La Independencia de Ecuador fue un proceso histórico ocurrido en el territorio que actualmente conforma la República del Ecuador y que causó su separación del Imperio español, así como de la Gran Colombia. Tuvo como antecedente al proceso revolucionario de Quito y la convocatoria a las Cortes de Cádiz con la participación destacada de Mejía Lequerica y Olmedo. Este último después encabezaría la independencia de Guayaquil y ayudaría en la Batalla de Pichincha para lograr la independencia de Quito. Como consecuencia de dicho proceso, los territorios liberados serían anexados a la Gran Colombia conformando el Departamento del Sur, pero con varios problemas lo que causaría la oposición de Olmedo y Vicente Rocafuerte, y que finalmente desembocaría en su separación en 1830.

Antecedentes: la Ilustración

Las ideas ilustradas en la Audiencia Como principal antecedente de las revoluciones y guerras de la independencia se encuentra la ilustración, que en la Audiencia de Quito empezaría a partir de la misión geodésica. Alrededor de este proceso hubo muchas personas que estuvieron involucradas en distintas disciplinas. A juicio del historiador Jorge Núñez Sánchez, durante la ilustración se desarrollaron una serie de ideas que después desembocarían en la independencia: conciencia geográfica a través del mapa de Pedro Vicente Maldonado, conciencia patriótica a partir de la obra titulada Ideal del Reino de Quito por el oidor Juan Romualdo Navarro, conciencia histórica con la Historia del Reino de Quito de Juan de Velasco, conciencia económica a partir de la influencia de Miguel de Jijón y que con su participación en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País que serviría de inspiración para la creación de la Escuela de la Concordia en Quito, y por último la conciencia política a partir de Eugenio Espejo quien a través de una reinterpretación del derecho natural, basándose en los que se conocían como escolásticos protestantes, Hugo Grocio y Samuel Pufendorf, desarrolló su reforma política que lo difundía a partir de sus periódicos que surgieron con la primera imprenta que había llegado a la audiencia a mediados del . Reflexiones fue enviada a Madrid, donde fue incorporada como apéndice a la segunda edición del tratado Disertación médica (1786) de Francisco Gil, miembro de la Real Academia Médica de España. Sin embargo, en lugar de obtener reconocimiento, Espejo hizo enemigos, porque su obra criticaba a los médicos y sacerdotes a cargo de la salud pública en la Real Audiencia por su negligencia, y se vio obligado a abandonar Quito.

La Sociedad Patriótica y Eugenio Espejo miniaturadeimagen|Eugenio de Santa Cruz y EspejoCamino a Lima, se detuvo en Riobamba, donde un grupo de sacerdotes le pidieron escribir una repuesta al reporte escrito por Ignacio Barreto, jefe de recaudación de impuestos que acusaba a los sacerdotes de Riobamba de varios abusos contra los indígenas a fin de quedarse con su dinero. Espejo con gusto aceptó el encargo para defender el buen trato de los sacerdotes para con los indígenas, para lo que escribiría Defensa de los curas de Riobamba y después lo complementaría con sus Cartas riobambenses. En respuesta, sus enemigos denunciaron a Espejo ante el presidente de la Real Audiencia, Juan José de Villalengua. El 24 de agosto de 1787, Villalengua solicitó a Espejo o bien que se traslade a Lima o que regrese a Quito para ocupar un puesto en el gobierno, y posteriormente lo arrestó. Espejo fue acusado de ser el autor de El Retrato de Golilla, una sátira dirigida contra el rey Carlos III y el Marqués de la Sonora, ministro colonial de las Indias. Fue llevado a Quito, y desde allí envió tres peticiones a la Corte de Madrid, que decretó, por mandato de Carlos III, que el caso sea llevado ante el Virrey de Bogotá. El presidente Villalengua se desentendió del asunto y envió a Espejo a Bogotá para que ejerza su propio patrocinio. En Bogotá conoció a Antonio Nariño y Francisco Antonio Zea, desarrollando en el proceso sus ideas sobre la independencia. En 1789 uno de sus seguidores, Juan Pío Montúfar, llegó a Bogotá también. Juntos formarían parte de la Escuela de la concordia que fundaría la Sociedad de amigos del país, de la que Miguel de Jijón sería su presidente. Las Sociedades económicas de amigos del país eran asociaciones privadas establecidas en varias ciudades de la España de la Ilustración y, en menor grado, en algunas de sus colonias. Espejo con éxito se defendió de los cargos en su contra y, el 2 de octubre de 1789, salió libre de todo cargo. El 2 de diciembre del mismo año fue notificado que podía regresar a Quito, donde impulsaría la sociedad patriótica, aunque no tendría mucha duración puesto que el 11 de noviembre de 1793 Carlos IV la disolvería, lo que aumentaría los problemas para Espejo. Las autoridades trataron de deshacerse de él designándole médico de una expedición científica a los ríos Pará y Marañón. Espejo se negó a este juego y fue arrestado, aunque al poco tiempo quedó libre por falta de pruebas por lo que se dedicó a trabajar como bibliotecario en la Biblioteca Nacional. Habiendo perdido la poca fe que le quedaba en la monarquía, llegó a creer que no existía otra solución que cambiar las estructuras políticas vigentes. Escribió sermones para su hermano cura a fin de difundir estas ideas. Se volvió activista; en las cruces de Quito amanecieron banderolas escarlatas con el lema: "Al amparo de la cruz, sed libres, conseguid la gloria y la felicidad". Debido a sus ideas liberales, fue apresado el 30 de enero de 1795, acusado de conspiración por su desafiante acción con las cruces. Solamente le permitieron dejar su celda para tratar a sus pacientes como médico y, el 23 de diciembre de 1795, para morir en su hogar a causa de la disentería que adquirió durante su cautiverio. Todo esto se realizaba dentro de una seria preocupación por las viruelas, ya que en 1794 había muerto la infanta María Teresa, por lo que el Rey Carlos IV buscaba encontrar una manera de luchar contra esta enfermedad por lo que al examinar los escritos de este autor condenado en la cárcel pero que al mismo tiempo se mostraba como un brillante médico, los consejeros del Rey de España analizaron todas las razones expuestas por Espejo en su defensa y finalmente inclinaron la voluntad real a su favor. Además se dio la orden real para que se imprima la segunda edición del libro Reflexiones sobre las viruelas ya que lo consideraban útil para los intereses de la nación española. Todo esto sucedía, sin embargo, después de que ya había muerto. Quedaron pues sus ideas y las personas a las que había enseñado, entre ellos a Juan Pío Montúfar quien sería uno de los protagonistas de las juntas que se darían a cabo en la Audiencia.

Manuela Espejo y José Mejía Dentro de todo este proceso tuvo un papel importante también su hermana, Manuela Espejo quien le había ayudado a defenderse jurídicamente y también había colaborado con sus escritos bajo el seudónimo erophilia. Un año después de la muerte de Eugenio, Manuela contrae matrimonio con José Mejía Lequerica quien en 1805, siguiendo los pasos de Espejo optaría por estudiar Medicina y luego Leyes. De la misma manera, tendría problemas con las autoridades, puesto que la Universidad se negaría a graduarle hasta que legitimara y limpiara su nombre, pues al ser hijo natural, no se le consideraba apto para el grado. Esto no invalidaba su capacidad y formó parte de la expedición botánica de Nueva Granada, de donde saldrían varios próceres de la independencia de Colombia como Francisco José de Caldas, con quien colaboraría de cerca. Formaría parte de las investigaciones botánicas que se desarrollaron entre 1802 y 1806 en Santo Domingo. Debido a los problemas que tenía en la universidad, su amigo José Matheu y Herrera, el Conde de Puñorostro, le ofrecerá la propuesta de ir a Madrid en 1807. Encontró empleo en el Hospital General de esa ciudad. Cuando en 1808 las tropas franceses invaden la Península, Mejía Lequerica se une a la lucha contra los invasores, enrolándose en el ejército popular. Sale de Madrid disfrazado de carbonero y tras varias jornadas a pie llega a Sevilla y posteriormente llegar a Cádiz, junto a su fiel amigo el Conde de Puñorrostro, donde vuelve a alistarse en el ejército popular, aquí escribe a Manuela de la Santa Cruz y Espejo, su esposa: "Si salgo con vida y honra, como lo espero de Dios, tendrás en tu compañía un hombre que habrá mostrado no estar por demás en el mundo."

La Constitución y las juntas

Primera junta de Gobierno miniaturadeimagen|Manuela Cañizares En Quito, la élite estableció una Junta Soberana el 10 de agosto de 1809 a raíz de la invasión napoleónica a España, con el marqués de Selva Alegre como presidente y el obispo, José Cuero y Caicedo, como vicepresidente. Esto ocurriría después del derrocamiento de Manuel Ruiz Urriés de Castilla y Pujadas, I conde de Ruiz de Castilla, presidente de la Real Audiencia de Quito. Esto daría inicio a lo que se conoce como el proceso revolucionario de Quito que duraría hasta 1812. A esta día se le conoce como el primer grito de la independencia. El movimiento encontró poco apoyo en otras regiones del reino y una considerable oposición por parte de los virreyes de Perú y Nueva Granada, por lo que lograría ser contenida satisfactoriamente. Este movimiento fue liderado por los que se conoce ahora con el nombre de patriotas del 10 de agosto de 1809: un grupo de intelectuales; doctores, marqueses y criollos, que vivían en la ciudad de Quito. En total de personas que participaron de este levantamiento a 32 de ellas las encarcelarían y después asesinarían, todo esto por orden de Ruiz de Castilla al año siguiente el 2 de agosto de 1810 con el objetivo de evitar nuevos levantamientos desarticulando a las personas que se complotaron e intimidando nuevos intentos a futuro. Durante este proceso, los patriotas se reunieron de manera privada y discreta, en muchas ocasiones fueron recibidos por Manuela Cañizares, quien tuvo un papel destacado en el proceso también. Con el objetivo de cesar de las funciones a Ruiz de Castilla le entregaron el oficio correspondiente a través de un complot realizado el 10 de agosto de ese año. Buscaron sorprender a los comandantes realistas que formaban parte de la guarnición de Quito. Sitiaron el Palacio Real que en la actualidad es conocido como el Palacio de Carondelet por el destacado papel que jugó el Barón de Carondelet, en el proceso independentista. Consiguieron el apoyo de un total de 177 soldados que eran de la guarnición colonial lo que les permitió llevar a cabo la revuelta con mayor efectividad. De esta manera entonces la tropa se formaría al mando de Salinas en la Plaza de la Independencia antes de que empiece el día, a las cinco de la mañana.