thumb|300px|Collage lésbico. 1) Manos enlazadas en una marcha feminista #NiUnaMenos; 2) Encuentro Nacional de Mujeres en Mar del Plata de 2015; 3) Natalia «Pepa» Gaitán, dibujo de Gisela Curioni; 4) Encuentro Nacional de Mujeres en Mar del Plata de 2015; 5) Marcha del orgullo LGBTIQ de 2018; 6) Higui, dibujo de Gisela Curioni; 6) Madres en pareja; 7) Tamboreras en Encuentro Nacional de Mujeres en La Plata de 2019; 8) Beso en marcha feminista.
La historia del lesbianismo en Argentina se refiere a la prácticas y militancias lesbianas que se desplegaron históricamente en el actual territorio argentino para lograr su visibilidad y defender sus derechos como mujeres y disidentes sexuales. Los pueblos originarios tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas, en muchos casos admitiendo sexualidades lésbicas y no heteronormativas. El Imperio español impuso durante la conquista y colonización un régimen de violenta represión de las conductas no heteronormativas, incluyendo el lesbianismo. Luego de la independencia en 1810-1816, la situación de las mujeres lesbianas siguió la tendencia a la represión moral, médica y psiquiátrica de las sexualidades LGBT que caracterizó en general a la cultura occidental. En 1972 se fundó el Grupo Safo, la primera organización lésbica argentina. Las primeras organizaciones se vieron afectadas con la dictadura cívico-militar de 1976-1983. Con la recuperación de la democracia en 1983, comenzó un proceso sostenido de organización y movilización, que fue obteniendo progresos notables. Es el caso de espacios como los Cuadernos de Existencia Lesbiana, el Grupo Autogestivo de Lesbianas, Amenaza Lésbica, Arpías, Asamblea Lésbica Permanente, Baruyeras, Cero en Conducta, Colectiva Lésbica Las Violetas, Contextuadas, Cruzadas, Enjambradas, Escrita en el Cuerpo, Frente de Lesbianas de Buenos Aires, Fugitivas en el Desierto, Grupo de Jóvenes Gays y Lesbianas, Grupo Lola Mora, Integración Lésbica, La Casa del Encuentro, La Fulana, La Revuelta, La Sublevada de Nuevo Encuentro, Las Desobedientes, Las Lunas y Las Otras, Las Safinas, Lesbianas a la Vista, Lesbianas Feministas Autoconvocadas, Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, Lesbianbanda, Les Madres, Madres Lesbianas Feministas Autónomas, Malas como las Arañas, Murga la Gran Puta, Musas de Papel, Potencia Tortillera, Primorosa Preciosura, Tortas del Barrio, Tortas en la Calle, Tortas Peronistas, Ultravioletas, entre otras. A partir de la primera década del , se obtienen avances en la lucha contra la lesbofobia y conquistas de gran valor, como la Ley de Matrimonio Igualitario (2010), la Ley de Identidad de Género (2012) y la Ley de Derecho al Aborto (2021). A partir de 2014 se estableció que cada 7 de marzo sea el Día de la Visibilidad Lésbica en conmemoración del lesbicidio de Natalia Gaitán.
Pueblos originarios Los pueblos originarios que habitaron el actual territorio argentino tuvieron diversas formas de abordar las orientaciones sexuales e identidades de género de las personas, caracterizadas principalmente por una visión no binaria de la sexualidad y la ausencia de sanciones represivas para las conductas sexuales. Una vez conquistados y colonizados por los imperios europeos, los pueblos originarios adoptaron los valores y normativas sexo-genéricas binarias y heteronormativas características del cristianismo.
La cultura mapuche, aún existente, nunca fue sometida por el Imperio español y mantuvo su independencia y su propio territorio en la Patagonia y la región pampeana hasta fines del , siendo desde ese momento afectada profundamente por los procesos de aculturación. El pueblo Mapuche carecía de nociones de género y sexo, al menos con la relevancia que se concede a los mismos en la cultura europea. Poseían el concepto y el rol social denominado weye, que hacía referencia a personas que no eran consideradas ni hombres ni mujeres, y se desplazaban complejamente entre diversos estados que combinaban características performativas, sexuales, de edad y del momento del día. Sus prácticas sexuales admitían una amplia diversidad y no establecían un vínculo determinista con la anatomía. Hay evidencia de la existencia de hombres homosexuales que permanecían solteros y eran aceptados como tales por toda la comunidad, pudiendo incluso ejercer el cargo de machi, al ser reconocido como una persona con "dos almas", pero no existen registros sobre relaciones sexuales entre mujeres.
La cultura guaraní, concentrada en un área incluida actualmente en la región noreste de Argentina, Paraguay y sur de Brasil, tenía también cierto grado de aceptación hacia las personas que mantenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo. El cronista portugués del Pedro de Magalhães Gandavo daba cuenta de la existencia entre los pueblos indígenas del Brasil de lo que denominaba «indias-machos» o «mujeres–machos», en estos términos:Pedro de Magalhães Gandavo, Historia da provincia da Santa Cruz. Tratado da Terra do Brasil, 1576, citado en
Las culturas andinas, como la incaica, región a la que pertenecía el noroeste argentino, valoraba las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y el uso de vestimentas características de otros géneros, asignándoles un valor sagrado y religioso. Las relaciones sexuales entre mujeres, por su parte, eran habituales y valoradas, especialmente en la clase alta. En las áreas yungas, existieron varias sociedades matriarcales, que también consideraban sagradas las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y el uso de vestimentas correspondientes a otro género. La lengua aimara, por su parte, había creado varios términos para referirse al sexo lésbico.
Conquista y colonización española thumb|300px|Representación de una mujer siendo torturada en el Museo de la Inquisición de Lima, donde eran enviadas para ser juzgadas por sodomía las personas que mantenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo.
La conquista europea de América modificó radical y violentamente la sexualidad y las relaciones de género de la población americana. Los conquistadores impusieron un orden héteronormativo y patriarcal, impulsado por la Iglesia católica, que reprimió duramente todo apartamiento de una sexualidad reproductiva o contraria a una rígida división de la sociedad en dos géneros asignados al nacer por la Iglesia. Simultáneamente el poder colonial estableció un sistema de valores de desprecio y rechazo a las personas que tuvieran conductas sexuales y de género no heterosexuales.
De la colonia vienen expresiones españolas homofóbicas como «marica» y «maricón» para el comportamiento masculino que se apartara de lo que se esperaba de un hombre, y «marimacho» para las mujeres que se apartaran del mandato heterosexual.
Los conquistadores europeos impusieron un tipo de sexualidad basada estrictamente en la reproducción, que reprimía los actos sexuales cuyo objetivo era la obtención de placer, considerados como delitos y pecado de lujuria. En ese contexto jurídico-religioso, todos los regímenes coloniales europeos en América establecieron el impreciso delito de sodomía, considerado como "crimen nefando", contra natura y contrario a Dios, castigando a quienes fueran hallados culpables a ser quemados en la hoguera. Pese a su contenido indeterminado, el delito de sodomía fue orientado principalmente a las relaciones sexuales entre hombres, especialmente cuando existía sexo anal, razón por la cual surgió con formas propias el delito de «sodomía femenina» (sodomia foeminarum), diferenciada por la Inquisición de la «sodomía perfecta» debido a la ausencia del pene, que incluyó las relaciones sexuales entre mujeres.
Durante la conquista española, los conquistadores y cronistas europeos informaron asiduamente que las personas de los pueblos originarios mantenían habitualmente relaciones sexuales entre varones o entre mujeres, y presentaron el hecho como evidencia del salvajismo indígena y su alejamiento del dios cristiano. La llamada "sodomía" fue considerada como una de las causas justas que habilitaba a los conquistadores españoles a declarar la "guerra" contra la población indígena.
Los registros puntuales sobre prácticas erosexuales entre mujeres en la colonia son sumamente escasos, hecho que ha sido atribuido a la invisibilización femenina y su desenvolvimiento de manera clandestina. Las relaciones amorosas y sexuales entre mujeres han estado asociadas a la llamada «quema de brujas» que llevaron adelante los imperios occidentales en Europa y América entre el y el , la sexualidad de las indígenas y esclavas de origen africano, y las vivencias de las mujeres recluidas en los conventos católicos, como en los casos de Sor Juana Inés de la Cruz en México, y Úrsula de Jesús en el Virreinato del Perú -al que pertenecía el actual territorio argentino-, o Catalina de Erauso (la monja alférez), que en sus últimos años llegó a Tucumán proveniente de Chile hasta llegar a Buenos Aires, donde se pierden sus huellas. Poco antes de la independencia, el virrey del Río de la Plata debió intervenir en una nulidad de matrimonio debido a que el supuesto esposo era en realidad una mujer, María Leocadia de Ita, una exmonja que siempre había mostrado una preferencia sexual por otras mujeres, razón por la cual su confesor le recomendó vestirse y adoptar la identidad de un hombre.
La independencia thumb|300px|Juana Azurduy, militar con grado de coronel en el ejército patriota durante la Guerra de la Independencia, es tomada como modelo por el movimiento lesbiano y feminista. Luego de la Independencia (1810-1816), se mantuvo el orden heteronormativo y patriarcal occidental, con su correspondiente acción represiva de toda diversidad sexual y de género, pero atenuada cuando la Asamblea del Año XIII abolió la Inquisición. Hay un amplio consenso sobre el hecho de que la historia argentina -como la del resto de los países- fue escrita por hombres, invisibilizando el papel desempeñado por mujeres. Con el surgimiento de historiadoras feministas, en los últimos años se ha profundizado el estudio de las mujeres que influyeron en la historia. Si bien no es posible saber qué orientación sexual tuvieron los personajes históricos de principios del , el movimiento lésbico tiende a reivindicar a gran cantidad de mujeres patriotas que durante la Guerra de Independencia asumieron roles, vestimentas y comportamientos considerados «de hombre», en general combatiendo como militares o espías, a veces incluso llamadas «machonas», «varoniles» o «amazonas», como Juana Azurduy y María Remedios del Valle, entre muchas otras mujeres postergadas por la historiografía masculina,;; ; ; ; ; ; yendo incluso más allá para elaborar una historiografía de las mujeres, que incluyera a las lesbianas y otras disidencias sexuales.
El delito de sodomía siguió existiendo hasta que fue quitado del Código Penal en 1886, pero con un contenido confuso e indefinido, para castigar la violación de hombres.
Desde entonces no se sancionarían leyes nacionales reprimiendo penalmente ningún tipo de práctica u orientación sexual, ni identidad de género, aunque la diversidad sexual y de género resultaría reprimida por medio de normas policiales, provinciales, administrativas y militares -para sus integrantes-. Ninguna norma penal prohibió los actos sexuales entre mujeres, pero su práctica fue reprimida por la religión, la moralidad hegemónica, las leyes civiles sobre matrimonio y adopción, y las normas médico-psiquiátricas surgidas en la segunda mitad del , que patologizaron la homosexualidad y el travestismo durante casi todo el .
El tabú del lesbianismo thumb|200|Salvadora Medina Onrubia, feminista, anarquista y bisexual, publicó en 1926 su cuento «El quinto», primera obra literaria lésbica argentina.