Gracias por el fuego es una novela de Mario Benedetti, publicada en Montevideo por la editorial Alfa en mayo de 1965. El sello reeditó la novela en los años sucesivos y en 1972 llegó a la novena edición. En 1969 apareció en México (Era) y en Cuba (Casa de las Américas); en 1974 en España (Laia) y en Argentina. Fue traducida a siete idiomas (alemán, esloveno, francés, georgiano, polaco, portugués y ruso) y finalista del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, Barcelona. Luego de la participación en el premio citado, se recomendó su publicación, pero no pasó la barrera de la censura franquista, que la acusó de ofender los conceptos de honor, familia y patria.

Antecedentes En 1959, cuando comenzó la revolución cubana, Benedetti viajó a Estados Unidos y permaneció allí por cinco meses. Según sus propias declaraciones, efectuadas en una entrevista dada a Jorge Ruffinelli en 1974, obtuvo una beca debido al éxito alcanzado por su obra teatral Ida y vuelta, estrenada en 1958 [...] La experiencia de las luchas por los derechos civiles de los afroamericanos y de las limitaciones de la democracia liberal norteamericana despertaron en él una conciencia política más nítida y, sobre todo, su antiimperialismo, que mantendrá hasta sus últimos días.

Estructura La novela tiene quince capítulos. Ya el primero es un resumen, donde diversos representantes de la clase media alta uruguaya muestran sus problemas de identidad y su relación conflictiva con el país. Está basado en el diálogo entre quince comensales.

Los capítulos dos a trece desarrollan el conflicto entre Ramón y su padre, Edmundo Budiño. Comienzan y terminan en la oficina de Edmundo en un noveno piso. Se describen -sobre todo- los monólogos interiores, consideraciones retrospectivas y la corriente de conciencia de Ramón. En el tercer capítulo, Ramón y su hermano Hugo escuchan una cinta magnética con un diálogo entre Edmundo y un empleado, Villalba. El sexto capítulo es un diálogo entre Edmundo y su nieto Gustavo.

Los capítulos catorce y quince son un epílogo con dos aspectos completamente diferentes: en el catorce, Dolly, la cuñada y efímera amante de Ramón, reflexiona sobre éste y las circunstancias de su muerte. El capítulo quince nos presenta a un Edmundo acabado y la liberación de Gloria, su amante de muchos años.

Trama El primer capítulo es el único que no transcurre en Uruguay. El marco espacial y temporal está claramente definido: New York, Broadway, calle 113, un restorán visitado sobre todo por hispanohablantes. Una noche de abril de 1959. La zona es pobre y las casas tienen los frentes descascarados. Un grupo de quince uruguayos, hombres y mujeres, de los cuales la mayoría pertenece a la clase media alta se ha reunido allí. Se entablan conversaciones insulsas y frívolas donde los comensales declaran su admiración por las virtudes de la modernidad, por los Estados Unidos y, al mismo tiempo, expresan su desprecio por el Uruguay. Sostienen que "Montevideo no es nada     no tenemos nada […]  salimos de una huelga para entrar en otra […] entre nosotros el obrero es la chusma [ ... ] nada, no producimos nada [ ... ] tenemos una filosofía de tango, y así no se va a ninguna parte [...] yo no pienso regresar al Uruguay; alguna vez, puede ser, de visita, pero a radicarme jamás".Benedetti, p. 12, 14, 16, 18

Mientras denigran al país, suena el teléfono. Algo tremendo ha ocurrido: "Una catástrofe. Una inundación espantosa. Un maremoto. El agua arrastra todo por las calles. Todo destruido. Una catástrofe como nunca. El país borrado del mapa." Benedetti, p. 25. La tesitura de los uruguayos cambia radicalmente: "Es un lindo país [...] se puede trabajar sin miedo [ ... ] nadie nos molesta [. ..] es mi país, es mi patria [...] "mi mamita, mi hermano, mi pobrecito papá", etc.Benedetti, p. 26.

Ramón Budiño, el protagonista de la novela, piensa en su hijo Gustavo, y en Dolly, la mujer de su hermano.

Vuelve a sonar el teléfono. Todos quedan paralizados. Suspiros de alivio ante las nuevas noticias. Todo era una exageración: Se trata de una inundación, más importante que las de otros años, pero nada serio. Un gran silencio, y luego del susto, todo vuelve a la normalidad, alegría, coqueteos, nuevas quejas: "Convénzanse. Somos una porquería. Ya lo vieron. Ni siquiera somos capaces de tener una catástrofe de primera clase." Ya Eladio Linacero, el protagonista de El Pozo, se había pronunciado de forma semejante: "¿Qué se puede hacer en este país? Nada, ni dejarse engañar. Si uno fuera una bestia rubia, acaso comprendiera a Hitler. Hay posibilidades para una fe en Alemania; existe un antiguo pasado y un futuro, cualquiera que sea. Si uno fuera un voluntarioso imbécil se dejaría ganar sin esfuerzos por la nueva mística germana. ¿Pero aquí? Detrás de nosotros no hay nada. Un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos." Juan Carlos Onetti. El pozo. Seguido de “Origen de un novelista y de una generación literaria”, por Ángel Rama. Montevideo: Arca, 1973.

Los comensales no han aprendido nada, excepto Ramón Budiño, el cual empieza a replantearse toda su vida y entorno.

Luego escuchamos la voz de Ramón, quien nos cuenta cómo treinta y siete años han pasado desde que se sentía protegido, contento, orgulloso por saberse hijo de un "tipo impecable", de un padre que todavía no era el Viejo, sino sólo papá; de un hombre "elegante, siempre afeitado, seguro de sí mismo". Treinta y siete años desde aquel día cuando, por soportar estoicamente el piquete de una inyección, su padre le permitió escoger el juguete que más le gustaba, y le compró no una, sino diez cajas de soldaditos. Pero después de treinta y siete años, el protagonista es un hombre adulto sin madurar porque siempre ha vivido a la sombra de Edmundo Budiño, a cuya voluntad él siempre se sometió, y de quien ahora sabe que es un hombre corrupto, admirado, déspota, respetado, temido, cuya imagen actual no corresponde al ideal de los días de la niñez de Ramón.

¿Cuándo, se desvaneció su amor por el padre? El día en que el protagonista -aún joven- presenció la escena que lo obsesiona. Su memoria está marcada por el recuerdo de la violación de su madre. Ella no quiere, el Viejo la golpea; luego, el grito de la mujer. "Quedé paralizado. Yo tenía que haber entrado, tenía que haberle dado con una silla en la cabeza. Ahora lo sé. Pero entonces estaba estupefacto. Y además no podía verla a ella desnuda, yo no lo hubiera soportado. Papá se había convertido en el Viejo. Después la agitación, el ruido del elástico, la respiración ronca y con tos, y un gemido entrecortado, lloroso, vencido.",Benedetti, p. 57. confiesa Ramón. Para Ramón, el desencanto también llegó cuando se enteró de que el Viejo financiaba bandas fascistas y estaba metido en negocios sucios.

La conciencia de Ramón está plena de recuerdos, pesadillas y obsesiones: la rutina conyugal con Susana, su mujer; los desencuentros con Gustavo, su hijo; su anhelo por su cuñada, Dolly, a quien ama; el arcaico odio por su padre, renovado cada día. Reflexiona: "Tengo que matarlo, no hay otra salida para mí." Benedetti, p.171. Y se lo repite también a Dolly, mientras ella duerme, el día en que duermen juntos.

Un día, en la oficina de Edmundo, Ramón quiere ejecutar la sentencia. Prepara su proyecto, corrige los detalles, pero en el último momento es incapaz de llevarlo a cabo. "No puedo matarlo. Todo es más fuerte que yo: El Viejo, los lugares comunes, los tabúes de mí clase, los prejuicios." Benedetti, p. 210. Entonces su odio apunta hacia otro objetivo, su venganza se repliega contra sí mismo: el Viejo ha vencido una vez más. Ramón se tira por la ventana y muere.Margarita Fiol y Antonio Puertas. «Entrevista a Mario Benedetti». Consultado el 13 de octubre de 2022. " Lo que se plantea en Gracias por el fuego es una diferencia de actitudes en tres generaciones, están mezclados en eso la burguesia y cierto liberalisrno. La burguesia del viejo Budiño es un sector particular, es la burguesia que se ha creado de la nada, no la burguesia que heredó el dinero, las posesiones y las tierras; es un hombre de origen humilde y que a los codazos y sin escrúpulos asciende, asciende hasta ser un tipo poderoso. También el caso del hijo, Ramon, no corresponde a todo el liberaiismo; es un liberalismo lúcido en algún sentido para ver los cambios que se están dando en el país, pero cobarde en cuanto a asumir una actitud y tomar una resolución; quizá lleva al extremo su pretendido compromiso en el proyectado, y al final fracasado, asesinato de su padre, para no ponerse metas mas alcanzables y concretas que si podria haber realizado sin haber ilegado a su propia eliminacion; se pone inconscientemente, tal vez, una meta descabellada, una meta extraordinaria, que al final lo liquida a el mismo, pero se pone esa meta descabellada como forma de escaparse, una forma de evadirse de otras metas mis cercanas y más reaiistas que podia haber alcanzado." (Mario Benedetti)

El epígrafe del capítulo siguiente (14) es un aforismo de Cesare Pavese: I suicidi sono omicidi timidi (Los suicidios son asesinatos tímidos).Benedetti, p. 213.

El Viejo, sin embargo, triunfa para su perdición. Su arrepentimiento es desproporcionado y tragicómico. Edmundo Budiño queda doblado, vencido, caviloso; pero el suicidio del hijo -de hecho- no lo conmueve. A Gloria, su amante, le repugna esa actitud. Se siente empujada a despreciarlo, a abandonarlo a solas con su rencor. Está harta de él, de ese viejo que sigue tan egoísta, reseco y cínico como siempre. Dando un portazo se va.

Título En la novela la alusión al título se hace en dos momentos, En primer lugar, se refiere a un encuentro entre Ramón Budiño y Gloria Casellí, la amante del Viejo, cuando aquel le encendió un cigarrillo durante un viaje en avión y ella se lo agradeció: "En otra oportunidad, lo tuvo de compañero de asiento en un avión de Pluna, hasta Buenos Aires, Ramón no se acordó de ella, o aparentó que no se acordaba. No, seguramente no fingió. No hablaron casi nada durante el viaje. Ella tomó un cigarrillo y él le acercó el encendedor. ‘Gracias por el fuego’, había dicho ella”

En segundo lugar se refiere irónicamente al agradecimiento silencioso que Gloria da a Ramón por haber hecho vulnerable al Viejo con su suicidio y haber provocado en ella el deseo de rebelión: “Acaso el pobre Ramón, piensa Gloria, se mató por cobardía, acaso se tiró desde el noveno piso por no matar al padre, pero de todos modos consumó su venganza. Porque esa muerte ha vuelto vulnerable a Edmundo Budiño. Esa amenaza que no se cumplió ha colocado muchas amenazas en el aire. Gracias por el fuego”.Mario Benedetti, Gracias por el fuego, Editorial Sudamericana, Buenos Aires,

Según Mª Jesús Tapial Antón "el fuego es un símbolo de la acción que supone la toma de conciencia del pueblo uruguayo ante La Revolución cubana, porque Ramón, metáfora política del pueblo, se purifica con su suicidio y se libera de un mundo inauténtico, ya que su muerte convierte a su padre en un ser débil y deja ver la verdadera cara de Edmundo Budiño".

Jacques Soubeyroux señala también la metáfora del fuego en la trama: "Encerrados en este espacio ficticio, privados de toda libertad, de toda posibilidad de acción, los personajes (Ramón, Dolly, Gloria, pero también finalmente Edmundo) están sometidos a la rutina de una vida sin esperanza, condenados a vivir sin posibilidad alguna de evasión. La rebelión de Ramón contra los mecanismos de poder de su propia clase está condenada de antemano al fracaso. Su suicidio, en cambio, es un hecho imprevisto, minúsculo, una chispa que puede amenazar todo el sistema, si el fuego encendido por Ramón se propaga a los demás personajes, como lo sugiere el título."

Personajes

Ramón Budiño