El Cabezo del Plomo es un yacimiento arqueológico situado en la Sierra de las Moreras, en el término municipal de Mazarrón dentro de la comarca natural del Bajo Guadalentín, en la Región de Murcia, España. Se trata de uno de los principales asentamientos del Neolítico final-Calcolítico documentados en el sureste peninsular, con una ocupación situada entre finales del IV milenio y mediados del III milenio a. C.
El poblado se localiza sobre un cerro amesetado y presenta una organización compleja, con estructuras de habitación de planta circular y un sistema defensivo formado por una muralla levantada en los sectores más vulnerables del asentamiento, especialmente al oeste y al sur. En la parte baja del cerro se conserva además una necrópolis.
Por sus características, el Cabezo del Plomo se ha relacionado tradicionalmente con el horizonte cultural de Los Millares, cuyo yacimiento epónimo se encuentra en Santa Fe de Mondújar, en la provincia de Almería. Aunque a menor escala, el asentamiento mazarronero comparte con ese ámbito cultural rasgos como la fortificación del poblado, la arquitectura doméstica circular y la existencia de estructuras funerarias monumentales. Las excavaciones arqueológicas fueron dirigidas por el Departamento de Arqueología de la Universidad de Murcia, entre finales de los años setenta y mediados de los ochenta.
En conjunto, el Cabezo del Plomo constituye uno de los testimonios más antiguos y mejor conservados de poblamiento organizado en la Región de Murcia. Su importancia radica no solo en su antigüedad, sino también en la complejidad de su planificación interna, su sistema defensivo y su vinculación con los procesos de jerarquización social y territorial característicos del Calcolítico del sureste peninsular. Actualmente está declarado Bien de Interés Cultural.
Geografía El yacimiento se sitúa sobre un cerro amesetado de baja altitud, a unos 80 metros sobre el nivel del mar, en las estribaciones de la Sierra de las Moreras, dentro del término municipal de Mazarrón. Su emplazamiento responde a una posición estratégica, elevada y fácilmente defendible, desde la que se domina visualmente buena parte del litoral mazarronero, así como el corredor natural de la rambla de las Moreras.
El entorno inmediato del Cabezo del Plomo se caracteriza en la actualidad por un paisaje semiárido, condicionado por la escasez de precipitaciones y por la proximidad al litoral. Pese a ello, la zona posee un notable interés ambiental y paisajístico. La Sierra de las Moreras está declarada Paisaje Protegido y conserva comunidades propias del monte mediterráneo litoral, con matorrales, barrancos, cultivos tradicionales, acantilados y calas. Asimismo, constituye un espacio de importancia ecológica para distintas especies de fauna, entre ellas aves rapaces y la tortuga mora.
En las proximidades del yacimiento se encuentra también la ya mencionada rambla y el humedal de las Moreras, un espacio actualmente naturalizado que refuerza el interés ambiental del entorno. La combinación de relieve elevado, control visual del territorio, cercanía al mar y presencia de recursos naturales próximos ayuda a explicar la elección de este enclave para el establecimiento de una comunidad organizada durante el Neolítico final-Calcolítico.
Intervenciones arqueológicas Las intervenciones arqueológicas en el yacimiento se desarrollaron entre 1979 y 1985 y fueron dirigidas desde el primer momento por el Departamento de Arqueología de la Universidad de Murcia, bajo la dirección de la doctora Ana María Muñoz Amilibia, figura fundamental en la consolidación de la escuela murciana de Arqueología.
La urgencia de intervenir en el Cabezo del Plomo estuvo motivada por la construcción de la carretera de Bolnuevo, identificada actualmente como RM-D6, vía que conecta Mazarrón con Bolnuevo. Su trazado seccionó parte del cerro sobre el que se asienta el yacimiento y afectó a varias estructuras tumulares situadas en las laderas del poblado, identificadas ya entonces como sepulcros circulares megalíticos de tipo tholos, vinculados al complejo funerario del asentamiento.
Parte de estas estructuras funerarias resultó destruida como consecuencia de la apertura y explotación de una cantera. En la actualidad se conserva uno de estos sepulcros, que fue puesto en valor junto con el resto de las estructuras arqueológicas conservadas del poblado.
Características del yacimiento
El Cabezo del Plomo es un poblado fortificado de dimensiones modestas, con una superficie aproximada de 3.200 m². Por sus características arquitectónicas, sus técnicas constructivas y los materiales recuperados durante las intervenciones arqueológicas, el asentamiento se adscribe al horizonte cultural de Los Millares, característico del Calcolítico del sureste peninsular.
Se ha estimado que el poblado pudo albergar una comunidad reducida, formada aproximadamente por entre 70 y 80 individuos, y que habría estado ocupado durante un amplio periodo de tiempo, quizá en torno a 500 años. El conjunto arqueológico presenta dos áreas claramente diferenciadas: por un lado, la zona de hábitat, situada en la parte superior del cerro y protegida mediante estructuras defensivas; por otro, la necrópolis, localizada a los pies del asentamiento y compuesta por sepulcros megalíticos de tipo tholos.
Zona de hábitat thumb|Lienzo oeste de la muralla con uno de sus bastiones semicirculares. thumb|Casa semicircular en zócalo de piedra. La zona de hábitat del poblado se encontraba delimitada por una cerca o muralla de escasa anchura, construida sobre una base formada por dos hileras de piedras irregulares trabadas con barro y rellenas con piedras de menor tamaño. Sobre este zócalo se levantaría probablemente un alzado de tapial o adobe, de aproximadamente un metro y medio de altura. La estructura defensiva discurría principalmente por los flancos sur y oeste del asentamiento, mientras que los lados norte y este no habrían requerido una fortificación similar, al quedar protegidos por un escarpe natural que actuaba como defensa.
La muralla contaba además con bastiones semicirculares dispuestos a intervalos más o menos regulares. Estas estructuras, además de reforzar el cierre del poblado, pudieron tener también un uso interno o habitacional. El acceso al asentamiento se ha identificado en el extremo septentrional del recinto. Algunos investigadores han planteado que la limitada entidad constructiva de la muralla podría indicar una función más disuasoria, simbólica o de prestigio que estrictamente militar, ya que no parece haber estado concebida para resistir ataques prolongados o de gran intensidad.
En el interior del recinto, las intervenciones arqueológicas documentaron tres viviendas completas y restos correspondientes al menos a otras once estructuras domésticas. Todas ellas responden a un modelo de planta circular, con zócalos de piedra y alzados de adobe o barro, siguiendo una técnica constructiva similar a la empleada en la muralla. Los accesos presentaban umbrales de unos 60 cm de anchura. Las cubiertas debieron de estar realizadas con materiales perecederos, probablemente ramas, barro y elementos vegetales, destinados a proteger e impermeabilizar parcialmente el espacio interior.
También se han identificado dos aberturas interpretadas como posibles pozos vinculados a una surgencia natural de agua, que habría servido para abastecer al poblado.
Necrópolis thumb|Cámara sepulcral megalítica en tholos conservada a los pies del cerro. La necrópolis se situaba al sureste del cerro, a los pies del asentamiento. De las tres estructuras identificadas como enterramientos megalíticos, solo una se conserva actualmente en el yacimiento. Esta fue estudiada por la doctora Ana María Muñoz Amilibia en 1982.
Se trata de un sepulcro megalítico de tipo tholos, formado por un túmulo que cubría una cámara rectangular de 2,05 × 0,75 m. Esta cámara estaba delimitada por cuatro ortostatos, que sostendrían las losas planas de cubierta. La estructura contaba además con tres nichos laterales, probablemente cerrados mediante aproximación de hiladas.
Conservación de los restos El complejo arqueológico del Cabezo del Plomo fue declarado Bien de Interés Cultural con el objetivo de garantizar la protección de sus estructuras. Tras las excavaciones realizadas en los años ochenta, el yacimiento fue acondicionado para permitir la visita pública de sus restos. Sin embargo, con el paso del tiempo sufrió un proceso de abandono y degradación que dificultó su conservación y comprensión por parte de los visitantes.
En 2020, la Concejalía de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Mazarrón impulsó un nuevo proyecto de conservación, consolidación y puesta en valor del yacimiento, redactado por el arquitecto Francisco Javier Jiménez Bello y los arqueólogos Consuelo Martínez y Luis Alberto García. La actuación tuvo como objetivos principales preservar los restos arqueológicos en su contexto cultural y medioambiental, mejorar el acceso al conjunto y facilitar su interpretación mediante un discurso narrativo y una infraestructura adecuada.
Los trabajos incluyeron la consolidación de estructuras, el acondicionamiento de senderos y accesos, la instalación de señalización interpretativa y la reconstrucción de una de las estructuras domésticas, concebida como ejemplo de la arquitectura del poblado. Tras estas actuaciones, el Cabezo del Plomo fue reabierto al público en junio de 2021, después de aproximadamente dos décadas en situación de abandono.
Referencias
Categoría:Bienes de interés cultural de la Región de Murcia Categoría:Mazarrón Categoría:Yacimientos arqueológicos de la Región de Murcia Categoría:Calcolítico en la península ibérica