En la historia política de la Argentina, los partidos de izquierda han tenido una influencia mucho mayor por su actuación en la calle, en la prensa escrita y en las ideas que por sus resultados electorales y su –hasta ahora– nula experiencia en la gestión de gobierno nacional.
Surgidos como subproducto de la acción sindical o revolucionaria, los primeros grupos izquierdistas estuvieron divididos entre el Partido Socialista, que hacían énfasis en la labor política y en algún momento llevaron a Alfredo Palacios al Congreso, y los grupos anarquistas, que rechazaban la acción política y pretendían utilizar a sus sindicatos como herramienta para la revolución social y política. Después del estallido de la Revolución Rusa de 1917, surgieron como ideologías separadas el comunismo, devenido gradualmente en estalinismo, y el trotskismo, que defendía la idea de la revolución permanente. Desde ese momento, también, el Partido Socialista inició una lenta migración a posiciones de centroizquierda –y hasta se desprendió de él un Partido Socialista Independiente, con posiciones de centroderecha y algunos dirigentes nítidamente liberales.
El fenómeno que afectó a todos estos grupos por igual fue el surgimiento del peronismo, que logró la lealtad de gran parte de los más humildes, y especialmente de los trabajadores manuales sindicalizados. Esto obligó a las izquierdas a la confrontación permanente con el peronismo, y tuvo gran influencia en que el Partido Socialista terminase su viraje a ideologías de centro, y colaborase con los grupos de la derecha política en el derrocamiento y la exclusión política del peronismo.
Desde el 56, tras la caída de Juan Domingo Perón, y acompañando el escenario internacional crítico con la URSS, caló entre la izquierda argentina la influencia de la Nueva Izquierda, que en tan solo una década logró instalarse como hegemónica en las juventudes. Se trató de un distanciamiento hacia los Partidos comunistas y a las ideas marxistas, aportando un nuevo foco en valores progresistas. En términos académicos, esto se expresó en la inclusión de innovadoras disciplinas como la sociología de la mano de Gino Germani o la psicología como carreras en la UBA, en lo que Oscar Terán denomina un "proceso de modernización cultural que cubre el decenio 1956-1966". Inspirados por la revolución cubana, la nueva izquierda derivó en Argentina en la creación de movimientos armados, en un clima de creciente radicalización política.
Durante las décadas del 60 y del 70, jóvenes de todas las tendencias –desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda– se lanzaron a la lucha armada como forma central de acción política, mientras los sindicatos, que también tenían sus grupos armados para defenderse, parecían sólidamente incorporados al peronismo. Todos ellos sin distinción –organizaciones armadas, sindicatos, partidos políticos, intelectuales– fueron perseguidos y diezmados por el Proceso de Reorganización Nacional.
A partir del regreso a la democracia, en 1983, el Partido Socialista se mantuvo lejos de las preferencias populares, con la sola excepción de la provincia de Santa Fe, donde gobernó el Estado provincial entre 2007 y 2019; de todos modos, resulta muy problemático considerarlo un partido de izquierda . La izquierda propiamente dicha abandonó tempranamente al Partido Comunista para seguir a un puñado de partidos trotskistas enfrentados entre sí, y que sólo tardíamente aprendieron a colaborar electoralmente, con lo que lograron llevar al Congreso a varios diputados nacionales, pero en ningún caso la administración estatal nacional, provincial ni local.
Prehistoria de la izquierda y de la cuestión social en la Argentina
A partir de la década de 1850 surgieron en Buenos Aires las primeras organizaciones gremiales. Eran sociedades de socorros mutuos, creadas para proteger a sus miembros en casos críticos en que su supervivencia y la de su familia estuvieran en riesgo; también garantizaban a cada socio un funeral «decente». En estas funciones reemplazaban a las cofradías religiosas de los siglos y , que habían prácticamente desaparecido durante la década de la Independencia. A partir de los años 1870, y con más intensidad a partir de 1885, durante la Gran inmigración europea, hubo una "una difusión muy grande del mutualismo italiano en buena parte del país, en especial en las regiones de más reciente expansión económica". En esta época también comenzaron a luchar por mejoras en los salarios, la reducción de la jornada laboral y otros reclamos referidos a su situación de empleados u obreros.
Surgimiento e identificación como clase obrera
La clase obrera existe desde que existe el trabajo asalariado, y eso incluye a la Argentina desde su origen. Pero fue necesario que ésta se identificase a sí misma como tal, es decir como conjunto amplio de trabajadores con un conjunto de similares problemas que resolver, para que la clase obrera surgiera como actor social y político. En Buenos Aires, esto comenzó a ocurrir a fines del gobierno de Juan Manuel de Rosas, cuando una numerosa población inmigrante de origen predominantemente italiano, español e irlandés inició el reclamo por ciertas reivindicaciones, en parte imitando a los reclamos de la revolución del 48 en Europa central. Durante no menos de una década, tuvieron muy escaso eco inclusive entre otros miembros de la misma clase.
En la segunda mitad de los años 1850 surge una pequeña burguesía industrial y se forman los primeros conventillos como forma usual de alojamiento para los obreros. En 1857 surgió la Sociedad de Zapateros San Crispín y la Sociedad Tipográfica Bonaerense, primeros sindicatos formales del país. El año anterior, un diario porteño opinaba que la mitad de los seis mil inmigrantes franceses en Buenos Aires eran socialistas. En 1858 se publicó el primer periódico El Proletario, del cual surgió semanas más tarde la asociación La Fraternal, una especie de mutual más que sindicato, formada por negros, mulatos y pardos. En 1863 se publicó El Artesano, sindicato de los gremios mejor pagados de la ciudad; el tono general de sus reclamos adolece de la contaminación con menciones continuas a la historia clásica griega y romana, y a los problemas de las clases trabajadoras europeas. En 1867 surge el periódico El Obrero, y dos años más tarde La Verdad: las discusiones acerca de las condiciones de trabajo y de vida de las clases trabajadoras ya no cabían en un solo periódico.
Dos periódicos marcaron esa década: La Broma –cuyo nombre hace referencia al molusco que agujerea y debilita los cascos de los buques de madera– y La Luz, el primero en hacer referencia a la distinción entre socialismo y comunismo. En 1870 existían sindicatos de tipógrafos, de panaderos y de albañiles, y durante la década siguiente se les incorporó uno de zapateros y alguna organización de los ferroviarios. Los obreros de origen francés y alemán intentaron tener participación en la Primera Internacional, en particular porque muchos de los inmigrantes alemanes eran socialistas que huían de la persecución de Otto Von Bismarck en el Imperio Alemán. En cualquier caso, hasta entrada la década de 1880, ningún intento se hizo de participación en política.
El Club Vorwärts y El Obrero
La primera huelga formal de la que se tiene noticia es la gran huelga de tipógrafos de septiembre de 1878. Fue un rotundo fracaso frente a los propietarios de las imprentas, el periodismo y el Estado, que consideraban a la huelga una despreciable forma de extorsión, pero fue la primera de una serie de grandes huelgas que marcaron toda la década de 1880.
La fundación del Club Vorwärts en 1882 y de su órgano de prensa poco después significó el final de la prehistoria del movimiento obrero y de las ideas socialistas en la Argentina: se encargó de difundir las ideas socialistas mucho más que nadie antes que ellos, prestaban su local para las reuniones de los sindicatos en formación o que no tuvieran sede propia, y hasta ayudaban a financiar la ayuda monetaria que éstos hacían llegar a los obreros en huelga. Sobre todo, aunque sus miembros eran inexcusablemente alemanes, colaboraron con los obreros y sindicatos de todos los orígenes. Además fueron grandes difusores de las ideas comunistas, confrontaron con éxito contra los socialistas utópicos, y –más enérgicamente pero sin un éxito visible– contra los anarquistas. En 1890 dirigió la organización de la primera manifestación del 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, con una cantidad de más de 3000 trabajadores, una cifra considerable teniendo en cuenta la amenaza policial y la fase inicial del movimiento. Ese mismo año logró juntar 20 000 firmas para un petitorio que fue presentado a la Cámara de Diputados de la Nación, en el que se solicitaba una jornada de ocho horas, reglamentaciones especiales para jóvenes y mujeres, prohibición del trabajo nocturno no indispensable, descanso dominical y tribunales de resolución de conflictos.
Días después del 1 de mayo, se organizó la Federación Obrera, que reunía muchos de los sindicatos más antiguos, más algunos más nuevos, como el de cigarreros, carpinteros y obreros del libro. Además contenía una Sección Varia, con obreros que todavía no habían conseguido formar su propio sindicato por actividad. Sin embargo, el estado de sitio sancionado a partir de la Revolución del Parque truncó la posibilidad de crecimiento. Y, por otro lado, terminó de generar la ruptura definitiva con los anarquistas. La Federación Obrera no pasó de los tres años de vida.
En 1890, varias semanas después de la Revolución del Parque, surgió el periódico El Obrero, dirigido por Germán Avé Lallemant, primer dirigente indudablemente marxista, que a través de su medio de prensa analizó la realidad de su época, más que contribuir directamente a cambiarla. Tras el fracaso de la Federación, Avé Lallemant, que había pretendido convertirla en un partido político, abandonó su diario y más tarde sería un dirigente provincial de la Unión Cívica Radical en San Luis antes de volver al Partido Socialista.
Un comienzo: socialistas y anarquistas
Desde 1896 hasta la fundación del Partido Comunista, el único partido de izquierda fue el Partido Socialista, que además controlaba la mayoría de los sindicatos. Otros movimientos de izquierda se encontraban más distanciados del sistema político, dado que en la época de la República Conservadora (Argentina), su acceso estaba limitado. A raíz de críticas a este sistema exclusivista, tuvieron mucha popularidad las ideas anarquistas. En cualquier caso, socialistas y anarquistas se organizaban por medio de sindicatos, que usualmente eran las instituciones protagonistas de las actividades combativas en lo laboral.
El Partido Socialista
Desde 1896 hasta la fundación del Partido Comunista, el único partido de izquierda fue el Partido Socialista, que además controlaba la mayoría de los sindicatos. Otros movimientos de izquierda se encontraban más distanciados del sistema político, por obligación o voluntad
Fundación del Partido Socialista y La Vanguardia
El 14 de diciembre de 1892, durante una reunión de la Sección Varia –que era todo lo que quedaba de la Federación Obrera– se decidió que ésta quedaría disuelta y sus miembros formarían la Agrupación Socialista, Partido Obrero, sección Buenos Aires, que poco después cambiaría su nombre a Partido Socialista. Durante sus dos primeros años no tuvo una forma orgánica: por ejemplo, no tuvo un presidente.
thumb|180px|Juan Bautista Justo