thumb|Quetzalcóatl, dios principal de los diferentes pueblos náhuas incluyendo los pipiles.|233x233px

La mitología pipil es una extensión cultural de las creencias de los pueblos nahuas practicada por los pueblos denominados pipiles. La religión pipil estaba ligada al ciclo vital, al nacimiento, vida y muerte, también a las actividades económicas: la caza, la pesca y la agricultura. Asociadas a estas actividades estaban la observación de los astros para la predicción de los fenómenos cíclicos de la naturaleza y la adoración a estos astros, a la lluvia, al rayo, al trueno, etc.

Origen mitológico

Las fuentes escritas del señalan que los pueblos nahuas asentados en América Central eran de origen tolteca-chichimeca, que habían seguido a su gobernante Ce Acatl Topiltzin, llamado Quetzalcóatl, en su huida de Tula al ser derrocado por los adoradores de Tezcatlipoca; así, el texto llamado «Historia de los Mexicanos por sus pinturas» (un códice en español anónimo escrito en el ) en su capítulo VIII menciona que:

Otro texto del actual México que menciona el origen tolteca de los nahuas de América Central, se encuentra en las obras históricas del historiador acolhua Fernando de Alva Ixtlilxochitl, que a principios del en la relación quinta de la "Sumaria Relación de todas las cosas que han sucedido en la Nueva España, y de muchas cosas que los Tultecas alcanzaron" menciona que: «Asimismo, de los Tultecas qué escaparon se fueron por las costas del mar del Sur y Norte, como es Huatimala (que incluye El Salvador y Nicaragua, que eran parte de la Capitanía general de Guatemala), Tecuantepec, Cuauhtzacualco, Campeche, y Tacolotlan y los de las islas y costas de una mar y otra que después se vinieron á multiplicar».

En los textos indígenas coloniales indígenas de América Central también se refiere al origen tolteca tanto para los pueblos nahuas como para los mayas del grupo quiceano (quiché, cakchiqueles, tzutujiles, rabinales), en donde se identifica a Tula con Chicomóztoc (siete cuevas). Así, el Popol Vuh de los mayas quiché, en el capítulo IV de la Tercera parte refiere que junto con ellos en Tula estaban también los «yaqui-vinac, ahqixb, ahcab» es decir "los yaquis (que significa los extranjeros, y en específico los pueblos nahuas) sacerdotes y sacrificadores"; y más adelante, en el capítulo IX de esa parte, dice también «porque en verdad Tohil (la deidad principal de los quiches) es el nombre del dios de los yaquis, el llamado Yolcuat-Quetzalcuat». Asimismo, el Título de Santa María Ixhuatán (localidad del departamento guatemalteco de Santa Rosa, donde también se hablaba náhuat) escrito en 1619, menciona que las poblaciones nahuas de América Central (que en conjunto son denominadas en el documento Mazapanques, ya que vivían en casas de piel de venado) habrían surgido de Chicomóztoc, al que también denominan como Toyan (Tollan, Tula).

Igualmente, en las tradiciones de los nicaraos (en la actual Nicaragua), recogidas por Gonzalo Fernández de Oviedo en su obra Historia general y natural de las indias de la década de 1540, se menciona que los pueblos nahuas de América Central acompañaron a Quetzalcoatl en su exilio; así en el libro XXXIII (Sucesos y diálogo de la Nueva España) capítulo LII de esa obra dice: «y así lo dicen y se (de)muestra en edificios antiguos y en nombres de lugares por donde vinieron. E pues allegaron hasta Guazacualco (Coatzacoalcos) con un señor que se llamaba Quezalcoat, no tengo a mucho que pasasen otros a León (Nicaragua)».

Por ello, el historiador Jorge Lardé y Larín consideraría que Ce Acatl Topiltzin habría sido el fundador de las poblaciones de Itzkalku (cuya jurisdicción después de la conquista se los separó en las actuales Izalco y Caluco) y Kuskatan (hoy Antiguo Cuscatlán; que se convertiría en la capital del Señorío de Cuzcatlán, qué se extendía por gran parte del occidente y centro del actual El Salvador); y por lo cual, Quetzalcóatl se convertiría en la deidad principal de los hablantes de nahuat (al igual como lo es Huitzilopochtli en la religión mexica).

Deidades y entidades sobrenaturales

La deidad primordial nahua era téotl (también llamado Ometéotl, que era visto como una pareja conformada por Ometecuhtli y Omecihuatl) y también lo era de los pipiles quienes lo conocían con el nombre Tiut. Algunas de sus demás deidades (con sus nombres dados en náhuatl) eran: Quetzalcóatl (también adorado en su aspecto o advocación de Ehécatl), Itzqueye (una versión propia de Itzpapalotl), Tal o Tunantzintal (Tonantzin; también llamada Cihuacóatl, o en su forma de monstruo primigenio Cipactli), Tezcatlipoca, Metztli, Tonatiuh (Tunal en náhuat), Chalchiuhtlicue, Tláloc, Xipe Tótec, Xochiquétzal, Xochipilli, Huehueteotl, Cintéotl, Mictlantecutli (qué junto con Mictecacíhuatl, gobernaba el lugar de los muertos el Mictlán), Mixcoatl, Oxomoco, Cipactonal, entre otros; de estos, los principales para los nahuas de lo que hoy es El Salvador eran Quetzalcóatl e Itzqueye, y para los de Nicaragua o Nicaraos Tláloc (también llamado Tamagazque) y Cipactonal. Lo que se conoce gracias a lo informado sobre los nahuas del actual El Salvador por parte de Diego García de Palacio en 1576 en su Descripción de la Provincia de Guatemala; lo informado sobre los nahuas de Nicaragua o Nicaraos por Francisco de Bobadilla que está recogido en el libro Historia general y natural de las Indias (parte 3 tomo IV) de Gonzalo Fernández de Oviedo escrito en la década de 1540; la carta al Editor de la Gaceta salvadoreña del 17 de septiembre de 1856 del abate Charles Étienne Brasseur de Bourbourg; y a la arqueología (de sitios como Tazumal y Cihuatan en el posclásico temprano, 900 a 1200 d. C.; y Tacuzcalco en el posclásico tardío, 1200 a 1524 d. C.).

Ampliando y detallando lo antes mencionado; según nos informa el cronista español Diego García de Palacio, al lado de Quezalcoátl, los pipiles adoraban a Itzqueye. A ambos se les ofrecía, después de haber vencido en una guerra o batalla, una fiesta llamada mijtujti; para la cual el Taketzani (tlahtoani en náhuatl, qué los españoles nombraron cacique) le informaba al Tekti (Papa o Sacerdote principal) para que este organizara el mitote, acto seguido el Tewamatini (que predecía la suerte o las predicciones) preguntaba si era a Quetzalcóatl o a Itzqueye a quien ofrecerían el mitote. Si era a Quetzalcóatl duraba 15 días y si era a Itzqueye duraba 5 días; cada jornada se sacrificaba un esclavo de guerra y después venía una fiesta estridente.

En su entrevista a los líderes indígenas nicaraos, Francisco de Bobadilla se enteraría que para ellos, el mundo había sido creado por Cipactonal y Tláloc (que es referido con los nombres de Tamagast, que es como se denominaba a los sacerdotes; y Quiateot, Quiauhteotl en náhuatl que significa deidad de la lluvia, aspecto en el que a su vez sería sería hijo de Omeyateyte y Omeyatecigoat, es decir Ometecuhtli y Omecihuatl); que además se adoraba a las deidades Chalchiutlicue (mencionada como Calchitguegue), Oxomogo (Oxomoco), Cinteotl (con el nombre calendarico de Chicoaciagat, Chikwace akat en la actual ortografía del náhuat en El Salvador), Bisteot (Apizteotl, deidad del hambre), Mictanteot (Mictlantecuhtli), Mixcoa (Mixcoatl, adorado como deidad del comercio), y Quetzalcoatl (referido con el nombre calendárico Chiquinaut Hecat, Chiknawi Ehecat); y se invocaba a la deidad Mazat (venado) y Toste (conejo en el dialecto de los nicaraos) para la buena fortuna en la cacería de estos animales. Asimismo, Gonzalo Fernández de Oviedo también mencionaría como deidad a Theotbilche (Teopiltzin o más probablemente Topiltzin).

El abate Brasseur de Bourbourg refiere que en el Lago de Ilopango, cada año (en la época cercana a la cosecha del maíz), se ofrecía a Xochiquetzal (deidad patrona de la localidad de Ilopango) el sacrificio de cuatro mujeres jóvenes de familias nobles, que eran adornadas con trajes de fiesta, coronadas con flores y conducidas a una elevación (cercana a la orilla del lago) desde donde era aventadas al lago para completar el sacrificio; más tarde, en su lugar ofrendaban niños recién nacidos que eran dejados a la entrada de una gruta sobre el lago, donde se consideraba qué llegaba la deidad en forma de mujer con cuerpo de serpiente para llevarse el niño al interior del lago. Por otro lado, según menciona María Baratta en su obra Cuzcatlán Típico de 1951, los indígenas de la Costa del Bálsamo contaban qué sus ancestros daban sacrificios al "Señor de las aguas" (Tláloc), para que no faltase la lluvia, en un adoratorio qué había en el Peñón de Omicoyot (entre Teotepeque y Jicalapa), donde más adelante se dice que aparecería una imagen de Santa Úrsula (patrona de Jicalapa).

En el sitio arqueológico de Cihuatan y sitios asociados se han encontrado representaciones en vasijas de Tláloc, Mictlantecuhtli y Huehueteotl, efigies de jaguares (ataviados con tocados, representaciones de collares de cascabeles hechos con cobre y emblemas en las patas delanteras) que es el nahual o forma animal de Tezcatlipoca, figurillas de Chicomecoatl, figuras de perros con ruedas (encontrados en tumbas) que representarían a Xólotl, representaciones en cerámica (de todo el período posclásico) de espirales que representan un caracol Strombus gigas partido por la mitad (que es un símbolo de Quetzalcoatl), y petrograbados (específicamente en Igualtepeque, Metapán) que representan a Tláloc, Mictlantecuhtli, Quetzalcoatl y Cipactli. Pero el más destacado en el registro arqueológico es Xipe Totec del que se han encontrado estatuas del o cercano al tamaño de un humano en lugares como Chalchuapa, Cihuatan y el Lago de Güija; sin embargo, a pesar de su importancia dicha deidad no es mencionada en las crónicas españolas. También se han encontrado estructuras ceremoniales con forma redondeada, que podrían ser templos a Ehecatl-Quetzalcoatl, como por ejemplo: la estructura B1-6 (que ya no existe) de Tazumal, la estructura P28 de Cihuatan (ambas del posclásico temprano) y E1-1 en Peñate (también en Chalchuapa, y del posclásico tardío); también se ha especulado sobre que algunas de estas estructuras sean para el sacrificio gladiatorio dedicado a Xipe Totec en la festividad que los mexicas denominaban Tlacaxipehualiztli.

Los relatos indígenas recopilados a partir del y en especial, por su extensión, los recopilados por Leonhard Schultze Jenna en Izalco (que se detallará en la siguiente sección), refieren que la deidad de la lluvia Tláloc (que sobrevive en los relatos como el anciano que vive en las montañas), tenía ayudantes llamados como los muchachos de la lluvia (los Tlaloques, que son denominados en el idioma náhuat como Tepewaj, y conocidos en el folclore salvadoreño como hurracaneros o arbolarios), que eran personajes importantes en los mitos y leyendas, que controlaban las estaciones, y entre los cuales destaca el más pequeño llamado Nanawatzin que fue el descubridor del maíz e inventor de la agricultura (lo cual se detallará en la siguiente sección). Por otro lado, en dichos relatos se menciona que Tunal y Metzti (el sol y luna) eran hermanos, hijos de Tunantzintal (la Tierra) en su aspecto de viejecita (lamatzin, Ilamatecuhtli), que peleaban eternamente.