Las Escuelas Normales son instituciones fundadas en Argentina a partir de las últimas décadas del siglo XIX destinadas a la formación de maestros, inscriptas en un proceso de alcance global, con particularidades locales. Estas instituciones formadoras de docentes condensaron en sus postulados discursos pedagógicos y prácticas, diversas expresiones filosóficas y pedagógicas inscriptas en los debates educativos de su época. Las primeras escuelas normales se fundan en las capitales provinciales según lo dispuesto por la Ley 758 de 1875.
Historia Encuadre internacional Hablar de las escuelas normales remite al proceso de formación de los estados modernos europeos a partir del desarrollo de la Ilustración que requirió de un dispositivo pedagógico para educar a las poblaciones. Estas debían responder a los nuevos requerimientos de una organización social que se regulaba mediante la ley e implicaba la interiorización de saberes comunes que conformaban las particularidades de las naciones modernas: una lengua compartida, tradiciones e historia, normas, valores y religión. En ese contexto se construye la noción de educación popular moderna vinculada a la función de civilizar y disciplinar. Zygmunt Bauman sostiene:
En las primeras décadas del siglo XVIII en Alemania surgieron los primeros seminarios para la preparación de maestros o Escuelas Normales. El término normal hacía referencia a “norma o modelo” y los seminarios respondían a la necesidad de homogeneizar y organizar la diversidad de experiencias educativas existentes.
Hacia el siglo XVIII, los Estados nacionales fueron tomando cada vez más protagonismo en la creación y supervisión de estas instituciones en el marco de políticas que organizaron los sistemas educacionales modernos.
Las instituciones surgidas en Europa, se tomaron como referencia en EEUU para la educación pública y se promovieron hacia Iberoamérica. En Argentina, Domingo Faustino Sarmiento toma contacto con las experiencias impulsadas por Horace Mann en su viaje de estudio de los sistemas educativos modernos que inspiró su obra “Educación Popular”.
Contexto nacional En Argentina, la formación de maestros y maestras titulados estuvo también a cargo -aunque no exclusivamente- de las escuelas normales. Estas últimas tenían a su cargo la formación pedagógica de futuros docentes basada en un amplio conjunto de saberes sobre la enseñanza e iniciación en la ciencia moderna.
La fundación de escuelas normales se inscribe en el proyecto político liberal que procuraba consolidar un orden social restrictivo e incorporar a la República Argentina en el orden mundial como economía agroexportadora. Se adoptaron un conjunto de políticas en esta dirección, entre las que encontramos la extensión de la educación primaria, arista clave para la transformación social y la inserción de la nación en el sistema capitalista. Las nuevas pautas de comercio y consumo requerían ciudadanos que, además, aprendieran a respetar las leyes y conducirse en forma civilizada.
Como parte de este proceso se adoptaron un conjunto de medidas tendientes a la laicización de la educación. Di Stefano conceptualiza como “la embestida laicista” tuvo dos momentos álgidos en Argentina: entre 1882-1884, cuando se discutían y promulgaban las leyes de educación y registro civil por un lado, y en 1888 con el debate del matrimonio civil; en un escenario atravesado por conflictos con la Iglesia católica. Esta ofensiva laicista sobre atribuciones y funciones que habitualmente habían estado en poder del clero, tuvo como una de sus aristas la incorporación de la investigación científica y la cultura moderna. Cabe destacar que no necesariamente implicó propósitos de inclusión política ni educativa. Por el contrario, el progreso iba asociado a lo que llamaban “orden”. Fracciones de las elites liberales que promovieron la inserción al mercado mundial y la laicización, favorecieron también la consolidación de un modelo escolar rígido, extendido a todos los niveles del sistema. Sus propias vacilaciones en cuanto a la integración de las grandes mayorías fue compatible con políticas educativas más tendientes al disciplinamiento que a la formación integral del ciudadano.
En este contexto -inscripto en el proceso de conformación y consolidación del Estado Nación- a partir de 1854 y especialmente desde la década de 1870, se asistió al sostenido crecimiento del número de escuelas y de la matrícula, que fue demandando la formación de maestros y maestras con saberes cada vez más específicos. La dinámica que imprimió la promulgación de la Ley 1420 de educación común, mediante la cual se impulsó la creación de escuelas primarias en los territorios nacionales, intensificó la lectura de un sector de los gobernantes liberales de la época respecto a la urgente necesidad de la preparación de un cuerpo de "especialistas" dedicados a la tarea de enseñar. Desde el impulso de las políticas educativas nacionales se hizo extensivo a la mayoría de las provincias.
En el devenir del proceso de expansión de estas instituciones formadoras de docentes, se fue construyendo un discurso pedagógico en el que confluyeron diversas expresiones filosóficas y pedagógicas que formaron parte de los debates educativos, en el intento por definir los fines de la educación, los sujetos educativos, el carácter de las instituciones, la patria, la nación, la ciudadanía, los métodos de enseñanza, las formas de disciplinamiento, los saberes que se consideraban legítimos. De esta manera, la formación normalista fue concebida, en afinidad con otras corrientes de su época, como un ámbito privilegiado para la obra de transformación de la cultura. Fuera de todo mecanicismo, el proceso complejo de la formación integral, suponía una atención sobre etapas formativas que superaban la expectativa de resultados inmediatos.
Así, el normalismo, en tanto red de instituciones para la formación de docentes y, más adelante, como discurso pedagógico y como conjunto de prácticas asociadas a concretar ese ideario, con numerosas limitaciones materiales y simbólicas, se consolidó como el dispositivo por excelencia para la formación de docentes bajo el impulso del presidente Domingo F. Sarmiento.
Las primeras fundaciones Las primeras fundaciones de escuelas normales -que no prosperaron- se remontan a la década del 20 del siglo XIX. A su vez se hicieron intentos de crear secciones normales anexas a los Colegios Nacionales en Santiago del Estero, Corrientes, San Luis y Jujuy, en la idea que era menos costoso crear estos anexos que escuelas normales completas.
En 1869 el Congreso sancionó una Ley de autorización al Poder Ejecutivo para verificar los gastos de creación de dos escuelas normales. El presidente Domingo Faustino Sarmiento y su ministro Nicolás Avellaneda decretaron el 13 de junio de 1870 la instalación de una escuela normal en la ciudad de Paraná. En 1875 se inauguró la Escuela Normal de Tucumán.
Durante esta etapa de organización, el Estado nacional, y en menor medida los Estados provinciales y municipales destinaron recursos para financiar becas a los/as alumnos/as maestros/as, logrando una amplia cobertura. Se consideraba que los/as alumnos/as tenían un compromiso desde el primer año que recibían la beca y se les hacía firmar a sus tutores un documento donde se los obligaba a ejercer la docencia durante un cierto período, después de recibidos, y en algunos casos, el compromiso de volver a sus lugares de origen una vez obtenida la titulación. Además, de acuerdo al Reglamento, el Ministerio debía distribuir entre todos/as los/as alumnos/as maestros/as los libros y útiles necesarios. Sin embargo, ya en las primeras décadas del siglo XX, tanto éstos como las becas, comenzaron a disminuir.
En 1874, por iniciativa del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Mariano Acosta, se dispuso la creación de una escuela de Profesores y otra Escuela Normal de Profesoras. Ambos establecimientos fueron nacionalizados en 1881. Con ellos, eran tres las escuelas normales de Profesores/as que existían en todo el país (la de Paraná y estas dos de Capital). Se fundaron con el objetivo de preparar profesores/as para el Curso Normal y secundario (aunque también dieron clases en el nivel primario), y para ejercer cargos directivos y de inspección en las escuelas primarias. Los títulos que expedían eran los de Profesor Normal en Ciencias y en Letras.
En 1875, siendo presidente Nicolás Avellaneda y ministro Onésimo Leguizamón, se aprobó una Ley para fundar y sostener catorce escuelas nacionales para Maestras en cada una de las capitales de provincia, con un plan de tres años de duración. Para 1884, año de votación de la Ley 1420, se habían creado ya diecinueve Escuelas Normales, incrementándose a ochenta y un establecimientos en los años siguientes. Flavia Fiorucci (2014) propone analizar este período considerando dos momentos: el primero, cuando se abrieron establecimientos en las capitales provinciales y el segundo, alrededor del Centenario, cuando se fundaron Escuelas Normales en lugares más remotos, especialmente en los territorios nacionales o en pueblos vinculados a la campaña rural, zonas con fuerte afluencia migratoria.
Las escuelas normales de Córdoba: primeras fundaciones
El contexto provincial En el siglo XIX Córdoba era ya una importante provincia, con proyección regional y nacional. En la década de 1880 llega al poder el liberal Partido Autonomista Nacional reavivando el enfrentamiento entre liberales y clericales, lucha política y cultural en torno al control social. El gobierno liberal de Juárez Celman, en continuidad a lo realizado por Antonio Del Viso, adoptó un conjunto de medidas laicistas que desataron la resistencia de un núcleo nacionalista católico (Roitenburd, 2000).
Para defender sus privilegios, con el norte católico de la nación y la escuela como promotora de sus dogmas, se organizaron y enfrentaron todas las medidas tendientes a la libertad de cultos: la Ley 1420, la renovación educativa, la inclusión de la ciencia moderna en los planes de estudio, la coeducación de los sexos, la designación de maestros y maestras que profesaban en otra religión, entre otros puntos. Especialmente, rechazaron la política impulsada por Sarmiento de contratar maestras norteamericanas protestantes, para que estuvieran al frente de las escuelas normales.
Junto a esas medidas que procuraban la modernización social, Sarmiento impulsó en Córdoba y otras ciudades del país, la creación de instituciones para la investigación y la difusión de la ciencia moderna. Ejemplo de ello son el Observatorio Astronómico Nacional y la Academia Nacional de Ciencias para las que introdujo a científicos norteamericanos y europeos. Desde la intencionalidad política de la élite liberal, es posible advertir el rol que ocuparon estas instituciones en la formación de profesores destinados tanto al ámbito académico universitario como a los colegios nacionales y las escuelas normales.
Las escuelas normales provinciales En el contexto de las tensiones y disputas entre liberales y clericales que se sostuvieron especialmente en las últimas décadas del siglo XIX en la Argentina, y que en Córdoba asumieron una intensidad particular, se dieron fuertes presiones para impedir que la provincia de Córdoba adhiriera a la Ley de 1875, rechazando los pedidos realizados desde el gobierno central.
En Córdoba se enseñaba religión en las escuelas y, si así debía seguir siendo, la formación docente no sólo debía incluir la formación religiosa sino que debía orientar el conjunto de la formación de las futuras y futuros maestros (rechazo de la ciencia moderna, control de su moralidad, lecturas, religiosidad, entre otros puntos). En un período posterior se retomará esta política de creación de escuelas normales provinciales, con la fundación de la Escuela Graduada Superior Normal Provincial de niñas “Juan B. Alberdi” (1906) y la Escuela Normal Provincial para varones “Gobernador Olmos” (1909).