naturales" de los Reinos del Perú, cuyos privilegios no podían ser eliminados por la conquista española; siendo un ideario político en pugna contra la visión promovida por los Regalistas (defendida por Toledo o el Inca Garcilaso de la Vega) en el que se veía a los Incas como violentos tiranos que usurparon las tierras e instituciones de los demás pueblos indígenas en contra de su voluntad durante las expansiones del Imperio inca, y por el cual el rey de España había venido a dar orden. Posteriormente, el virrey Toledo ordenó la realización de la primera Genealogía Inca, con base en las tradiciones orales y otras probanzas de las panacas, para preservar su historia y lograr una legitimidad política ante los Indios.
Funciones Fue una institución virreinal que se prefiguraría con una Real Cédula del 9 de mayo de 1545, durante el reinado de Carlos I de España de la Casa de Austria (quien adoptó el título de XV emperador del Perú, en el que reconocía a los 14 incas previos también como reyes del Perú, a manera semejante de cómo el zar ruso era también rey polaco o el rey británico era emperador indio) con la creación del Alférez Real de los Incas, otorgándosele tales honores a Cristóbal Paullu Inca, siendo su elección de este alférez a cargo de los descendientes de la panca de Huayna Cápac. En 1570, se concedió a los indígenas el honor de elegir un Alférez real, sobre todo a los nobles incas presentes en el Cusco tras la visita general del Virrey Toledo; sin embargo, se presentó una situación de conflicto y desorden entre los nobles incas a la hora de hacer el sufragio. Posteriormente, por consejo de Agustín Jara de la Cerda (Juez de naturales) se dispuso en 1595, durante el gobierno de Felipe II de España, que cada una de las panacas fuese representada por 2 electores y que todos constituirían un Cabildo de Indios Nobles, que estuviera compuesto de 24 electores, quienes nombrarían mediante sufragio a un Alférez Real para la festividad de Santiago Apóstol, patrón de España. Inspirado en el Consejo de los Príncipes electores del Sacro Imperio Romano Germánico, se formaría el Consejo de los 24 nobles electores Incas del Cusco. Este Consejo era la máxima institución incaica del Virreinato del Perú, gozaba de gran prestigio entre los nobles indios y estaba reconocido por el gobierno español, quienes se referían a ellos como alteza. Según Donato Amado, se inspiraron en el Cabildo de los 24 de los Ayuntamientos de Sevilla, Córdova y Andalucía en el Antiguo Régimen de España.