La retirada es el éxodo a Francia, dentro del exilio republicano español consecuencia de la guerra civil española, que tuvo lugar entre los días 28 de enero y el 13 de febrero de 1939, tras la caída de Barcelona en la ofensiva de Cataluña y el avance de las tropas sublevadas del general Franco. Con ello, tanto la guerra civil como la Segunda República española, legalmente establecida en 1931, se acercaban a su fin. Pese a que el debate sobre la magnitud del éxodo no está cerrado, se estima en quinientas mil el número de personas que cruzaron la frontera franco-española, conformando un grupo heterogéneo de civiles y militares de todos los territorios de España, clases sociales e ideologías (anarquistas, comunistas, socialistas, nacionalistas vascos o catalanes, brigadistas, personas sin ideología e incluso franquistas). El motivo principal para que se produjera tal movimiento de personas fue la dura represión que aplicaban las autoridades franquistas en las zonas que conquistaban. El trayecto para cruzar los Pirineos lo realizaron en su mayoría a pie siguiendo las principales rutas que conducían a Francia, a través de los llamados "caminos de la retirada". Las autoridades francesas subestimaron la situación y básicamente, su gestión consistió en internar a gran parte de los exiliados en campos de concentración que no reunían las mínimas condiciones de habitabilidad ni salubridad.

El éxodo Si bien las tres primeras olas de refugiados a Francia tras el inicio de la guerra civil (1936 tras las batallas de Irún y San Sebastián; 1937 tras la caída del norte peninsular; 1938 tras la ocupación del Alto Aragón) produjeron un movimiento migratorio de aproximadamente ciento sesenta mil refugiados, de los cuales, a finales de 1938 sólo quedaban algo más de cuarenta mil personas, el éxodo producido por la cuarta ola, tras la caída de Barcelona, conocido como La retirada, fue de unas proporciones jamás vistas en la historia ni de España ni de Francia.

Las administración francesa infravaloró la gravedad de la situación desestimando la solicitud en enero de 1939 del gobierno republicano español de acoger a ciento cincuenta mil refugiados que se consideraba que cruzarían los Pirineos tras la caída de Barcelona, considerando que las necesidades se limitarían a cinco mil personas para la 17.ª región militar de Toulouse y en diez mil para la 16.ª región militar de Montpellier. Se previó distribuir a los refugiados entre Matemale, Canet, Argelès-sur-Mer (con capacidad para tres mil personas), Saint-Cyprien (capacidad ilimitada). Pero las obras de acondicionamiento no habían comenzado en enero de 1939 cuando la caída del frente catalán y la toma de Barcelona por los falangistas el 26 de enero de 1939 provocaron el hundimiento de las fuerzas republicanas y el inicio del éxodo masivo.

La magnitud del éxodo, con el mayor flujo de refugiados extranjeros que recibía Francia en su territorio en un contexto de crisis de los años 30 y una creciente xenofobia tanto en Francia como en gran parte de Europa, dividió a la clase política y a la opinión pública francesa que veían mayoritariamente con inquietud a los refugiados como una amenaza para la seguridad del país al tratarse, muchos de ellos, de combatientes con ideología. Este hecho suscitó sentimientos contradictorios en el gobierno del Frente Popular de Édouard Daladier que buscando soluciones para contener fuera del territorio francés a los refugiados, propuso a Franco crear una zona neutra desmilitarizada entre Andorra y Portbou, a lo que el dictador español se negó considerando a los fugitivos prisioneros de guerra. izquierda|miniatura|Llegada de los primeros refugiados, vista general de la playa. El Gobierno francés, ante el problema, y con el fin de permitir escapar de la represión franquista (treinta y cinco mil ejecuciones) a las masas de personas que se agolpaban en la frontera, decidió abrirla el 28 de enero de 1939. En un primer momento, esta apertura sólo se concedió a los civiles mujeres, niños, ancianos y heridos. Unos días antes, el poeta Antonio Machado, había cruzado la frontera para refugiarse en Colliure junto con su madre, Ana Ruiz, su hermano José, su cuñada Matea Monedero y el escritor Corpus Barga.

La selección de las personas, recopilación de datos y control de la situación en la frontera francesa estaba a cargo de los guardias móviles y el 24º regimiento de tiradores senegaleses. Al entrar en Francia, en un primer momento, los refugiados eran despojados de todo, no solo de sus armas, sino también de sus joyas, su dinero en efectivo, etc. Estos primeros refugiados, especialmente las mujeres y los niños, fueron enviados a los departamentos del centro de Francia.

A partir del 5 de febrero, el gobierno francés permitió cruzar la frontera, desarmados, a los que quedaban del ejército republicano y doscientos cincuenta mil combatientes se sumaron a los primeros doscientos cincuenta mil refugiados. Los últimos treinta aviones de la aviación republicana aterrizaron en Carcasona. Los políticos más relevantes de la república Manuel Azaña (presidente de la República), Martínez Barrio (presidente de las Cortes), Lluís Companys (presidente de la Generalidad de Cataluña) y José Aguirre (presidente del Gobierno del País Vasco) entre otros cruzaron la frontera apartada de La Bajol - Maureillas-las-Illas ese día con el tesoro catalán. Juan Negrín (Jefe de Gobierno) cruzó unos días más tarde por la frontera de Le Perthus el 9 de febrero poco antes su cierre por los franquistas. Los últimos contingentes en cruzar la frontera, incluida la columna Durruti que estaba encerrada en Mont-Louis, llegaron también de manera ordenada. Contrariamente a los temores del gobierno francés, el éxodo se desarrolló sin incidentes notables, hasta que las tropas franquistas impidieron la continuación de la huida al tomar el control de la mayoría de los pasos fronterizos a partir del 11 de febrero, aunque algunos pasos como el de la carretera de Molló permanecieron abiertos hasta el 13 de febrero.

A principios de 1939, las autoridades francesas estimaron el número de refugiados en unos quinientos mil o más, un tercio de los cuales eran mujeres, niños y ancianos. De ellos, trescientos treinta mil recibieron refugio de emergencia en los Pirineos Orientales y más de ciento treinta mil fueron evacuados a los departamentos de los dos tercios meridionales de Francia. La mayoría de estos refugiados procedían del noreste de España: Cataluña (36,5 %), Aragón (18 %) y el Levante español (14,1 %).

Los campos de internamiento

miniatura|Llegada de una columna de refugiados republicanos al campo de concentración de d'Argelès-sur-Mer. Francia estaba completamente desbordada por este drama humanitario. Se desarmó y se clasificó a las personas que llegaban exiliadas y se intentó hacer frente a los problemas sanitarios en medio de un invierno especialmente crudo. Lo principal era mantener el control de los refugiados, por lo que se movilizaron seis regimientos de infantería, cuatro de caballería y elementos orgánicos.

Para controlar la situación, principal preocupación del gobierno francés, se tomaron medidas legislativas que fueron aplicadas a gran escala y por primera vez, como el decreto del 12 de noviembre de 1938 que preveía el internamiento administrativo de los extranjeros "indeseables" determinando que estos serían dirigidos a "centros especiales" con vigilancia permanente. Mediante este decreto se avalaba, por tanto, la creación de los centros de internamiento, denominados en ese momento en los documentos administrativos, campos de concentración. Este documento fue ampliado posteriormente por la Ley de 18 de noviembre de 1939 que permitía el internamiento de cualquier individuo francés o extranjero, considerado peligroso para la defensa nacional o la seguridad pública.

Ante la falta de previsión, los primeros lugares de internamiento frente a la necesidad de los refugiados fueron las playas del departamento de los Pirineos Orientales, naciendo los campos de concentración de las playas de Argelès, Saint-Cyprien o Le Bacarés. A medida que pasaba el tiempo, estos campos se iban organizando mientras que se trasladaba a los refugiados a nuevos campos situados en otros departamentos. Una vez recluidos los exiliados en los campos, estos pasaron a convertirse en puntos de referencia para la gestión del "problema español". Desde ellos se efectuaban repatriaciones a España o salidas a terceros países, se buscaba el alistamiento de hombres en la Legión Extranjera Francesa o se gestionaba la contratación de trabajadores, siempre contando con la autorización de las oficina departamentales de colocación, a nivel colectivo en las CTE (Compañía de Trabajadores Extranjeros) o directamente a través de particulares. Los internos podían también abandonar el campo en caso de ser reclamados por parientes directos o próximos que residiesen de manera regular en Francia. Como explica Dreyfus-Armand, especialista en el exilio republicano, viendo el manejo deshumanizado de la situación de los refugiados por parte de las autoridades, algunos sectores públicos como la prensa de izquierdas o anarquista, movimientos de solidaridad privada y municipal o asociaciones benéficas, además de algunas personalidades como François Mauriac, George Bernarnos, Henri Bergson, Paul Alery o Léon Jouhaux no sólo pedían la aceptación y dignidad para los refugiados, sino también distribuían víveres o mantas a los necesitados. Estas acciones trataron de controlarse mediante las instrucciones dadas a la policía por el ministro del Interior, de vigilancia y control no sólo a los refugiados sino también los franceses que pudieran mantener relaciones con ellos al considerar que agrupaciones extremistas buscaban establecer relaciones con los republicanos.

Pirineos Orientales Los refugiados que cruzaban la frontera por los puntos más masificados como Cerbère y Le Perthus fueron trasladados directamente a los campos de concentración de las playas de Argelés y Saint-Cyprien y que agruparon en las primeras semanas las dos terceras partes de los internados en el departamento. A los hombres que cruzaban por otros puntos fronterizos más minoritarios se les destinaban a campos menores. Se crearon tres zonas de agrupación:

la Cerdaña, con los centros de Bourg-Madame y Torre de Querol. Estos centros fueron los primeros en cerrarse a causa del duro invierno (de ocho a diez grados bajo cero, mortalidad infantil del 20 %) el Alto Vallespir donde se crearon tres centros: los españoles y los miembros de las Brigadas Internacionales se dirigieron a Arlés-sur-Tech y Amélie-les-Bains-Palalda el campo de Saint-Laurent-de-Cerdans albergó a cinco mil españoles en una fábrica de sandalias los campamentos más grandes y numerosos se encontraban en la costa se crearon campos especializados para el reagrupamiento y reacondicionamiento de equipos en el Campo de Marte de Perpiñán y Villeneuve-la-Rivière.

Los campos de concentración en las playas, creados en último momento como solución de emergencia y rodeados de alambre de espino, no contaban con ningún tipo de infraestructuras y sin resguardo, agua potable o letrinas, las condiciones de vida, salud, higiene o disciplina fueron muy duras y humillantes. Las primeras construcciones en estos campos fueron realizadas por los propios refugiados siendo muy rudimentarias, hechas de madera, lonas o cualquier material que les pudiese proteger. Los prisioneros franquistas, que habían cruzado la frontera el día 8, fueron internados por separado, en Amélie-les-Bains y en el estadio del Elna.

Debido a la precariedad de las condiciones, las enfermedades (especialmente disentería por falta de agua potable) y defunciones en los campos durante los primeros meses fueron altísimas. Si bien, no existe unanimidad y el número de fallecidos sigue siendo uno de los puntos más oscuros del exilio, se considera que pudo llegar hasta catorce mil seiscientos setenta y dos.