El Peyote Asesino es el álbum debut de la banda de rock uruguaya homónima, editado en diciembre de 1995 por el sello Orfeo. Considerado una de las obras fundacionales del rap rock en Uruguay, el disco surgió de un proceso creativo acelerado en el que sus integrantes —jóvenes músicos en gran parte formados durante el exilio de sus familias en México— consolidaron una propuesta que fusionó rock, funk, hardcore y hip hop con una estética verbal basada en la actitud, el humor corrosivo y el uso rítmico del lenguaje cotidiano. Grabado entre julio y octubre de 1995 en el Estudio del Cordón, el álbum se benefició de las horas de estudio obtenidas tras ganar el concurso «Generación 95» y proyectó al grupo dentro de la escena underground montevideana, donde rápidamente adquirió notoriedad por su energía en vivo y por un sonido inusualmente sólido para los recursos técnicos disponibles en la época.
El trabajo incluye doce canciones —entre ellas tres versiones y una remezcla— y presenta la figura autoral de «L. Mental», seudónimo bajo el cual el vocalista principal de la banda, Fernando Santullo, elaboró parte central del repertorio. Su portada, diseñada por Federico Macazaga, incorporó personajes de la historieta mexicana El Santos, reforzando el cruce cultural que marcó la identidad del grupo. Tras su lanzamiento, el disco alcanzó alrededor de mil copias vendidas en sus primeros meses y se convirtió en un referente inmediato del rock nacional, destacándose por su sonido contundente y su capacidad para trasladar el espíritu de los conciertos al estudio. Con el tiempo, varias de sus composiciones —como «L. Mental», «El Peyote Asesino» y «La concha»— adquirieron estatus de clásicos dentro del repertorio del grupo.
La obra ha sido objeto de sucesivas reediciones en CD y vinilo y de revisiones críticas que la sitúan entre los discos más influyentes de la música uruguaya. Su legado se vincula tanto con la consolidación posterior del hip hop local como con la proyección internacional temprana de la banda. En 2025, con motivo de su trigésimo aniversario, el grupo celebró el lanzamiento con un concierto integral del álbum, una nueva edición en vinilo con material inédito y la publicación de un libro monográfico que revisita su contexto histórico, su impacto y su lugar en la cultura musical del país. Estas actividades reafirmaron la vigencia del disco y su condición de hito dentro de la producción artística uruguaya de los años noventa.
Antecedentes A finales de 1994, Juan Campodónico y Fernando Santullo formaron El Peyote Asesino, cuyo nombre remite al cactus alucinógeno que utilizan los indígenas huicholes mexicanos en sus rituales; sin embargo, también refiere a la tira cómica de culto mexicana El Santos, que toma sarcásticamente elementos de la subcultura hippie, y uno de los personajes de esa tira es El Peyote Asesino. Campodónico y Santullo fueron hijos del exilio, de familias que se han refugiado en México durante la dictadura cívico-militar de Uruguay de 1973. El 21 de agosto hicieron su debut en el pub El Perro Azul. Campodónico consideró el sitio como «un bolichito muy pequeño, sin escenario, a piso», y «muy bueno». El baterista Roberto Rodino comentó que el lugar «era una casa vieja, puerta a la vereda... Entrabas y había una habitación a la izquierda donde habían unas mesas, pero el escenario estaba atrás de [una] pared, o sea, te tenías que levantar de ahí para meterte a lo que sería como el living de tres por tres».
Originalmente en la agrupación estaba Rodino en batería, pero pronto después se retiraría y fue reemplazado por Carlos Casacuberta (voz y guitarra) y José «Pepe» Canedo (batería); en la cual el primero también fue hijo del exilio durante la dictadura. Ambos aparecieron por primera vez en la segunda presentación de la banda en otro pub llamado Big Bang ubicado en Parque Rodó (Montevideo), donde llegaron a tocar seis canciones. Posteriormente a esa presencia le seguirían otras como el Encuentro de Arte Joven La Movida y varias en el movimiento underground montevideano. En el mes de noviembre presentan una demo en el concurso «Generación 95», auspiciado por «Rock de primera» —suplemento del periódico Últimas Noticias—, Control remoto —programa de música de Canal 10— y X FM 100.3; el volante incluía la palabra «En busca de las bandas del futuro». Fueron declarados ganadores por los jurados y, como premio al que denominaron como «mayor», recibieron horas de grabación en un estudio para un disco y un puñado de guitarras marca Samick.
Grabación y composición
El Peyote Asesino se grabó entre el 15 de julio hasta el 25 de octubre de 1995 en el Estudio del Cordón, ubicado en Montevideo (Uruguay). Cuadriplicó las cuarenta horas que cubrió el premio de «Generación 95», y la cuenta final al cliente fueron de 164 horas de estudio y un total de . Santullo explicó que la banda vendió las guitarras Samick que ganaron en el concurso para que pudieran pagar las horas adicionales. Ese 15 de julio por la tarde empezaron a registrar las bases —jerga para describir las grabaciones de batería y bajo— y las grabaciones insumieron de cuatro cintas S-VHS y DAT. Para este periodo, el estudio propiedad del ingeniero de sonido Luis Restuccia era nuevo, que según a su palabra, venía a llenar el espacio que había dejado el cierre del antiguo estudio La Batuta. El local estaba ubicado en el barrio Cordón (Montevideo), Carlos Casacuberta recordó que cuya entrada era «como un tubo» y que «Luis había acondicionado eso y era extremadamente oscuro, había luz artificial en todo». Recordó también que el lugar ni era de su agrado ni «particularmente acogedor... tampoco un lugar con onda».
Lo produjo Gabriel Casacuberta, hermano de Carlos, y el ingeniero de sonido era Restuccia. El vocalista principal de la banda, Fernando Santullo comentó: «A veces yo decía “quiero que mi voz suene un poquito más podrida”, y de repente a Luis le decía “podrida” y se imaginaba algo que tenía olor feo, pero Gabriel, como había escuchado a los Beastie Boys, actuaba de nexo». En ese 15 de julio la sesión se expandió en 5 horas, según consta en una planilla de trabajo del estudio que registraba el día a día el proceso de grabación. Gabriel resumió su papel en las primeras sesiones como «una especie de garante de que [el disco] no tuviera un sonido muy “música popular uruguaya”», mientras que Carlos por otro lado opinó:
Gustavo Santaolalla, tenía interés en remezclar su primer disco y lanzarlo globalmente, pero posteriormente dio el rol de productor para el segundo trabajo de la banda, Terraja (1998). Su estilo combina rock, con funk, hardcore y hip hop. Las letras de El Peyote Asesino están escritas sin intención de decir algo en específico, sino más bien transmitir actitud: «Queremos evitar decir cómo son las cosas, dar un mensaje de algún tipo. Las palabras están allí muchas veces porque suenan bien en ese punto, porque rítmicamente son atractivas. Usamos palabras que están en el lenguaje de todos los días». Contiene trece canciones en total, tres de las cuáles son covers, y una es la versión radio de «Wanker», tercera pista del disco. Carlos Casacuberta durante una entrevista con el programa La Púa de Teledoce recordó: «Era un Peyote mucho más funky, eléctrico, era un Peyote mucho más Chilli Peppers. Había cosas raras: “Todos muertos” terminó siendo una canción punk y era una canción de reggae».
Para las letras del disco, Santullo creó un seudónimo suyo llamado «L. Mental», y a partir de ahí fue la principal fuente de composiciones del disco como las canciones «L. Mental» o «El Peyote Asesino». El vocalista para Rise! en 2009, develó como surgió ese sobrenombre: «Lo de “L. Mental”, que por cierto he abandonado, viene de burlarse de los nombres raperos que se dan para adelante: Master P, Grandmaster Flash, etcétera. Quise un nombre que tuviera algo medio auto denigrante, por eso “L. Mental”»; actualmente ya no se siente identificado bajo ese alias: «No. Demasiadas canas en la barba. Ya no se puede». Los propios miembros de la banda para Rock de primera dijeron su música es «un papelón, lo que pasa es que hay gente a la que le gusta», aunque reconocen cualidades del rock producido con «prolijidad milimétrica».
Tuvieron que apresurar los procesos de composición para el disco, debido a que en aquel momento la banda no tenía experiencia en tocar. Campodónico dijo: «Tuvimos que armarnos de golpe y comenzar a ensayar fuerte» y Casacuberta reveló: «Yo en realidad me hice músico de viejo, tuve que aprender a tocar la guitarra y cantar. “L. Mental” [Santullo] no era cantante, tuvo que agarrar todos los piques, creo que, en realidad, se dedicó al rap porque no era un cantante y deliraba con estar en un escenario y bueno, el tipo de música que le daba esa cabida era el hip hop». Él mismo dio más detalles al respecto de cómo se involucró a la agrupación, argumentando que con la poca experiencia musical que tenía, acudía a Campodónico para tener ensayos:
Música y temática
Lado A «El Peyote Asesino» abre el álbum como introducción directa, que funciona como carta de presentación para la banda. El verso del estribillo, «El Peyote Asesino está acá», estableció desde el inicio la identidad del grupo y situó su propuesta dentro de la escena local uruguaya, que según Gabriel Peveroni en Posdata, «está perdiendo la cabeza», en alusión a un quiebre estilístico dentro del rock uruguayo contemporáneo. El tema combina elementos de rap con un estribillo descrita como «impronta zeppeliana». La banda concibió la canción como una carta de presentación y decidieron agregarla al comienzo del disco por su «capacidad introductoria». Según declaraciones de Santullo: «El primer tema es como un jingle, habla del grupo. Lo elegimos para abrir. Originalmente era más corto, pero le agregamos esa zapada que tiene al final y quedó así... Es un tema más de síntesis, con una cosa rapera y un estribillo medio zeppelinesco. Pensamos que funcionaba bien como carta de presentación».
«Chupando la cuchara» presenta letras que enfatizan el rechazo a la imposición ideológica. El proceso de selección del tema dentro del repertorio del álbum generó dudas iniciales en la banda, ya que según el testimonio de sus integrantes, consideraban la canción «horrible» en una primera instancia, pero el productor Gabriel Casacuberta insistió en incluirla. La composición del tema avanzó de forma fragmentaria: los músicos lo denominaron inicialmente como «ese temita» y reconocieron que lo construyeron por partes, sin una estructura definida en sus primeras etapas. La banda atravesó varios meses de trabajo hasta alcanzar una forma final cohesionada, que en retrospectiva describieron como un «pegote» que terminó funcionando. Ellos la describen como «caprichosa, asimétrica y recortada», aunque también identificaron elementos propios de la música pop como la disposición en secciones de tipo A y estribillo. La banda no planificó deliberadamente esa cercanía con el formato pop, sino que la atribuyen a su exposición constante a ese tipo de música: «si escuchás mucha música pop, terminás haciendo pop».