La degeneración social fue un concepto muy influyente en las ciencias sociales y biológicas en los siglos y . Durante el , numerosos pensadores científicos, entre ellos Georges-Louis Leclerc de Buffon, Johann Friedrich Blumenbach e Immanuel Kant, argumentaron que los humanos comparten un origen común, pero han degenerado a lo largo del tiempo a causa de las diferencias climáticas. Esta teoría proporcionó una explicación de dónde vienen los humanos y por qué algunas personas tienen diferente aspecto que otras. Por el contrario, los degeneracionistas del temían que la civilización estuviera en declive, y las causas de este declive se hallaban en los cambios biológicos. Estas ideas derivaban de conceptos precientíficos de herencia (mácula hereditaria), con un énfasis lamarckiano en el desarrollo biológico. El concepto de degeneración se asociaba a menudo con actitudes políticas autoritarias, como el militarismo y el racismo científico, y con una preocupación por la eugenesia. La teoría se originó en conceptos raciales de etnia, registrados en las obras de científicos médicos como Johann Blumenbach y Robert Knox. A partir de 1850, tuvo influencia en la psiquiatría a través de los escritos de Bénédict Morel, y en criminología gracias a Cesare Lombroso. Hacia 1890, la degeneración se convirtió en un concepto más general de la crítica social en las obras de Max Nordau y otros. También alimentó la ideología del nacionalismo étnico, que sedujo, entre otros, a Maurice Barrès, Charles Maurras y la Action Française. Alexis Carrel, nóbel francés de medicina, consideraba que la degeneración nacional era una buena razón para los programas eugenésicos en la Francia colaboracionista de Vichy.
El significado de degeneración estaba mal definido, pero puede describirse como el cambio que sufre un organismo de una forma más compleja a una más simple y menos diferenciada, y se asocia con conceptos de devolución biológica del . En un uso científico, el término se reservaba a los cambios que suceden en el ámbito histológico, es decir, en tejidos corporales. Aunque Charles Darwin rechazó esta teoría, varios biólogos evolucionistas apoyaron su aplicación a las ciencias sociales, entre ellos Ernst Haeckel y Ray Lankester. Conforme avanzaba el , la creciente insistencia en la degeneración reflejó un pesimismo ansioso por la resiliencia de la civilización europea y su posible declive y colapso.
Teorías de la degeneración en el
En la segunda mitad del , la teoría de la degeneración ganó importancia como explicación de la naturaleza y el origen de las diferencias humanas. Uno de los defensores más notables de esta teoría fue Georges-Louis Leclerc de Buffon. Brillante matemático y naturalista, Buffon fue conservador del Real jardín de plantas medicinales de París. Las colecciones del jardín fueron la inspiración de la enciclopédica Histoire naturelle, de la que Buffon publicó 36 volúmenes desde 1749 hasta su muerte en 1788. En su Histoire naturelle, Buffon afirmaba que las diferencias climáticas crearon variedad entre las especies,, que estos cambios sucedieron gradualmente y que inicialmente afectaron solo a un puñado de individuos antes de generalizarse. Buffon sostenía que había observado la transformación de ciertos animales por su clima, y concluyó que estos cambios también habrían configurado a la humanidad.
Buffon mantenía que la degeneración había tenido consecuencias especialmente adversas en el Nuevo Mundo. Creía que América era más fría y húmeda que Europa, y que este clima había limitado el número de especies, además de desencadenar una disminución del tamaño y el vigor entre los animales que sobrevivieron. Buffon aplicaba estos principios a la gente del Nuevo Mundo. En la Histoire Naturelle escribió que los indígenas carecían de la capacidad de sentir emociones fuertes por otros. Para Buffon, estas personas eran incapaces de sentir ni amor ni deseo.
La teoría de la degeneración de Buffon provocó la indignación de las élites americanas, que temían que la descripción que hacía del Nuevo Mundo influenciara negativamente la percepción europea de su país. En particular, Thomas Jefferson realizó una vigorosa defensa del mundo natural americano. Atacó las premisas de Buffon en su libro Notes on the State of Virginia (1785), en el que afirmaba que los animales del Nuevo Mundo sentían el mismo sol y caminaban sobre el mismo suelo que sus homólogos europeos. Jefferson creía que podía alterar permanentemente las opiniones de Buffon sobre el Nuevo Mundo haciéndole ver de primera mano la majestad de la vida salvaje americana. Durante su periodo como embajador en Francia, Jefferson escribió repetidamente a sus compatriotas para pedirles que enviaran un alce disecado a París, y tras meses de esfuerzos el general John Sullivan respondió a esta petición. Buffon murió solo tres meses desde la llegada del animal, y su teoría sobre la degeneración del Nuevo Mundo quedó para siempre en las páginas de su Histoire Naturelle.
En los años siguientes a la muerte de Buffon, la teoría de la degeneración ganó numerosos seguidores, muchos de los cuales se concentraban en zonas germanoparlantes. El anatomista y naturalista Johann Friedrich Blumenbach alabó a Buffon en sus conferencias en la Universidad de Gotinga. Blumenbach adoptó la teoría de la degeneración de Buffon en su disertación De Generis Humani Varietate Nativa. La premisa central de su trabajo era que toda la humanidad pertenecía a la misma especie, pero Blumenbach creía que innumerables factores, como el clima, el aire y la fuerza del sol, promovían la degeneración y resultaban en diferencias externas entre los seres humanos. No obstante, también afirmaba que estos cambios se podían revertir fácilmente, y por tanto, no constituían la base de la especiación. En el ensayo Über Menschen-Rassen und Schweine-Rassen, Blumenbach aclaró su comprensión de las relaciones entre distintas razas humanas recurriendo al ejemplo del cerdo: si el cerdo doméstico y el jabalí se consideran de la misma especie, los distintos humanos también pertenecen a la misma especie sin importar su color o aspecto general. Para Blumenbach, las personas del mundo son distintas graduaciones del mismo espectro. No obstante, la 3.ª edición de De Generis Humani Varietate Nativa, publicada en 1795, cobró fama entre los estudiosos por introducir un sistema de clasificación racial que dividía a los humanos entre las razas caucásica, etíope, mongola, malasia y americana.
Las opiniones de Blumenbach sobre la degeneración se sumaron al diálogo de otros pensadores de finales del interesados en la raza y los orígenes. En particular, Blumenbach participó en intercambios intelectuales con otro prominente erudito alemán de su época, Immanuel Kant. Kant, filósofo y profesor en la Universidad de Königsberg]], impartió un curso sobre geografía física durante 40 años, fomentando el interés en la biología y la taxonomía. Como Blumenbach, Kant tenía en gran consideración las obras de Buffon mientras desarrollaba su propia opinión sobre estos temas.
En su ensayo Von der verschiedenen Racen der Menschen de 1777, Kant expresó su creencia de que toda la humanidad comparte un mismo origen, recurriendo a la capacidad de mezclarse que tienen los humanos para probar su afirmación. Además, Kant introdujo el término degeneración, que definió como «diferencias hereditarias entre grupos con una misma raíz». Kant también dio significado al concepto de «raza» derivado de su definición de degeneración. Afirmaba que las razas se desarrollan cuando se preservan degeneraciones durante un largo periodo de tiempo. Un grupo solo constituye una raza si la reproducción con una degeneración distinta resulta en una «prole intermedia». Aunque Kant defendió la teoría del origen humano compartido, también sostuvo que existía una jerarquía innata entre las razas. En 1788, Kant escribió Über den Gebrauch teleologischer Prinzipien, donde mantenía que el lugar de un humano en la naturaleza queda determinado por la cantidad de sudor que produzca ese individuo, lo que revela una capacidad innata de sobrevivir. El sudor sale de la piel, y por tanto, el color de la piel indica importante distinciones entre humanos.
Historia
El concepto de degeneración surgió durante la Ilustración europea y la Revolución Industrial, periodos de profundos cambios sociales y un sentido de identidad personal muy cambiante, con diversas influencias.
Son épocas de extrema agitación demográfica, incluyendo la urbanización en los primeros años del . La perturbadora experiencia del cambio social y las muchedumbres urbanas, prácticamente desconocidas en el agrario , se reflejó en el periodismo de William Cobbett, las novelas de Charles Dickens y las pinturas de J. M. W. Turner. Algunos de los primeros estudiosos de la psicología social también exploraron estos cambios, como Gustave Le Bon y Georg Simmel. El impacto psicológico de la industrialización queda exhaustivamente descrito en la magistral antología Pandaemonium 1660 – 1886 de Humphrey Jennings. Reformistas victorianos como Edwin Chadwick, Henry Mayhew y Charles Booth se hicieron eco de la preocupación sobre el declive de la salud pública en la vida urbana de la clase obrera británica, abogando por mejoras en vivienda y saneamiento, acceso a parques e instalaciones de recreo, una dieta mejorada y reducción de la ingesta de alcohol. El médico escocés James Cantlie analizó estas contribuciones desde la perspectiva de la salud pública en su influyente conferencia Degeneration Amongst Londoners. La inédita experiencia del contacto diario con las clases trabajadoras urbanas dio paso a una especie de fascinación horrorizada por su supuesta energía reproductiva, que parecía amenazar la cultura de la clase media.
Además, la biología protoevolucionista las especulaciones transmutacionistas de Jean-Baptiste Lamarck y otros naturalistas, junto con la teoría de las extinciones de Georges Cuvier, desempeñaron un importante papel a la hora de dar sentido a los aspectos pendientes del mundo natural. Las teorías poligénicas de los múltiples orígenes humanos, apoyadas por Robert Knox en su libro The Races of Men fueron firmemente rechazadas por Charles Darwin, seguidor de James Cowles Prichard, que creía en un solo origen africano de toda la especie humana.
Por otro lado, el desarrollo del comercio mundial y del colonialismo, una temprana experiencia europea de globalización, dieron como resultado la conciencia de las variedades de la expresión cultural y de las vulnerabilidades de la civilización occidental.
Finalmente, el crecimiento de los estudios históricos en el , ejemplificado por la obra Historia de la decadencia y caída del Imperio romano (1776–1789) de Edward Gibbon causó un renovado interés en las narrativas de declive histórico, lo que estaba en incómoda sintonía con las dificultades de la vida política francesa en el posrevolucionario.
La teoría de la degeneración fue detalladamente articulada en el Treatise on Degeneration of the Human Species (1857) de Bénédict Morel, una complicada obra a base de comentarios clínicos de un manicomio de Normandía (Saint Yon de Ruan), que al menos en la imaginación popular se fusionó con el Essay on The Inequality of the Human Races (1855) de Gobineau. Según el concepto de Morel de la «degeneración mental», que es un ejemplo de pensamiento biológico lamarckiano, la intoxicación y las adicciones en una generación de una familia conducía a histeria, epilepsia, perversiones sexuales, locura, dificultades de aprendizaje y esterilidad en generaciones posteriores. Los debates médicos de Morel evocan la literatura clínica que rodea la infección sifilítica (sifilografía). Philippe Buchez defendió las teorías psiquiátricas de su amigo Morel, y su influencia política las convirtió en la doctrina oficial de la medicina legal y administrativa de Francia.