La peste bubónica afectó a Guipúzcoa (España) en distintas ocasiones entre los siglos XIV y XVII. Los dos episodios de mayor importancia documentados fueron la Peste Negra de 1348-1349 y la epidemia que afectó al territorio entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, especialmente durante los años 1597-1600.

La posición de Guipúzcoa, atravesada por importantes rutas terrestres y dotada de puertos con una intensa actividad comercial, favorecía el contacto con territorios afectados por enfermedades epidémicas. Ante la aparición de la peste, las autoridades recurrieron principalmente al aislamiento de las poblaciones afectadas, el control de viajeros y mercancías y otras medidas destinadas a dificultar la propagación del contagio.miniaturadeimagen|Danza de la muerte

alt=Médico|miniaturadeimagen|Médico en la peste bubónica

La Peste Negra de 1348-1349 La gran epidemia de peste que se extendió por Europa a mediados del siglo XIV alcanzó también el territorio guipuzcoano en 1348. La documentación conservada no permite determinar con precisión el número de víctimas, por lo que las consecuencias demográficas de este primer episodio no pueden cuantificarse de forma segura.

La epidemia se produjo en un contexto de crisis demográfica y económica que afectó al conjunto de Europa occidental. En Guipúzcoa, como en otros territorios, las epidemias posteriores y las crisis de subsistencia contribuyeron a prolongar durante los siglos siguientes la inseguridad provocada por las enfermedades contagiosas.

La presencia recurrente de la peste tuvo también manifestaciones religiosas. San Sebastián y san Roque adquirieron una especial consideración como protectores frente a las epidemias, y su culto quedó reflejado en iglesias, ermitas y prácticas devocionales de numerosas localidades.

Epidemias de los siglos y Tras la Peste Negra de 1348-1349 se produjeron nuevos brotes de peste de menor magnitud y carácter más localizado. La documentación disponible permite identificar varios episodios que afectaron a Guipúzcoa durante el siglo XV. Entre ellos figura el brote de 1400-1401, que afectó también a Vizcaya y Pamplona; otro registrado en Segura en 1418; y un nuevo episodio en San Sebastián en 1433.

Estos episodios formaron parte de una sucesión de reapariciones de la peste que afectaron de manera desigual a distintos territorios del entorno vasco-navarro durante los siglos XIV y XV. Las fuentes disponibles son desiguales y no permiten determinar con precisión la extensión ni la mortalidad de cada uno de los brotes guipuzcoanos.

Durante el siglo XVI continuaron registrándose epidemias en el entorno. Entre estos episodios se encuentra una epidemia documentada en 1514, que afectó a distintos puntos de la costa cantábrica. Fuentes posteriores mencionan una elevada mortalidad entre Fuenterrabía y Bilbao. En San Sebastián se utilizaron lugares apartados para el aislamiento y enterramiento de personas afectadas por enfermedades contagiosas, entre ellos la isla de Santa Clara.

Sin embargo, el episodio de peste mejor documentado de la Edad Moderna en Guipúzcoa fue el iniciado en 1597.

La epidemia de 1597-1600 La peste que afectó a Guipúzcoa a finales del siglo XVI formó parte de una epidemia de mayor extensión que recorrió numerosos territorios de la Monarquía Hispánica.

En el verano de 1597 existía ya preocupación por la presencia de una enfermedad contagiosa en distintos puertos del Cantábrico. En Pasajes de San Juan las autoridades municipales tomaron medidas ante las noticias de peste procedentes de Santander, Laredo y otros lugares de la costa.

La enfermedad terminó afectando especialmente a las localidades costeras vinculadas al tráfico marítimo. Pasajes y San Sebastián sufrieron una importante crisis demográfica. La epidemia se extendió asimismo hacia el interior de Guipúzcoa.

Durante 1598 existen noticias documentales de la presencia de peste en localidades como Oñate, así como avisos relacionados con Vergara, Azpeitia, Elgoibar y otras poblaciones. La propagación de la enfermedad provocó el cierre o aislamiento de algunos núcleos urbanos y alteró las comunicaciones comerciales con los territorios vecinos.

Oñate fue una de las localidades más afectadas. La epidemia coincidió además con problemas de abastecimiento y dificultades económicas, agravadas por las medidas de aislamiento. El abandono temporal de viviendas y explotaciones agrícolas, junto con las restricciones al comercio, contribuyó a intensificar las consecuencias sociales de la enfermedad.

La epidemia continuó afectando a diferentes puntos del territorio durante los años siguientes, aunque con una intensidad desigual según las localidades. San Sebastián y Pasajes fueron muy afectadas en el brote de 1597 perdiendo la mitad de sus habitantes, siendo la mayor catástrofe demográfica de su historia.

Medidas contra el contagio Al desconocerse la causa microbiológica de la peste, las autoridades de la Edad Moderna carecían de tratamientos eficaces contra la enfermedad. Sin embargo, la experiencia acumulada durante epidemias anteriores había permitido desarrollar diversas medidas destinadas a limitar su propagación.

Una de las principales era el aislamiento. Las localidades en las que se declaraba la enfermedad podían quedar sometidas a cordones sanitarios y restricciones de circulación. Las personas procedentes de lugares sospechosos podían ser rechazadas y el intercambio de mercancías podía quedar interrumpido.

También se utilizaron documentos o cartas de sanidad destinados a acreditar que una persona o una localidad procedía de un lugar considerado libre de contagio.

Estas medidas podían ocasionar graves problemas de abastecimiento. Una población aislada encontraba dificultades para recibir cereales y otros productos básicos, de modo que a los efectos directos de la epidemia podían añadirse el hambre, el encarecimiento de los alimentos y el deterioro de la actividad económica.

Consecuencias sociales y demográficas La mortalidad ocasionada por la epidemia varió considerablemente entre unas localidades y otras. Los estudios disponibles señalan especialmente a San Sebastián, Pasajes y Oñate entre las poblaciones guipuzcoanas que registraron una mortalidad significativa.

Algunas poblaciones sufrieron pérdidas demográficas muy importantes. En Oñate, las fuentes sitúan el número de fallecidos entre 1.270 y 1.400, aproximadamente una cuarta parte de su población. Pasajes de San Juan sufrió proporcionalmente una mortalidad aún mayor, estimada en algo más del 45 % de su población efectiva.

La peste alteraba asimismo las relaciones entre las comunidades. El temor al contagio llevaba al cierre de caminos, a la vigilancia de viajeros y al rechazo de personas procedentes de zonas afectadas. Estas medidas podían paralizar parcialmente los intercambios comerciales y dificultar el suministro de alimentos.

La asistencia a los enfermos suponía además un elevado riesgo para quienes permanecían en contacto con ellos. Médicos, religiosos, enterradores y personas encargadas de los cuidados estuvieron particularmente expuestos durante las epidemias.

Religiosidad Las epidemias favorecieron el recurso a advocaciones religiosas consideradas protectoras frente a la peste, entre las que destacaron san Sebastián y san Roque. En San Sebastián, durante la epidemia de 1597 se realizaron rogativas a ambos santos. Como consecuencia de la crisis epidémica, los donostiarras hicieron voto de celebrar la festividad de san Sebastián el 20 de enero, guardar ayuno la víspera y realizar una procesión con la reliquia del santo desde la iglesia de Santa María hasta la iglesia de San Sebastián el Antiguo, donde se celebraban los correspondientes oficios religiosos.

En Elgoibar, en octubre de 1597, el concejo acordó reabrir bajo la advocación de San Roque la antigua ermita de San Vicente de Azkue, que había permanecido cerrada tras la muerte de un religioso a causa de una enfermedad contagiosa.

Evolución posterior Tras la epidemia de 1597-1600 continuaron aplicándose medidas destinadas a impedir la propagación de enfermedades contagiosas. La documentación de las Juntas y Diputaciones de Guipúzcoa de comienzos del siglo XVII recoge todavía actuaciones relacionadas con localidades consideradas afectadas o sospechosas de contagio, así como decisiones sobre el levantamiento de las restricciones impuestas a algunas de ellas.

Durante el siglo XVII, las Juntas y Diputaciones constituyeron el principal marco institucional provincial para la adopción de acuerdos que afectaban al conjunto del territorio. Sus actas y registros, conservados para este período, constituyen una de las principales fuentes para conocer las medidas adoptadas por las autoridades guipuzcoanas ante las amenazas epidémicas y otros problemas que afectaban a la provincia.

Véase también Difteria en Guipúzcoa Epidemias de cólera en Guipúzcoa Epidemias de fiebre amarilla en Guipúzcoa Gripe española en San Sebastián Leproserías en Guipúzcoa Sífilis en San Sebastián (España)) Tosferina en Guipúzcoa Tuberculosis en Guipúzcoa VIH/sida en Guipúzcoa Viruela en Guipúzcoa

Referencias

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