miniaturadeimagen|355x355px|Tomo I de El sentimiento de lo humano en América. Ensayo de antropología filosófica (1950), de Félix Schwartzmann. El rótulo 'filosofía en Chile' refiere a la actividad y obras filosóficas realizadas en el territorio chileno por chilenos o por extranjeros que desarrollaron buena parte de su vida intelectual en Chile. Esta comienza durante el periodo del Chile colonial y se extiende hasta nuestros días.
Rara vez la actividad filosófica en Chile se ha realizado al margen de las organizaciones académicas o religiosas. Con excepción de los años finales del gobierno de la Unidad Popular y la consiguiente dictadura militar, la disciplina ha mostrado una notable continuidad institucional. Los filósofos en Chile se han visto involucrados en numerosas actividades de naturaleza social y política, con especial impacto en cuestiones históricas y culturales, lo que les ha convertido en importantes figuras públicas. La centralidad de las ideas filosóficas para la constitución de la política de Chile ha sido expuesta por multitud de historiadores.
Los filósofos chilenos han mantenido un enfoque tradicionalmente recepcionista y doxográfico, centrando su interés en el estudio de tradiciones foráneas (predominantemente europeas) que luego son comentadas o implementadas localmente. A formatos como el comentario de texto y los manuales se suman en las últimas décadas los ensayos de crítica social y, especialmente, los artículos científicos al alero de instituciones universitarias y think tanks.
Antecedentes coloniales El conocimiento sobre la filosófica realizada en la época colonial es escaso y fragmentario. Hay dos perspectivas que explican esto: Una filosófica, que postula que en la América hispana se replicaron acríticamente los contenidos europeos; Una material, que destaca la dificultad actual para estudiar las fuentes escritas de la época debido a la defectuosa o nula existencia de archivos de documentos.
Con todo, hay ideas generales de los inicios de la enseñanza de la filosofía en la Capitanía general de Chile. Suele afirmarse que dicha actividad inicia en 1594, con el arribo al país del padre dominico Cristóbal de Valdespino, el primer catedrático de filosofía en el país (afirmación no exenta de polémica historiográfica). Se instaló en el convento de Santo Domingo en 1595. Sus enseñanzas, centradas en los clásicos grecorromanos y medievales (Aristóteles y Santo Tomás, respectivamente), se extenderían a otros institutos durante el , gesta que cobraría mayor impulso con la futura creación de la Real Universidad de San Felipe en 1758. La impronta teológica no fue algo accidental, sino un síntoma de la realidad hispana del momento:
miniaturadeimagen|340x340px|Tomás de Azúa e Iturgoyen, primer rector de la Real Universidad de San Felipe.|izquierdaEl germen filosófico plantado por Valdespino no tardaría en dar sus frutos, consiguiendo continuadores entre los miembros de la iglesia. Destacan Alonso Briceño (el primer filósofo nacido en la América española), Alonso de Ovalle, Miguel de Viñas, Diego de Rosales, Agustín Narbarte, Manuel de Ovalle Ureta, Sebastián Díaz de Andrade Mardones y Manuel Antonio Talavera; autores de tratados filosóficos significativos dentro de la tradición escolástica. El escolasticismo de la época demandaba que el estudio de la filosofía en el país fuera central en las instituciones de educación superior.Mario Góngora, “Origin and Philosophy of the Spanish American University,” in The Latin American University, edited by Joseph Maier and Richard W. Weatherhead (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1979), pp. 17–64. Junto al aprendizaje del latín, la filosofía era un requisito para ejercer profesionalmente en Chile, ya fuera en áreas civiles o religiosas. En 1767 tomaría lugar la expulsión de los jesuitas de Chile, hecho que implicó que autores como Miguel de Olivares, Felipe Gómez de Vidaurre, Juan Ignacio Molina y Manuel Lacunza publicaran sus obras fuera de la nación. En términos programáticos, la principal diferencia entre dominicos y jesuitas residió en que los primeros veían a la filosofía como un instrumento servil a la teología, mientras que los segundos concebían los espacios de especulación filosófica como destinados a preocupaciones prácticas, con especial énfasis en la comprensión de las condiciones del Nuevo Mundo.
Por esta época se asiste a un doble encorsetamiento de la filosofía. Por un lado, estaba prohibido para la población laica el estudio de disciplina, y quienes podían acceder a ella circunscribían sus estudios exclusivamente a cuestiones escolásticas, quedando vedado el conocimiento de los nuevos descubrimientos científicos y de las nuevas propuestas filosóficas que inundaban Europa. No sería hasta mediados del que se anularía la prohibición de estudiar filosofía a la población secular tras la inauguración de la Real Universidad de San Felipe. Asimismo, a finales del e inicios del el pensamiento ilustrado comenzó a introducirse en el país gracias a la importación de obras desde Europa. Desde Francia y Reino Unido se introdujeron las ideas de Voltaire, Nicolas de Condorcet, Denis Diderot, Jean-Jacques Rousseau, Pierre Gassendi, Montesquieu, Félicité Robert de Lamennais, entre muchos otros. Entre los autores laicos chilenos que se apropiarían de las preocupaciones filosóficas de la Ilustración europea destacan Manuel de Salas y Juan Egaña. Ello no obsta que continuaron habiendo pensadores de importancia ligados al pensamiento escolástico, como fueron Manuel Antonio Talavera y José Francisco Echaurren. +Manuscritos coloniales destacablesAñoAutorCelebriores controversias in primum Sententiarum Scoti1638 (Tomo I) / 1642 (Tomo II)Alonso BriceñoManifiesto apologético de los daños de la esclavitud del Reino de Chile1670Diego de RosalesComentarios “Acerca del alma” según la doctrina del Doctor Sutil Duns Escoto1689Juan de FuicaLogicæ, Physicæ, Metaphysicæ & Animasticæ Certamen1707Manuel de Ovalle UretaPhilosophia Scholastica1709Miguel de ViñasDisputationes in Animasticam et in libros Physicorum Aristotelis1710-1711Juan de Puga OrdóñezDisputationes in universam Aristotelis Metaphysicam1722Agustín NarbarteCursus Philosophiæ Scholasticæ1724Juan de SorozábalDisputationes in omnes Physicorum libros Aristotelis1727Miguel de Ureta de la CarreraPhysica contra Thomistas1739Lorenzo RomoPhilosophia Tripartita1753-1754Francisco Javier ZeballosPhysica Aristotelica curiosis recentiorum inventis conferta1764Agustín de Saajosa CarreñoSaggio sulla storia naturale del Chili1782Juan Ignacio MolinaLa venida del Mesías en gloria y majestad1790Manuel LancunzaTrienalis Philosofici Cursus Institutiones Physicæ, secundam naturalis Phylosophiæ partem Physicam scilicet particularem complectentes iuxta veriora recentiorum placita illorumque inconcussa experimenta1792Manuel Antonio TalaveraNoticia general de las cosas del mundo por el orden de su colocacion. Para el uso de la Casa de los Señores Marquezes de la Pica y para instruccion comun de la Jubentud del Reyno de Chile1783 (Tomo I) / 1800 (Tomo II, inédito)Sebastián Díaz de Andrade MardonesPhilosophia eclectica ad mentem & methodum celeberrimorum nostræ aetatis philosophorum concinnata1796José Francisco Echaurren
Periodo de Independencia (1810-1865) Tras la declaración de independencia, la filosofía comenzó a cultivarse de manera sistemática dentro de instituciones de educación superior. El periodo estaría marcado por las polémicas respecto de la relación entre la Iglesia y el Estado. Durante los primeros años de construcción de la nación, la Iglesia católica jugó un papel importantísimo como aliado a la hora de construir las instituciones republicanas. Todos los documentos constitucionales chilenos del siglo proclaman al catolicismo como religión oficial del Estado. Por aquel entonces, Chile pasaba por un momento convulso a nivel político-religioso, reflejo de los primeros compases de la secularización:
Desde las letras, figuras como Juan Crisóstomo Lafinur, Juan Martínez de Rozas y Camilo Henríquez influyeron en la edificación de la nación. Henríquez, de la mano con Egaña y de Salas, fueron los principales responsables de la creación del Instituto Nacional, resultado de la fusión de cuatro instituciones educacionales del régimen colonial: la Academia de San Luis, el Convictorio Carolino, el Seminario de Santiago y la Real Universidad de San Felipe; constituyendo el primer intento serio de un sistema nacional de educación. El compromiso nacional y católico de estos autores se ve especialmente en Egaña, quien redactó la Constitución de 1823 y fue autor del primer libro de filosofía publicado en el Chile independiente, en 1827: el Tractatus de Re Logica, Metaphisica et Morali. En tanto que agente configurador del espacio social, la Iglesia católica ajustó su doctrina al conjunto de las instituciones públicas, incluidas las instituciones educativas. La misión y el currículo del Instituto Nacional era de orientación estrictamente católica, marcando una continuidad valórica y programática con las instituciones coloniales de las emergió:
Hubo un énfasis en la educación económica y cívica. La escuela era vista como aliada para el desarrollo de la sociedad chilena al servir la enseñanza como un mecanismo formador de valores, siendo los de mayor interés la moralidad y el sentido de nacionalidad. Aún habiendo gestos secularizantes, como los acaecidos durante el rectorado de Carlos Lozier (con su promoción del estudio de las ciencias, el cambio de la estructura administrativa y la exportación de la Ideología con autores como Antoine Destutt de Tracy y Étienne Bonnot de Condillac), el escolasticismo perduró fuertemente en el tiempo. No obstante, la influencia francesa resultaría apreciable en estudiantes de este periodo, como lo fueron Manuel Montt, José Miguel Varas y Ventura Marín Recabarren.
La mayoría de los filósofos eran creyentes en el Chile decimonónico, de modo que esta herencia escolástica no significó de primeras un problema. Sin embargo, comenzó a afectar negativamente la investigación filosófica cuando, al examinar doctrinas y escuelas que eran seculares o incluso antagónicas al catolicismo, se debía suprimir cualquier comentario que pusiera en cuestión la preservación de la institución eclesiástica y su relación de imbricación con el Estado. Esta condicionó también la aspiración de atraer inmigrantes y la capacidad de establecer relaciones con países no católicos. Todo cuando era publicado en materia filosófica debía contar, en mayor o menor medida, con el visto bueno de la autoridad religiosa; generando una intelectualidad limitada en su ejercicio reflexivo. Excepciones como la publicación de Sociabilidad chilena (1844) de Francisco Bilbao, acabaron con éste siendo acusado del delito de blasfemia y obligado a pagar una multa, mientras que los ejemplares de su obra fueron requisados y quemados. Por aquellos años, la filosofía católica recepciona a Jaime Balmes y Juan Donoso Cortés, entre otros europeos; a la vez que sacerdotes como José Ignacio Eyzaguirre Portales escriben obras comprometidas con el quehacer católico en el territorio. miniaturadeimagen|José Ignacio Víctor Eyzaguirre Portales, clérigo e historiador chileno. Volviendo sobre el periodo de 1920-1930, el gremio filosófico buscó activamente coligar la "búsqueda de la verdad" con el respeto a la iglesia. Cabe sumar a esta recepción moderada de las ideas modernas la necesidad pedagógica de elaborar textos destinados al estudiantado creciente en la capital, tanto en el Instituto Nacional como en otros liceos: