Vichama (también como: Huichama) es el dios preincaico que personifica el día, el ciclo de regeneración (la vida que trasciende a la muerte), la vegetación, la fertilidad y los alimentos. Después de su muerte a manos de su hermano Pachacámac, Vichama es considerado el proveedor del sustento a la humanidad. De igual modo, el dios preincaico también está asociado a la creación y la venganza.
Su culto fue predominante en los diversos pueblos ubicados en las zonas costeras del antiguo Perú. Posteriormente, Vichama y su hermano Pachacámac fueron integrados dentro del panteón incaico.
Onomástica miniaturadeimagen|425x425px|De acuerdo con algunos estudiosos, los dos rostros del ídolo de Pachacámac que miran en dirección opuesta personifican a los dioses Vichama y Pachacámac. Además de , y , el teónimo también aparece escrito en las fuentes coloniales como y . Interpretando el nombre como quechumara, es fácil reconstruirlo como /witʃama/ (Wichama en ortografía contemporánea).
No existen todavía hipótesis detalladas sobre la etimología del nombre, y su origen permanece incierto. Se ha propuesto su posible vinculación con el término del quechua norteño Ichma (bermellón o cinabrio) y con el topónimo Ichma. Asimismo, Alfredo Torero planteó la posibilidad de que el teónimo Vichama esté relacionado con el término (pescador), consignado en el primer diccionario quechua de fray Domingo de Santo Tomás de 1560. Tal término no parece ser una voz patrimonial quechua, por lo que se lo ha asignado al extinto quingnam, y se reporta además que habría sido el nombre de algunos pueblos de pescadores en la actual costa central del Perú.
Se ha propuesto una relación de identidad entre Huichama y el dios Viracocha. No se trata de una hipótesis etimológica (sobre palabras), sino cultural (sobre la religión andina prehispánica). El primero en proponer tal identidad fue el extirpador de idolatrías Fernando de Avendaño.
Concepto Vichama es una antigua deidad que representa diversos conceptos en el mito que exhibe su origen. Dicho testimonio puede resumirse a un exponente palpable de la dualidad, puesto que este explica bellamente el antagonismo y complementariedad de Vichama con Pachacámac, su hermano.
Por regla general, ambos dioses hermanos encarnan dos fuerzas cósmicas opuestas: Vichama es la personificación del día, la vida y el orden; mientras que Pachacámac es la personificación de la noche, la muerte y el caos. Uno no puede existir y/o definirse como tal (día y noche) sin la participación del otro, por lo que se trata de una dualidad eterna que se repite sin cesar. Vale la pena mencionar que, algunos expertos expresan que ambos dioses también pueden ser dos distintas facetas y/o aspectos (luz y oscuridad) de un mismo dios o entidad superior, en este caso, del propio Sol.
Representación Según el mito que expone su origen, Vichama fue una divinidad producto de la unión del primer Sol y de una mujer mortal (algunos estudiosos sostienen que dicha mujer pudo ser Pachamama o una diosa madre).
La misma fuente detalla que el dios Vichama creció rápidamente hasta convertirse en un apuesto y saleroso muchacho.
El dios Vichama y su hermano Pachacámac son un ejemplo de dualidad, dado que ambas entidades personifican fuerzas cósmicas distintas que, pese a ser disarmónicas y/o antagónicas entre sí, son necesarias para la continuidad del universo: el día y la noche.
Este vínculo de oposición y complementariedad está bastante presente en el pensamiento andino.
En relación con este concepto, algunos estudiosos sostienen que, tanto Vichama como Pachacámac se encuentran representados en el ídolo de Pachacámac. Dicho ídolo ha estado sujeto a múltiples interpretaciones. Una de ellas asevera que una de las caras del ídolo se encuentra ataviada de mazorcas de maíz (elemento asociado con el día y, por lo tanto, con Vichama), mientras que la otra cara se encuentra ataviada con cabezas de zorro (animal asociado con la noche y, por ende, con Pachacámac).
Historia y mitología A diferencia de otros dioses del panteón incaico, Vichama fue un dios cuyo culto era predominantemente regional y/o restringido, por lo que era mayormente adorado en las zonas costeras del antiguo Perú. Respecto a su papel en la mitología, apenas se tiene información; no obstante, los frailes Luis Felipe Teruel y Antonio de la Calancha han registrado dos versiones distintas de un mito que explica su origen. Ambas versiones poseen notorias diferencias, pero cumplen su función de narrar la historia de la deidad. Por lo general, se considera a la versión de Teruel como la más aproximativa al pensamiento andino, mientras que Calancha, quien obtuvo el mito por medio de Teruel, reestructuró el mito a uno más influenciado por la interpretación colonial.
El mito de Vichama Según este mito, Pachacámac es establecido como hijo del primer Sol que alumbró al mundo.
Pachacámac había creado una pareja para que poblara la Tierra; pero no la proveyó de alimento. A raíz de esto, el hombre murió al poco tiempo.
La afligida mujer fue a reclamarle al Sol (el creador del todo), a lo que este se compadeció y bajó a la Tierra. Mediante sus poderosos rayos, el Sol fecundó a la mujer y esta dio a luz a un hermoso niño a los 4 días (algunas versiones llaman a este niño Mallko/Malqo).
El advenimiento del niño trajo completa afluencia y júbilo a la mujer.
La mujer había restituido el sentimiento que tanto se había deteriorado después de haber contemplado el fallecimiento de su pareja y el hecho de vivir en menesterosas condiciones: la esperanza.
No obstante, aquella felicidad de la mujer fue un sentimiento perecedero, pues la historia adquiere un lúgubre matiz luego de que Pachacámac, su creador, se percatara inmediatamente de la noticia.
A juicio de Pachacámac, la mujer había cometido una gravísima transgresión, pues ella acudió ante el Sol en lugar de él, su creador. Incitado por la furia producto de dicha transgresión, Pachacámac arrebató el niño de los brazos de la madre. Ignorando los ruegos de esta última, Pachacámac mató y despedazó el cuerpo de su medio hermano. Una vez consumado el fratricidio, Pachacámac sembró las partes del niño y así nacieron todos los alimentos. Por nombrar algunos de estos, están: el maíz, la yuca, la papa, el camote, el pacae, etc.
Los alimentos no llenaron el vacío de la apesadumbrada mujer. Cada alimento que veía le hacía recordar a su difunto hijo, por lo que comenzó a llorar desconsoladamente. El Sol volvió a intervenir y, con los restos del ombligo del niño, lo resucitó. Al resucitar el niño, se le nombró Vichama.
La mujer crio al niño con todo el amor que una madre puede ofrecer. El dios infante llegó a crecer rápidamente hasta convertirse en un muchacho bello y galante. En ese momento, Vichama solicitó el permiso de su madre y partió en su aventura de recorrer todo el mundo como su padre, el Sol.
Durante la ausencia de Vichama, Pachacámac reapareció y dio muerte a la madre. El dios dividió el cuerpo de la madre en pequeños trozos y con ellos alimentó a los cóndores y gallinazos. Los cabellos y huesos los guardó, escondiéndolos en las orillas del mar. Posteriormente, el dios Pachacámac creó una nueva generación de seres humanos.
Al regresar, Vichama conoció la nefasta noticia y su inexorable furia se expresaba mediante sus ojos y su corazón, los cuales expelían refulgentes ráfagas de ardoroso fuego.
Acto seguido, Vichama resucitó a su madre y, enfurecido por semejante barbarie, buscó a Pachacámac para enfrentarlo. En su incesante búsqueda, Vichama no llegó a localizar a Pachacámac, pues este último ya se había marchado del lugar de los hechos y desapareció sumergiéndose en el mar.
Al percatarse de la desaparición de Pachacámac, el encolerizado Vichama bramaba encendiendo los aires y centelleaba atemorizando los campos.
Al no poder mitigar su furia, Vichama acusó a los seres humanos creados por Pachacámac de ser cómplices de la matanza de su madre. A manera de castigo, Vichama convirtió a esta humanidad en piedra. Asimismo, Vichama decretó a los curacas petrificados como huacas que han de ser adoradas como dioses; mientras que los plebeyos de los curacas fueron convertidos en piedras ordinarias.
Posteriormente, Vichama creó una nueva humanidad a partir de tres huevos que cayeron del cielo: uno de oro, del cual surgieron los curacas; uno de plata, del cual surgieron sus mujeres; y otro de cobre, del cual surgieron los hombres y las mujeres que poblaron el mundo.
Interpretación del mito
Una crisis atávica miniaturadeimagen|275x275px|Complejo arqueológico de Vichama, ubicado en la costa central del Perú. Nótese los murales que expresan relieves de figuras humanas famélicas, reflejo de la hambruna y escasez. Inicialmente, la historia de Vichama transcurre en un mundo inmerso en una profunda crisis: el desconocimiento de la agricultura mantenía al ser humano sujeto a la dependencia de los escasos recursos que encontraba en la precaria naturaleza, mientras que la infertilidad de la Tierra imposibilitaba el crecimiento de la flora y, por ende, la obtención de alimentos. A raíz de ello, los dos primeros seres humanos (creados por Pachacámac) pasaron por una desgarradora agonía producto de la hambruna. Esto último provocó que el hombre muriera por inanición, dejando en completa soledad a la mujer.
Este acontecimiento mítico guarda relación con Vichama, sitio arqueológico de nombre homónimo al hijo divino del Sol. El complejo arqueológico se encuentra localizado en la costa central del Perú. Asimismo, el complejo posee una antigüedad de 1800 años a. C. y fue bautizado con el nombre del dios por sus frisos escultóricos que expresan la memoria de una mortal crisis alimentaria (producto del fenómeno de El Niño). Los murales evidencian relieves de seres humanos esqueléticos y/o famélicos, con el estómago contraído y ojos cerrados (manifestaciones de la hambruna y escasez de agua). En otra sección del lugar, se encuentra un sapo humanizado, serpientes y una semilla antropomorfizada (manifestaciones del advenimiento del líquido celeste y la fertilidad).
El sacrificio primigenio La muerte y desmembramiento del pequeño Vichama (o Mallko) dio paso a la creación de todos los alimentos. Este hecho mítico personifica la fertilidad y el renacimiento (el ciclo de transformación de la muerte en vida). Asimismo, este tipo de narración que convierte la pérdida en sustento se encuentra presente en otras mitologías y/o religiones del mundo. Similar a la muerte de Vichama, se tiene a las siguientes deidades: Uke Mochi, en la mitología japonesa; Dioniso, en la mitología griega (específicamente en el Orfismo); Dewi Shri, en la mitología de Indonesia; entre otros.