thumb|Los celacantos (Coelacanthiformes) se creyeron extintos hace 65 millones de años, hasta que una especie actual perteneciente a este orden, Latimeria chalumnae, fue descubierta en 1938. Un fósil viviente es un taxón con individuos vivos que se asemeja morfológicamente a especies relacionadas conocidas solamente por el registro fósil. El término fósil viviente es una expresión informal utilizada para calificar especies no extintas que han evolucionado de manera lenta y conservan rasgos de sus antepasados más antiguos. Para definir a una especie bajo este término, tiene que existir un registro fósil continuo, y la especie fósil debe ser antigua en relación con la época de origen del clado existente. Los fósiles vivientes suelen ser de linajes pobres en especies, pero esto no tiene que ser necesariamente el caso. Si bien el plan corporal de un fósil viviente sigue siendo superficialmente similar, nunca es la misma especie que los ancestros remotos a los que se parece, porque la deriva genética cambia inevitablemente su estructura cromosómica.
Los fósiles vivientes exhiben equilibrio puntuado (también llamado «braditelia» o evolución inusualmente lenta) a lo largo de escalas de tiempo geológicamente largas. La literatura popular puede afirmar erróneamente que el «fósil viviente» no ha experimentado ninguna evolución desde un tiempo distante, prácticamente sin evolución molecular ni cambios morfológicos. Las investigaciones científicas han desacreditado repetidamente tales afirmaciones. Este término ha caído en desuso entre paleontólogos y biólogos evolutivos.
Los cambios superficiales mínimos de los fósiles vivientes son declarados erróneamente como una ausencia de evolución, pero constituyen ejemplos de selección estabilizadora, que es un proceso evolutivo —y quizás el proceso dominante de la evolución morfológica.
Características Los «fósiles vivos» tienen dos características principales, aunque algunos tienen una tercera:
Son organismos vivos que pertenecen a un taxón que ha permanecido reconocible en el registro fósil durante un periodo de tiempo inusualmente largo. Muestran poca divergencia morfológica, ya sea con respecto a los miembros tempranos del linaje o entre las especies existentes. Suelen tener poca diversidad taxonómica.
Los dos primeros criterios son necesarios para reconocer el estatus de fósil viviente; algunos autores exigen también el tercero, mientras que otros simplemente lo señalan como un rasgo frecuente.
Tales criterios no están bien definidos ni son claramente cuantificables, pero los métodos modernos de análisis de las dinámicas evolutivas pueden documentar el ritmo distintivo del equilibrio puntuado. Linajes que muestran equilibrio puntuado en escalas de tiempo muy cortas no se consideran fósiles vivientes; lo que no está bien definido es la escala de tiempo en la cual debe persistir la morfología para que tal linaje sea reconocido como un fósil viviente.
El término «fósil viviente» suele ser muy malinterpretado, sobre todo en medios de comunicación populares, en los que a menudo se utiliza sin sentido. En la literatura profesional, la expresión rara vez aparece y debe emplearse con mucha más precaución, aunque se ha usado de forma inconsistente.
Un ejemplo de concepto que podría confundirse con el de «fósil viviente» es el de «taxón Lázaro», aunque no son equivalentes. Un taxón Lázaro (ya sea una sola especie o un grupo de especies relacionadas) es uno que reaparece repentinamente, ya sea en el registro fósil o en la naturaleza, como si el fósil hubiera «vuelto a la vida». En contraste con los «taxones Lázaro», un fósil viviente es, en la mayoría de los sentidos, una especie o linaje que ha sufrido excepcionalmente pocos cambios durante un largo registro fósil, dando la impresión de que el taxón existente se ha mantenido idéntico a través de todo el periodo fósil y moderno. Sin embargo, debido a la inevitabilidad matemática de la deriva genética, el ADN de la especie moderna es necesariamente diferente del de su lejano ancestro de aspecto similar. Es casi seguro que no podrían reproducirse de forma cruzada, y no son la misma especie.Let's make living fossils extinct
Aplicaciones del término
Es de notar el hecho de que la expresión «fósil viviente» es un término informal o casi coloquial, y no científico, pues un «fósil viviente» no es una especie exacta a la de los fósiles. Pese a todo se utiliza para designar:
Animales o plantas de los que, hasta el descubrimiento de individuos vivos, solo se tenía constancia de su existencia por el registro fósil, como los peces celacantos (Latimeria chalumnae y Latimeria menadoensis) o la metasecuoya, un árbol descubierto en 1943 en un remoto valle de China. Especies vivas aisladas supervivientes de grupos más amplios que florecieron hace millones de años y conocidos principalmente por sus fósiles, como, por ejemplo, el árbol ginkgo (Ginkgo biloba), o los tuátaras de Nueva Zelanda (Sphenodon), únicos representantes actuales de un orden de reptiles, los esfenodontios, que abundaron hace 200 millones de años. En el caso de los tuátaras, aunque se ha demostrado que poseen la tasa de evolución más baja en comparación con cualquier otro lepidosaurio, no existe registro fósil continuo para saber si dicha especie conserva los rasgos morfológicos de sus antepasados del Mesozoico.
230px 260px Nótese la similitud entre los fósiles de hojas de Gingkoites huttoni, de 170 millones de años de antigüedad,y las hojas de un Ginkgo biloba actual.
Fósil viviente y evolución miniaturadeimagen|Espécimen de celacanto (Latimeria chalumnae) conservado en el Museo de Historia Natural de Viena, Austria. Según la evolución biológica, las especies evolucionan por la necesidad de adaptarse a un medio que cambia lentamente, y el mecanismo para lograrlo es la selección natural. Esta explicación es aceptada a niveles educativos y científicos; sin embargo, su aceptación acarrea una especie «original» de las que evolucionaron las actuales, en tanto que la especie principal desaparece, entre otras cosas porque las nuevas especies la desplazan de su nicho ecológico.
La comunidad científica ha buscado durante décadas un eslabón que conecte la especie original con las actuales. Hoy en día se tiene más la idea de un árbol de la que salen multitud de ramas, como puntualizan Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez en su libro La especie elegida.Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, La especie elegida, Ediciones Temas de Hoy, S.A., Madrid, 1998, ISBN 84-7880-909-0 Así, no se puede concebir que coexistieran Homo sapiens, Homo neandertalensis y Homo erectus, al menos durante un período de tiempo, porque la última de estas especies es la progenitora (eslabón) de las otras dos.
Sin embargo, la constatación de que una especie puede ser la progenitora de otra y al mismo tiempo seguir adaptada a su hábitat, la dio el celacanto. A finales de 1938, un pescador pudo capturar en la Sudáfrica índica un pez tan grande que debía ser llevado por dos personas al mismo tiempo. La noticia llegó a los científicos sudafricanos que no podían creer que se trataba del animal del Devónico y el Carbonífero, al que se le considera precursor de los anfibios y reptiles del Triásico y Jurásico. Los rasgos del celacanto de «fósil viviente» incluyen una articulación intercraneal que le permite agrandar la boca para tragar presas de gran tamaño, un conducto llamado notocordio, relleno de un líquido aceitoso, que hace las funciones de médula ósea, gruesas escamas que solo se habían visto en peces ya extinguidos y un órgano facial electro sensor situado en su hocico.https://www.nationalgeographic.es/animales/celacanto
El pejelagarto se considera un fósil viviente que abarca siete especies, sus cambios han sido mínimos desde hace 100 millones de años, esas especies prosperan incluso en las aguas más inhóspitas y sus huevos no son comestibles para muchas especies, incluida la humana. Sus parientes habitaban en casi todos los continentes, pero las que hoy existen habitan solo en agua dulce en Norteamérica.https://www.nationalgeographic.es/animales/pejelagarto
No obstante, en el reino vegetal existen abundantes casos de fósiles vivientes, pero no tan famoso como el del celacanto. En muchas islas se conservan especies muy abundantes en épocas anteriores y desaparecidas posteriormente, excepto en esos lugares por su particular aislamiento.
El término «fósil viviente» se alude a Charles Darwin en 1859,http://www.telemadrid.es/noticias/sociedad/Darwin-acerto-teorias-fosiles-vivientes-0-1885611442--20170318085750.html según sus ideales, creía que debían existir especies vivas que se parecen a sus antepasados de hace millones de años. Su explicación fue que los Fósiles vivientes ocuparon pequeñas partes del mundo, escapando a la competencia, y por lo tanto no evolucionaron. Esa idea nunca la llegó a comprobar por falta de evidencia científica y sus contemporáneos veían ese término como un idea vaga sin ningún fundamento.https://www.europapress.es/ciencia/ruinas-y-fosiles/noticia-charles-darwin-tenia-razon-teoria-fosiles-vivientes-20170222142119.html
El fósil viviente muestra a la evolución nuevos ecosistemas, donde la especie original pudo cambiar de medio o se mantuvo en el mismo, pero sin evolucionar, mientras que sus sucesoras se desplazaron o se adaptaron por medio de la evolución.
Los cambios superficiales mínimos en los fósiles vivientes se declaran erróneamente como ausencia de evolución, pero son ejemplos de selección estabilizadora, que es un proceso evolutivo, y quizás el proceso dominante de la evolución morfológica.
Ejemplos de fósil viviente Algunos ejemplos de «fósiles vivientes» incluyen:
Plantas Equisetos, Equisetum (Equisetaceae). Ginkgo, árbol (Ginkgoaceae). Metasequoia, Árbol rojo del atardecer (Cupressaceae; un ejemplo que bordea esta clasificación, relacionado con las Sequoias y los Sequoiadendron). Psilotum (Psilotaceae). Sciadopitys, árbol (Sciadopityaceae). Taiwania cryptomerioides (También de la familia Cupressaceae) Welwitschia Wollemia, árbol (Araucariaceae; un ejemplo que bordea esta clasificación, relacionado con Agathis y Araucaria).
Animales Vertebrados Mamíferos Almiquíes, género Solenodon Caballo de Przewalski (Equus ferus przewalskii). Caenolestidae, únicos supervivientes del orden Paucituberculata de marsupiales sudamericanos. Castor de montaña (Aplodontia rufa) Conejo de Amami (Pentalagus furnessi) Monitos del Monte (Dromiciops). Monotremas (Ornitorrinco y Equidna). Okapi (Okapia johnstoni). Panda Rojo (Ailurus fulgens). Rata de roca laosiana ( Laonastes aenigmamus) Ratón de Chipre (Mus cypriacus). Ratón marsupial de montaña (Burramys parvus) Zarigüeyas Aves Acanthisittidae (acantistas de Nueva Zelanda). Bigotudo (Panurus biarmicus). Coliiformes (pájaros ratones) Ganso urraca o ganso overo (Anseranas semipalmata). Hoatzin (Ophisthocomus hoazin). Sapayoa (Sapayoa aenigma). Reptiles Crocodylia (Cocodrilos, Gaviales y Aligátores). Tortuga boba papuana (Carettochelys insculpta). Tuatara (Sphenodon punctatus y Sphenodon guntheri). Peces Amia calva Coelacanthimorpha (Latimeria menadoensis y Latimeria chalumnae). Corydoras semiaquilus Esturiones y peces espátula (Acipenseriformes). Nematogenys inermis Neoceratodus forsteri Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus). Anfibios Rana chilena (Calyptocephalella gayi). Rana pintada Hula (Latonia nigriventer) Rana púrpura (Nasikabatrachus sahyadrensis). Ranas de las Seychelles Invertebrados Insectos Anaxyelidae (Syntexis libocedrii). Mymarommatidae (10 especies conocidas en el género Palaeomymar). Notiothauma reedi, un insecto volador del orden Mecoptera y la familia Eomeropidae, endémico de Chile, relacionado con la mosca escorpión. Orussidae (con unas 70 especies en 16 géneros). Peloridiidae (menos de 30 especies en 13 géneros). Sikhotealinia zhiltzovae, un escarabajo jurásico Jurodidae. Crustáceos