Diego de Herrera, también conocido como Diego García de Herrera (Burgos, c. 1420-Betancuria, 22 de junio de 1485), fue un hidalgo y conquistador bajomedieval de la Corona de Castilla, señor jurisdiccional de las islas Canarias por su matrimonio con la señora titular Inés Peraza.

Fue un personaje destacado en la primera historia de Canarias, siendo además ascendiente de varios títulos nobiliarios radicados tanto en el archipiélago como en Portugal.

Biografía Orígenes y primeros años Diego de Herrera nació probablemente en la ciudad castellana de Burgos en la década de 1420, siendo el sexto hijo varón de trece hermanos. Sus padres fueron Pedro García de Herrera, mariscal de Castilla y señor de Ampudia y Villacidaler, y su esposa María de Ayala, hermana de Pedro López de Ayala, señor de Ayala y Salvatierra. Diego era nieto por línea paterna de Hernán García de Herrera, mariscal de Castilla y señor de Ampudia y Villacidaler, y de Inés de Rojas, hermana del arzobispo de Toledo Sancho de Rojas. Sus abuelos maternos fueron Fernán Pérez de Ayala, merino mayor de Guipúzcoa y señor de Ayala y Salvatierra, y María Sarmiento, señora de Salinillas de Buradón y bisnieta del rey Alfonso XI de Castilla.

El historiador fray Juan de Abréu Galindo describe a Diego de Herrera como «caballero preciado por su valor, linaje y prudencia, gran justador», indicando además que era trece de la orden de Santiago.

Pasó a establecerse en la ciudad de Sevilla, donde fue vecino de la collación de Santa Catalina y más tarde de la de San Andrés. En la capital hispalense estuvo al servicio de la casa de los condes de Niebla, con quienes estaba emparentado «en cuarto grado» según Abréu Galindo, y donde en 1453 llegó a obtener una veinticuatría en el concejo de la ciudad.

Hacia 1448 contrajo matrimonio con Inés Peraza, enlace propiciado por Juan Alonso Pérez de Guzmán, tercer conde de Niebla y primer duque de Medina Sidonia, bajo cuya tutela se encontraba la novia. Diego otorgó a Inés en concepto de arras la cantidad de 500 000 maravedíes, mientras ella incorporó al matrimonio importantes propiedades en tierras del Aljarafe sevillano.

En 1452 Diego de Herrera se convirtió en señor de las islas Canarias y de la pequeña aldea de Alcaría la Vaca al fallecer su suegro Hernán Peraza y haber quedado Inés como única heredera por fallecimiento de su hermano Guillén Peraza.

Según el historiador Miguel Ángel Ladero Quesada, la necesidad de dinero efectivo para resolver sus obligaciones en Canarias llevó al matrimonio a vender en 1453 el señorío de Alcaría la Vaca, situado en tierras próximas al río Chanza en la frontera con Portugal, por precio de 24 000 maravedíes, y a poner en arrendamiento la heredad de Valdeflores, una extensa finca agraria dedicada principalmente al cultivo del olivo ubicada en Aznalcázar.

Unificación del señorío de las islas Canarias thumb|La villa de Teguise o Gran Aldea, en la isla de Lanzarote, fue la capital del señorío de Canarias en la etapa Herrera-Peraza.

El señorío de Canarias lo formaban las islas ya conquistadas de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera, con los islotes deshabitados del archipiélago Chinijo y Lobos, así como el derecho sobre los quintos y conquista de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. No obstante, aunque el dominio era pleno en Fuerteventura y El Hierro, La Gomera aún se mantenía prácticamente sin colonizar y se encontraba en parte ocupada por los portugueses, mientras Lanzarote se hallaba «secuestrada» por el rey Juan II de Castilla hasta que un tribunal confirmase la propiedad de la isla. Este secuestro se debió a que los vecinos de Lanzarote habían solicitado el sometimiento directo a la Corona tras haber expulsado de ella a los portugueses del infante Henrique el Navegante, a quien Maciot de Béthencourt había vendido la isla en 1448.

Finalmente Diego de Herrera y su mujer lograron en 1454 sentencia a su favor contra la enajenación que Maciot había hecho de Lanzarote al infante Henrique, confirmándoseles el derecho de propiedad preferente sobre la isla. El matrimonio envió entonces a su escudero Adrián de Benavente para que tomara posesión de la isla y del señorío, lo que hizo en el verano de 1455. Se consolidaba así la integridad del señorío en la familia Herrera-Peraza.

Por entonces también consiguieron que el rey Afonso V de Portugal ordenara a su tío el infante Henrique abandonar la parte de La Gomera que ocupaban sus vasallos.

Diego y su mujer se trasladarán finalmente a las islas hacia finales del año 1455 o ya en 1456, partiendo en tres naves desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda acompañados de «muchos hidalgos nobles, dueñas y doncellas, para que se heredasen en las islas» con intención según el historiador Rafael Sánchez Saus «de recrear, a pequeña escala, el ambiente cortesano que habían conocido y disfrutado en Sevilla junto a los duques de Medina Sidonia». Gobernarán el señorío principalmente desde las villas de Teguise y Betancuria, cabeceras de las islas de Lanzarote y Fuerteventura respectivamente.

Intentos de conquista de Gran Canaria y nuevos conflictos con Portugal thumb|Bahía de Gando, donde Diego de Herrera construyó una torre como base de sus operaciones en la isla de Gran Canaria.

Una vez organizado el gobierno del señorío, Diego de Herrera renovará el impulso de la conquista del archipiélago que durante décadas había permanecido estancado. Así, hacia 1459 prepara una expedición militar a la isla de Gran Canaria, donde desembarca en la costa suroriental y construye la denominada torre de Gando.

No obstante, a finales de ese mismo año las islas serán atacadas por una armada portuguesa bajo el mando del capitán Diogo da Silva, criado del infante Fernando. Los portugueses arrasan primero Lanzarote, obligando a Diego de Herrera y su familia a refugiarse en las montañas de Famara. Posteriormente, atacan Gran Canaria logrando tomar a los castellanos la fortaleza de Gando.

Diego de Herrera elevó quejas a la Corte, logrando que el rey Enrique IV escribiera a su cuñado Afonso V de Portugal en el verano de 1460 para reparar la situación.

Mientras el pleito proseguía en las cortes castellana y lusa, Diego de Herrera, en vistas de que no podía expulsar por sí mismo a los portugueses, logra atraerse a los dos reyes aborígenes de la isla. El 12 de agosto de 1461 desembarca en el puerto de Las Isletas y consigue que los guanartemes de Gáldar y Telde le ofrezcan obediencia, levantado acta de toma de posesión de la isla el 16 siguiente, siendo testigo el obispo de Rubicón Diego López de Illescas. Los reyes canarios le prometen vasallaje y toda la orchilla de la isla.

Finalmente, el rey Afonso V de Portugal expidió una orden para que Diogo da Silva devolviera la torre. No obstante, en documentos coetáneos testigos presenciales indican que la devolución de la torre la hizo Silva a cambio de que Herrera le diese 2 000 doblas, pero que este en su lugar concertó el matrimonio de su hija mayor, María de Ayala, con el capitán portugués. Se como fuere, Herrera volvió a ser señor de la torre, dejando a Silva como alcaide de la misma.

Durante este tiempo, Herrera y Silva logran levantar una nueva torre en el poblado de Telde, que funcionará además como centro evangelizador.

La torre de Añazo En 1464 intentó penetrar en el interior de la isla de Tenerife, pero tras dos derrotas militares optó por negociar con el tagoror o consejo de la isla al completo, y llegaron a un acuerdo que le permitía mantener un asentamiento en la isla, aunque algunos historiadores afirman que hasta la muerte de Diego y la iniciativa de su hijo Sancho no hubo asentamiento estable de españoles en Tenerife.

Sublevaciones en Fuerteventura y Lanzarote En 1476 los habitantes de Lanzarote se sublevan contra el poder señorial de los Herrera-Peraza. Los lanzaroteños pedían ser vasallos de la Corona ante los desmanes de los señores, acudiendo a la corte para presentar denuncias y otros documentos. Los señores de Canarias comenzaron entonces a perseguir a los rebeldes, exiliándolos o ejecutándolos, hasta que los reyes envían a Lanzarote a Esteban Pérez de Cabitos,López Alonso, Antonio M.: «La pesquisa de Cabitos», en Proyecto Tarha. juez pesquisidor, para que recopilara informaciones sobre los derechos de los señores a las islas.

Capitulación con los Reyes Católicos En 1477 otorgó capitulaciones con los Reyes Católicos, por las que en nombre de su mujer cedió a la Corona los derechos que tenía sobre Gran Canaria, Tenerife y La Palma, reservándose las cuatro islas de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera, y los islotes de Alegranza, La Graciosa, Santa Clara y Lobos, con otros roques o islotes. Los monarcas le compensaron con «cinco cuentos de maravedís en contado por los gastos, y el título de conde de la Gomera con el Hierro, y él y su mujer doña Inés Peraza renunciaron todo el derecho y acción que tenían a las otras islas».

Fundación de Santa Cruz de la Mar Pequeña Hacia 1463 Diego de Herrera y el comendador mayor de la orden de Santiago Gonzalo de Saavedra recibieron del rey Enrique IV como merced el señorío sobre las tierras de la costa occidental africana entre los cabos de Aguer y Bojador, con el objetivo de explotarlas económicamente a través de las pesquerías y las razias. No obstante, el II duque de Medina Sidonia Enrique de Guzmán protestó pues ese mismo territorio le había sido concedido en 1449 a su padre por el rey Juan II. Finalmente, Diego y Gonzalo llegaron a un acuerdo con el duque, por el que los primeros renunciaban a sus derechos a cambio de 1 500 000 maravedíes.

A pesar de ello, Diego de Herrera volverá a aparecer en una real cédula de 1468 como señor «de la Mar Menor de Bervería».

En 1478 Diego de Herrera construye la torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, en la costa occidental de África frente a Lanzarote, siendo la primera vez que se posesionaba la Corona de Castilla de un territorio de este continente.

Fallecimiento thumb|Ruinas de la iglesia conventual de San Buenaventura de Betancuria, en Fuerteventura, donde fue enterrado Diego de Herrera a su muerte en 1485.

Diego de Herrera falleció en la isla de Fuerteventura el 22 de junio de 1485 de «una grande enfermedad» según Abréu Galindo, siendo enterrado en el convento franciscano de san Buenaventura de la villa de Betancuria.

Gonzalo Argote de Molina, quien se había casado con Constanza de Herrera, tataranieta de Diego, hizo colocar una lápida conmemorativa sobre el sepulcro que incluía el siguiente epitafio:

Matrimonio y descendencia Como queda dicho, Diego contrajo matrimonio hacia 1448 en Sevilla con Inés Peraza, hija de Hernán Peraza el Viejo e Inés de las Casas, y heredera por tanto del señorío de Canarias. El matrimonio tuvo cinco hijos:

Pedro García de Herrera (c. 1449-1532), I señor de El Hierro, fue desheredado posteriormente por sus padres, casado en primeras nupcias con Antonio de Ribera y en segundas con María Lasso de la Vega. Con sucesión de este segundo enlace: Inés de Herrera, casada con Cristóbal de Montemayor, sobrino de la primera mujer de su padre. Con sucesión; Juan Peraza de Ayala, casado con Catalina Dumpiérrez. Con sucesión. Hernán Peraza el Joven (c. 1450-1488), I señor de La Gomera y II de El Hierro, casado con Beatriz de Bobadilla, con sucesión: Inés Peraza de Herrera (1483-1535), casada con el segundo adelantado mayor de las islas Canarias Pedro Fernández de Lugo, con sucesión; Guillén Peraza de Ayala (1484-1565), primer conde de La Gomera y III señor de El Hierro. Casado con su prima hermana María de Castilla. Con sucesión. Sancho de Herrera (c. 1452-1534), señor en parte de Lanzarote y Fuerteventura. Casado con Violante de Cervantes pero con sucesión solo de Catalina Dafia o Guadarfía, bisnieta de Luis de Guadarfía, último rey aborigen de Lanzarote: