miniaturadeimagen|Estatua de Miguel de Ibarra quien fuera presidente de la Real Audiencia de Quito al inicio del siglo XVII. Se encuentra en el obelisco de la ciudad de Ibarra. El Siglo de Oro, es un término que sirve para referirse a una época de importancia cultural en la monarquía española durante los siglos y . Tomado originalmente de la afirmación que hizo el historiador Juan de Velasco en el cuando llamó a la presidencia de Miguel de Ibarra, "El siglo de oro" en la Audiencia de Quito, por los efectos positivos que se dieron durante los ocho años que mandó. La riqueza cultural y la conexión con el resto del mundo bajo el amparo del imperio español empezaron a desarrollarse a partir del especialmente durante la presidencia de Antonio de Morga.
Tradicionalmente este término abarca más de un siglo y no se restringe solo a la literatura. Los períodos que cubre el mismo suelen determinarse desde 1521 con la captura de Cuauhtémoc hasta 1648 que se firma la Paz de Westfalia. También se pueden definir de una manera más amplia desde 1492 con el Descubrimiento de América, el fin de la reconquista y la gramática de Nebrija, hasta 1681 cuando muere Calderón de la Barca. De una manera modesta y tardía, estas expresiones culturales que incluyen a las artes, la religión y la ciencia tuvieron sus expresiones en las Indias. Dentro del Virreinato del Perú, en la Real Audiencia de Quito, fue durante el que empezaron a surgir los primeros ejemplos.
Desarrollo cultural durante el Debido a que el fue un siglo de muchas guerras, empezando por la conquista de los Incas en el primer cuarto, seguido por la conquista de España en el segundo cuarto, y los últimos cincuenta años fue un proceso lento de fundación de las ciudades, instituciones y evangelización, las primeras expresiones culturales empiezan a materializarse en el .
Primeras expresiones literarias miniaturadeimagen|Antonio de Bastidas|izquierda|269x269px miniaturadeimagen|Ramillete por Antonio de Bastidas y Jacinto de Evia|283x283px Aquí es importante destacar a los primeros poetas de la Real Audiencia de Quito, que fueron Antonio de Bastidas, Jacinto de Evia y Jacinto Collahuazo. Los primeros dos, junto con Hernando Rodríguez de Camargo publicaron una obra titulada "Ramillete de varias flores poéticas recogidas y cultivadas en los primeros abriles de sus años." Este libro es pues la primera expresión seria de poesía que se registra en este territorio. No es que antes no haya habido poemas, como los de Teresa Cepeda de Fuentes o también las de Mariana de Jesús Paredes, sin embargo es el Ramillete la primera obra que se publica como tal: una antología de poemas. Los escritos fueron principalmente realizados por Bastidas, sin embargo fue Jacinto de Evia quien los recogió para su publicación. También aportó con sus propias creaciones y además añadió las de Camargo quien era un poeta muy meritorio. Por muchos años, hubo una confusión respecto a la autoría de la obra ya que se creía que fue Evia su principal autor, sin embargo, gracias al trabajo de Espinosa Pólit en el se logró determinar a Bastidas como su principal escritor, a quien Evia se refiere muchas veces como su maestro, de quien aprendió todo. El libro tiene cuatrocientas seis páginas y de ellas, ciento setenta y tres corresponden a poemas de Bastidas. Sigue el aporte de Evia con ciento diecinueve y por último Camargo con ciento nueve. Su poesía se enmarca dentro del culteranismo, corriente literaria empezada por Luis de Góngora y que contrasta por lo elaborado del lenguaje con el conceptismo de Francisco de Quevedo que se basa más en la agudeza del autor para cargar de significado a las palabras. Los poemas que más destacan son "Flores fúnebres" y también "A la flor de la temprana muerte del Príncipe don Baltasar Carlos". Este último poema fue dedicado al heredero del trono de la Monarquía que moriría a causa de la viruela cuando aún era muy joven. También se debe destacar el Poema heroico para San Ignacio de Loyola de Camargo que es una de las composiciones más destacadas de la segunda mitad del , que por razones geográficas (nació en Bogotá) no se lo suele tomar en cuenta a pesar de que se encuentra en el Ramillete.
Por otro lado, Jacinto Collahuazo destacó además por haber escrito un libro en quichua que tenía como temática la guerra entre Atahualpa y Huáscar. Sin embargo, el fue aprisionado y su obra quemada. El escritor no podría salir de la cárcel y terminaría sus días ahí. De esta época, además, existe un poema titulado "Elegía a la muerte de Atahualpa" que fue escrita originalmente en quichua y corresponde al ejemplo más antiguo de expresión poética en ese idioma. fue traducido en el por Luis Cordero Crespo y además incluida dentro de una de las obras de crítica literaria más importantes de Ecuador titulada "Ojeada histórico crítica" por Juan León Mera.
No se debe tampoco dejar de lado a una de las obras en prosa más importantes de esta época titulada "El Gobierno Eclesiástico Pacífico" por Fray Gaspar de Villarroel. Ahí, escrito a manera de ensayo, Villarroel busca compartir su experiencia en el arzobispado para poder, en sus palabras, unir el cuchillo pontificio y regio. Es decir cómo poder convivir dentro de la misma sociedad tanto la iglesia como la corona. Es uno de los ejemplos más importantes de ensayos y también refleja mucho del conocimiento de un autor que tuvo el impulso por la escritura desde muy niño y disfrutraba además de la literatura y el teatro de Lope de Vega. De Villarroel fue conocida una anécdota en las que se escapó con compañeros de su orden religiosa para ir a funciones teatrales, pero fue atrapado en el acto pasando una situación vergonzosa.
Literatura ascética izquierda|miniaturadeimagen|294x294px|De la vida espiritual y su perfección por Diego Álvarez de Paz miniaturadeimagen|289x289px|Recetas de espíritu para enfermos del cuerpo por Pedro de Mercado Los libros espirituales también encontraron expresiones importantes dentro de la Real Audiencia de Quito, siendo los principales autores destacados Diego Álvarez de Paz y Pedro de Mercado, ambos jesuitas. Del primero se conocen muchas obras, pero existen tres que fueron claves dentro de la vida espiritual de la Real Audiencia. De vita spirituali eiusque perfectione publicada en 1608; De exterminatione mali et promotione boni, en 1613 y De inquisitione pacis sive Studio orationis, en 1617. todos fueron publicados en Lyon. El objetivo principal de Álvarez de Paz fue sintetizar la doctrina ascética y mística de la Antigüedad como del Medioevo. El primer libro, tal vez el más conocido, trata sobre la perfección de la vida espiritual, el segundo en cambio desarrolla ejemplos prácticos de mortificaciones que forman parte de la vida ascética de un cristiano fiel. Su último libro es un tratado sobre la oración. Existe en su obra una influencia del autor Antonio de Cordeses, lo que implica que su tercer libro es uno de los primeros tratados teóricos de oración afectiva. Siguió escribiendo el resto de su vida y sus libros fueron reeditados varias veces, en París en XIX y en Madrid en el .
Si Álvarez de Paz fue el autor importante de la primera mitad del , fue en cambio Pedro de Mercado quien ganó popularidad durante el segundo. Fue, tal vez uno de los escritores más prolíficos de ese siglo, su obra incluye además de la literatura ascética también la historia y el naturalismo. Sin embargo, fue en este género donde el mayor volumen de publicaciones se concentró. Nació en Riobamba y se ordenó sacerdote en la Compañía de Jesús. Por su santidad y también su erudición alcanzó reconocimiento en Europa y sus libros fueron publicados en Sevilla, Valencia, Cádiz y Ámsterdam. Entre 1676 y 1699 publicó 19 libros. De ellos los que más destacaron son "El cristiano virtuoso", "Recetas de espíritu para enfermos del cuerpo" y "Destrucción del ídolo ¿Qué dirán?". Fue este último que quedó a la historia y sería reeditada en el 2004 en México con un prólogo por el filósofo Bolívar Echeverría que pone en contexto a la obra como una de las tantas que se publicaron durante la contrarreforma y buscaba a través del desarrollo de la vida interior de los fieles al catolicismo hacer frente al protestantismo que cobraba protagonismo en el norte de Europa, con la guerra de los Treinta Años que se libró durante el por ejemplo.
Ambos autores tendrían una influencia decisiva en la historia de Ecuador puesto que, por un lado, Pedro de Mercado fue su primer historiador, y probablemente su primer naturalista; por otro lado la devoción que causó la publicación del libro De vita spirituali eiusque perfectione de Álvarez de Paz fue el inicio del culto al Sagrado Corazón de Jesús, según el criterio de José Félix Heredia. Sería por esto que en el se terminaría consagrando ese país al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, para lo cual se construirían dos de los grandes monumentos que se encuentran en la ciudad de Quito: la Basílica del Voto Nacional y la Virgen del Panecillo.
El desarrollo de la escolástica izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|Universidad San Gregorio Magno, donde los escolásticos desarrollaron la teología suarista durante la Real Audiencia de Quito. miniaturadeimagen|300x300px|Tratado de teología de Alonso de Peñafiel Dentro del Siglo de Oro en España también se desarrolló la escolástica tardía en la Universidad de Salamanca. Dentro de la Real Audiencia de Quito se fundaron tres universidades a cargo de distintas órdenes religiosas que se habían asentado en ese territorio posterior a la conquista para empezar con el trabajo evangelizador. Las universidades, no eran las fundadas por el Rey, como la San Marcos de Lima sino fueron instituciones de una jerarquía menor, administradas por la iglesia, pero con la posibilidad de abrir más de una. Las que universidades fueron San Gregorio Magno de los jesuitas, Santo Tomás de los dominicos y la San Fulgencio de los franciscanos. Las dos primeras tuvieron un mayor desarrollo y hubo cierta competencia entre las distintas órdenes religiosas por las cátedras y cursos. Al ser administradas de esta manera, tomaron como modelo a la Universidad de Salamanca para empezar a enseñar los mismos cursos. Uno de los filósofos más importantes del Siglo de Oro fue Francisco Suárez y, gracias al trabajo del jesuita Juan de Atiencia se empezó a difundir su obra en América. Asimismo, a inicios del empezó a difundirse la obra suareciana con el trabajo de Ignacio de Arbieto y Juan Perlin. Durante la primera mitad de ese siglo la enseñanza se dedicó a la réplica de los principales cursos que había en la península. Sin embargo, a partir del ingreso de la Compañía de Jesús en 1622, empieza a tomar fuerza el curso dictado por Antonio Rubio. Tan era la fidelidad que se tenía a su obra que se lo seguía de manera física evitando que los profesores tengan que escribir. Por esta razón, durante la primera mitad de este siglo existe cierta escasez de libros teológicos y filosóficos publicados en la Real Audiencia. Además de Rubio y Suárez también se estudiaba a Santo Tomás, Duns Scoto, Luis de Molina, Rodrigo de Arriaga y Juan de Santo Tomás.
Fue durante la segunda mitad de este siglo que empiezan a nacer las expresiones propias en la Real Audiencia. Hubo teólogos destacados como Diego de Ureña, Sebastián Luis Abad, Baltasar Ignacio de Pinto y Florencio Santos. Sin embargo fueron los hermanos Alonso y Leonardo de Peñafiel quienes sobresalieron por sobre el resto. Ambos destacarían por escribir sus propios cursos y sus cátedras ganaron fama llegando a ser estudiadas en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima y posteriormente en España. Alonso publicó en León su Tratado de Teología, y un Curso de Artes que se dividía en tres tomos y fue publicado entre 1653 y 1655. Por otro lado Leonardo escribió sus Disputaciones Teológicas, las Disputaciones escolásticas y morales, y un Tratado sobre la Encarnación.
Escuela Quiteña izquierda|miniaturadeimagen|250x250px|Miguel de Santiago